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¿Sabías que hay personas que no pueden dejar de mentir? ¿Cómo detectarlos?

La mentira puede transformarse en una forma de vida, en una enfermedad. “Síndrome de Pinocho”, “mitomanía”, o “mentiroso patológico” son algunos de los conceptos con los que podemos referirnos a este curioso trastornos de la personalidad que, aunque parezca que no, esconde un profundo sufrimiento para quien lo padece.

Esta mentira es consciente, espontánea (no planeada) y compulsiva, para conseguir un beneficio pero con la intención de ocultar algún aspecto de su vida que no acepta por considerarlo indigno, vergonzoso, pobre, que no está a la altura de las expectativas sociales (que él considera) y que finalmente termina creyendo como cierto.

Como podréis adivinar son personalidades con altos componentes de ansiedad, están muy pendientes de la imagen que dan y de la opinión que el mundo tiene sobre ellos. La falta de seguridad y de autoestima son los principales causantes de esta ‘forma de vida’ insana; el mentiroso patológico, como mecanismo de compensación a su narcisismo maltrecho y devaluado, inventa o fantasea situaciones para intentar nivelarse ante los demás.

La clave para detectarles es descifrar la intencionalidad de sus engaños. No cualquier mentiroso es un mitómano; las personas que padecen esta enfermedad no tienen un plan establecido, ni siquiera van buscando nada a medio o largo plazo más que la admiración social inmediata. Y, ojo, este tipo de mentira también puede estar asociada a varias enfermedades mentales como la demencia, el trastorno límite de la personalidad, el trastorno antisocial o el trastorno bipolar.

En palabras del psicólogo Juan Moisés de la Serna:

“El drama de la mitomanía reside en el círculo vicioso que se produce. Por esa razón, suelen ser personas que acaban solas, rechazadas por familiares y amigos cansados de su comportamiento. En los casos más graves, al mitómano le acaba sucediendo lo que a Don Quijote. Se cree sus mentiras, inventa un mundo alternativo donde es el héroe, todos le quieren, y aborrece el mundo real, del que se aleja más y más cada día, hasta que se hace casi imposible regresar.”

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El investigador alemán Marc-André Reinard lideró un equipo en la Universidad de Manheim con el objetivo de estudiar los procesos inconscientes ligados a la detección del engaño.

El estudio consistía en evaluar a un grupo de participantes resolviendo rompecabezas (puzzles) durante 3 minutos, para luego escuchar a varias personas enunciando afirmaciones verdaderas y falsas. Un grupo de control hizo lo mismo, pero sin resolver los rompecabezas previamente.

El resultado fue sorprendente. El grupo sometido a los rompecabezas fue 6 veces más efectivo detectando mentiras que el grupo de control. La hipótesis de Reinard es que “el pensamiento inconsciente (al cual recurres cuando resuelves problemas como los puzzles) es el único capaz de integrar todos los datos necesarios (voz, expresión facial, movimientos musculares, entre otros) para la correcta detección de mentiras.”

Lo relevante de este hallazgo es confirmar que la detección de mentiras requiere un gran autocontrol y experiencia, no basta con conocer la teoría, al parecer, permitir que sean tus procesos inconscientes los que descubran las falsedades, sin que intervenga la razón, muchas veces funciona, ya que de esta forma quedamos liberados de la influencia de prejuicios y estereotipos.

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Dime dónde miras y te diré si mientes, ¿es cierto?

 

*Referencia: Lenguajecorporal.org

7 claves para saber si te mienten en un whatsapp

whatsapp-adiccionCuando hablamos cara a cara con alguien podemos apreciar ciertos matices del mensaje a través de la expresión facial, los gestos, la mirada, incluso en la voz, que nos ayudan a interpretar si lo que dice la persona es coherente o no con su lenguaje corporal. Sin embargo, al leer solamente un texto escrito a través del whatsapp, o del correo electrónico, perdemos las pistas de los canales de comunicación no verbales, pero dispondremos de otros para valorar cierta credibilidad o no en lo que nos escriben.

A esta corriente se la conoce como análisis del testimonio, y más concretamente, indicadores estratégicos de la mentira. Aunque detectar a un mentiroso a través de un escrito es más complicado, según ha explicado al Wall Street Journal Tyler Cohen, oficial de inteligencia de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense (una especie de CIA militar), “la mayor parte de las personas prefieren ser sinceras y, por ello, cuando mienten, la verdad se acaba filtrando”.

Para saber si alguien no está siendo del todo sincero con nosotros, Cohen sugiere utilizar una versión modificada de la técnica que utilizan la policía y los jueces para buscar el engaño analizando al detalle las palabras que ha utilizado un acusado. Ojo. No perdamos la cabeza con esto, y nos creamos un ‘detectores de mentiras con patas’. Incurrir en uno de estos tips no implica directamente que nos mientan. Debemos asegurarnos antes de cuál es la forma natural y recurrente que tiene nuestro interlocutor al escribir y detectar cambios, esto siempre será clave para realizar conclusiones más precisas.

  1. Utiliza un lenguaje enfático: Que nuestro interlocutor dé mucha importancia a algo no significa que nos esté mintiendo, pero sí que quiere que nos creamos lo que está diciendo, y esto puede indicar que se trata de un engaño. Si repite la misma idea una y otra vez, pero de distintas formas, también podemos empezar a desconfiar.
  2. Utiliza un lenguaje distante: Al mentir, inconscientemente tratamos de alejarnos de lo que estamos diciendo. Por ello, si estamos contando algo que es falso, preferimos omitir en la medida de lo posible los pronombres personales y hablar de terceras personas o cosas. Frases del tipo “hubo una fiesta después del trabajo y duró más de lo esperado”,  “el tren se retrasó”, “la reunión no acabó a tiempo”, pueden ser motivo de sospecha. Mantente alerta si alguien que suele hablar usando la primera persona deja de utilizarla.
  3. No te contesta a lo que preguntas: Mentir es incómodo, y si una respuesta a lo que preguntas implica tener que fingir o decir una verdad desagradable, tu interlocutor puede simplemente ignorarla, o contestar de forma muy escueta para cambiar de tema de inmediato.
  4. Utiliza expresiones exculpatorias: Las personas que mejor mienten son aquellas que se sienten cómodas en la mentira, y no tienen ningún conflicto moral al engañar a alguien. Pero la mayoría de la gente se siente mal cuando engaña a otra persona y, por eso, antes de soltar una mentira utiliza expresiones exculpatorias del tipo “para ser sincero”, “no hay nada de qué preocuparse”, “odio decirte esto pero…”.
  5. No escribe como suele hacerlo: Todos tenemos estilo propio a la hora de contestar un correo o mensaje, y si estamos mintiendo tendemos a cambiarlo. Si tu interlocutor no está escribiendo de la forma que suele hacerlo puedes empezar a desconfiar. La gente que se enrolla mucho cuando miente suele ser más escueta, y la gente poco habladora escribe más de la cuenta cuando lo que dice no es verdad. Es decir, actúa justo de forma contraria a su patrón base de conducta.
  6. Utiliza expresiones ambiguas: Por ejemplo, “casi seguro”, “probablemente”, “debería” o “quizás”, pueden ser un indicativo de que la persona te está ocultando algo. Para no mojarse se sale por la tangente: ocultar la verdad es mucho más sencillo que mentir.
  7. Cambia repentinamente de tiempo verbal: Cuando estamos describiendo un evento pasado solemos utilizar verbos en pasado. Pero si estamos mintiendo, y nos estamos inventando las cosas sobre la marcha, es sencillo que, sin darnos cuenta, empecemos a hablar en presente, o que los tiempos verbales no cuadren.

¿Lo habéis notado alguna vez? 🙂

El motivo real por el que te mienten

psicopata1La mentira es uno de los quebraderos de cabeza que más padece el ser humano y sin embargo todos lo hemos padecido pero también todos mentimos, de hecho, lo hacemos constantemente (vale, unos más que otros) ya sea por omisión, exageración, minimización, con maldad, por protección, para impresionar…

Responder a la pregunta de por qué la gente engaña es compleja, ya que se explica por factores diversos. Si bien es cierto que en la sociedad actual el engaño adquiere una mayor relevancia por el ambiente ‘competitivo’ en el que nos tenemos que desenvolver, de manera extraordinariamente marcada podemos situarnos en el mundo del deporte, donde los casos de tramposos se repiten una y otra vez, pero también en el núcleo familiar, comunidad de vecinos o el trabajo. Socialmente adquirimos de inmediato la inquietud por competir con todos y por cualquier cosa.

“Ganar tiene un efecto extraño sobre la gente”, asegura el investigador Amos Schurr, una vez que estás arriba no quieres bajar, aunque eso conlleve engañar al resto. El autor publicaba en ‘The Washington Post‘ que cuando alguien tiene éxito compitiendo con los demás parece afectar a sus valores éticos. Les hace mucho más susceptibles de engañar y hacer trampas posteriormente. De hecho, el artículo sostiene que una de las razones por las que, por ejemplo, Armstrong terminase dopándose era precisamente esa: “era un ganador”.

Los resultados de este autor fueron demoledores: Parece existir un tipo muy concreto de éxito: el que implica una comparación social. Uno que implica no que te vaya bien sino que te vaya mejor que a otros. En el primero de los experimentos, en el que era imposible hacer trampas, unos participantes ganaron y otros perdieron. Fueron reorganizados en grupos distintos para un nuevo juego. En este caso era no sólo posible sino muy fácil hacer trampas: si los que tiraban los dados querían ganar más monedas, sólo tenían que mentir. Y mintieron. Pero quienes así lo hicieron fueron, principalmente, aquellos que habían ganado en el juego anterior.

Los resultados de los siguientes experimentos siguieron reforzando la idea de que incluso el simple recuerdo de haber ganado puede llevar a un comportamiento deshonesto.“La gente que se ha salido con la suya se siente con más derecho a seguir ganando”, explica Schurr. El que gana piensa de inmediato que es mejor y que merece seguir siéndolo, sea como sea la situación que venga. Una vez convencidos de que son los justos vencedores, pase lo que pase, se abre la puerta al engaño. Puede sonar infantil, pero el pensamiento resultante, según lo define el experto sería algo así como: “Soy el mejor, así que puedo asegurarme de ganar haciendo trampas porque de todas maneras lo merezco”.

Como decíamos al principio, todo esto va más allá de la mera competición deportiva. Este concepto influye en toda civilización occidental. Y no para bien, sino perpetuando la injusticia social y la desigualdad de ingresos. Así, la gente que ‘gana’ desde una perspectiva socioeconómica tendería, igual que los jugadores, a ‘adaptar’ las reglas a su favor. Numerosos estudios han comprobado que la gente rica tiende mucho más a la mentira, la negociación fraudulenta y la falta de ética en el trabajo, mientras que las personas que provienen de sectores menos favorecidos económicamente tienden más habitualmente a trabajar por el bien común.

Schurr nos lanza una pregunta a tenor de sus resultados: “¿No deberíamos premiar a más gente por hacer algo bien en lugar de premiarlos por hacer algo ‘mejor’ que otros?”. ¿Qué os parece?

¿Los mejores mentirosos tienen un cerebro diferente?

psicopata1Mi amigo y colega de profesión Cristian Salomoni, criminalista, vicepresidente de ACONVE, y director del máster en comportamiento no verbal y detección de mentira de la Escuela Europea de Criminología, iba a participar en un documental televisivo sobre el funcionamiento de la mente del estafador que finalmente no salió adelante. No queríamos desperdiciar el interesante material recopilado y compartidlo así con todos vosotros. Esto de profundizar en la mente de ciertos perfiles psicológicos me resulta apasionante…

ZONAS DEL CEREBRO QUE SE ACTIVAN CUANDO MENTIMOS:

Engañar, falsificar o en este caso timar o estafar, es un comportamiento complejo, no existe un centro de la mentira sino múltiples áreas cerebrales que interactúan. Cada tipo de mentira requiere su propio conjunto de procesos neuronales. Tanto Giorgio Ganis y Stephen Kosslyn de la Universidad de Harvard, como el prestigioso investigador Vrij, han constatado que las mentiras requieren de la activación de distintas partes del cerebro y altas dosis de concentración. Mentir y timar, de hecho, es un proceso muy complicado: la persona tiene que maquinarla, recordar los detalles de la mentira, saber quién está estafando, cómo lo esta estafando, recordar cómo era el timo, buscarse una nueva identidad y ocultar la suya, no incurrir en errores, estar preparado por si su víctima no muerde el anzuelo etc.

Por este motivo se activan el lóbulo frontal, el lóbulo temporal y el sistema límbico y lo hacen en mayor medida que cuando decimos la verdad. Es fácilmente entendible ya que: El lóbulo frontal es el responsable de procesos cognitivos complejos que llamamos funciones ejecutivas (elegir, tomar decisiones voluntarias y conscientes, buscar una meta, tener motivación, buscar solución si la meta no se consigue etc). Las principales funciones que residen en el lóbulo temporal tienen que ver con la memoria y el lenguaje. Finalmente el sistema límbico es el centro de los instintos y de las pulsiones: memoria involuntaria, el hambre, la atención, los instintos sexuales, las emociones (por ejemplo placer, miedo, agresividad), la personalidad y la conducta.

Corteza Prefrontal: Muchos científicos han demostrado el papel esencial que juega una parte del cerebro a la hora de seleccionar lo que esta bien y lo que esta mal. En estudios con timadores patológicos, mediante el procedimiento de la resonancia magnética, se ha comprobado que éstos tienen en el lóbulo frontal una reducción de su sustancia gris y un aumento de la sustancia blanca en comparación a los controles normales. La sustancia blanca está compuesta por fibras, serían ‘los cables del ordenador’. La sustancia gris seria como ‘el disco duro’; los mentirosos patológicos estudiados resultaron tener un 22% más de materia blanca. Mas sustancia blanca permite a los mentiroso dominar con maestría el engaño.

El hecho de tener mas materia blanca proporcionar a los mentirosos las herramientas necesarias para dominar el complejo arte del estafa y la mentira. Justo por lo que estábamos comentando antes, estafar requiere esfuerzo. La toma de decisiones morales se lleva a cabo en la sustancia gris del lóbulo prefrontal. Los mentirosos compulsivos tiene un 14% menos de materia gris, que ayuda a mantener el impulso de estar bajo control, lo que significa que se preocupan menos por los aspectos morales, son menos capaces de procesar este tipo de pensamientos.

También hay estudios interesantes que subrayan el papel fundamental de la corteza prefrontal ventromedial y dorsolateral a la hora de hacer juicios morales. Cuando se realiza un juicio que implica un conflicto se activan ambas zonas. En este caso: timo y estafo a una persona y le hago daño, pero me llevo dinero. La persona con lesiones en estas zonas manifiestan juicios morales de tipo utilitario y no son capaces de generar una respuesta emocional normal ante un agravio, sino que se fijan solo en el resultado de éste.

Conocemos el hecho de que esta región es importante para los juicios morales porque se han analizado pacientes con estas lesiones y experimentan menos emociones sociales, como la compasión, la vergüenza y la culpa, en cambio conservan intacta la inteligencia, el razonamiento lógico y el conocimiento de las normas sociales. Esta falta de empatía lleva a elegir caminos no del todo morales.

Mañana publicaré la segunda parte: el cerebro de la víctima, que también es responsable de la facilidad o la predisposición a caer en la creencia de una mentira, ¡no os lo perdáis!

 

4 señales de que te están mintiendo durante una negociación (estudio científico)

Una investigación organizada por los profesores Lyn Van Swol y Michael T. Braun de la Escuela de Negocios de Harvard estudió cuáles serían los indicios de que una de las partes durante una negociación no está siendo del todo sincera. En mi opinión, estas claves pueden ayudar a detectar que algo no cuadra y mantenernos alerta, pero como digo siempre, nada es concluyente ni tan exacto como una ecuación matemática. Los indicios y patrones conductuales son variables y variopintos y siempre hay que tomar estas pautas con cierta cautela.

Los investigadores llegaron a estas conclusiones tras su experimento:

  1. Explicación no pedida, acusación manifiesta: Los que mintieron explícitamente (es decir, que construían una historia totalmente ficticia para convencer a los demás) usaban más palabras de lo común y se justificaban innecesariamente.
  2. Aquellos que mentían por omisión usaron más monosílabos, frases cortas o escuetas y desviaban la mirada por unas cuantas décimas de segundo mientras lo hacían.
  3. Cuando alguien mentía sobre una cantidad de dinero, era común que usaran más groserías y palabras altisonantes, aparentemente para ‘enmascarar’ su propia discordancia con el monto propuesto.
  4. Los mentirosos abusaban de los pronombres en tercera persona (Él, Ella, Ellos, Ellas), lo cual también es una clave para distanciarse emocionalmente de lo que estaban hablando.

De forma instintiva estamos programados para desconfiar de las personas que son excesivamente habladoras cuando la respuesta es sencilla y puede ser clara y breve para ofrecer la explicación pertinente, pero también de las personas demasiado silenciosas o escuetas a la hora de dar detalles concretos; los improperios y palabras rimbombantes obedecen a ‘adornar’ el discurso artificialmente y proyectan falta de credibilidad.

 

¿Detectar Mentiras? Mejor en grupo #estudiocientifico

interrogatorioUno de los retos más interesantes de la comunicación no verbal es analizarla para poder detectar mentiras. Es un área complicada, ya vimos la forma más eficaz de conseguirlo, según la ciencia, y los mitos que se han divulgado al respecto (pincha aquí para leer el artículo).

Ahora, una investigación liderada por Nadav Klein, de la Universidad de Chicago, nos revela novedosos resultados descubiertos por causalidad; y es que el objetivo real del estudio estaba dirigido a medir la habilidad real del ser humano para detectar mentiras. El grupo de expertos quedó decepcionado con los resultados originales, puesto que no arrojaron mayores luces sobre el proceso de descubrir un engaño a través de la conducta no verbal.

Pero este experimento tuvo una particularidad que resultó ser muy importante, no solo se realizaron pruebas a los participantes en solitario, sino que en el grupo control se aplicaron los ítems del estudio en equipos de al menos 3 personas. Pues bien, uno de los investigadores, al contrastar los datos con los de los grupos de control, descubrió una singularidad en el desempeño de éstos: sus aciertos eran más numerosos.

Al reenfocar el estudio concentrándose en los grupos, el equipo de Klein determinó que la discusión entre tres o más observadores aumentaba su eficiencia global al detectar mentiras. El investigador atribuyó este fenómeno, principalmente, a que todos observamos de manera distinta, y nuestras percepciones con frecuencia se ven matizadas por nuestros prejuicios y estilos de personalidad. Al discutir y comparar la observación de cada quien, es más fácil neutralizar los prejuicios individuales y llegar a una conclusión más clara y fidedigna.

La conclusión puede resumirse así: En grupos de 3, nuestra capacidad para detectar mentiras mejora en un 10%. Así que una de las condiciones que debes considerar para que te sea más fácil descubrir el engaño, es compartir tus impresiones con al menos dos personas más que también hayan presenciado el hecho (y mejor aún si han estudiado formalmente este conocimiento).

 

 

 

*Fuente de consulta: lenguajecorporal.org

Vicente del Bosque se tapa la boca al hablar de Iker Casillas ¿Significa que miente?

El pasado viernes se desata una polémica futbolística de gran transcendencia. Casillas, titular indiscutible en la portería de la selección española durante más de una década, fue suplente por primera vez. Al parecer, este hecho provoca el malestar del jugador con el entrenador Vicente del Bosque, tal y como declara este último en una entrevista para la cadena SER.

Lo relevante para el cometido de este blog es analizar los gestos y expresiones faciales que se sucedían a lo largo de las declaraciones al respecto por parte de Del Bosque. Y hubo un gesto curioso, muy repetido y significativo para explicar qué había más allá de sus palabras; se trata del gesto de taparse la boca con la mano mientras habla.

Captura de pantalla 2016-07-03 a la(s) 15.39.51Vulgarmente este gesto se asocia directamente con la mentira, pero el análisis de la comunicación no verbal no puede ser tan reduccionista, no hay blancos y negros, y esta asociación directa es arriesgada y sesgada. Hay múltiples matices que pueden orientar su significado hacia diferentes interpretaciones. Se trata de un gesto automanipulador, éstos indican nerviosismo, tensión e incomodidad con la situación, el simple hecho de participar de una entrevista para los medios de comunicación ya puede desembocar esta característica reacción, sobre todo, si la persona no está acostumbrada o no gusta de este tipo de exposiciones.

Se puede codificar como un acto defensivo, ocurre cuando nos sentimos ‘atacados’ (verbalmente) o presionados para hablar. Lo que proyecta este gesto es inseguridad, ningún líder o gran orador practicará este gesto cuando se dirige a sus interlocutores. Esta inseguridad puede ser provocada por no estar convencido de lo que se está diciendo, o por tener que tratar un tema, pregunta o afirmación inesperada, sorpresiva, algo que no teníamos bien preparado y debemos improvisar.

Captura de pantalla 2016-07-03 a la(s) 16.42.22Además, puede ser uno de los muchos gestos que podrían asociarse con rasgos más introvertidos de la personalidad: timidez, retraimiento, vergüenza social, etc. Mientras Del Bosque se tapa la boca también vemos cómo aparta su mirada, dato que podría relacionarse con cierto nivel de vergüenza o pudor hacia el tema que trata. No hay agresividad en esta acción, si no más bien aflicción y profundo pesar por la situación.

Está claro que este es un asunto complicado para él, de alto impacto emocional, y este gesto no hace más que filtrar estas sensaciones incómodas de tensión, disgusto, vergüenza y resquemor, mezclado en algunos momentos con expresiones faciales de asco, es una cuestión que le provoca total rechazo, le desagrada tener que dar explicaciones sobre ello, pero no tiene por qué conllevar intenciones maliciosas como el engaño.

 

 

 

¿Nos enseña o nos miente sobre comunicación no verbal la serie de televisión ‘Miénteme’ (‘Lie to me’)?

Ciertamente la serie Lie to me disparó el boom de la Comunicación No Verbal y de la detección de la mentira a través del estudio de esta materia. Todos quedamos atrapados por el magnético y excéntrico Doctor Cal Lightman, interpretado magistralmente por el actor Tim Roth, y por su capacidad para captar al instante toda mentira que le pasara por delante a través meramente de indicadores gestuales de la persona. Pero ¿quién hay detrás de esta serie? ¿qué tanto de realidad o de show tiene su trama?

El asesor para la elaboración del guión fue, nada más y nada menos, que el psicólogo Paul Ekman, toda una eminencia en el ámbito científico de la psicología emocional, expresiones faciales, análisis de credibilidad, desarrollo de técnicas en detección del engaño, etc. Las contribuciones de sus estudios traspasaron el marco académico y llegó a instruir a cientos de agentes de la CIA y FBI en los avances y desarrollo de herramientas para detectar las señales ocultas en interrogatorios por ejemplo.

Paul Ekman

Paul Ekman/fotografía de wikipedia.org

El mismo Paul Ekman nos desvela el nivel de inspiración de Lightman en su vida y obra y su grado de implicación en la asesoría del argumento:

“En la serie, el ‘Equipo Lightman’ detecta las mentiras basándose principalmente en los descubrimientos de mis investigaciones, pero al ser un drama y no un documental, el Dr. Lightman no es tan cauteloso al interpretar el comportamiento como yo. Las mentiras son descubiertas mucho más rápido y con mayor certeza de lo que lo hacemos en la vida real, aunque cada técnica utilizada está basada en evidencias científicas. Por otra parte, cada episodio busca exponer los conflictos psicológicos y éticos implicados en la detección de las mentiras”

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