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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Lo único que les pido a mis hijos es un corazón bondadoso

Recordando un post de julio de 2008, un breve post llamado Unas expectativas razonables que escribí hace casi exactamente cuatro años. Por aquel entonces estaba embarazada de Julia, muy poco embarazada. Aún no sabía que Jaime tenía autismo.

Esto es lo que os conté entonces:

Tengo un amigo, sin hijos y con pocos visos de serlo, que me dijo que es imposible no depositar un buen puñado de expectativas en tus hijos. Y que, como casi con toda probabilidad no consigan cumplirlas, lo más probable es que acabes sintiéndote defraudado.

“Probablemente sea así en muchos casos, pero no en todos. Me da igual si estudia o lo que estudie, no me importa la profesión que elija, cómo se vista, su orientación sexual, dónde quiera vivir, si decide formar una familia o no… Lo único que le pido es que sea feliz y buena gente”,  le contesté yo.

“¿Y te parece poco?”, me dijo él.

Pues recapacitando y siendo sincera, la verdad es que no.

terry_pratchett__s_guards__guards__by_thedarkcloak-d553oaf.pngTras recibir el diagnóstico de Jaime, con julia recién nacida en mi pecho, y saber que tenía autismo, una de las primeras cosas que hice fue acudir de nuevo a este post. Me di cuenta de que las que me había prometido que serían mis únicas expectativas seguían siendo perfectamente posibles. Puede que Jaime lo tuviera incluso más fácil para tener una vida en la que no hiciera el mal a otros y fuera feliz. Lo mejor, lo más importante que deseaba para mi niño dorado seguía estando al alcance de la mano.

Puede pareceros una tontería, pero os aseguro que en aquel momento me ayudó mucho.

Y ahora viene otra conversación con otro amigo: hablaba ayer mismo con mi compañero Gus de que la bondad está infravalorada en este mundo. La bondad, como la empatía o la amabilidad apenas se aprecian en este mundo lleno de conflictos con motivaciones espurias.

Cuando vas por la vida procurando ser bondadoso, te encuentras que muchos confunden eso con estulticia. Te toman por bobo, no parece una virtud que te haga brillar o avanzar. Incluso los que dicen apreciar la bondad en primer lugar luego en el día a día quedan deslumbrados y admiran otras características como la ambición, el estilo, la competitividad, el conocimiento intelectual, el encanto, la delgadez… Ninguna tan importante, alguna completamente innecesaria para una vida plena.

Si vas además intentando ser feliz, reconociendo que estás avanzando por ese camino con éxito, más motivos tendrán muchos para considerarte bobo de nuevo. Con la que está cayendo en el mundo, con los políticos robando, con tus desgracias personales, con mis desgracias personales. Si vas tranquilamente contento por la vida es que debe faltarte un tornillo o que eres un simple.

Va a ser que no. Tener éxito en ser feliz en esta vida es algo que cuesta más o menos trabajo en función de cada cual (hay quien lo tiene más fácil de serie, es cierto), pero que lleva su aprendizaje y su esfuerzo, que va ligado a la aceptación de lo que uno tiene, a querernos como somos, a no compararse con lo demás, a no frustrarse deseando lo inalcanzable, a no querer sentirnos bien a costa de los demás, a mantener toda la vida algunas características ligadas a la infancia como la curiosidad, la capacidad de sorpresa y el gusto por el juego, a aprender identificar y apartar a las personas tóxicas y rodearse de otras que también busquen la bondad en los demás, a cultivar unos valores y no venderlos ni siquiera a buen precio…

Va a ser además que la búsqueda de la verdadera felicidad está ligada a la bondad. Y va siendo hora de reivindicar a ambas.

————–

La imagen que ilustra el post hace referencia a una serie de libros escritos por Terry Pratchett y protagonizados por los guardias de la ciudad de Ankh-Morpock. ¿Por qué la utilizo? ¿Qué tiene que ver con todo lo que cuento? Pues por un lado Pratchett es un escritor del que lo he leído todo y que estoy convencida de estaría de acuerdo con lo que expongo. Por otro, uno de los protagonistas de esa serie de libros, el capitán Zanahoria, es la ejemplificación de la persona bondadosa y feliz pese a no pasar por circunstancias fáciles que es considerada por muchos como alguien con pocas luces, cuando en realidad es todo lo contrario. Por último, Pratchett está empeorando y su alzhéimer pronto le robará gran parte de lo que es. Al final, cuando la muerte llega, lo que cuenta de verdad no son los títulos académicos que hayas conseguido, el puesto que ponía en tu tarjeta o lo guapísimo que eras con treinta años. En el fondo todos lo sabemos.

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser GUS

    Completamente de acuerdo, compi. Las personas infelices utilizan la envidia para proyectar en los demás su rencor por la felicidad ajena.

    GUS

    01 agosto 2014 | 08:13

  2. Dice ser Daniel

    Hola,

    Pues parte de lo que comentas lo explica Jesús en el sermón del monte y en varias de sus intervenciones en el Nuevo Testamento, aunque estamos en un mundo que ha tratado de tapar estas palabras y han usado a Dios para provocar el odio, el principio máximo de vino a dar Jesucristo al mundo fue:

    Amarás a tu prójimo cómo a ti mismo.

    Si realmente creyéramos estos principios la bondad sería nuestra principal bandera.
    Un saludo.

    01 agosto 2014 | 09:24

  3. Dice ser Hemos Visto

    Muchos padres, con buena intención, pero erróneamente, piensan que serán mucho más felices cumpliendo con sus ilusiones frustradas.
    Lo mejor es que cada uno sea bueno, bondadoso y sobre todo, sea feliz.

    Hemos Visto
    http://hemosvisto.blogspot.com

    01 agosto 2014 | 09:30

  4. Dice ser mari mar

    Exactamente ésas son mis expectativas….” que sean felices, sin hacer daño….” y creo, que nada más lejano de la simpleza…..parece simple, pero a la vez, es muy muy complejo, o mejor dicho complicado…..

    01 agosto 2014 | 10:19

  5. Dice ser Susana

    Totalmente de acuerdo. Siempre ha sido mi maxima para conmigo misma y es lo que quiero para mis hijos: Me gustaria que aprendiesen a ser felices y a respetar a los que les rodean. Casi ná!

    01 agosto 2014 | 10:25

  6. Dice ser Así soy yo

    Lo único que pides (yo también lo pido para los míos y para mí) no es poco. Y creo que no es poco por lo que has relatado, las intenciones de uno son buenas pero hay tóxicos a nuestro alrededor que intentan fastidiarnos. Mi máxima es “vive y deja vivir”, creo que la cumplo pero me encuentro constantemente con gente que no y me complican, me fastidian el día y no entiendo que si yo no le complico a nadie por qué los demás no hacen lo mismo. La envidia es el mal que aqueja a la humanidad desde el principio de los tiempos, siempre he creído que el que la sufre tiene una enfermedad, nunca podrá ser feliz, nunca se conformará con nada y eso le tiene que hacer sentirse mal y lo proyecta al resto, hay que hacerse un escudo ante estos ejemplares. Malo es que te envidien un coche, unas vacaciones o unos zapatos, cosas materiales al fin y al cabo que no cuentan (o al menos no cuentan para mí) pero he observado que es peor cuando te envidian por cosas personales, porque estás contenta con lo que tienes familiarmente, porque eres feliz con un coche de diez años, porque tu vida no la cambiarías por la de otro aunque este otro tenga más cosas materiales que tú. Hay gente que no concibe que te rías con una broma que es de tu ámbito personal, te considera insulsa, no entienden que disfrutes con una tarde viendo una película, dando un paseo sin más y que te ilusionen cosas sencillas. No debemos explicarnos nosotros ni justificarnos, serán los envidiosos, ansiosos, trepas, egoístas, mal intencionados que no respetan los que tendrían que rendir cuentas.

    01 agosto 2014 | 11:15

  7. Dice ser Neoliberalismo y descendencia

    Yo lo que les pido a los míos es que no se parezcan a los monstruos que vestidos de ejecutivos/as o disfrazados/as de políticos/as neoliberales, educados en universidades que pagamos en muchos casos todos/as (aunque las teorías en las que se apoyan son el fundamento ideológico salvaje de las escuelas de negocios que pueblan en las últimas décadas las principales ciudades del Estado español), juegan al monopoly (haciendo trampas) con los derechos de las generaciones precedentes y futuras, en forma de desempeño de puestos de trabajo directivos y/o ejecutivos, y de cuya constancia todos/as tenemos de alguna forma tras los perversos efectos de la dictadura plutocrática y neoliberal que estamos padeciendo en este desmantelado, desdemocratizado y tutelado país nuestro.

    01 agosto 2014 | 20:36

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