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Coronavirus: la nueva estrategia de comunicación política de Pedro Sánchez

Desde el principio de esta pandemia por Covid-19, Pedro Sánchez ya manifestaba alguna referencia a que esta situación se trataba de una guerra. En su última comparecencia en la tarde de ayer, directamente ya hablaba continuamente como el General que lidera un gran ejército y quiere motivar el ardor del guerrero para incentivar la lucha y el sacrificio de los combatientes.

No exagero, a continuación os dejo un vídeo con los cortes belicistas de su discurso (autor del vídeo: J.L Martín Ovejero):

No ha sido el único presidente que ha utilizado esta estrategia política. “Estamos en guerra”. Seis veces durante su discurso (el 12 de marzo), Emmanuel Macron utilizó la misma expresión tratando de tomar un tono marcial.

¿Cuál es el objetivo de adoptar este tono bélico en sus discursos políticos?

Por un lado, alentar el trabajo de los sanitarios y profesiones relacionadas, personas anímicamente destruidas tras los esfuerzos poco recompensados y protegidos.

Además de asegurar el mantenimiento del confinamiento del resto de la población. Palabra que por cierto evitan utilizar a toda costa.

Por otro lado, para tratar de conseguir una unión nacional frente a solo un enemigo común, el virus.

El objetivo es que la gente deje atrás la crítica sobre la gestión de los políticos, las medidas tardías, contradictorias y la búsqueda de culpables. Es un magistral desvío de la atención hacia solo un foco.

Tal y como analiza también mi compañero José Luis Martín Ovejero en su blog de comunicación: “Es un clásico de la estrategia política, buscar un enemigo común fuera para desviar la atención de los problemas internos. En el momento actual, se trataría de que la ciudadanía mirase más al virus que al gobierno.”

En palabras del periodista Carlos Alsina: “Esto no es una guerra, es una pandemia, no tenemos ‘armas’ para combatir el virus porque no hay tratamiento que nos lo permita. La única guerra es la que libra el sistema inmunológico de cada uno. A una epidemia se sobrevive, no se la doblega.”

No habrá día de la victoria, ni desfiles por las avenidas. No es más que un mensaje anacrónico que distorsiona a lo que nos enfrentamos.

No queremos héroes en el frente, queremos que nuestros sanitarios estén protegidos.  No somos soldados, somos ciudadanos y no podemos ser gobernados como en tiempos de guerra, no tendría sentido.

Aquí os dejo dos artículos de opinión que hablan más extensamente de este recurso bélico de la comunicación que adoptan algunos de nuestros políticos:

No, no estamos en guerra. Estamos en una pandemia. Eso es más que suficiente. – Basta!

Es una epidemia, no una guerra. – Las Provincias.

Trump y Macron: el poder de un apretón de manos (y de algo más)

No es necesario especular con la intención de este viralizado saludo entre Trump y Macron. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que sostuvo el apretón de manos de su homólogo estadounidense, durante la cumbre de la OTAN de Bruselas, para no mostrar debilidad.

Es curioso que este gesto naciera para demostrar que no se llevaban armas, como acto de cordialidad y confianza con el otro. Si bien, la forma y la intensidad de esta coreografía social siempre marcan pautas muy diferenciales, expresando cuestiones tan significativas como la sumisión, dominancia, indiferencia, afecto, respeto, simpatía… es una forma primitiva-evolucionada de marcar territorio en la que se vuelcan las verdaderas intenciones.

Las manos son importantes, tal y como se aprecia en la imagen, dan cuenta de la fuerza/presión/posición con la que se ‘marca’ el contacto con el otro. Pero siempre hay que buscar ese ‘algo más‘. Para analizar conducta no verbal debemos, siempre, tener en cuenta la totalidad de canales expresivos del cuerpo, sobre todo: postura, expresión facial (emociones) y contacto visual.

Es fundamental contextualizar y comparar la coherencia de las manos con el resto de canales, éstos son los que nos van a aportar los matices y el sentido de lo que podemos observar en las manos. En este caso, por ejemplo, se ve perfectamente cómo el rostro de ambos expresa ira, fuerza, tensión y concentración, ambos son conscientes de la ‘lucha’ que están ejecutando ante los medios para demostrar y ‘ganar’ la posición de poder. La postura tampoco es relajada ni natural, se infiere estrés en el movimiento, y por último, el contacto visual es directo, intenso y nada amigable.