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Zonas del cuerpo en las que tatuarte (y que solo tú lo sepas)

Yo me caliento fácilmente, lo admito. Veo una foto en Instagram de un coulant de chocolate y ya se me despierta el mono de dulce. Y con los tatuajes soy ocho veces peor.

Tus ganas de tatuarte se activarán en 3… 2…1… PIXABAY

La cosa es que llevo ya tiempo detrás de mi tercer tatuaje y estoy en plena crisis de: “¿Y ahora dónde me lo hago?” No es que me haya quedado sin piel por el tamaño de los otros (que son de tamaño pequeño-medio) pero soy de esas a las que le gusta tener grabados discretos.

Entiendo que los hay que se tatúan en sitios que están siempre a la vista, es una cuestión personal de gustos, y yo vengo aquí a hablaros de los sitios recónditos que solo tú (y quien te vea sin ropa, claro) verás.

Lo de tatuarme “a escondidas” vino, no os voy a engañar, porque no quería que mis padres se enteraran. Luego con el tiempo, y con todos los años que trabajé de azafata, lo convertí en un requisito imprescindible a la hora de pasar por las agujas.

Mi sitio favorito es, sin duda, la piel encima de las costillas. Es muy doloroso pero es una zona que suele estar tapada (a no ser que vayáis a la oficina en crop top, claro. Espera, ¿vas a la oficina en crop top?). Te permite jugar con el tamaño y no es una zona que cambie mucho con la edad.

Otros sitios que también considero son las zonas internas del brazo, en concreto la de la muñeca, ya que es fácilmente tapable con un reloj, y la parte de dentro del bíceps. De hecho mi prima tiene un avioncito de papel tatuado ahí y solo se ve cuando sube el brazo en verano a llevarse las gangas de las perchas de las rebajas de agosto.

Aunque los muslos y parte de atrás de la pierna (la de debajo del culete, vaya) son también emplazamientos que solemos llevar cubiertos, podemos tatuarnos teniendo en cuenta que se pueden ver sometidas a cambios por las modificaciones que pueda tener nuestro peso (a mí se me van todas las curvas ahí, por ejemplo).

Este problema no sucede si, en cambio, nos tatuamos en el lateral del pie, otra zona muy secreta, aunque con poco margen de espacio si queremos algo de mayor tamaño.

¿Qué más sitios se os ocurren para haceros un tatuaje de extranjis? ¿Sois de llevarlos a la vista o preferís la discreción?

P.d.: Os dejo la foto en la que mejor se ve el tattoo más grande que tengo. Como podéis apreciar solo se descubre si llevo una prenda con el corte de la axila bajo y si tengo el brazo en alto, ya que generalmente me lo tapa toda la ropa que tengo. (Sí, mi pose es muy forzada, pero era verano, estaba en la playa y había que posturear)

Mamá, voy a hacerme un nuevo tatuaje

Sí, sé que sería el tercero. Pero no me voy a arrepentir.

(Casualidades del aleatorio, suena Ink de Coldplay mientras escribo esto. Para quienes les guste leer con música.)

TUMBLR

Tatuarse es solo una forma dérmica de expresión. TUMBLR

Ya sé que te gusta mi espalda con la piel “limpia” como dices tú. Pero créeme, marcarla con un poco de tinta no va a convertirla en algo sucio.

Ya sé que te da miedo que no me contraten por tener tatuajes. No tienes que preocuparte. Hoy en día, llevar tatuajes no convierte al portador en delincuente ni en mala persona. Hoy en día, vas por la oficina, y tu propia jefa te sorprende con una filigrana de tinta en la muñeca. Acuérdate sino de aquel desfile en el que las modelos llevaban desde una mariposa en el pie hasta una cruz en la espalda.

Mamá, no espero que compartas algo que nunca has probado en ti misma porque no conoces la sensación previa a tatuarse. A esperar. A saber que tienes algo en un papel que te va a acompañar siempre. No espero que comprendas los nervios en la boca del estómago poco antes de que te llegue el turno por primera vez. El tatuador pone una nueva aguja humedeciéndola en tinta y el pulso te retumba en las orejas. Cuando te alcanza la punta, la sensación es indescriptible. Dolorosa y placentera a partes iguales. Desde ese momento te declaras sadomasoquista de la tinta y del zumbido mecánico que lo acompaña.

No creo que entiendas que yo, que amo la palabra escrita, me convertí en el lienzo de algo que siempre iba a llevar puesto. Al igual que tampoco sabes lo que es deslizar los labios por un cuerpo que cuenta a través de ellos su historia y, en ocasiones, un tatuaje en el pecho (o en cualquier otro lugar que se vea), puede ser incluso más íntimo que lo que te espere bajo unos pantalones.

Mamá, sé que te da miedo que me canse. Que como dices tú, la vida da muchas vueltas, y lo que hoy nos encanta, mañana puede aburrirnos o incluso podemos llegar a despreciarlo (mi experiencia con la paella es una buena prueba de ello).

¿Cómo explicarte que un tatuaje no funciona así? ¿Cómo hacerte entender que en el momento en el que te pintan pasa de ser algo que solo existía en tu cabeza, que era una idea, a algo tan tuyo como un brazo o una pierna?

Bien es cierto que, al principio, si está en un sitio visible, los ojos se van a él. Ahí está. En ti. Pero pasa de ser una novedad a algo en lo que terminas por ni reparar.

Quiero hacerme un tatuaje porque cuando empiezas con la tinta es verdad que vivirás siempre con la sensación de querer más. Porque cada retazo es una historia. No me preguntes qué significa o a qué viene, es lo más indiscreto que puedes preguntarle a alguien que se ha tatuado. Lo lleva y punto. Las razones para tatuarse son inescrutables.

Es igual de válido el dibujo de aquella que lleva las fechas de nacimiento de sus hijos, la inicial de su abuela ya fallecida o quien se hizo un personaje de los Simpsons.

No importa el significado o el motivo, porque muchos ni lo necesitan. Se tiene y ya está, no hay nada más que cuestionarse. Puede gustarte más o menos, pero no puedes cambiarlo. Es como cuando conoces a una persona. Si te gusta lo suficiente, la aceptarás y querrás tal cual es, pero no podrás modificarla.

Hay algo que no te conté aquel día en la cocina, cuando hablamos de mi futura espalda tatuada. Los tatuajes enseñan. Me hacen saber que soy finita, que mi cuerpo es algo momentáneo que cambiará con el tiempo, pero que durante ese tiempo, es mío y puedo convertirlo en lo que quiera. Puedo expresarme a través de él con la sonrisa que tanto te gusta que ponga cuando salgo en las fotos, con la ropa que vive amontonada por el suelo de mi cuarto y con lo que cuenta en silencio una vez me la quito.

Al igual que se puede ver la cicatriz de cuando me caí hace dos veranos o las zonas donde el sol nunca ha aterrizado, mi cuerpo cuenta que creo en el azar positivo y en la conexión estelar que existe entre los miembros de mi familia. Espero que pronto cuente otras cosas y que quieras de la misma manera mi espalda, ya esté o no tatuada, por ser precisamente yo quien la carga.

Quizás. TUMBLR

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