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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Regalan pelotas gigantes para poder correr encierros sin toros

Matalpino

© Matalpino

Matalpino, una pequeña localidad madrileña del Parque Nacional de La Sierra de Guadarrama, se ha hecho famosa por organizar desde hace 5 años unos divertidos encierros sin toros. En lugar de enfrentarse a los astados, durante las fiestas de San Bartolomé los mozos y mozas huyen de gigantescas pelotas de 120 kilos de peso que bajan rodando por la calle. Son los “boloencierros“, una iniciativa ética que está causando furor incluso entre los antitaurinos.

La fama de esta singular carrera ha llegado hasta Londres, sede central en Europa de PETA, el mayor grupo activista por los derechos de los animales en el mundo. Y ha gustado mucho. Tanto que sus responsables se han ofrecido a pagar a otras ciudades españolas o portuguesas las pelotas gigantes pintadas que se asemejan a toros, a cambio de que abandonen los encierros taurinos.

“El divertido y familiar ‘Boloencierro’ de Mataelpino ha encajado perfectamente en un mundo que se opone más que nunca a las corridas de toros”, asegura a través de un comunicado de prensa Mimi Bekhechi, directora de PETA.

“El lema de PETA dice que los animales no son nuestros para utilizarlos para el entretenimiento, ¡pero las pelotas gigantes y los seres humanos que voluntariamente huyen de ellas son un juego justo!”, afirma Bekhechi.

Según PETA, un residente de Mataelpino explicó en una entrevista a un periodista que el encierro de los toros “fue la tradición, pero era una tradición que moría. Las personas ya no quieren ver animales asustados corriendo por sus vidas”.

Aunque este encierro también tiene sus peligros. Sobre todo cuando algún osado, o algún despistado, trata de parar esas pesadas bolas que bajan a toda velocidad. Todos los años hay algún herido. Pero toros ninguno.

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Salvajismo español ¿Patrimonio de la Humanidad?

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Alanceado, descabello y muerte del Toro de la Vega. © Partido Animalista-PACMA

Su nombre le ha traído mala suerte. ‘Elegido’, un “toro del frío”, burgalés de pelo negro y 600 kilos, será el Toro de la Vega de este año. El próximo 16 de septiembre morirá alanceado a orillas del río Duero por culpa de un rito tan salvaje como vergonzante que se repite desde hace cientos años en la histórica villa de Tordesillas.

Pablo Puyol, Gabino Diego o Beatriz Rico han grabado un vídeo sumándose a la campaña Rompe Una Lanza del Partido Animalista, invitando a los ciudadanos a sumarse a una manifestación este sábado 13 de septiembre en Madrid. 

Pero en Tordesillas contraatacan y acaban de celebrar su primer Congreso Internacional “para combatir falsedades”. En él, diferentes especialistas han “reflexionado y profundizado” sobre los aspectos éticos, legales, históricos, antropológicos y culturales de tan sangriento festejo.

Todos a favor de la tortura pública de animales, han concluido que la UNESCO debe declararlo Patrimonio de la Humanidad, ahí es nada.

Una fiesta blindada, pues la Guardia Civil enviará 121 efectivos al municipio vallisoletano “para garantizar que el torneo del Toro de la Vega transcurra con total normalidad”. No vayamos a ir los antitaurinos y les agüemos la matanza.

En la página web oficial del Patronato del Toro de la Vega, el periodista Vidal Arranz, uno de sus defensores más acérrimos, firma un artículo sonrojante titulado Distorsiones en la mirada. Asegura este colaborador de El Norte de Castilla que detrás de la polémica está el choque entre lo rural y lo urbano [sic], entre los distintos modos de concebir la fiesta.

En su discutible opinión, los urbanitas pasivos somos anodinos espectadores de espectáculos enlatados, como los partidos de fútbol o el cine. Mientras que los rurales activos son valientes protagonistas en el alanceo y tortura de los toros. Espectáculos urbanos esos de fútbol y cine donde, y cito textualmente:

“La sangre no es sangre real. La muerte no es muerte real. El dolor no es dolor físico real. El sexo no es sexo real”.

En cambio,

“en los festejos taurinos populares es el cuerpo el que se pone en juego, en primer término, y la mirada pasa a ser un elemento de apoyo”.

Y concluye Arranz:

“Ésta es una diferencia esencial para entender buena parte de los problemas de comprensión que rodean al Toro de la Vega”.

¿Lo entienden ahora? Pues qué quiere que le diga, señor Vidal. Ahora sí que me preocupan ustedes mucho más.


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