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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Ser feo o poco famoso te puede llevar a la extinción

Lagartija serrana, una especie amenazada y poco famosa a la que se hace poco caso. Foto: Wikimedia Commons

El efecto de la popularidad de las especies a la hora de desarrollar programas de reintroducción está generando errores estratégicos graves en los programas de conservación, advierte el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Hay especies poco amenazadas con proyectos de reintroducción y otras, cuya situación es muy alarmante, a las que no se dedican apenas esfuerzos debido, en parte, a su falta de popularidad. Esa es la principal conclusión de un estudio en el que participan el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y la Estación Biológica de Doñana, ambos de CSIC, entre otras instituciones.

El estudio descubre que el 66% de las especies más amenazadas en España no cuenta con ningún proyecto de reintroducción que ayude a sacarlas del farolillo rojo. 

Que se mueran los feos

La reintroducción y refuerzo de poblaciones es una herramienta muy usada en los proyectos de conservación de la biodiversidad. En este estudio, los investigadores analizan cómo encajan en esas estrategias las razones técnicas y sociales que llevan a iniciar un proyecto de este tipo.

“La popularidad de una especie puede ser útil para apoyar proyectos para especies muy amenazadas, es lo que ocurre cuando hay sinergia entre la amenaza que sufre la especie y su popularidad, pero cuando los efectos de la popularidad son independientes al grado real de amenaza se produce un fallo estratégico y se termina dedicando esfuerzos desproporcionados a especies no amenazadas o esfuerzos escasos a especies poco conocidas”, explica a través de una nota de prensa el investigador del MNCN Mario Díaz.

En 2012 el grupo de investigadores recopiló información de los proyectos de conservación, llevados a cabo en las últimas dos décadas, que incluían reintroducciones de vertebrados terrestres y peces continentales. Un total de 174 proyectos que afectan a 82 de las 527 especies españolas.

Para medir el grado de conocimiento o notoriedad de cada especie emplearon tres indicadores: el tamaño corporal, pues las especies mayores tienden a ser más conocidas, así como el número de veces que se obtenía el nombre de la especie, científico o común, en dos buscadores distintos de Internet.

El grado de amenaza lo obtuvieron de las listas de especies amenazadas de organismos nacionales e internacionales, así como de la ley española que regula la protección de la biodiversidad.

Éxitos y fracasos de la conservación

Respecto a la influencia de la amenaza real y la popularidad en los proyectos de reintroducción de especies los investigadores describen tres escenarios: Cuando existe correlación entre la popularidad de la especie y su grado real de amenaza, mejora el funcionamiento del proyecto. Es el caso del lince ibérico (Lynx pardina), o el ibis eremita (Geronticus eremita). La ausencia de popularidad explica en parte por qué no se trabaja con especies muy amenazadas pero apenas conocidas, como las lagartijas endémicas de montaña del género Iberolacerta o las especies de pequeños peces de río de los géneros Anaecypris, Squalius o Cottus.

El último escenario es el que se da con especies como el búho real (Bubo bubo), la nutria (Lutra lutra) o el camaleón (Chamaeleo chamaeleon), especies muy populares pero poco amenazadas cuyas poblaciones se ven reforzadas con proyectos de reintroducción no tan necesarios.

“Hay otros factores, como las cuestiones técnicas o la disponibilidad de fondos, que también influyen y determinan la viabilidad de un proyecto. Lo más preocupante es que popularidad y grado de amenaza tienen influencias independientes y de la misma magnitud. Este hecho implica una alta proporción de errores estratégicos”, matiza Díaz.

“Para evitar estos fallos hay que separar claramente las reintroducciones dirigidas a recuperar poblaciones salvajes de las que tienen fines sociales o educativos. Asimismo, es necesario aplicar criterios que evalúen objetivamente la necesidad y viabilidad potencial de los proyectos antes de iniciarlos. Así se dirigirían los escasos recursos para la conservación a la biodiversidad amenazada de modo más eficaz”, concluye Díaz.

Referencia bibliográfica: M. Díaz, J.D. Anadón, J.L. Tella, A. Giménez e I. Pérez. (2018) Independent contributions of threat and popularity to conservation translocations. Biodiversity Conservation DOI: https://doi.org/10.1007/s10531-018-1500-7

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser T

    Que se lo digan a la gentucilla que aparece por T5.
    Venderían a sus madres por un minuto televisivo.
    Todo sea por no trabajar de verdad y vivir de la tontería.

    02 febrero 2018 | 11:46

  2. Dice ser Escribe aquí tu comentario

    te puede… A LOS GUAPOS TAMBIÉN LES SALEN ARRUGAS, SE LES QUEDAN FLÁCIDAS LAS CARNES Y SE QUEDAN SIN DIENTES.

    02 febrero 2018 | 13:54

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