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¿Cada cuánto se deben lavar las brochas que usamos para maquillarnos?

Cuando una amiga lanzó en las redes sociales la pregunta de cada cuánto limpiábamos las brochas y pinceles me quedé en shock.

“Ah, ¿que las brochas hay que limpiarlas?” Le pregunté inocentemente. Ingenua de mí. No sé por qué no me imaginaba que debiera preocuparme de limpiar algo en lo que simplemente echaba unos polvos de maquillaje.

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Además, no es que las tengas por ahí colgadas a la intemperie, sino que están guardadas alejadas de los ácaros y del polvo en el neceser a buen recaudo. Claro, con lo que yo no contaba era con las toxinas y bacterias de mi propia piel.

En una de las sesiones de fotos que se organizan en mi escuela, tuve la oportunidad de coincidir con un grupo de maquilladores así que aproveché para preguntar sobre el tema.

Todos los días” me respondió una de ellas sin titubear “…en el caso de que las compartas. Si eres la única que las usa, entre dos o tres días“. Básicamente lo que llevo haciendo todos estos años es maquillarme una y otra y otra vez con mis inmundicias epidérmicas.

Limpiar los pinceles es tan sencillo como darles un lavado de agua y jabón. Si el cosmético que hemos usado es graso podemos echarle un poco de jabón lavaplatos. Aunque también en las tiendas de maquillaje tienes limpiadores específicos, si lo haces con lo que tienes por casa, te sale más económico.

Moja la brocha, aplica el jabón en la palma de tu mano y seguidamente frota la brocha haciendo movimientos circulares, como si estuvieras pintándote la mano. Aclara al terminar y colócalas sobre papel absorbente para que se sequen.

No solo evitamos mancharnos los poros sino que le alargamos la vida a las brochas.

#MiVelloMisNormas

Me faltaban huevos. Lo admito sin ningún tipo de problema porque es la verdad, me faltaban huevos.

Llevo depilándome desde secundaria haciéndome la cera facial, las axilas y las piernas a lo que, más adelante, se unieron las ingles y la zona del pubis. Y con cera.

Cada banda que arrancaba dolía muchas veces hasta el punto de hacerme llorar, pero, tonta de mí, siempre prefería eso al tontaina de turno diciéndome que me depilara.

Porque casi siempre son los tontainas de turno (que muchas veces son los tontainas más peludos) los que nos recriminan el vello que llevamos sobre el cuerpo.

Ya no solo os hablo de amigos o novios, recuerdo el caso concreto de un primo mío más mayor que, una vez en la piscina, me llamó la atención de la fina hilerita de pelos que subían hasta mi ombligo.

“En verano que son rubitos pase, pero eso luego hay que depilarlo“.

Hay. Que. Depilarlo. Como si estuviéramos obligadas. Pero así me sentía siempre hasta que decidí darme un tiempo con la cera.

Porque, aquí entre tú y yo, depilarse es una JODIENDA. Duele, es caro y tienes que dedicarle un tiempo precioso para que luego vuelvan a salir pelos igual.

Ninguna mujer se depila por placer o por lo divertido que le resulta. Se depilará por otras cosas, pero para pasar un buen rato ya te digo yo que no.

Por eso, el colectivo feminista Amatista ha lanzado una campaña con el hastag #MiVelloMisNormas reivindicando que cada mujer haga con el suyo propio lo que le de la santa gana, desde eliminar y erradicar con láser cada folículo piloso hasta vivir cubierta por una capa de pelo a lo nutria marina, considerando la depilación una elección y no una obligación.

Como era de esperar, además de una gran respuesta positiva por parte de mujeres que se han unido a la causa y han roto relación con las cuchillas mientras abrazaban el vello, un sinfín de (en su mayoría) hombres han saltado diciendo que aquello de la depilación era una cuestión de higiene y que así no nos iban a tocar ni con un palo.

Pues bien, diré dos cosas: el pelo ES higiénico, lo que no es higiénico es no ducharse, pero es igual que el de la cabeza. Y en segundo lugar JAMÁS en la vida me ha pasado de quedarme en bragas y que me dijeran “Ah no, si tienes pelo yo paso“.

Así que siéntete libre de hacer lo que quieras. Déjalo, córtalo, dale forma, alísalo, tíñelo o elimínalo de manera definitiva, pero que, hagas lo que hagas, lo decidas siempre TÚ.