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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

¿Te imaginas que una cabra se comiera un Velázquez?

Cabra

Imagina que una cabra hambrienta se cuela en el Museo del Prado y se zampa un buen trozo del cuadro Las Meninas de Velázquez. Imagina que el director del Museo anuncia que la culpa no es de la cabra sino del dueño que la dejó escapar. Y que el derecho a comer prevalece por encima del arte. Es más. El director se confesaría entusiasmado ante la asombrosa capacidad del animal para sintetizar proteína de un lienzo pintado, explicaría las vicisitudes personales del caprino a lo largo de su vida (desarraigo, malos tratos, incomprensión) y el gravísimo estrés que supondría sacarlo del museo y retirarle de la dieta tan jugoso bocado.

Por si fuera poco, el buen director se reconocería impotente para impedir que el indefenso animalito siguiera solazándose por nuestra pinacoteca nacional, mordisqueando goyas, grecos, tizianos, rubens o caravaggios, rascándose el lomo en las esculturas romanas o defecando sobre el tesoro del Delfín.

Luego vendrían otras cabras, varios rebaños, pero ¿qué quieren que hagamos? ¿Matarlas? ¿Cazarlas? Sí sí, cazarlas. Tendrían que ver cómo corren y saltan las muy condenadas por las galerías de Villanueva. No hay quien las agarre.

De locos. Como de locos es ahora mismo la polémica desatada en Gran Canaria respecto a la eliminación de cabras salvajes en los espacios naturales de Guguy, Inagua y Tamadaba. Unos animales guaniles, salvajes, escapados de las granjas y que subsisten a base de comerse y pisotear la flora endémica más amenazada del mundo, auténticos tesoros de biodiversidad con un valor inconmensurable que ha tardado millones de años en llegar a ser la maravilla que ahora todos admiramos, turistas extranjeros incluidos.

Imagina que eres el responsable de esos parques naturales. Que tu obligación es preservar sus joyas botánicas e incluso mejorar las maltrechas poblaciones, tal y como obligan al Estado español numerosos convenios y legislaciones internacionales. Pero que como el supuesto director irresponsable del Museo Prado, las dejas crecer, gozar y multiplicarse a costa de unas especies que, finalmente, se extinguirán. ¿Qué harías? Yo lo tengo muy claro: quitarlas de ahí.

Ahora no imagines. Entérate de que en Gran Canaria finalmente, y después de siglos de desidia e incultura, la Administración regional ha decido coger a la cabra por los cuernos. En realidad lo intentaron por las buenas pero no hubo manera. En esos vertiginosos barrancos de asombro es imposible capturar vivo a todo ese ganado salvaje. Y al final, mal que no nos guste y nos pese, han optado por matarlas a tiros. El año pasado 77 y este año puede que otras tantas.

¡La que se ha montado! Matanza, ejecución, masacre, asesinato, exterminio.

No tienen razón. Matanza es la habitual del ganado caprino estabulado, unas 70.000 cabras sólo en Gran Canaria, de las que no menos de 5.000 son sacrificadas cada año para cubrir la demanda de las carnicerías locales. Y sí, es verdad que las matan de forma civilizada, sin utilizar escopetas como las decenas de miles de conejos, palomas y perdices que también anualmente caen abatidos por los cazadores sin que nadie proteste.

La presencia del ganado guanil pone en grave riesgo los proyectos de reforestación y conservación de la flora autóctona canaria. Eso es incuestionable. Hay infinidad de argumentos científicos para rebatir a los bienintencionados defensores de estas cabras asalvajadas que contradicen sus afirmaciones más inocentes. ¿Cómo alguien con dos dedos de frente puede decir lo siguiente?:

“Las cabras destrozan la flora endémica. Sí, ¡pero también la fertilizan! Incluso esparcen las semillas a través de sus deposiciones. Y se comen los arbustos secos, manteniendo limpia la región”.

Por favor, no seamos ridículos. No se puede reconocer un terrible e irreparable destrozo ambiental y defender a continuación el interés de las cabras como fertilizantes ¿Qué fertilizan, unas pocas especies genéricas sin apenas interés botánico a cambio de pisotear el suelo hasta convertirlo en un árido pedregal cubierto de boñigas? Y claro que limpian el campo. No hay más que darse un paseo por la vecina isla de Fuerteventura para ver el desierto descarnado en el que las cabras han convertido sus antiguos bosques endémicos. Destruido el monte se acabaron los incendios forestales. ¡Cráneos privilegiados!

Como explica Manuel Nogales, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y uno de los mayores expertos en biodiversidad en islas:

“Estamos en uno de los archipiélagos oceánicos de más biodiversidad del mundo. Hay que decirle a la gente que no vivimos en cualquier sitio y por eso tenemos que estar a la altura porque si no será irreversible. Ya se nos han extinguido bastantes especies y hay que ponerle freno”.

La solución no es dejar que las cabras se sigan comiendo nuestros museos naturales. La única solución consiste en convencer a la población de la importancia de esa flora amenazada y la necesidad de retirar del campo a unos animales que no existían en la Naturaleza hasta que hace 2.000 años los trajimos a Canarias. Más educación ambiental y menos sensiblería distorsionada.

Y máxima pericia. Siempre que se pueda, capturando vivas a esas cabras locas y reintegrándolas en los corrales, de donde nunca debieron salir. Pero cuando no se pueda pues habitan peligrosos riscos inaccesibles, no quedará otro remedio que dispararlas y dejarlas en el campo como alimento para el muy amenazado cuervo canario. Me duele escribirlo, pero no existe otra manera más eficaz.

Y por supuesto, habrá que perseguir con contundencia penal a todos esos ganaderos ilegales, amigos de soltar cabras en terreno público y protegido, en terreno de todos nosotros, para luego aprovecharse de la venta de una carne obtenida del descerebrado destrozo de nuestra riqueza natural más preciada. Esos sí que son el auténtico problema de Gran Canaria.

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14 comentarios

  1. Dice ser Emilio Olmos Hiesca

    Estoy absolutamente de acuerdo con Cesar-Javier. ¿Nos estamos volviendo locos?

    12 abril 2016 | 09:53

  2. Dice ser Antonio Larrosa

    Igualito pasa con la inmigración, pero….¿ Quien lo puede arreglar?

    Lucho sin tregua para que leas en mi web EL EVANGELIO DEL CENTURION http://antoniolarrosa.com te quedan solo 9 dias gratis .77 ¿Los que atesoran el dinero de los contribuyentes?

    Clica sobre mi nombre

    12 abril 2016 | 11:55

  3. Dice ser wil

    Pues hala, Cesar, ponte manos a la obra, seguro que tu y tus amigos teneis los conocimientos para pillar a todas esas cabras y meterlas en vuestra casa para que no produzcan ningún daño. Hablar es muy fácil, hacer ya es otra cosa.

    12 abril 2016 | 19:11

  4. Dice ser rural

    Típico de los ecolojetas y animalistas el hablar tonterías detrás de una pantalla de ordenador.La única solución es la caza de esas cabras.Cuando leo las tonterías animalistas de que hay que capturarlas y vacunarlas o esterilizarlas me pregunto: ¿estos zánganos habrán salido alguna vez de su ciudad?.
    Y es que normalmente los más alejados de la naturaleza y que viven en un piso de 40 metros cuadrados en alguna gran ciudad después son los que nos dan las”soluciones mágicas”.
    Pues no me he reído yo con los animalistas….

    13 abril 2016 | 13:06

  5. Dice ser Ricardo Gutiérrez, 'Cepillín'

    ¡¡JUSTIFICAR LA CAZA MASIVA DE ANIMALES!!
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    …Me sorprende, amigo César-Javier, su actitud inhumana y déspota. Su doble moral. Cuando eran otros quienes defendíamos el derecho a la caza, a usted le faltaba tiempo para enarbolar la bandera del ecologismo, la naturaleza y el ecosistema como un todo ordenado que no debe romperse. Había que defender la naturaleza, porque la naturaleza éramos todos. Sin ella, el hombre no tenía posibilidad de sobrevivir. Por eso, y según usted, la caza era puro bandalismo, una práctica cruel y salvaje propia de gentes violentas y primitivas.
    .
    …Acuérdese, por ejemplo, de aquellos encendidos debates sobre los cánidos. Los ecologistas de verdad pedíamos la práctica de una caza regulada con un doble fin. El primero, el de mantener un negocio que da de comer a muchas familias de forma directa o indirecta. El segundo, el de regular así la cría descontrolada de lobos salvajes. En cambio, usted no sólo era contrario a estas razones, sino que, como lobo rabioso, acusaba a los propios ganaderos de asesinar a posta a sus ganaderías, a fin de cobrar una indemnización. Tachaba a los propios ganaderos afectados de interesados, embusteros y mafiosos.
    .
    … Algo parecido pasaba con las cigueñas que anidaban en las espadañas de las iglesias rurales. Estos animalitos, muy bonitos, por cierto, no sólo han inspirado muchos poemas de Antonio Machado, también se han cargado con sus excrementos las cubiertas de los templos. Amén de comerse las simientes de las cosechas. Se necesitaba una regulación. Todos pedíamos simplemente eso. No podían ser intocables. Había que bajarlos de sus pedestales con objeto de proteger el patrimonio nacional y el trabajo de los agricultores. Pero usted, nadaba contracorriente defendiendo lo indefendible. Protegiendo antes al animal salvaje que al bien público. ¡Eran intocables! ¡Multa para quien las bajara de sus campanas!
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    …Y sin embargo ahora, para sorpresa nuestra, es decir, para sorpresa de los ecologistas parroquianos de su Blog, los verdaderos ecologistas, los ecologistas de bien, que son siempre los ecologistas que defiende al hombre y al animal en su justa medida (como hacía don Miguel Delibes), nos encontramos con que usted se pone de parte de la caza indiscriminada de animales sólo porque a usted le molesta (y por lo visto le molesta muchísimo. Campan cerca de su casa). No puede ser, amigo César-Javier ¿No se da cuenta de eso?
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    …Para empezar usted nos quiere manipular contándonos una historia donde la mala sea inevitablemente la cabra. Todavía no he visto a ninguna entrar en el Museo del Prado. En segundo lugar, usted trata despectivamente a estos animales llamándolos ‘’cabras salvajes’’, ‘’animales guaniles, salvajes, escapados de las granjas’’. No, mire usted, no son cabras salvajes, ni animales ni bichos, aquí hablamos de la ‘’capra aegagrus hircus’’; también llamada ‘’cabra majorera’’, que no es cualquier cabra, sino la cabra autóctona de Fuerteventura. En la Península tenemos la murciano-granadina, la malagueña, la florida, la serrana andaluza y la blanca celtibérica. Estas dos últimas en peligro de extinción.
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    …En tercer lugar, usted pone adjetivos según le conviene. Habla de la existencia de unas 70.000 cabras en el archipiélago. ¡Unas cantidades estratosféricas que no se corresponden con la realidad! Mientras que al follaje y la hojarasca de la que se alimentan la llama ‘’flora endémica más amenazada del mundo’’, ‘’tesoro de biodiversidad’’, ‘’joyas botánicas’’. Tan autóctonas son las plantas como las cabras majoreras. Un respeto.
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    …Por último, usted manipula las palabras del señor Nogales. El señor Nogales habla de poner freno, acaso regular el supuesto problema, no defiende la matanza indiscriminada de animales inocentes, Usted sí y, además, de forma cínica. Le cito: ‘’Pero cuando no se las pueda [capturar] pues habitan en peligrosos riscos inaccesibles, no quedará otro remedio que dispararlas y dejarlas en el campo como alimento para el muy amenazado cuervo canario. Me duele escribirlo’’. ¿Le duele? ¡Será hipócrita! La gente de bien ni queremos una cabra comiéndose un Velázquez, ni a un Velázquez comiéndose una cabra.

    14 abril 2016 | 10:04

  6. Dice ser Jacinto

    César, estando absolutamente de acuerdo en que, sin tener ninguna culpa los gatos, cabras, ovejas… asilvestradas en las islas y que están causando una extinción lenta pero sin pausa de un patrimonio natural ÚNICO en el mundo, fruto de millones de años de evolución, creo que el principal problema no son tanto las personas que tienen ganado y lo sueltan sino los políticos, que fomentan políticas populistas y subvencionan y promueven cosas absurdas como es el ganado sin más objetivo que que les sigan votando. Los ganaderos que viven de ésto, trabajando de sol a sol, y hacen las cosas como tienen que hacerlas, son los primeros perjudicados por el destrozo que el ganado asilvestrado está haciendo.

    Enhorabuena a los políticos que han cogido el toro por los cuernos y han decidido intentar parar esta sangría sin fin que es el ganado asilvestrado. En La Gomera, donde yo vivo, hay miles de ovejas asilvestradas que están causando un destrozo del medio mil veces mayor que cuando en la isla había rebaños de cientos de cabras y ovejas y eran pastoreados. Una pena.

    Buen día…

    14 abril 2016 | 11:43

  7. Dice ser Ayla

    Somos animales inteligentes, los más inteligentes que pueblan la tierra, nuestra tecnología nos permite conocer las estrellas y viajar a la luna. Hacemos transplantes de órganos, creamos brazos y piernas biónicas, conseguimos energía rompiendo átomos. ¿De verdad somos incapaces de pensar y encontrar la solución a este problema sin necesidad de matar!!?? pero claro, el lobby de cazadores mueve mucho dinerito… lo que más me duele, o asquea (no me decido) es ver la falta de sensibilidad, de compasión, de respeto por la vida de este artículo. Ni siquiera lo ha considerado como un “drama” inevitable. No, para el articulista las cabras son sólo cosas a eliminar, y considera ridículo que alguien se horrorice de la matanza. Que pena. Pero así funciona la evolución ética de la sociedad, con personas que van a la cabeza, y personas que se quedan en la cola.

    14 abril 2016 | 12:52

  8. Dice ser wil

    Ves CESAR como no se puede ser tan cerrado de mente. Para algunos sujetos como Ayla, tu formas parte del poderoso y temido lobby de la caza.
    Bienvenido, pues, a nuestro exclusivo club de sádicos psicópatas.

    14 abril 2016 | 18:20

  9. Dice ser Ana R

    La flora de las islas hace mucho que está condenada y sigue estándola por puertos deportivos, campos de golf, hoteles en parajes naturales recalificados. Los mismos que ahora se preocupan por nuestra flora la destruyen en otras zonas.
    Poco tardará ese lugar en ser visitado por turistas que acabaran pisoteando la última brizna de tal o cual plantita única en el mundo. Poco también en que alguien vaya y tire una lavadora o un colchón, deporte arraigado entre nosotros. Esa es, desgraciadamente, la realidad. Por cierto, los ornitólogos comentan que las balas, aunque no sean de plomo, envenenarán a los cuervos y demás fauna que coma los restos de las cabras. Si la política medioambiental o simplemente de sanciones y control funcionara no habría tanto animal a la buena de dios sin controlar o enjaulado (como los podencos). No servirá de nada matar a éstas porque hay demasiado desmán. Cerca de mi casa hay un barranco con algo de flora y pasan rebaños, se hace motocross de fin de semana y nada, ya puedes avisar. Debe ser que hay sitios mejores que otros. Y por la misma regla de medir, ¿elegiríamos un cuadro o una planta casi extinguida? Todo es demasiado complejo como para suponer que se tiene la razón. No creo que “tener la razón” mejore las cosas. Y siempre va a quedar una pareja de cabras sin matar o soltarán nuevas. Otra cosa: Traer expertos que las dejan malheridas sufriendo no creo que guste a nadie. En fin, cada uno con su razón seguimos destruyéndolo todo.

    14 abril 2016 | 22:35

  10. Dice ser Uno de la Aldea

    César Javier te chiflaste de la cabeza. Estas desfasaoooo. Se pueden hacer millones de cosas con las cabras. Hasta mermelada, jajajaja. Eres lo que se dice un hombre moderno, es decir, de los que vive en su burbuja y le da igual la opinión de los demás y se cree que eres Dios El Salvador de todos. Cómprate un cocoooooo nuevo, que están de oferta.

    15 abril 2016 | 01:34

  11. Dice ser Dice ser G. Arencibia, de Gran Canaria.

    Cuando una gran parte de la población, que lee, investiga, contrasta y piensa, se pone de acuerdo en la necesidad de proteger las especies endémicas, máximo como es el caso, de islas, territorios biogeograficamente cerrados, te planteas si la gente que comentan en páginas como esta, realmente saben de qué están hablando. Las cabras no son endémicas de Canarias. Fueron traídos desde África por los habitantes venidos de ahí o de otros entornos. Igual que las aves e insectos aparecieron por el aire, y en bolsas de vegetación traídos por el desprendimiento de los grandes ríos africanos, algunos hoy desaparecidos (caso de las tortugas y aves fósiles aparecidas recientemente).
    Hay personas que no entienden lo que no les conviene, porque saber cuesta: tiempo, dinero, espacio y, sobre todo, neuronas en funcionamiento. Ser críticos con argumentos creíbles y contrastados es un trabajo enorme. Cuando se sustituye por problemas personales, fanatismos de “raza guanche”, caminando descalzos por barrancos vestidos con un taparrabos y con un palo, no se dan cuenta que al tercer día morirían de hambre, sed, sol… y vergüenza. Este buenrollismo animalista, o naturopático, porque creo que algo de eso hay, les lleva a plantear problemas, no dar soluciones, y criticar lo que quiera que no coincida con la opinión creada sabe dios cómo. Amo la naturaleza y no pretendo que me dé más oxigeno. Lo hago por conciencia y por lógica. Belleza, satisfacción de ver cómo crecen mis árboles, emocionarme con las palomas rabiche que comen a pocos metros de mi… soy parte de una naturaleza que no entiendo ni lo pretendo. Pero no la destruyo de palabra, obra u omisión; me informo y pienso ¿es tan difícil? ¿Hay que sacar trapos sucios de los que defienden otras medidas, dolorosas, pero que, de momento y con los actuales medios, es la única opción? ¿Quien recoge a decenas de cabras asilvestradas, que te pueden matar de un topetazo mal dado? ¿Quien las alimentaría? ¿En qué terreno, vallado obviamente y grande para que no se sientan atrapadas?. Sentido común, leer, escuchar y pensar, sobre todo, pensar. Un saludo. Le felicito sr. palacios por su artículo.

    16 abril 2016 | 23:24

  12. Dice ser David nuez

    La cabra Guanil de aquí, Gran Canaria, es la misma que de Fuerteventura y por tanto la eliminación del ganado Guanil no supone un peligro para la especie. Lo de 70.000 cabras en el archipiélago es correcto. Se trata de una especie foránea de las islas que trajeron consigo los canarios viejos, por lo que aunque se le llame raza autóctona no se le puede comparar con la flora autóctona que sí llego sin la ayuda del hombre. Se le puede con cualquier otra especie introducida para dar un beneficio ( comida), que si no se cuida o controla se convierte en un problema como los conejos, tuneras, …

    17 abril 2016 | 20:36

  13. En efecto disparar a las cabras es cruel pero tenemos la obligación moral de cuidar nuestra biodiversidad y nuestra tierra. En el sentido más estricto hasta nosotros sobrariamos. El hombre ya no necesita vivir en el monte luego sus animales tampoco. Fue el hombre quien introdujo este animal y es este quien lo debe erradicar….el como pues de la forma más económica pero también viable o eficiente posible. Tenemos la oportunidad de recuperar una pequeña parte del legado natural producto de millones de años. ..vamos a usar la cabeza.Solo un favor señor tirador asegúrese de que el animal sufra lo menos posible y jamas deje un animal agonizando.Gracias Cesar Javier por echarle un par también.

    19 abril 2016 | 12:25

  14. Dice ser César

    César, irrebatible que los herbívoros introducidos impactan negativamente sobre la flora nativa. Poco cuestionable que es necesario controlar las poblaciones de animales y plantas introducidos que causan desequilibrios sobre los ecosistemas insulares.

    Injustificable que mientras se dispara contra las cabras asilvestradas en algunos macizos de la isla, la misma administración financia y consiente la suelta de conejos en otros puntos. Inexplicable que se culpe a las cabras del fracaso de las repoblaciones, las plantaciones fallan en demasiados casos por las malas prácticas de los técnicos que las planifican y las ejecutan. Escandaloso el despilfarro de recursos públicos que se ha hecho durante los últimos años en nombre de la reforestación.

    Muy necesaria la transparencia y el debate sobre estos temas, en eso si alabo al actual grupo de gobierno.

    20 abril 2016 | 13:51

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