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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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¿Lloras con las películas? Eres una persona emocionalmente fuerte

Aunque la tristeza se considera tradicionalmente como una de las emociones básicas negativas, no siempre es contraria al placer. Existe gran variabilidad cultural e incluso algunas culturas no poseen palabras para definirla. ¿Para qué sirve la tristeza? Una de las principales funciones es la comunicación a los demás de que no te encuentras bien, esto puede generar la ayuda de los  demás, empatía o comportamientos altruistas, otra función es la cohesión con otras personas, especialmente con aquéllos que se encuentran en la misma situación.

¿Quién no se ha emocionado alguna vez con una película? Concretamente algunas encuestas apuntan a que alrededor del 92% de la población ha llorado intensamente, el resto reconoce haberse emocionado o sentir un nudo en la garganta al ver una secuencia triste.

El Dr. Jeffrey Zacks, Profesor de Psicología en la Universidad de Washington en St Louis, lo atribuye a lo que se conoce como “regla espejo” o “neuronas espejo, por ejemplo si alguien te sonríe, tu le sonríes de vuelta, si alguien muestra tristeza, el sentimiento de emoción aflora casi sin darnos cuenta. En definitiva, sentimos empatía, un aspecto esencial de la inteligencia emocional, una habilidad común entre los grandes líderes y entre los sujetos altamente exitosos.

Los personajes de ficción bien trabajados, realmente te permiten sentirte en sus zapatos y observar la realidad de una manera diferente, nos volvemos más abiertos de mente y más comprensivos, lo que nos hace cada vez más compasivos en nuestras interacciones con los demás en la realidad. Mucho de esto tiene que ver con la forma en la que está estructurado nuestro cerebro. Las películas están diseñadas para impactarnos a un nivel emocional y frecuentemente logran su objetivo.

Cuando vemos películas con un alto contenido emocional, nuestro cerebro libera oxitocina, una hormona potente que también se comporta como un neurotransmisor. La oxitocina nos ayuda a conectarnos con otros seres humanos y nos lleva a ser más empáticos, amables, confiables y desinteresados.

Paul J. Zak, un neuroeconomista de Claremont Graduate School, es reconocido mundialmente como un experto en oxitocina, y ha llevado a cabo muchas investigaciones para saber más de ella. En una de sus investigaciones, mostró a los participantes un video del Hospital de niños de St. Jude. La mitad del grupo vio un segmento del video que mostraba a un padre hablando del cáncer terminal de su hijo pequeño, Ben. La otra mitad vio un segmento donde Ben y su padre visitaban el zoológico.

El segmento que mostraba al padre discutiendo acerca del cáncer de su hijo era obviamente más difícil de ver y causaba una respuesta emocional más alta. Pero los participantes mostraron un aumento de un 47% de sus niveles de oxitocina en la sangre, lo que afectaba positivamente en su conducta.

A continuación, a todos los participantes se les pidió que tomaran decisiones que involucraran dinero y a otras personas. Los resultados mostraron que las personas que vieron el segmento más emocional del video tenían más probabilidades de ser generosos con personas que no conocían y de donar dinero a alguna acción social.

Curiosamente, aquellos que donaron dinero parecían estar más felices que aquellos que no lo hicieron. Lo que todo esto sugiere es que cuando lloramos en alguna película es debido, entre otras cosas, a la oxitocina, la cuál nos permite sentirnos más conectados con los personajes, aumenta nuestros niveles de empatía, altruismo e incluso aumenta nuestro bienestar.

 

 

*Fuente de consulta: Elite Daily 

Edgar Allan Poe nos dio la clave para ‘leer’ las emociones de los demás

2787381665_b19e49216c_bHoy he encontrado una joya navegando por la red, la web de ‘lenguaje corporal‘ recoge una pequeña anécdota que refería el personaje ficticio Auguste Dupin en “Los crímenes de la calle Morgue“, relato policíaco de Edgar Allan Poe. En el mismo se refleja una de las habilidades menos explotadas por el ser humano: la de identificarse con los sentimientos de sus semejantes simplemente por la imitación de sus gestos (efecto camaleón).

“Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la expresión de mi cara.”

Son numerosos los estudios y publicaciones sobre la empatía y la sincronización de los movimientos corporales entre dos personas; cuando ambas estén de acuerdo o compartan una opinión, sus gestos serán réplicas mutuas, muy probablemente en espejo (si una cruza el brazo izquierdo, la otra hará lo mismo con el derecho). Con este contagio-imitación emocional seremos capaces de sentir e interiorizar emociones similares a las que observamos, y de la misma manera, condicionar las de otros.

Es un proceso en el que la persona es influida y a la vez ejerce influencia sobre las emociones y comportamientos de otras personas o grupos. No debemos ver en ello una forma de manipulación perversa, es una acción que facilita la empatía, que puede ayudar a conectar con el otro y que éste te confiese sus problemas o alegrías, transmite preocupación e interés por nuestra parte y puede ser la llave para descubrir estados emocionales en los demás que necesitan aflorar para resolverse.

 

 

 

#Halloween: ¿Por qué nos gusta el miedo?

halloween-illustrationLa emoción primaria de miedo es una reacción afectiva innata y universal, es decir, nacemos con ella (no es aprendida) y está presente en todos los seres humanos del mundo independientemente de la cultura a la que pertenezcan. El miedo y la ansiedad quizá sean las emociones que han generado mayor cantidad de investigación y, curiosamente, nos encontramos ante una de las emociones que produce mayor cantidad de trastornos mentales.

La distinción entre ansiedad y miedo podría concretarse en que la reacción de miedo se produce ante un peligro real y la reacción es proporcionada a éste, mientras que la ansiedad es desproporcionadamente intensa ante la supuesta peligrosidad del estímulo. El miedo es una de las emociones más intensas y desagradables, genera aprensión, desasosiego y malestar; preocupación, recelo por la propia seguridad o por la salud y sensación de pérdida de control. Entonces… ¿por qué nos atrae tanto?

La expresión y la reacción corporal del miedo, recogida en martinovejero.com

La expresión y la reacción corporal del miedo, recogida en martinovejero.com

Buscamos actividades que nos despierten esa sensación de terror/ansiedad: novelas y películas de miedo, la creación de personajes espeluznantes, atracciones del pánico, videojuegos que quitan la respiración, interés por sucesos escabrosos, la práctica de deportes de alto riesgo… Una de las explicaciones más citadas tiene que ver con la hiperactivación física. Aludiendo a que quienes disfrutan de tales sensaciones solo experimentan una descarga de adrenalina, no un miedo de verdad. Esta reacción conlleva una liberación de adrenalina y dopamina, responsables de la sensación de euforia que experimentamos tras pasar un mal rato.

En este sentido, algunos investigadores han sugerido que las historias vistas y leídas favorecen la empatía, el ponerse en la piel del otro, y así, actuarían como un simulador del mundo real donde las personas aprenden comportamientos que nunca han vivido, pero eso sí, sin sufrir las consecuencias físicas o emocionales que tendrían en la realidad. Por tanto, la ficción sería como un campo de juego donde explorar los miedos propios.

En palabras de la socióloga, experta en la emoción de miedo, Margee Kerr, Los humanos se han estado asustando a sí mismos desde el nacimiento de la especie, a través de todo tipo de métodos, como contar historias, saltar desde acantilados, o saliendo de lugares oscuros para asustar a otros. Hemos hecho esto durante todo este tiempo por diferentes razones: como darle unidad a los grupos, preparar a los niños para la vida en el peligroso mundo y, por supuesto, para controlar nuestro comportamiento. Pero realmente solo ha sido en los últimos siglos cuando hemos empezado a asustarnos a nosotros mismos por diversión (y beneficio), y esto se ha convertido en una experiencia tan cotizada”.

Cuando sí que lo experimentamos en una situación vívida o real, también nos quedará posteriormente una sensación positiva intensa que contrarrestará a la anterior. Superar una situación estresante nos deja una sensación de autoconfianza (¡Yo sobreviví!) que nunca viene mal.

Así que si eres adicto al terror no te preocupes, eres evolutivamente muy normal… 🙂

 

¿Cómo dar una mala noticia? 7 claves no verbales

mujer-con-verguenza-y-su-madre-1024x683Qué mal lo pasamos al dar una mala noticia, ¿verdad?; esto es aún peor si somos seres tremendamente empáticos, pero es que a veces no queda otra, sobre todo en profesiones en las que comunicar malas noticias forma parte del trabajo diario, médicos, abogados, policías, veterinarios, etc, sufren día a día este mal trago.

Son muchas las variables que habría que controlar para conseguir la idoneidad del momento y facilitar, en la medida de lo posible, este desagradable proceso, como por ejemplo, elegir el instante adecuado para comunicar la noticia, no divagar, es decir, empezar por lo importante (con delicadeza) para después pasar a los detalles o explicaciones adicionales, ser objetivos y no adornar o dar connotaciones de valor a la información, intentar anticipar la reacción de la otra persona, o considerar, si es adecuado, reconfortarla ofreciendo alternativas o posibilidades.

Pero además, y como en toda interacción, las emociones y la comunicación no verbal adquieren un papel fundamental a la hora de gestionar el estrés propio de la situación:

  • Ser conscientes de nuestro propio estado emocional cuando transmitamos el mensaje: Previamente tenemos que reflexionar sobre los sentimientos que nos genera la noticia en nosotros mismos. Si estamos demasiado implicados o afectados por lo acontecido lo mejor será replantearnos si somos la persona adecuada para responsabilizarnos de esta comunicación. El mensajero es la persona que debe mantener la calma y no empeorar el impacto emocional que causará la noticia.
  • Buscar un contexto tranquilo y emocionalmente neutro: el entorno deberá ser tranquilo para evitar toda distracción o interrupción posible. Un sitio cómodo y privado será fundamental para que la persona que reciba la mala noticia pueda reaccionar tal y como lo siente, sin reprimirse por sentirse observada, incomprendida o juzgada por los demás.
  • Mantener cierta proximidad: No dudes en ponerte junto a la otra persona, la distancia física o las barreras (con una mesa de por medio por ejemplo) aumentarán la tensión y la sensación de que nuestro interlocutor se sienta desamparado, sin apoyo ni seguridad. Si adquirimos una distancia más íntima podremos ayudarla en lo que necesita, sujetarla, abrazarla, darle la mano, y sobre todo, mantener un contacto visual más directo y simétrico.
  • Es mejor que las personas implicadas tomen asiento: Ya conocemos el tópico del “tengo algo que decirte, mejor, siéntate”, pero tiene su sentido. Sentarse hace que gran parte del cuerpo se relaje, lo cual a su vez hace que sea más fácil prestar atención y, por otro lado, puede ayudar a eliminar parte de la tensión antes y durante la entrega de la noticia. Además, si adoptamos una postura relativamente relajada (sin cruzar ni los brazos ni las piernas y sin encorvarnos demasiado) es muy posible que la otra persona tienda a imitarnos aún sin darse cuenta, de modo que ella también se sentirá algo más relajada. Por otro lado, al estar sentada la otra persona no caerá al suelo si se desmaya o nota que pierde fuerzas momentáneamente debido a su estado de ánimo.
  • Expresión facial y voz empáticas y serenas: El rostro y la tonalidad de la voz (prosodia emocional) que empleemos serán un foco de fijación importante para la otra persona. Tenemos que mantener la calma y estar atentos a las expresiones faciales del otro para percibir las emociones que está sintiendo y así regular las nuestras respecto a ellas; no juzgar el miedo, la ira, la tristeza, o incluso la risa nerviosa que pueda sentir al recibir la noticia, debemos también ofrecer consuelo y comprensión con nuestro lenguaje corporal, coherente con las palabras que pronunciemos.
  • ¿Tocar o no tocar?: En este sentido existe algo más de controversia, ya que dependerá mucho de la personalidad, de la relación que tengamos, de la afectación o la ansiedad del otro. En general, a no ser que seamos alguien muy cercano a la otra persona, es preferible no tocarla con la mano o el brazo justo antes de darle la noticia, ya que esto podría hacer que se estresara muy rápido y que no logre concentrarse bien en lo que estamos diciendo. Podemos hacerlo, si lo creemos conveniente, después de haberlo comunicado, para reconfortarla.
  • Respetar y aceptar los silencios como una reacción positiva: Después de una mala noticia, no todos hacen preguntas o exigen respuestas. Algunas personas se quedan en estado de shock e incluso puede tardar tiempo en asimilar la noticia. Debemos acatarlo y no exigir el típico: “¡pero di algo!”.

 

 

 

 

*Fuente de consulta: Psicologíaymente.

El efecto camaleón: la imitación no verbal es clave para conectar con otra persona

reptile-316735_960_720Si tu propósito es resultarle atractivo a alguien, actúa como un camaleón. Así lo pone de manifiesto una investigación realizada por los autores Chartrand, TL y Bargh, JA de la Universidad de Nueva York con el título: The Chameleon Effect: The Perception-Behavior Link and Social Interaction.

La técnica es bien sencilla, un punto clave para gustar es imitar ‘sutilmente’ la comunicación no verbal del otro, sus expresiones faciales, sus gestos, movimientos, posturas, incluso su prosodia emocional, su tonalidad, ritmo y velocidad del habla, en algunas ocasiones, hasta nos nace hacerlo con el acento o particularidades varias de pronunciación propias de nuestro interlocutor.

Quizás esto a priori parezca difícil o incluso irreal pero, por ejemplo, ¿os habéis fijado en que Pablo Motos lo hace cuando entrevista a sus invitados en el programa de ‘El Hormiguero’? Observadlo a partir de ahora, le aflora a veces hasta el acento andaluz si su invitado es del sur. Nos encontramos ante un gran imitador (de forma inconsciente o no) para establecer un buen rapport, la conexión necesaria para hacer que el famoso de turno se sienta cómodo y confidente con el entrevistador.

Volviendo a la premisa científica. ¿Cómo se llegó a esta conclusión? Las hipótesis que se planteaban los autores versaban sobre si las personas se copian automáticamente entre sí sin importar si son extraños; si realizar esa acción proyecta más agradabilidad; y si las personas que son más agradables o más abiertas a las opiniones de los demás muestran más este fenómeno camaleónico. Y así resultó, los sujetos eran capaces de mimetizar algunos movimientos con auténticos desconocidos, como tocarse la cara, pero sobre todo, agitar los pies. Así mismo, los participantes que fueron imitados por los cómplices del experimento gustaron mucho más de ellos que los participantes que no habían sido imitados. Por último, también corroboraron que efectivamente existe una fuerte relación entre las personas con comportamientos más imitativos y la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Estos resultados sugieren que, a través de esta particular mímica, podemos sentir lo que sienten otras personas, esto es, comprender sus estados emocionales. En definitiva, lo que descubrieron Chartrand y Bargh es una intensa correlación entre el grado de comportamiento imitativo que exhibían los participantes de sus experimentos y su tendencia a sentir empatía; a mayor imitación, más preocupación por los sentimientos de los demás y, por consiguiente, mayor empatía.

También podemos observar otro ejemplo práctico, muy claro, de esta copia conductual entre Albert Rivera y Pedro Sánchez, en la firma del pacto entre ambos, y en la que el líder de Ciudadanos utilizaba hábilmente su lenguaje corporal para conectar y sincronizar su comportamiento con la del líder del PSOE

 

 

En Eurovisión la cantante ucraniana Jamala no solo ganó por su voz

Expresión facial de tristeza de la cantante ucraniana en su actuación en Eurovisión.

Expresión facial de tristeza de la cantante ucraniana Jamala durante su actuación en Eurovisión.

Si no quieres perderte detalle de todo lo que ocurrió en la gala de Eurovisión puedes pinchar aquí. Nosotros pondremos el foco en la comunicación, en concreto en la expresión de las emociones en la actuación ganadora. Ya hemos tratado el tema con anterioridad hablando de la comunicación no verbal en el mundo de la música. En esta ocasión, casualidad o no, la cantante que representaba a Ucrania, Jamala, fue una de las intérpretes más expresivas y emocionales en el escenario.

El contenido de la canción, titulada ‘1944’, hablaba de su familia, una historia personal terrible ambientada en un episodio del régimen stalinista que sufrió su bisabuela. Se vuelve a poner en evidencia la máxima en comunicación no verbal: si quieres expresar realmente una emoción solo hay una forma de hacerlo, sentirla de verdad. Jamala supo transmitir un intenso sentimiento de tristeza. De todas las actuaciones que se sucedieron en el concurso, solo ella habló sobre su vida, del horror que sufrieron sus antepasados, no tuvo que interpretar, solo cantar lo que experimentaba en su interior y eso caló en un público que se rindió ante su actuación.

La expresión facial de tristeza, caracterizada por la elevación de la zona interior de las cejas (formando un triángulo), se refleja en el rostro de la cantante en repetidas ocasiones, su ejecución es perfecta e intensa, fiel reflejo de una verdadera aflicción. Esta sinceridad provoca el contagio emocional, el público ‘empatiza’ con la artista y es capaz de sentir también el pesar del relato, nos emociona y cuando hay un gran impacto emocional nuestro cerebro provoca que este tema se fije en nuestra memoria, Jamala afirmaba “quiero que se recuerde”, sin duda lo ha conseguido, gracias a su voz pero también a su comunicación no verbal.

 

 

 

La cordialidad no verbal impera en los últimos encuentros políticos: Felipe VI y Puigdemont y la reunión de la izquierda

Carles Puigdemont saluda al rey Felipe VI a su llegada a la cena de bienvenida a los asistentes al Mobile World Congress/EFE

Carles Puigdemont saluda al rey Felipe VI a su llegada a la cena de bienvenida a los asistentes al Mobile World Congress/EFE

No todo iba a ser malo. Después del tenso ambiente político que protagonizó el desdén de Mariano Rajoy con el ‘no saludo’ hacia Pedro Sánchez, encontramos otros ejemplos actuales para ilustrar la armonía y afabilidad en ciertos sectores político-monárquicos.

El primer ejemplo se produjo el pasado domingo en el primer encuentro entre Felipe VI y Carles Puigdemont, después de la investidura de este último en la Generalitat de Cataluña. Observamos como Carles se aleja de las puertas del Liceo y va al encuentro con el Rey que llega en su coche, ambos se topan con una amplia sonrisa del otro, establecen un contacto visual directo que se interpreta como apertura y buena disposición a la comunicación y el apretón de manos es formalmente perfecto, con la duración adecuada y total verticalidad, hay neutralidad y por tanto hay empatía, así mismo, todo esto es congruente con su expresión facial, no se desprende dominancia ni agresividad por parte de ninguno de los dos, se muestran receptivos el uno con el otro.

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Mauricio Macri, un presidente con-tacto

Sergio Goya/EFE

Sergio Goya/EFE

Siempre que me preguntan “¿cómo puedo ser una persona influyente?” mi respuesta siempre es la misma: “Preocúpate más en hacer que otros se sientan bien consigo mismos que hacerlos sentir bien contigo”.

Independientemente de su ideología o programa electoral, y fijando el foco exclusivamente en su comunicación no verbal, Mauricio Macri, es magnético, convence, persuade, y mucho. El reciente presidente de Argentina se ha posicionado como uno de los más valorados oradores del panorama político mundial y buena culpa de ello lo tiene, cómo no, su lenguaje corporal.

Mantiene siempre el contacto visual directo con su interlocutor acompañado además de una sonrisa espontánea de alegría, detectándose acción coherente no solo en la parte inferior del rostro (con una amplia sonrisa) sino también en el área orbicular del ojo (patas de gallo) que dan cuenta de la sinceridad de la expresión. En general muestra una alta y continua expresión emocional en su rostro que acompaña al énfasis tanto corporal como de su mensaje. Muestra además empatía emocional con sus interlocutores, incluso en emociones de índole negativo como la tristeza; expresa un semblante real de tristeza cuando la percibe en la otra persona con la que conversa.

Pero sin duda, uno de los aspectos más destacables del personaje es el canal háptico (acciones referentes al sentido del tacto con uno mismo y con los demás) y de cómo se relaciona con su entorno a través del contacto físico. Mauricio realiza continuamente toques en zonas neutrales de sus interlocutores, en brazos, manos y hombros, con una duración ajustada para no incomodar pero sí para hacer sentir que está ahí, cercano y cálido con ellos. Lee el resto de la entrada »