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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Rescate desesperado de los últimos restos de bosque fósil de Canarias

Stephan Scholz trata de obtener un esqueje del diminuto acebuche canario que subsiste en Montaña del Taro.

Hace 2.000 años, las hoy peladas montañas de Fuerteventura (Islas Canarias) estaban cubiertas por un singular bosque no muy alto pero sin duda frondoso y de aspecto mediterráneo. En las cumbres más elevadas, por encima de los 700 metros, se desarrollaba otro bosque muy diferente semejante a las selvas de niebla que hoy todavía subsisten en islas como Tenerife, La Palma o La Gomera. De todos ellos no ha quedado nada.

¿No ha quedado nada? Sorpresa. Cual diseminada aldea gala de Astérix, un reducido grupo de irreductibles árboles resiste todavía y siempre al invasor. En este caso se enfrentan en desigual lucha a dos terribles invasores: el ser humano y las cabras.

Un servidor, valorando pros y contras de tratar de llegar al casi inaccesible viejo acebuche.

El impacto ambiental de las cabras en Fuerteventura es terrorífico. Y va a peor. Antiguamente su población se autorregulaba de forma natural con sequías y hambrunas, pero desde hace unos 30 años esto ya no ocurre. Hasta los animales más montaraces reciben periódicamente agua y alimento suplementario por parte de los ganaderos.

Para ellos mantener a estas reses que viven fuera del control del corral (y del veterinario) es apenas un pasatiempo. Pero para la naturaleza son una maldición. Y no solo porque se comen toda planta a la que llegan sus dientes. El pisoteo constante del terreno arrasa con los suelos fértiles, pulveriza la tierra que luego es arrastrada por el viento y las lluvias torrenciales, impidiendo la regeneración vegetal. Esta práctica insostenible está condenando al territorio a la esterilidad más absoluta.

Ya os lo he contado en otra ocasión10 especies endémicas de Fuerteventura, otras 13 exclusivas de las islas orientales y 4 más de distribución canaria están gravemente afectadas por el ramoneo y el pisoteo del ganado. La presión, cada vez mayor, sobre unas poblaciones cada vez menores, las está llevando a extinciones masivas. Un ejemplo es el peralillo de las Canarias orientales(Gymnosporia cryptopetala), del que sólo sobreviven 13 ejemplares en el mundo. Todos refugiados en riscos a donde no llegan las cabras, pero incapaces de reproducirse. Como el palo blanco (Picconia excelsa). El “último mohicano“. Último ejemplar superviviente de los bosques húmedos majoreros. Cuando muera, la especie habrá desaparecido de la isla y con ella una riqueza genética irrecuperable.

La Administración regional e insular hacen vergonzosa dejación de sus funciones, esquivan sus responsabilidades como garantes de la protección de este patrimonio natural que es de todos, de toda la Humanidad. No hacen nada. Cero proyectos. Nadie se atreve a criticar a los ganaderos ni a poner coto a una impunidad que les permite seguir recibiendo toda clase de subvenciones públicas sin aceptar ni una sola de las limitaciones que la preservación del medioambiente y el cumplimiento de las leyes internacionales exige.

Es una batalla perdida. Pero algunos locos no nos damos por vencidos y estamos dispuestos a hacer desinteresadamente lo que cientos de funcionarios públicos no son capaces de poner en marcha. En nuestro tiempo libre hacemos rescate genético. Antes de que una maldita cabra se zampe el último ejemplar botánico valioso de una montaña, para después bajar a seguir comiendo maíz transgénico argentino subvencionado por Europa, cuatro tres locos amantes de la botánica lo buscamos, lo localizamos, estudiamos y tratamos de salvar su tesoro genético extrayendo esquejes.

Por supuesto (y por desgracia), no lo podemos hacer con especies protegidas. Si nosotros las tocáramos nos caería encima todo el peso de la Ley, esa misma Ley que permite que las cabras se las estén zampando inútilmente sin que se busque responsables ni soluciones.

¡Conseguido! A donde no llegan las cabras llego yo. Y pude extraer unos esquejes de este pobre acebuche colgado del risco.

El equipo humano no puede ser más selecto. Estas expediciones de rescate las lidera Stephan Scholz, doctor en Botánica y director del Jardín Botánico de Fuerteventura, quien básicamente se encarga de todo, tanto de seleccionar los esquejes como de plantarlos, cultivarlos y dar una segunda oportunidad. Las nuevas plantas enraizadas gracias al cuidado de este sabio serán genéticamente idénticas a sus amenazadas progenitoras, es decir, formarán con ellas un clon.

Nos acompaña también Juan Miguel Torres, doctor en Ciencias Biológicas experto en geología y suelos, majorero pata negra, profesor de Educación Secundaria y una de las mentes científicas más brillantes de este país.

Yo soy el tercer doctor (en Geografía e Historia) de tan singular hospital de rescate arbóreo, humilde aprendiz de todo además del trepador más loco e irresponsable de la isla.

Stephan Scholz y Juan Miguel Torres, buscando acebuches y distorsiones geológicas en las resecas montañas majoreras.

Al rescate de los acebuches

Este fin de semana nuestra especie diana ha sido el acebuche canario (Olea cerasiformis). Se trata de un árbol único en el mundo, muy diferente al acebuche mediterráneo (Olea europaea var. sylvestris), la variedad silvestre de todos nuestros olivos.

Calculamos que en la actualidad quedan menos de 500 ejemplares en Fuerteventura. Últimos restos de ese bosque que cubría la isla y que se ha convertido en triste bosque fósil. Algunos llevan siglos sufriendo el ramoneo implacable de las cabras, hasta el punto de haberse convertido en auténticos bonsáis naturales. Cada vez que una hojita asoma por encima de la maraña de espinosas ramas protectoras del árbol, una cabra se la come. Llevan siglos así, sin poder florecer ni fructificar. Algunos es probable que sean acebuches bonsáis desde hace 2.000 años, los mismos que llevan las cabras en esta tierra.

Después de patear durante todo el día las desnudas montañas cercanas a Puerto del Rosario, en las inmediaciones de la Rosa del Taro hemos descubierto tan solo tres ejemplares. Son los únicos conocidos en 15 kilómetros a la redonda.

Uno es mínimo, apenas mide una cuarta. Está metido en una grieta vertical y las cabras no paran de ramonearlo, así que puede llevar decenas de años ahí dentro, sobreviviendo como puede. Los otros dos se han salvado al crecer en la grieta de un risco inaccesible para el ganado, pero sin suelo ni agua sufren un terrible estrés hídrico que los tiene medio secos. Si alguna vez fructifican, las olivas caen al suelo y son devoradas rápidamente por las cabras. Solo los cuervos, los injustamente criticados cuervos canarios, son los únicos que, comiéndose algunas de estas olivastras serán capaces de dar una oportunidad a las semillas en el caso de que sus excrementos puedan acabar dentro de alguna grieta donde prosperar, algo harto difícil.

La excursión ha merecido la pena. Hemos logrado varios esquejes valiosísimos, pero ante todos hemos compartido una jornada inolvidable de diálogo sobre biología, geología, historia, etnografía y amistad que alimenta nuestro espíritu mucho más que cualquier bocadillo que, por cierto, con la emoción me lo olvidé.

Al descender por la despellejada montaña con un viento implacable de cara que levantaba el polvo del pisoteado terreno, apretando cual valioso tesoro las cuatro ramitas de acebuche, nos salieron al paso un grupo de cabras y otro de ovejas. ¿Dónde está el pastor? En su casa. ¿Dónde quedó el bosque? En los estómagos agradecidos del ganado, del ganadero y de los políticos irresponsables.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser para posteridad

    Idea excelente.
    Pequeños gigantescos detalles.

    24 septiembre 2017 | 20:34

  2. Dice ser Antonio

    los políticos siempre ocupados el el “pan para hoy hambre para mañana” y estos hombres -héroes auténticos- ocupándose altruistamente del patrimonio de todos sus conciudadanos.
    Gracias y enhorabuena.Gente así es (cada día más) indispensable.
    Es una vergüenza el estado en el que está nuestro patrimonio natural,así como la mayoría del resto de “nuestros patrimonios”,todos conexos y esperando que la educación de los canarios facilite el debido acceso a la verdadera conciencia q supondría su preservación integral,esa que haría que obligásemos a nuestros representantes a obrar debidamente.

    25 septiembre 2017 | 00:00

  3. Dice ser Julio de la Cruz Moreno

    Enhorabuena por vuestra gran labor!
    Me consta que en las Islas Canarias (Consejería de Medio Ambiente) existen programas de conservación y recuperación de flora autóctona, supongo que habréis enviado cartas a dicha Consejería ¿Qué os respondieron?
    Insistiría en el envío de cartas, a ser posible con las máximas firmas posibles de grupos ecologistas, asociaciones y ciudadanos, no sólo a la Consejería responsable de la conservación de la flora, sino también al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, al Defensor del Pueblo y a la Comisión Europea.
    Hay que ser muy pesados y armar el máximo ruido que sea posible.
    Saludos.

    25 septiembre 2017 | 10:51

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