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La forma de andar delata tu estado de ánimo

Científicos estadounidenses presentan un novedoso algoritmo en esta reciente publicación, en la que identifican las emociones percibidas en función de la forma de caminar y que sirve hasta para identificar a una persona como complemento o incluso por completo, como alternativa al reconocimiento facial.

Los autores han desarrollado un sistema de inteligencia artificial ideado para clasificar el estado de ánimo en cuatro dimensiones: neutro, feliz, enfadado o triste. Analizan la postura de los hombros, el movimiento y la velocidad de éste en las extremidades, la distancia entre pasos consecutivos y la inclinación de la cabeza, entre otros. Pura comunicación no verbal.

La precisión que han conseguido hasta el momento es del 80,07% de éxito en la asociación entre el movimiento y la identificación de los sentimientos experimentados. Pero, ¿por qué es importante este avance? Los investigadores lo tienen claro:

“Las emociones juegan un papel importante en nuestras vidas, [determinan] la forma en que interactuamos con otros seres humanos. Debido a la importancia de la percepción de emociones en la vida cotidiana, el reconocimiento automático de las mismas constituye un problema crítico en muchos campos, desde la industria de los juegos y el entretenimiento, hasta el de la seguridad y el cumplimiento de la ley, pasando por el comercio y la interacción entre hombre y máquina”.

Seguramente tú mismo lo hayas notado, cuando te sientes deprimido o has tenido un mal día es más probable que camines más cabizbajo de lo habitual, bajes los hombros, tu postura es menos expansiva y más apocada que cuando te sientes eufórico.

Concretamente, en los resultados del estudio se determina que el ángulo de inclinación de la cabeza se distingue entre emociones felices y tristes, mientras que efectivamente las posturas más compactas y la “expansión del cuerpo” identifican emociones negativas y positivas, respectivamente. En cuanto al nivel de excitación y energía, según los científicos, corresponde con el aumento de los movimientos, la magnitud de la velocidad, la aceleración y los “movimientos bruscos” de las manos, los pies y las articulaciones de la cabeza.

 

Fuente: VenturBeat – AI classifies people’s emotions from the way they walk.

El poder de los ruidos

Lo cierto es que no apreciamos lo suficiente el silencio. La contaminación acústica supone la segunda causa de enfermedad por motivo medioambiental después de la calidad del aire, pero mientras que para la primera sí se toman medidas, para la segunda no. Según los estudios, el ruido nos genera estrés, ansiedad, alteración del estado de sueño-vigilia, irritabilidad, descenso del rendimiento, déficit de atención…

Además de todo esto, que no es poco, nuestra ya conocida experta en logopedia/comunicación no verbal y fundadora de ‘Oh La Voz‘, Carmen Acosta, nos habla de una desconocida afección más que impacta directamente en nuestra forma de comunicarnos con los demás:

Todos hemos experimentado cómo los sonidos ambientales pueden alterar nuestro estado de ánimo. Pero una investigación de la universidad de Duke demuestra que su poder va más allá: también afectan a la forma en la que interpretamos las expresiones faciales de las personas que nos rodean.

Estudiaron cómo la intensidad, el tono y el espectro de frecuencias de los ruidos producidos por las acciones humanas, de los sonidos de los animales, del ruido de las máquinas, y de los sonidos de la naturaleza, alteraban las valoraciones emocionales.  Y hallaron que, al igual que ocurre con la voz y con la música, cualquier cambio en esos parámetros afectaba a la valoración de la emoción como positiva o negativa y al grado de excitación (agitado -calmo) que los sujetos atribuían a los rostros de las personas a las que veían.

De la misma manera que el paisaje sonoro de una película influye poderosamente en las perspectivas del espectador sobre la narrativa , también los sonidos ambientales que nos rodean crean una banda sonora cuyo poder emocional afecta a nuestra experiencia de los sonidos, y, como ahora sabemos, a nuestras evaluaciones de los estímulos visuales que los acompañan.

Y esto es de suma importancia porque una lectura desacertada de las expresiones faciales puede llevarnos a inferir estados emocionales falsos en nuestro interlocutor, condicionando nuestra interacción con él, y pudiendo hacer fracasar la comunicación.

Vivimos inmersos en distintos y poderosos paisajes sonoros formados por voces, músicas y una gran diversidad de sonidos ambientales de los que no podemos aislarnos. Ojalá estas investigaciones abran la vía para desarrollar espacios con una acústica emocional capaz de favorecer las relaciones tanto personales como laborales.

¿Reconoces la amenaza en el rostro de los demás?

Podemos tener dudas a la hora de reconocer la emoción de ira en un rostro, pero tranquilos, nuestro cerebro ya lo hace por nosotros y es capaz de detectar una cara amenazante de forma inconscienteEsto puede parecer inverosímil, pero como el Dr. Harald Schupp y un equipo de investigadores descubrieron ya en el año 2004, estamos programados a un nivel evolutivo para experimentar una respuesta de miedo al detectar la amenaza percibida en otra cara. Si bien es posible que no sepamos lo que está sucediendo, a nivel fisiológico, nuestro cuerpo ciertamente reacciona.

Esta investigación está profundamente arraigada en nuestra historia evolutiva. Nuestras emociones básicas universales (alegría, sorpresa, ira, asco, miedo y tristeza) se basan en cómo evolucionaron nuestros rostros; por ejemplo, entrecerrar los ojos para desconectarnos de las imágenes repugnantes. 

La percepción de amenaza en la cara de otro está profundamente entrelazada con nuestra respuesta de miedo. Las investigaciones han descubierto que detectamos amenazas en los rostros de los demás mucho más rápidamente que las emociones positivas, y nuestros cerebros se preparan rápidamente para lo peor. El trabajo del Dr. Schupp va aún más allá, al observar la respuesta neurológica básica que se activa al percibir la amenaza en la cara de otra persona.

En el estudio, un pequeño grupo de participantes fue reclutado y posteriormente expuesto a una serie de imágenes que representan emociones básicas: amenaza/enojo, felicidad y una cara neutral. Se pidió a los participantes que calificaran cada rostro según el grado en que pareciera amistoso o amenazante, pero solo estuvieron expuestos al rostro por un breve instante, monotorizándose la actividad cerebral para detectar cambios neurológicos.

De acuerdo con sus hipótesis, el estudio encontró que el cerebro muestra una actividad marcadamente diferente casi de inmediato. Sin embargo, la diferencia entre un reconocimiento de amenaza y un reconocimiento amistoso fue mucho mayor que entre amigable y neutral, lo que sugiere que nuestros cerebros están respondiendo de manera más categórica a la amenaza que a otras expresiones faciales. Es más, nuestro reconocimiento no se detiene al detectar la amenaza como sí que lo hace cuando reconocemos un rostro amistoso. En su lugar, continúa procesando el estímulo para formular una respuesta precisa, como huír o luchar.

La comprensión de que nuestro cerebro tiene una reacción profunda e instintiva ante la amenaza nos ayuda a ser más conscientes de lo que sucede instintivamente cuando vemos una cara. Algunas caras pueden inspirar una sensación de ansiedad o consternación subconscientes, y esto perfectamente puede estar vinculado a nuestros procesos de reconocimiento neurológico.

 

 

*Fuente: Can You Spot the Anger? – Humintell