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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘fresa’

Cada vez estamos más cerca de la Doñana silenciosa

Doñana es ruido, pajarería inquieta, volatinera. Puro paisaje sonoro. Ruidosos flamencos trompetean sus cielos mientras las cigüeñas crotorean en los árboles, los zarapitos silban, las golondrinas trisan, las abejas zumban, las cigarras chirrían; graznan las cornejas, gorjean los ruiseñores y carriceros, machacan incansables escribanos cerillos y trigueros, gorgoritan las currucas, chascan las tarabillas, pían las lavanderas, trinan los pardillos, zurean las palomas, arrullan las tórtolas, reclaman las perdices, voznan las urracas, trisan las alondras.

Rectifico. Doñana ERA ruido, pajarería inquieta, volatinera. Porque Doñana está enmudeciendo. No en sus lugares más mágicos como el Caño Madre de las marismas del Rocío, los lucios o sus caños repletos de vida. Pero sí su entorno, cada vez más transformado en un apretado corsé para esa naturaleza enjaulada, encarcelada, en que hemos convertido a uno de los lugares naturales más importantes del mundo. La desembocadura deltaica del río Guadalquivir es cada día más un penal de biodiversidad empobrecida. Lee el resto de la entrada »

Las fresas amargas están secando Doñana

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Las fresas amargas de la codicia están secando Doñana. El agua que antes alimentaba la marisma da ahora de beber champán a los cultivadores de fresas. El gran negocio rojo factura cada año 300 millones de euros a costa de un acuífero agotado de tantos excesos agrícolas, de tanto plástico, de tantos pesticidas, de tantos fertilizantes, de tantos clones y de tan poco amor a una tierra única. Lee el resto de la entrada »

La centenaria tumba del burrito Platero está en peligro

Fuentepiña

Ocurrió en un abril luminoso hace ahora exactamente un siglo:

“A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se elevaban al cielo”.

La desolación de Juan Ramón Jiménez ante la desaparición de su fiel mascota fue total. Lo enterró, como se entierra a un ser querido. En el corazón de su paisaje más íntimo. En Fuentepiña, bajo un gigantesco pino “redondo y paternal” que todavía hoy da sombra a un lugar único. La solitaria casa de campo, a cuatro kilómetros de su Moguer natal (Huelva), donde el escritor pasó melancólicas temporadas de descanso e inspiración.PlateroMoguer

Hace casi 20 años visité ese lugar tan especial. Fue uno de los momentos más intensos de mi vida. El colosal pino, la recoleta villa, las encinas, alcornoques, palmitos y jaguarzos, las aves canoras, la primavera florida, esa soledad inmensa: todo recordaba al poeta.

Desgraciadamente, tan mágico hábitat está hoy amenazado. La finca, abandonada. La villa, arruinada; tapiadas sus ventanas en el penúltimo intento por expulsar de allí a los okupas. El entorno natural destruido ante el avance imparable del monocultivo de la fresa y la expansión urbanística del cercano polígono industrial. Ruina y ocaso.

Hoy todos celebramos con alegría los 100 años de Platero y yo. Que no es, como piensan algunos, un cuento para niños. Es la primera gran obra ecologista de nuestra literatura. Tenemos el libro, eterno, pero hemos olvidado el alma de su paisaje creador.

Un siglo después, repito la consulta que bajo el gran pino de Fuentepiña hizo Juan Ramón a la tumba de Platero. ¿Habremos desahuciado el espíritu de tan mágico rincón?

“Y, cual contestando a mi pregunta, una leve mariposa blanca, que antes no había visto, revolaba insistentemente, igual que un alma, de lirio en lirio”.

Fotos: Casa de Fuentepiña (Ayuntamiento de Moguer) y Estatua de Platero en Casa Museo J.R.J. de Moguer. Obra de León Ortega (Wikimedia Commons)

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Doñana ¿paraíso o cárcel?

No van bien las cosas en Doñana, la joya de la corona natural de Europa, nuestro espacio protegido más singular y famoso. Se está quedando sin agua, sin árboles y sin linces. Era de esperar. Las islas de biodiversidad conviven mal con un entorno degradado, se empobrecen, debilitan, enferman y hasta mueren sin que nadie las toque directamente. La desembocadura del río Guadalquivir no es una excepción.

La última mala noticia es la amenaza que se cierne sobre los alcornocales marismeños, muchos de ellos centenarios, sustentadores de las famosas pajareras o grandes colonias de garzas. La seca, un hongo patógeno responsable de la muerte en apenas una década de un millón y medio de árboles de la dehesa española, avanza imparable por el vetusto bosque de Doñana. Y no hacemos nada para impedirlo.

Se secan los árboles, pero también se seca la marisma. La culpa no la tiene el cambio climático, sino los más de 1.000 pozos ilegales abiertos en el entorno para regar los rentables campos de fresones. Era de esperar. El bosque ya no da dinero y la fresa ofrece 9.000 euros de beneficio por hectárea y año. Más del 60% de la producción española procede hoy de esta comarca, donde da trabajo a 55.000 personas pero envenena y seca. Esas 5.000 hectáreas de plástico cambian el agua subterránea de la marisma por contaminantes vertidos químicos, emponzoñando el ambiente. Por no hablar del consumo directo de localidades como Matalascañas, que en verano puede albergar hasta 80.000 personas. Según WWF, el acuífero ha perdido más del 50% de su capacidad en los últimos 30 años.

Más gente, más agricultura insostenible, más venenos y enfermedades, más carreteras repletas de coches responsables de miles de atropellos han convertido el espacio en una cárcel. Al final lo conseguiremos y acabaremos con Doñana como ya hicimos con Daimiel.

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