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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Cuentos mágicos para niños de 7 a 107 años

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Estos días he aprovechado para recuperar el contacto con un viejo amigo y paisano burgalés del que hacía demasiado tiempo que la vida nos había separado. Rafa Ruiz es de esas personas imprescindibles. Brillante redactor en El País Semanal, nos conocimos cuando yo colaboraba con esa revista recorriendo España en busca de árboles singulares con historia. Ahora se ha embarcado en una preciosa aventura empresarial, Mad is Mad, increíble galería de arte dedicada a creadores emergentes.

Pero más maravillosa aún (si cabe) es su producción cuentística. Apoyándose en las tres obras cumbres de nuestra literatura infantil (Alfanhuí, El Principito y Platero y yo) indaga en el “realismo mágico-ecológico” con historias para niños “de entre 7 y 107 años“. El resultado no puede ser más asombroso, propio de ese Asombrario digital donde también nos asombra a todos con su cuidado periodismo.

Soy poco dado a recomendar libros en La Crónica Verde, pero los de Rafa Ruiz son siempre una apuesta segura. Delicioso, impecable el de Ninoninoni, “el niño que no sabía dibujar lobos ni avutardas”, amorosamente ilustrado por Lorena Álvarez. Un cuento poema para educar en valores sociales y ambientales.

¿Y qué decir de Toletis? 12 cuentos protagonizados por dos niños, una niña y un perro (Amenofis) donde el paisaje, el viento o los árboles son personajes en sí mismos, poética comunidad rural dispuesta a descubrirnos otro mundo mejor. Las ilustraciones textiles de Elena Hormiga reflejan perfectamente esa atmósfera mágica.

Como explica el autor, por encima de edades e ideas estos cuentos tratan de enseñarnos

“a considerar la naturaleza como un ser que piensa y siente, que respira y ríe, llora y habla, que nos da muchas lecciones a poco listos que seamos y queramos atender”.

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Fotos: Mad is Mad

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Pavo real

Lo reconozco. Soy un ateo muy espiritual. Recolector de tradiciones populares, estos días no he podido evitar el recordar muchas de ellas, buscando solución a la actual crisis económica, al pasear por las frondas misteriosas de la Selva de Irati, en el Pirineo navarro, el hayedo más extenso y primario de Europa.

Fue allí donde, embarrado en mitad del bosque, escuché con asombro el poderoso machaqueo sobre un árbol del picamaderos negro (Dryocopus martius), un ave de leyenda. No estaba haciendo su nido. Tan sólo tamborileaba un viejo tronco para advertir a sus semejantes machos que el territorio estaba ocupado, y en la esperanza de ver aparecer alguna hembra dispuesta. Dice la gente mayor que, cuando se oye el golpeteo de un pájaro carpintero, las oportunidades llaman a tu puerta. Aún estoy esperando su llegada, pero no desisto.

Oportunidad la que tuve media hora después, al escuchar en un claro del bosque el inconfundible reclamo del cuco (Cuculus canorus). Recordé que era el primero del año, así que casi maquinalmente hice lo que un viejecito me recomendó hace tiempo. Llevarme la mano al bolsillo. “Si tocas monedas será un año de dinero”, aseguran. Desgraciadamente, sólo llevaba el teléfono móvil y, efectivamente, desde entonces no deja de sonar, pero pidiendo, no dando.

Dentro de mi relación mágico-descreída con el mundo animal la guinda se la lleva el pavo real (Pavo cristatus). En la tradición cristiana es signo de inmortalidad, pero también de vanidad. Siempre ha sorprendido que un animal tan bello emita como único canto un destemplado trompeteo, terrorífico cuando se oye por las noches. Estos días en Gran Canaria, el señor Anselmo me dio una nueva explicación sobre tan estentóreo canto. “¿Lo ves hermoso y ufano?”, me dijo señalando al más elegante. “Pues lo que grita sin parar es ‘A peor, vamos a peor’, así que aplícate el cuento”.

¿Veis por qué es mejor no creer en estas cosas?

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