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Destripando mitos: La ‘Casa Blanca’ no recibe ese nombre por haber sido pintada de ese color tras el incendio de 1814

Numerosas son las publicaciones que corretean por la red e incluso que se pueden encontrar en algunos libros (tanto de Historia como de educación) en los que se indica que el edificio del 1600 de la Avenida Pensilvania de Washington D.C., en el que trabaja y reside el Presidente de los Estados Unidos, recibe el nombre de ‘Casa Blanca’ debido a que tuvo que ser pintado de ese color tras el incendio que se produjo en agosto de 1814, por parte del soldados del ejército inglés, durante la guerra anglo-estadounidense (desde junio de 1812 a febrero de 1815).

Destripando mitos: La ‘Casa Blanca’ no recibe ese nombre por haber sido pintada de ese color tras el incendio de 1814

A causa del efecto devastador de las llamas, el edificio sufrió numerosos desperfectos y tuvo que ser rehabilitado y vuelto a pintar (de blanco). Pero ese color ya era el que tenía previamente, tal y como fue construido (las obras duraron entre 1790 y 1800) siendo encalado toda su fachada (por aquel entonces no se utilizaba pintura para el exterior de la edificaciones).

Consta en un documento datado el 18 de marzo de  1812 (dos años de que se produjese el mencionado incendio) una mención al edificio presidencial como ‘White House’ (Casa Blanca) por parte del congresista Abijah Bigelow, quien envió n dicha fecha una carta a un colega suyo explicándole novedades sobre su estancia en Washington, así como noticias de la vida política en la capital (faltaban tres meses para el inicio de la guerra anglo-estadounidense).

Varias son las iniciativas para que, en un gran número de libros de Historia e incluso entre los guías turísticos que trabajan en Washington, se corrija el error de atribuir a la quema y posterior rehabilitación del edificio el hecho de llamarse ‘Casa Blanca’, cuando en realidad se le empezó a denominar de ese modo desde un inicio, cuando finalizaron las obras de construcción en 1800.

Cabe destacar que fue en octubre de 1901 cuando el vigesimosexto presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, nombró oficialmente al edificio presidencial como ‘White House’. A este mandatario también se le debe la ampliación y construcción de la famosa ‘ala oeste’ en el que se encuentra el ‘despacho oval’, en el que, desde entonces, han trabajado y reunido todos los presidentes estadounidenses.

 

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¿Sabías que el Día de la Independencia inicialmente se celebró el 2 de julio en muchos lugares de EEUU?

No fue hasta 1785 cuando se decidió instaurar el 4 de julio como fecha oficial para la celebración y conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos, a pesar de que el documento con el que se declaraba que las Trece Colonias norteamericanas se independizaban del Imperio Británico fue firmado y aprobado por unanimidad nueve años antes (1776).

¿Sabías que el Día de la Independencia de EE. UU. inicialmente se celebraba el 2 de julio?

Los libros de Historia nos han explicado que el 4 de julio de 1776 tuvo lugar en Filadelfia el ‘Segundo Congreso Continental’ en el que se reunieron los representantes de las Trece Colonias con el propósito de firmar el texto de una Declaración de Independencia que los desvinculaba del dominio británico y que a partir de aquel momento formarían una nueva nación a la que bautizarían como ‘Estados Unidos de América’.

Firma de la Declaración de Independencia los Estados Unidos de 1776Pero, en realidad, aquel 4 de julio lo que se llevó a cabo no fue declarar la independencia y romper cualquier tipo de vínculo con Gran Bretaña sino refrendar lo que ya se había acordado, escrito y aprobado en aquel mismo congreso dos días antes, o sea, el 2 de julio.

John Adams, uno de los Padres de la Nación, presente en el mencionado congreso continental de Filadelfia (y que en 1789 sería el primer vicepresidente del país, bajo la presidencia de George Washington y en 1797 escogido segundo presidente de los Estados Unidos), escribía el 3 de julio de 1776 una emocionada carta a su esposa en la que le explicaba con total emoción lo especial que había sido aquella jornada, bautizándola como el ‘día de la liberación que será recordado y conmemorado por las generaciones venideras’.

Durante casi una década fue la del segundo día de julio la fecha en la que se estuvo conmemorando el Día de la Independencia en la mayoría de poblaciones de los nuevos Estados Unidos. Evidentemente, teniendo en cuenta que, en aquellos momentos, no era una fastuosa celebración debido a que el país se encontraba inmerso en la Guerra de Independencia que duró hasta septiembre de 1783.

Pero también hubo, durante aquellos años, un buen número de lugares en los que dicha conmemoración se realizó el día 4. El motivo de ello era porque esa fecha fue en la que, en muchas poblaciones de las Trece Colonias, llegó la noticia de la Declaración de Independencia, debido a que algunos de los representantes se marcharon de Filadelfia, tras la reunión del día 2, con el fin de anunciar cuanto antes a sus conciudadanos la  aprobación del mencionado documento.

Fue a partir de 1785 cuando se decidió que la celebración del Día de la Independencia de los Estados Unidos debía celebrarse el 4 de julio, coincidiendo con la fecha en la que fue firmado el documento y no en el día en el que se realizó y aprobó la Declaración de Independencia (2 de julio).

Cabe destacar que a la reunión que tuvo lugar el 4 de julio de 1776, para firmar la declaración, no acudieron todos los representantes (que ya habían salido de viaje hacia sus respectivas colonias, tal y como te explico un par de párrafos más arriba). Por tal motivo se programó un nuevo encuentro, para el 2 de agosto de aquel mismo año, en el que firmaron los ausentes.

 

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El curioso origen español de la cultura de los ‘cowboys’

No hay nada que identifique más la esencia del prototipo de estadounidense que su imagen vaquera, en la que los denominados ‘cowboys’ eran unos aguerridos personajes que dominaban el arte de montar y domar a caballos, portaban unos vistosos sombreros de ala ancha y espuelas en sus botas y eran experimentados en el manejo del ganado.

El curioso origen español de la cultura de los ‘cowboys’

Un incalculable número de películas, series y novelas se han encargado a través del último siglo de mostrarnos a estos personajes como el arquetipo de hombre que vivía en las llanuras y desiertos de los Estados Unidos.

Pero, toda esa imagen y complementos que acompañaba la figura del cowboy, en realidad no fue algo que surgió de la nada sino que fue la herencia que la presencia española de los primero colonos dejó en Norteamérica.

Tras el descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en 1492 (en aquel tiempo bautizado el continente como Nuevo Mundo o Indias Occidentales) los viajes que se realizaron desde España hacía allí fueron numerosos.

Entre las muchas cosas que se exportó fueron los caballos (a partir de finales del siglo XV y principios del XVI) y un par de siglos después numerosos fueron los equinos que ya habían nacido, criado y dispersado por todo el continente.

De hecho, existe el término ‘mustang’ con el que conoce a los caballos salvajes de Norteamérica y dicha denominación anglosajona no deja de ser la adaptación al inglés del vocablo español ‘mesteño’ (caballo o res libro o que no está domado).

Otra de las características de los vaqueros norteamericanos era su vestimenta: sombrero de ala ancha, piezas de cuero acopladas a la ropa o las botas con espuelas fueron exportadas desde España por los aventureros que hasta el Nuevo Mundo viajaron.  Éstos llevaron sus conocimientos de la doma de caballo, que con el paso de los siglos se convirtió en los famosos rodeos. Y, evidentemente, junto a los mencionados caballos hasta allí llevaron las sillas de montar.

Todos aquellos conocimientos aportados desde España en los inicios de la conquista de América fue lo que originó, ya en el siglo XIX, la aparición de los cowboys que se ocuparon del transporte de ganado de un punto a otro de los Estados Unidos y que tanto hemos podido ver sobre ellos en las célebres películas del Oeste.

 

 

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Fuente de consulta: The Hispanic Council
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¿Cuál fue el primer banco de los Estados Unidos?

El 4 de enero de 1782 abría en Filadelfia sus puertas el Bank of North America, convirtiéndose en el primero de los EEUU, aunque por aquel tiempo el país todavía andaba metido en la Guerra de Independencia (que acabaría en 1783 a pesar de que la declaración de emancipación se hubiese hecho en el 4 de julio de 1776).

¿Cuál fue el primer banco de los Estados Unidos?

Hasta aquella fecha, los préstamos bancarios había estado en manos de prestamistas privados que habían hecho de la usura un rentable negocio y fue por este motivo por el que el Congreso de la Confederación, creado el 1 de marzo de 1781, instase a poner freno a la especulación de aquellos particulares que se enriquecían sin escrúpulo alguno y dio luz verde a la creación de un banco nacional que realizase ese tipo de transacciones.

Como nota curiosa, cabe destacar que la primera hija del político filadelfiano William Bingham (Ann Louisa Baring) nació un día antes de la apertura del Bank of North America, por lo que a modo de celebración el feliz padre decidió comprar el 9,5% de acciones de la recién estrenada entidad bancaria, algo que lo convirtió, tras finalizar la Guerra de Independencia, en uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos.

 

 

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¿Cuál está considerado como el primer atentado con un coche bomba de la Historia?

¿Cuál está considerado como el primer atentado con un coche bomba de la Historia?

Es curioso, pero el considerado como primer atentado con un coche bomba de la Historia no fue con un coche sino con un carro tirado por dos caballos.

Ocurrió el jueves 16 de septiembre de 1920 y tuvo lugar en el distrito financiero de Wall Street, en Nueva York. Ese día, a las doce en punto del mediodía, en uno de los momentos que más tránsito de personas (sobre todo trabajadores de la Bolsa y bancos cercanos) y automóviles, se hizo paso por la calle un carro cargado con 45 kilos de dinamita y cerca de 230 kilos de metralla. Llevaba un dispositivo realizado con la maquinaria de un reloj para la carga explosiva. Al hacerlo saltó por los aires causando 38 muertos y cerca de 400 heridos.

El atentado no fue reivindicado por ningún grupo terrorista, pero la investigación posterior, que duró cerca de un lustro, llevó al FBI a poder atribuírselo a Mario Buda, líder de un grupo anarquista que cometió múltiples atentados en los Estados Unidos a lo largo de aquella década.

 

 

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Portada Vuelve el listo que todo lo sabe

 

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¿Sabías que Stalin ordenó asesinar a John Wayne?

¿Sabías que Stalin ordenó asesinar a John Wayne?

Entre 1949  y 1953 – en los inicios de la Guerra Fría y primeras tensiones políticas entre Estados Unidos y la Unión Soviética- el famoso y carismático actor John Wayne se puso al frente de la MPAPAI, siglas de la ‘Alianza Cinematográfica para la Preservación de los Ideales Americanos’ (Motion Picture Alliance for the Preservation of American Ideals) la organización con la que los miembros más conservadores de la industria del cine querían preservar el modelo de vida y político americano frente a la cada vez mayor presencia de personas que simpatizaban con el comunismo soviético.

Wayne se convirtió en un férreo defensor del patriotismo estadounidense y colaboró activamente desde la organización en denunciar a todos aquellos compañeros de profesión de los que se sospechaba que colaboraban con los comunistas o comulgaban con dichos ideales.

El exceso de celo del actor lo llevó a ser en multitud de ocasiones un tipo despreciado por gran parte de sus compañeros, además de llegar a oídos del Kremlin su odio hacia  los comunistas, provocando que el propio Iosif Stalin ordenara a miembros de la NKVD (predecesora del KGB) que algún agente soviético infiltrado en suelo estadounidense se encargara de asesinar a John Wayne.

A lo largo de los siguientes años, varias veces fueron las ocasiones en las que el actor estuvo a punto de morir, pero los asesinos siempre fueron descubiertos, ya que Wayne disponía de seguridad personal que lo protegía día y noche.

La orden de Stalin estuvo en vigencia a lo largo de toda una década hasta que, tras el fallecimiento del dictador soviético, su sucesor –Nikita Jrushchov– la anuló. A pesar de ello, Wayne ya era un objetivo en el punto de mira de muchos comunistas que lo odiaban y varias las ocasiones en las que se le intentó matar a lo largo de los siguientes años; una de ellas en 1966 durante un viaje que realizó a Vietnam en el que estuvo muy cerca de morir a causa de las balas disparadas por un francotirador desplazado hasta allí desde la China comunista de Mao Tse-Tung.

 

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Fuentes de consulta: neatorama /  ‘John Wayne: El hombre detrás del mito’ de Michael Munn / keywiki / Cuaderno de Historias
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Cuando la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) prohibió llevar ‘Furbys’ a sus instalaciones

¿Sabías que la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) prohibió llevar ‘Furbys’ a sus instalaciones?

El verano de 1998 apareció un nuevo juguete en el mercado estadounidense. Se trataba del Furby, un peludo muñeco de grandes orejas y ojos saltones, el cual llevaba en su interior un mecanismo electrónico que lo convertía en interactivo con quien lo manejaba.

Causó tal furor, nada más salir a la venta, que las navidades de aquel mismo año arrasaron en ventas, siendo el juguete más regalado (tanto a niños como a adultos).

Muchas eran las personas que, tras las fiestas navideñas, se llevaron consigo a su Furby, el cual colocaban en su mesa de escritorio y con el que interactuaban durante la jornada laboral.

El 13 de enero de 1999 la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) hacía un sorprendente anuncio a todos sus trabajadores y agentes: quedaba terminantemente prohibido llevar un Furby al trabajo, debido a que se considerada a este juguete como un peligroso elemento de espionaje.

El hecho de que los Furbys estuvieran equipados con un mecanismo electrónico en su interior, el cual llevaba un pequeño micrófono, lo convertía en algo que comprometía la seguridad del país.

En las instalaciones de la NSA (ubicadas en Fort George G. Meade, en Odenton, Estado de Maryland) se mantenían conversaciones de máxima privacidad y se temía que uno de esos muñecos, llevado por algún empleado, hubiera podido ser manipulado por un agente de una potencia enemiga para conseguir información secreta.

Pero realmente los Furbys no registraban y repetían palabras que escuchaban sino que en su chip interior ya estaban grabadas un total de 200 vocablos (un centenar en inglés y el resto en furbish –el idioma inventado para estos muñecos). Por lo cual cuando detectaba que alguien había pronunciado alguna palabra registrada en su base de datos la soltaban.

También tuvo que ser decisiva la intervención y declaración que hizo el propietario de la empresa que fabricaba los Furbys, quien declaró que estos muñecos no tenían capacidad de grabar conversaciones y mucho menos podrían ser usados como un elemento de espionaje.

Tras las pertinentes comprobaciones y un tiempo prudencial,  se levantó la prohibición, aunque para entonces ya no era un juguete tan de moda y pocas las personas que llevaban al trabajo su mascota virtual.

Cabe destacar que en la NSA no solo han estado prohibido los Furbys, cualquier persona que acceda a sus instalaciones no puede llevar encima teléfono móvil, grabadoras, cámaras de foto o vídeo, relojes inteligentes, tabletas o portátiles o todo aquello que pudiese grabar o transmitir información (incluidas las ‘Google Glass’).

 

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¿Por qué las elecciones presidenciales de EEUU caen en un martes del mes de noviembre?

¿Por qué las elecciones presidenciales de EEUU caen en un martes del mes de noviembre?

El hecho de que en 2016 los ciudadanos estadounidenses estén llamados a acudir a las urnas, en las elecciones presidenciales, el martes 8 de noviembre no es fruto de la casualidad y mucho menos es una fecha que fue elegida recientemente, sino que está establecido por norma legislativa desde hace 171 años cuándo debe caer exactamente la fecha de todas las elecciones (siempre y cuando no se modifique constitucionalmente en un futuro).

La elección de la fecha para ir a votar hoy en día nos podría resultar enrevesada e incluso ridícula, pero en su día tenía una explicación lógica.

Fue el 23 de enero de 1845 cuando se estableció la fecha en la que los electores deberían acudir a las urnas a elegir al nuevo presidente. Para ello se tuvieron en cuenta una serie de factores y variables como por ejemplo la climatología y disponibilidad de los electores para poder desplazarse.

La mayoría de los norteamericanos en aquella época se dedicaba a la agricultura, por lo que había que descartar los meses comprendidos entre marzo y octubre que eran los de mayor actividad laboral (los que iban desde la siembra a la recolección). Desde mediados de diciembre hasta final de febrero quedaba descartado por motivos meteorológicos: era invierno y el traslado hasta las sedes del condado donde se emitían los votos sería dificultoso, además de que el frio provocaría que muchos electores se quedaran en sus casas en lugar de ir a votar.

De ahí que se decidiera que la mejor época para llevarse a cabo las elecciones era dentro de los primeros días del mes de noviembre, unos días en los que en la mayoría de los Estados Unidos las temperaturas todavía son suaves. Otro motivo era porque así también daría tiempo a que, trascurridas cuatro semanas que marcaba la ley y con escrutinio ya terminado, se pudieran reunir los representantes escogidos y éstos podrían decidir quién era el presidente electo que tomaría posesión el 4 de marzo (el 20 de enero desde 1937).

El siguiente paso era decidir qué día concreto (dentro de los primeros días de noviembre) sería el escogido para ir a votar. Teniendo en cuenta que para acudir a ejerccer el voto eran muchos los ciudadanos que vivían en entornos rurales que necesitarían un día de ida y otro de vuelta, se empezó a descartar días no viables para ellos: el lunes no podía ser porque el domingo era día de culto religioso y por tanto no se podía salir de viaje. El miércoles era día de mercado en todas las poblaciones y por tanto ese día tampoco se salía de viaje, lo que provocaba que el jueves también quedase descartado. El viernes tampoco podía ser porque el viaje de regreso se hubiese tenido que realizar en sábado (también día de culto religioso, en una época en la que la devoción religiosa era lo más importante para los ciudadanos). Por tanto el único día viable que quedaba era el martes, pero no podía ser cualquier martes, ya que este no podía caer en día 1 de noviembre (Día de Todos los Santos, fecha no festiva en EEUU ni de culto religioso, por lo que se respetaba el día para honrar a los difuntos pero se daba libertad para partir de viaje).

Así pues, de esta manera enrevesada, fue cómo se escogió el día en que debían caer las elecciones y que éste fuera el martes posterior al primer lunes de noviembre.

Debido a esta norma la fecha más temprana posible para celebrarse las elecciones es el 2 de noviembre y la última fecha posible es la del 8 de noviembre (como es el caso de este año).

¿Por qué las elecciones presidenciales de EEUU caen en un martes del mes de noviembre?

 

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Fuentes de las imágenes: pixabay / memory.loc.gov

‘Efecto Coolidge’, el fenómeno de comportamiento sexual que tomó su nombre del presidente de los EEUU

‘Efecto Coolidge’, el fenómeno de comportamiento sexual que tomó su nombre del presidente de los EEUU

Calvin Coolidge, trigésimo Presidente de los Estados Unidos (1923-1929), fue conocido por ser un hombre de pocas palabras y de trato difícil con los demás debido a su peculiar y reservada forma de ser. Sin embargo, a la hora de gobernar y legislar tenía mano dura y no dudaba ni un segundo en aplicar leyes impopulares, si estaba convencido que con ellas se solucionaría un problema, a pesar que eso le reportase ganar enemigos y perder votos.

A pesar de esta reservada forma de ser y proceder, al señor Coolidge se le atribuye, junto a su esposa Grace Goodhue, una divertida anécdota (más leyenda que historia) que dos décadas después sirvió para dar nombre a un curioso fenómeno sobre el comportamiento sexual en los mamíferos.

Pero primero vamos con una breve explicación sobre este fenómeno y finalizaremos el post con la curiosa anécdota…

El ‘Efecto Coolidge’, descrito en psicología y biología, hace referencia al comportamiento y respuesta de un mamífero ante sus relaciones sexuales con una o varias parejas y cómo el ‘periodo refractario’  (tiempo de recuperación entre una y otra relación sexual) puede aumentar o disminuir dependiendo de si va a repetir el acto con una nueva pareja o con la misma. Según los expertos, en los humanos esto afecta más a los hombres que a las mujeres.

Por poner un ejemplo… En condiciones normales, un hombre tras realizar el acto sexual necesita de ese periodo de recuperación para volver a ponerse en el asunto. Evidentemente, ese tiempo puede ser mayor o menor dependiendo del individuo, edad y otras circunstancias.

‘Efecto Coolidge’, el fenómeno de comportamiento sexual que tomó su nombre del presidente de los EEUUA través del bautizado como Efecto Coolidge se determinó que el tiempo de recuperación suele ser muchísimo menor cuando es con otra pareja con quien se va a realizar el acto y se retarda el periodo refractario post-eyaculatorio si por el contrario se trata de volverlo a hacer con la misma pareja.

Este fenómeno se debe a que ante una nueva pareja/relación sexual los niveles de dopamina se incrementan, como si de un nuevo reto/premio se tratase, lo que nos condiciona a estar activos mucho más rápido y con más ganas de satisfacer a esa nueva pareja sexual. Por el contrario, nuestro sistema límbico no recibe ese subidón de estímulos emocionales tan rápidamente cuando es con la misma pareja con la que queremos repetir el encuentro sexual, alargándose el mencionado periodo refractario que necesitamos para ponernos de nuevo en marcha.

Se ha determinado que en el caso de las mujeres el Efecto Coolidge es irregular y no todas se comportan del mismo modo ante situaciones en las que debe tener un encuentro sexual múltiple con una misma pareja o diferentes, sin embargo este patrón no suele fallar cuando se trata de un hombre el que tiene que tener ración extra de sexo.

Volviendo a Calvin Coolidge, con quien encabezaba el post  y sobre el porqué a ese fenómeno se le bautizó con su apellido, cabe destacar que todo se debe a una anécdota explicada (a modo de chascarrillo) por Frank A. Beach, famoso etólogo co-autor del estudio ‘Patrones de comportamiento sexual’, durante una conferencia ofrecida en 1955…

Resulta que el matrimonio Coolidge realizó una visita oficial a una granja experimental de gallinas y les mostraban por separado las diferentes áreas de aquellas instalaciones. En una de esas salas se encontraban varios gallos manteniendo relaciones sexuales sin parar, algo que llamó la atención de la señora Coolidge quien preguntó al encargado de la visita por la frecuencia de los apareamientos entre los gallos y las gallinas, siendo contestada que eran de una docena de veces al día aproximadamente. Sorprendida por la respuesta, la Primera Dama dijo:

«Cuénteselo al presidente cuando pase por aquí»

Cuando llegó el turno de Calvin Coolidge de pasar por aquella sala y tras explicarle la frecuencia con la que los gallos se apareaban, el presidente preguntó si esa docena de veces lo hacían con la misma gallina todo el rato y la respuesta de la persona que le estaba atendiendo fue que evidentemente no, que lo hacía con diferentes gallinas, a lo que Coolidge dijo categóricamente:

«Pues entonces cuénteselo a la señora Coolidge»

Evidentemente no hay constancia alguna de la veracidad de esta anécdota que más bien puede tratarse de un chiste que surgió a raíz del carácter reservado, áspero y taciturno del presidente y sobre todo a su profunda religiosidad.

 

 

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Fuente de las imágenes: Wikimedia commons 1 /  Wikimedia Commons 2
Parte de este post forma parte de una colaboración que escribí para Naukas, el 8 de septiembre de 2014, con el título ‘El presidente estadounidense que dio nombre a un curioso fenómeno de comportamiento sexual’

Cuando el presidente Eisenhower se detuvo para recoger autoestopistas [Anécdota]

Cuando el presidente Eisenhower se detuvo para recoger autoestopistas [Anécdota]

Dwight D. Eisenhower fue nombrado 34º Presidente de los Estados Unidos tras haber pasado la mayor parte de su vida dedicado al ejército. Su intachable hoja de servicio (sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial) lo llevó a lo más alto del escalafón militar, algo que facilitó en gran medida que ganase las elecciones celebradas en 1952.

Pero a pesar de su nueva condición de presidente Ike (como era popularmente conocido) nunca se olvidó de su pasado militar y siempre que pudo ayudó a todo aquel que pertenecía o había formado parte de los ejércitos de EEUU.

Por tal motivo había sido muy frecuente, antes de ser inquilino de la Casa Blanca, que parase su automóvil cada vez que veía a alguien vestido de militar haciendo autoestop y lo recogiese.

Pero esa costumbre no la perdió durante su presidencia y a pesar de que ya no era él quien conducía, hubo más de una ocasión en la que yendo en el coche presidencial había ordenado a su chofer parar y recoger a soldados autoestopistas.

En las navidades de 1954, mientras se dirigía junto a su esposa Mamie Geneva Doud en el coche oficial a su residencia de invierno en Camp David, observó dos jóvenes uniformados en el arcén. Ordenó parar el auto y envió a su jefe de seguridad para que se informase quiénes se trataba y adónde se dirigían.

Sus nombres eran William L. Weaver y Harold D. Payne (de 19 y 20 años de edad) y estaban prestando servicio en la Base del Cuerpo de Marines Camp Lejaune en Jacksonville (Carolina del Norte). Les habían concedido un permiso navideño y se dirigían a sus respectivos hogares (William a Dewitt, Michigan y Harold a Akron, Ohio).

A pesar de que el destino de los jóvenes marines no estaba dentro del trayecto del presidente, Eisenhower ordenó que les hicieran sitio en uno de los coches de la comitiva y los acompañaron a lo largo de 65 kilómetros (hasta el punto en el que el séquito presidencial se desviaba hacia Camp David.

 

 

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