La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘encina’

El cambio climático amenaza a los jamones ibéricos

Dehesa

Nos quedamos sin jamones. Sin los buenos, los auténticos patanegra de cerdo ibérico criados en las dehesas españolas a base de bellotas. Porque por culpa del cambio climático y el avance de una compleja enfermedad llamada “la secanos estamos quedando sin robles y encinas. Y sin estos árboles no hay comida verdadera ni monte auténtico para alimentar a las piaras de cochinos autóctonos; no hay jamón, lomos ni chorizos ibéricos de bellota. Lee el resto de la entrada »

La encina de Bigas Luna da sus primeros dividendos

 

Encina

Hoy se estrena “Segundo Origen“, película póstuma del cineasta Bigas Luna en la que trabajó como guionista antes de fallecer de leucemia en abril de 2013. Una visión apocalíptica de un planeta destrozado donde dos adolescentes son los únicos supervivientes de un holocausto que acaba con nuestra civilización. Su director, el leridano Carles Porta, la ha descrito como una suerte de “Lago Azul” en un entorno de “Mad Max”.

Y es que Bigas Luna, entre historias impúdicas, jamones voluptuosos, huevos de oro y Juanis era, además de un amante de la buena vida, un comprometido amante de la naturaleza. Lee el resto de la entrada »

Un lugar que no puedes dejar de visitar

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No hay nada más fantástico que parecerse a los amigos. O al revés, que los amigos se parezcan a nosotros, tanto da. No por la proximidad del roce, cada día más complicada, sino por la afinidad de gustos y pasiones.

Es lo que me pasa con Elías Rubio. Sus ilusiones son las mías. Y viceversa. Así que a nadie puede extrañarle que este verano haya inaugurado en el pueblecito serrano de Jaramillo de la Fuente una exposición fotográfica dedicada a los árboles singulares de la provincia de Burgos. Yo habría hecho lo mismo. De hecho, tengo publicado un libro sobre este tema prologado precisamente por Elías, con dibujos del que fuera otro gran amigo, el siempre recordado José Luis Larrosa.IMG_20140802_114842

La visita era obligada. Y mereció la pena. Vaya si mereció. A la sombra de la impresionante iglesia románica, muy cerca de donde se levantara una centenaria olma “de concejo” bajo la que se reunía el pueblo desde tiempo inmemorial para discutir de los problemas del común, hoy tristemente desaparecida, allí estaban, en apretada formación gráfica, esos seres formidables supervivientes del pasado: el roble de los borrachos, el de la verruga, los morales de Santa Lucía y de Villoviado, castaños centenarios del Valle de Sotoscueva, la encina de Tordueles,… Árboles con tantas historias como hojas, que por sí mismos darían para pasar horas recordando su larga vida y hasta milagros, que alguno también hubo.

En realidad no. Decía que Elías y yo nos parecemos, pero qué va. Él me gana por goleada de entusiasmo. La prueba la tienes ahí mismo, en esas antiguas escuelas de Jaramillo de la Fuente donde se expone su obra más imposible: el mapa de las tierras de Burgos.

Ya os hablé hace tiempo de ello. Con la ayuda de cientos de voluntarios, un buen día Elías decidió recoger muestras de tierra de cada uno de los 1.233 pueblos de esa extensa provincia que él conoce tan bien como la palma de su mano. Introducidas en reducidos tubos de ensayo, las fue colocando en un mapa gigante. Y no paró hasta tenerlas todas. El primero fue Viérgol (Valle de Mena) el 22 de mayo de 2008 y el último Perros (Valle de Valdevezana) el 6 de marzo de 2009.

Pero el proyecto, producido por Espacio Tangente, tenía una segunda parte. Alimentar con todas esas tierras multicoloristas y multiculturales un árbol muy especial: el árbol de la provincia.

La idea entusiasmó a todos menos a los políticos burgaleses, lo que seguramente fue una buena señal. Tan sólo el alcalde de Jaramillo de la Fuente, Simón Bernabé, se interesó por el proyecto, y con la ayuda de un puñado de vecinos como Domingo, Servillano, Mateo y Julián, el 14 de marzo de 2009 plantaron una encina que ahora crece vigorosa alimentada con el suelo fértil de 1.233 pueblos. La encina de la provincia.

Árboles singulares, arte, historia, geografía, sensaciones, simbolismo. Jaramillo de la Fuente te lo ofrece todo, y gratis, a un tiro de piedra de la capital burgalesa, en medio de un paisaje único.

Es verano, tiempo de excursiones, de turismo. ¿Te vas a perder tanta maravilla?

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Los vecinos de un pueblo de León se encadenan para salvar sus encinas

Encina centenaria

Vecinos encadenados en una encina para impedir su tala. © Junta Vecinal de Robledo de la Guzpeña

Robledo de la Guzpeña es un pequeño pueblo de León con apenas 22 habitantes, a las faldas de la colosal Peñacorada, en las estribaciones de los Picos de Europa. Allí, un puñado de valientes se han empeñado en parar la vergüenza de una tala sin sentido, la de decenas de viejas encinas centenarias. Aquellas que, debido a su gran tamaño e importancia ecológica, fueron respetadas cuando se hizo pasar por este venerable bosque una línea eléctrica de alta tensión La Robla – Velilla hace ahora más de 30 años. Las últimas supervivientes de un valioso encinar relicto de alta montaña cantábrica situado a 1.500 metros de altitud. Red Eléctrica Española (REE) está talando decenas de ellas.

La excusa para cometer tamaño arboricidio no puede ser más peregrina: tareas de mantenimiento, prevención de incendios forestales. Peregrina excusa, pues están talando viejos árboles situados a más de 200 metros por debajo del tendido eléctrico.

Este fin de semana, el alcalde pedáneo y algunos vecinos se han encadenado a las encinas. Acudieron acompañados por la Guardia Civil, que pidió la documentación a los operarios y al parecer tienen autorización de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León.

Según un comunicado de prensa remitido por la Junta Vecinal, “las tareas de mantenimiento han excedido con muchísimo lo habitual, lo que viene siendo un clareo para evitar incendios”. En esta ocasión se han exterminando “a matarrasa” centenares de encinas de incalculable valor ambiental, sin necesidad y sin que nadie dé una explicación al respecto. Algunos de estos árboles tenían más de tres metros de perímetro. 

Desde los despachos de Valladolid la realidad se ve diferente. El consejero de Fomento y Medio Ambiente, Antonio Silván, ha defendido la tala de encinas asegurando que son labores habituales de prevención de incendios y se hacen “cumpliendo la normativa”. He incluso “duda” que algunos de los árboles cortados “puedan tener la edad que los vecinos le atribuyen”. No hay más que ver las fotos para comprobar lo equivocado de su duda.

Una ciberacción en Change.org trata de impedir este destrozo. Hemos firmado 700 personas pero nos gustaría llegar al millar. ¿Nos ayudas?

© Junta Vecinal de Robledo de la Guzpeña

© Junta Vecinal de Robledo de la Guzpeña

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La centenaria tumba del burrito Platero está en peligro

Fuentepiña

Ocurrió en un abril luminoso hace ahora exactamente un siglo:

“A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se elevaban al cielo”.

La desolación de Juan Ramón Jiménez ante la desaparición de su fiel mascota fue total. Lo enterró, como se entierra a un ser querido. En el corazón de su paisaje más íntimo. En Fuentepiña, bajo un gigantesco pino “redondo y paternal” que todavía hoy da sombra a un lugar único. La solitaria casa de campo, a cuatro kilómetros de su Moguer natal (Huelva), donde el escritor pasó melancólicas temporadas de descanso e inspiración.PlateroMoguer

Hace casi 20 años visité ese lugar tan especial. Fue uno de los momentos más intensos de mi vida. El colosal pino, la recoleta villa, las encinas, alcornoques, palmitos y jaguarzos, las aves canoras, la primavera florida, esa soledad inmensa: todo recordaba al poeta.

Desgraciadamente, tan mágico hábitat está hoy amenazado. La finca, abandonada. La villa, arruinada; tapiadas sus ventanas en el penúltimo intento por expulsar de allí a los okupas. El entorno natural destruido ante el avance imparable del monocultivo de la fresa y la expansión urbanística del cercano polígono industrial. Ruina y ocaso.

Hoy todos celebramos con alegría los 100 años de Platero y yo. Que no es, como piensan algunos, un cuento para niños. Es la primera gran obra ecologista de nuestra literatura. Tenemos el libro, eterno, pero hemos olvidado el alma de su paisaje creador.

Un siglo después, repito la consulta que bajo el gran pino de Fuentepiña hizo Juan Ramón a la tumba de Platero. ¿Habremos desahuciado el espíritu de tan mágico rincón?

“Y, cual contestando a mi pregunta, una leve mariposa blanca, que antes no había visto, revolaba insistentemente, igual que un alma, de lirio en lirio”.

Fotos: Casa de Fuentepiña (Ayuntamiento de Moguer) y Estatua de Platero en Casa Museo J.R.J. de Moguer. Obra de León Ortega (Wikimedia Commons)

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Atención a la lluvia primaveral de pollos y otros animales

S

Me llama mi amiga Fernanda. Fue a visitar una fabulosa encina monumental de Toledo y al acercarse a su tronco se dio un buen susto. Bajo el árbol, dos grandes bolas de algodón se hinchaban y bufaban amenazantes. Entre el blanco inmaculado resaltaban dos pares de ojos amarillos que la miraban igualmente asustados. Eran dos pollos de búho real (Bubo bubo). Se habían caído del nido, precariamente instalado en una vieja plataforma de corneja, en lo más alto de la gigantesca y solitaria encina manchega.

¿Qué podía hacer? Desde luego no cogerlos, fue mi apresurado consejo telefónico. Tampoco llamar a Medio Ambiente, como hizo el año pasado cuando se encontró otro de estos pollos en situación parecida. Llevarlos a casa o a un centro de recuperación tiene poco futuro. Lo mejor es dejar que la naturaleza siga su curso. Muchas parejas de búho real crían en el suelo y su prole prospera sin problemas. Como las avutardas, las perdices o las ortegas y sisones.

Éstas y otras especies tienen pollos que casi podríamos llamar nidífugos; en cuanto son medianamente grandes saltan del nido y empiezan a moverse por la zona. No los vemos, pero los padres están siempre muy cerca. Les cuidan y alimentan sin problemas allá por donde éstos vayan.

Así que mi amiga hizo lo mejor. Agarró una escalera y dejó las dos bolas de plumón en la cruz de la gran encina, pollos que se mantenían engrifados como habitual método de defensa pues les hace parecer más grandes y peligrosos de lo que en realidad son. Y ahí siguen hoy, hermosos y seguros.

En estos días de espléndida primavera, en nuestras salidas al campo nos podremos encontrar crías de animales aparentemente desvalidas. Incluso corzos, como ya os he contado en otra ocasión. Cogiéndolas no les hacemos ningún favor. Todo lo contrario. Lo mejor es no tocarlas. La madre naturaleza es sabia y nosotros pelín torpes.

En la foto, los búhos una vez subidos de nuevo a la encina.  © Fernanda Serrano

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Se muere el símbolo vegetal de Extremadura

La Marquesa se muere. Sin remedio. Es ley de vida, pero cuando se trata del símbolo vegetal de Extremadura, de una maravillosa encina tenida como la más bonita y grandiosa del mundo, da mucha pena.

“No se va a morir mañana, porque son árboles que aguantan muchísimo, pero está en las últimas”,

me explicaba hace 10 años Chema Masón, profesor del Centro de Formación Agraria de Navalmoral de la Mata (Cáceres), en cuya dehesa se encuentra tan monumental árbol. Su compañero Ángel Hemández resumía entonces en tres las razones de esta muerte anunciada:

“Por un lado sufre un ataque de oruga muy grande, la sequía de estos últimos años la ha debilitado y, por si fuera poco, hace tres años le cayó un rayo”.

Durante siglos, su belleza le había indultado del hacha en todos los sentidos, pues ni siquiera fue podada por expreso deseo de la marquesa de Comillas, señora de toda la finca hasta la llegada de la República. Y de este viejo capricho nobiliario adquirió el rimbombante título: Encina de la Marquesa.

Cada vez peor. Más vieja, con menos hojas. Las ramas partidas, secas. Atrás quedan los buenos tiempos de la encina, cuando a su sombra podían sestear casi un millar de ovejas con sus pastores. Hoy el terrible sol de agosto pasa libre por sus ramas desnudas, incapaces de ofrecer descanso. La “encina gorda”, como también se le conoce, da sus últimas bocanadas de clorofila. Pero muere como lo hacen los árboles, de pie, orgullosa como lo que es, una gran señora, una marquesa.

Os dejo este precioso vídeo de Talayuela TV donde se homenajea a la moribunda encina.

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Un árbol dará vida a la provincia de Burgos

Algunos le tomaron por loco, le tacharon de visionario e idealista, pero otros muchos creyeron en su sueño. Y entre todos al final lo han conseguido.

Elías Rubio tiene prácticamente concluido en la sala Espacio Tangente el Mapa de las Tierras de Burgos, un original proyecto que ha logrado reunir en un mapa gigante muestras de tierras de todos los pueblos de esta gran provincia, que también es la mía. La historia, ya comentada en este blog el verano pasado, ha llegado finalmente a su fin con éxito.

Cuando Elías empezó nadie sabía ni tan siquiera el número exacto de pueblos habitados que tiene este gran territorio de 14.292 kilómetros cudrados y 371 municipios, un dato que incluso había escapado al control estadístico de la propia Diputación. Finalmente son 1.233 pueblos, una cifra asombrosa si se piensa en el trabajo de acercarse a todos ellos para tomar una muestra de tierra de sus campos de cultivo cercanos y llevársela a Burgos para colocarla en pequeños fanales transparentes que a su vez se depositaban cuidadosamente sobre un gran mapa.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. La tierra sobrante de esas 1.233 muestras no se tirará. Alimentará, a la vez que sostendrá, al Árbol de la Provincia. Una joven encina que finalmente será plantada, al medio día, el próximo sábado 14 de marzo en la localidad serrana de Jaramillo de la Fuente, 40 habitantes censados y no más de 10 reales.

Frente al desinterés del Ayuntamiento de Burgos, este pequeño municipio, con su alcalde Simón Bernabé a la cabeza, acogió la idea con entusiasmo. Están además felices de recuperar al mismo tiempo un querido símbolo vegetal perdido, sustituto de la desaparecida olma de concejo que crecía junto a su bella iglesia románica y a la que la grafiosis se llevó por delante hace dos décadas.

La plantación de esta encina será toda una fiesta, además de un justo premio de reconocimiento a la ingente labor desplegada por el escritor, periodista, espeléologo, etnógrafo y ante todo buen amigo Elías Rubio.

Pero lo que más me ha gustado son las dos fotografías que os incluyo a continuación, la de los entregados vecinos de Jaramillo que se han encargado de abrir con picos y palas un gran hoyo para acoger al árbol. Mirar sus caras emocionadas. Ajenos a la edad no pueden ocultar la alegría de sus jóvenes corazones.

ACTUALIZACIÓN. Fotos de la plantación.

Os incluyo tres fotos del emotivo día en el que el Árbol de la Provincia de Burgos fue solemnemente plantado en Jaramillo de la Fuente. Me las envía Elías Rubio. ¡Enhorabuena!

Muletas para una encina milenaria

La encina más grande del mundo, la más vieja y venerable de todas ellas, probablemente la más querida, sin duda la más hermosa e impresionante que conozco, ha salido con éxito de una delicadísima intervención quirúrgica, la primera de estas características realizada hasta la fecha en España a un árbol multicentenario.

Maltrecha pero feliz, la encina Terrona, el símbolo vivo de Extremadura, orgullo de Zarza de Montánchez (Cáceres), se apoya ahora en 15 gigantescas muletas de acero, garantía de su eterna fortaleza. Si se fijan bien en la fotografía realizada una vez concluida la operación, pueden apreciar claramente el esbozo de una sonrisa clarividente de agradecimiento entre sus ramas. Ella está feliz y nosotros más.

Esta monumental encina acaba de ser intervenida “a vida o muerte” por uno de los equipos de médicos geriátricos de árboles más afamados de Europa, el dirigido por el botánico valenciano Bernabé Moya y los técnicos José Moya y José Plumed. Desde que en 1998 una de las tres grandes ramas de este excepcional ejemplar casi milenario se partiera por la mitad, Moya ha visitado a la venerable enferma decenas de veces, hasta convertirse en su particular médico de cabecera. Sólo así ha logrado tener un conocimiento excepcional del ejemplar rama a rama, arruga a arruga, primavera tras primavera, que diez años después le llevó a emitir un terrible diagnóstico. El árbol se iba a partir, se venía abajo. Cuando hablé con él, preocupado como estaba por el estado de mi venerada encina cacereña, este defensor apasionado de los viejos árboles me lo explicó gráficamente:

“Es como si tuviera osteoporosis, su frágil estructura no puede sostener ya tanto peso”.

Árbol de dehesa, sombra de una increíble piara de cochinos ibéricos, su forma actual es producto artificial de innumerables podas. ¿Pero quién se atreve ahora a podar un árbol simbólico y a podarlo bien?

Finalmente, tras valorar varias opciones, Moya optó por apear la encina como el mejor método posible. Por sostener las ramas más grandes y frágiles con grandes muletas rematadas en horcones, al estilo de como se hace con los grandes manzanos o nogales cuando se cargan de fruta, sólo que metálicas y de proporciones colosales.

La Junta de Extremadura, tutora del ejemplar desde que en 2001 iniciara con él la protección de los árboles más emblemáticos de la región, estaba de acuerdo en la necesidad de intervenir cuanto antes, pero faltaba el placet del propietario, Alonso Mateos.

Panadero de profesión, muchos señalaban la paradoja de que alguien así no hubiera convertido hace ya mucho tiempo en leña de horno a la Terrona. Esa sólo idea lo enfurecía, pues para Alonso el árbol es su más querida herencia y lo venera como si fuera una risueña bisabuela. Hombre de campo, apenas necesitó de cinco minutos de explicaciones de los especialistas para dar su consentimiento.

“Bernabé es un cirujano fuera de serie, con sólo verla ya sabía por dónde se iba a partir; sé que la Terrona está en las mejores manos”.

Concluidos los trabajos, cuando le pregunté a Alonso si estaba satisfecho con el resultado obtenido, éste no lo dudó un segundo:

“Cómo no lo voy a estar, ha quedado estupendamente. Morirán mis nietos y sé que seguirá en pie, no hay más que verla”.

Su clarividente visión me dejó impresionado, máxime por venir de un sencillo hombre del campo. El sabio Alonso, las buenas gentes de Zarza de Montánchez, son todo un ejemplo para nosotros, tan urbanitas y tan alejados de la realidad natural ¿no os parece?

Como podéis ver en estas fotografías de José Plumed y los hermanos Moya, el resultado logrado tras la intervención hecha al árbol es espectacular. Además de útil, vital para la encina, a mí me parece una auténtica obra de arte de vanguardia, una delicada pieza de land art o arte terrestre. ¿No pensáis vosotros lo mismo?