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Discutir con tu pareja te alargará la vida #EstudioCientífico

No se trata de un llamamiento a la ira descarnada con tu amor.

¡Para nada!

Pero todos sabemos que las discusiones en pareja son inevitables… Ahora bien, saber gestionarlas de forma constructiva es casi un don, pero se puede conseguir, y es más, ahora descubren que incluso puede ser la clave para una vida más longeva, pero hay que tratar de hacerlo ‘bien’, discutir en sintonía, supongo que sería el concepto que mejor lo define.

Investigadores de la Universidad de Arizona se plantearon la posible relación entre el ‘afrontamiento de la ira’ y la mortalidad. El equipo de psicólogos utilizaron una muestra de 192 parejas y analizaron las variables. Concluyeron que tanto ellos como ellas tenían un mayor riesgo de muerte temprana cuando la forma de reaccionar ante la ira de su cónyuge era muy distinta a la de su pareja.

Es decir, el grado de discordancia entre dos formas opuestas de reaccionar puede ser una valiosa señal a largo plazo del riesgo de mortalidad prematura en personas casadas, explica el estudio. Por ejemplo, las parejas que exteriorizan lo que cada uno siente poseen el menor riesgo de muerte temprana: un 24% para el hombre y el 18% para la mujer.

La moderación de la conducta por parte de cada miembro respecto al enfado del otro también ayuda a prolongar la vida. Por el contrario, si cualquiera de los dos suprime la ira buscando reconciliarse cuanto antes, el peligro de muerte aumenta al 51% en el hombre y al 36% en la mujer.

Las diferencias en la respuesta ante una pelea provocan que las discusiones se vuelvan cada vez más frecuentes con el tiempo.

«Es posible que uno de los cónyuges desee tener más desacuerdos, mientras que el otro no, dejando a ambos insatisfechos con la forma en que se manejan sus conflictos. Esto podría resultar en más estrés diario que afectaría la salud de las dos personas a largo plazo», detalló el psicólogo Kyle Bourassa, quien dirigió el estudio citado por Daily Mail.

Por tanto, las parejas que mejor concuerdan con sus maneras de discutir terminan generando menos conflicto en comparación con otras. Esta adaptación entre ambos se traducirá en un mejor estado de salud, sugieren los científicos.

La ley del hielo: se enfada y deja de hablarme

El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia; esto es la esencia de la humanidad” – William Shakespeare.

 

No deja de fascinarme el abanico de reacciones tan amplio que el ser humano presenta ante un mismo estímulo. Dos personas se enfadan por el mismo hecho y su conducta resultante puede ser totalmente opuesta. Así es la personalidad, genética, inconsciente y condenatoria. Si bien, esto no es una excusa para no tomar conciencia de cómo respondemos y de si estos comportamientos son realmente adaptativos, crueles, o incluso son una forma de abuso psicológico (en mayor o menor grado). A veces es difícil ponerle el nombre a las cosas, tanto para quién utilice este recurso, como para quién lo padezca.

¿Os ha pasado, verdad? Hay una discusión entre dos, os enfadáis y tú quieres solucionarlo como sea, no quieres quedarte ahí, estancado en la ira, en el malestar, quieres hablar y resolver el hecho, pero chocas contra un muro, una y otra vez, contra un trozo de hielo que no reacciona, solo se cierra aun más y toma distancia contigo tanto física como emocional, te ignora, deja de hablarte, durante eternas horas, en los peores casos durante días. No sabes qué hacer, no sabes por qué reacciona así, no sabes si pedirle perdón (otra vez), si ignorarle tú también, si dejarle tiempo y espacio pensando que ya se pasará…

Este recurso es conocido como la ley de hielo, normalmente es utilizado por personalidades que presumen de gran autocontrol y racionalidad por encima de la intuición y las emociones. Esta ley tiene como objetivo ignorar al otro, invisibilizarle, no tomar en cuenta lo que le dicen, fingir que no escucha, y la ausencia de comunicación que puede ser completa, o bien limitarse a respuestas cortas, secas e incluso monosilábicas. Asimismo es probable que además del silencio se produzcan contradicciones entre comunicación verbal y no verbal (decir que no le pasa nada y todo está bien con rostro de ira mientras ni te mira a la cara, por ejemplo).

Este nocivo comportamiento denota inmadurez y falta de inteligencia emocional, es altamente desadaptativo porque va a generar dolor e insatisfacción, y de hecho se ha observado que contribuye a deteriorar la satisfacción con la relación y el vínculo de pareja. Es una táctica defensiva que revela una mala gestión en la comunicación y resolución de conflictos. Además, tampoco permite trabajar sobre los aspectos que han generado el enfado, por tanto el motivo del enfrentamiento puede permanecer latente. Piensa que ignorar a alguien es devaluarlo e incluso anularlo. Además, esto se torna más insano cuando todo se da en el marco de un silencio duro y crudo que la víctima no sabe finalmente interpretar.

La ley del hielo genera también efectos físicos en quién lo padece. Hay estudios que prueban que el sentimiento de estar siendo excluido o ignorado da lugar a algunos cambios en el cerebro. Existe una zona llamada “corteza cingulada anterior”, cuya función es la de detectar los diferentes niveles de dolor en el ser humano. Pues bien, se comprobó que esta zona se activa cuando a alguien le aplican la ley del hielo.

Las causas de por qué se adopta esta ley de hielo pueden ser variadas, algunas más benevolentes/inconscientes que otras.:

  • Incapacidad para gestionar las propias emociones que siente ante el conflicto, por tanto, escapa, lo evita.
  • Defensa. Se busca terminar la discusión a toda costa para acabar con la tensión pensando retomarla después con más calma.
  • Búsqueda del perdón. En algunos casos el cese de la comunicación persigue una restitución o compensación por parte del otro, generalmente a modo de petición de perdón.
  • Conseguir lo que quiere. Es una forma de manipulación, el silencio se hace incómodo y doloroso para que el que lo recibe, quien puede llegar a sentirse mal y modificar su conducta con el fin de contentar al otro.
  • Castigo. Utilizar esta ley de hielo para sancionar al otro por una conducta que se piensa reprobable (sea real o imaginaria).

Sea como sea, cuando surge un problema entre dos seres humanos, lo único sano es buscar la manera de dialogar para encontrar soluciones. El silencio y la distancia solo generan más equívocos y, al final, no resuelven absolutamente nada.

 

*Referencias:

  • Psicología y Mente.
  • La mente es maravillosa.