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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La genial idea de una niña de 15 años que asombra al mundo

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Al Congreso Mundial de las Tierras Silvestres WILD10, celebrado hace unas semanas en Salamanca, asistieron más de un millar de delegados procedentes de los cinco continentes. Científicos, altos funcionarios, conservacionistas, fotógrafos, periodistas, artistas e incluso representantes de pueblos aborígenes. Tuve la suerte de participar activamente en este encuentro que por vez primera en su larga trayectoria elegía como sede a un país mediterráneo. Allí se habló de muchas cosas, de muchos problemas y de muchas ilusiones. Pero varios delegados coincidieron en señalarme como una de las iniciativas más interesantes el proyecto de MiniReservas. “Seguramente lo conocerás”, me espetó uno de ellos. “Está promovido por una niña española”. Efectivamente, no tenía ni idea. Así que aproveché para enterarme.MiniReservas

La zaragozana Esperanza Sancho es la promotora de MiniReservas, una iniciativa para convertir espacios urbanos degradados en pequeñas reservas naturales. Tiene 15 años, un montón de buenas ideas y un gran talento. Tan grande como para lograr el Premio one-minuteWILD, que además de reconocer la genialidad del proyecto aplaude su excelente manera de explicarlo en un vídeo de menos de un minuto.

Esos solares o rincones abandonados cercanos a nuestras casas tienen futuro si entre todos decidimos cuidarlos para favorecer la presencia de una fauna y flora que, sin duda, nos hará más felices. Es un proyecto participativo, voluntario, destinado a recuperar la vida silvestre y a favorecer su conocimiento. Propone retirar la basura, plantar árboles y arbustos, instalar refugios de fauna y catalogar su biodiversidad. Es verdad. Quizá después de tanto trabajo luego llegue un promotor y levante apartamentos donde tantas ilusiones depositamos, pero ¿qué sería del mundo sin sueños?

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Circos sin animales payasos

Me escribe José Miguel, un lector de Zaragoza, avergonzado por los carteles que un circo ha colocado estos días en su ciudad. Hace unos años las estrellas eran leones montando en moto. En esta ocasión es un pobre oso pardo de origen ruso que baila el hula hoop y toca la trompeta. Y me pregunta, nos pregunta:

“¿No es el oso pardo un animal en peligro de extinción en España? ¿No está protegido? Supongo que ese oso tendrá todos los papeles del CITES en regla, pero aún así no deja de ser una contradicción el que por un lado se le proteja y por otro se permitan exhibiciones denigrantes y humillantes como ésta. ¿Es que no ha servido para nada tantos años de protección de la naturaleza, ecología y sensibilización medioambiental?”

Tiene toda la razón José Miguel. El animal no lo sabe ni tiene capacidad para impedirlo, pero es el hazmerreír del bosque.

“A los niños les hace gracia”, justificarán algunos. Seguramente no tanto si sus padres les contaran toda la terrible crueldad que hay detrás de esas miles de horas de agotadoras sesiones de doma y entrenamiento, de esos viajes interminables alrededor del mundo dentro de estrechas jaulas, de esa vida sin más futuro que elegir entre latigazo o zanahoria, de esas muertes injustas cuando ya no sirven por viejos o por torpes. Les hemos robado la dignidad hasta convertirlos en tristes payasos de cuatro patas, mantenedores de pobres galas que hace décadas han dejado de interesar al gran público.

Por suerte el maravilloso mundo del circo está evolucionando. Son muchas las experiencias circenses verdaderamente modernas e innovadoras que repudian los animales amaestrados, precisamente las más exitosas. Ése es el camino. Y rechazar el acudir a tan denigrantes espectáculos, con niños o sin ellos, debe ser nuestra actitud más cívica.

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En la imagen, Yogui, un oso ruso vestido con la camiseta del Real Valladolid, toca la trompeta antes de jugar al fútbol con varios jugadores. Se trata de la promoción ideada por el Gran Circo Mundial durante su estancia en la capital del Pisuerga. ¿Os parece divertido o es sólo indignante?