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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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El caso Malsin: aumenta el acoso en Israel a los periodistas extranjeros

Una vez más, la que algunos insisten en calificar como la única democracia de Oriente Próximo, demuestra que es democracia sólo para una parte de quienes están bajo sus designios, mientras que para otros su comportamiento resulta igual de arbitrario y brutal que la más asfixiante de las dictaduras.

La detención durante años de miles de palestinos sin cargos, juicio o condena, el muro que priva de libertad a los habitantes de Cisjordania y la limpieza de étnica de Jerusalén oriental, son sólo algunos ejemplos de conductas que, además de violar el derecho internacional, impiden asociar a Israel con los principios de igualdad, fraternidad y libertad.

Si bien siempre existió presión sobre los corresponsales extranjeros, pues la batalla mediática es una de las prioridades del gobierno de Tel Aviv, son cada día más los compañeros en la zona que señalan que ésta ha crecido exponencialmente en los últimos tiempos. El pasado 29 de abril, la Asociación de la Prensa Extranjera en Israel denunciaba el incremento de lo que califica como “hostilidad” hacia los reporteros foráneos.

Permisos de trabajo que no se renuevan, solicitudes de credenciales de prensa que son rechazadas sin argumentación alguna, demoras injustificadas e interrogatorios de horas en los aeropuertos conforman un proceso de supresión de la libertad de información que tuvo su punto culminante hace poco más de un año, cuando las autoridades de Tel Aviv impidieron el ingreso de los periodistas a la franja de Gaza durante la operación militar Plomo fundido, que duró 22 días y que se llevó por delante la vida de más de mil inocentes.

En la anterior operación militar masiva sobre Gaza, Lluvia de verano, que durante casi dos meses cubrimos en este blog desde la franja, el acceso resultaba complicado pero posible. Hace un año, si pudimos saber qué pasaba allí fue gracias a las crónicas de Ayman Mohyeldin para Al Yazira, y los llamados telefónicos y escritos del activista español Alberto Arce, cuyo documental To Shoot an Elephant se está difundiendo estos días en toda España.

Detención y expulsión

La reciente detención y expulsión de Israel del periodista estadounidense Jared Malsin, editor en inglés de la agencia de noticias Ma’an, parece incrementar aún más la presión sobre los reporteros foráneos tanto en la forma en que fue ejecutada como en el fondo.

Así lo cuenta Reporteros Sin Fronteras, organización que no se suele caracterizar por sus críticas a Israel:

Fue arrestado al llegar al aeropuerto el 12 de enero y fue interrogado durante ocho horas acerca de su trabajo en Ma’an, una agencia palestina independiente de noticias con base en Belén. Se suponía que debía ser llevado ante el juez el domingo 17, pero esta audiencia no tuvo lugar. Su novia, Faith Rowold, fue arrestada el mismo día y expulsada del país el 14 de enero.

Con respecto a las formas: una semana detenido, privado de poder usar su teléfono móvil y sufriendo constantes interrogatorios. Con respecto al fondo: no son pocas las voces que señalan a que la detención de Malsin es una represalia por la línea editorial de la agencia para la que trabaja, cuyas noticias no pasan por el filtro de Jerusalén como sí lo hacen las de AP, EFE o AFP, lo que le da una visión muy próxima y descarnada de la lógica de la ocupación, como la que muestra la foto que hoy lleva en portada su página web.

Así lo expresa la Federación Internacional de Periodistas:

“Condenamos esta intolerable violación de la libertad de prensa”, afirma Aidan White. “Prohibir la entrada en este caso parece una medida de revancha por la libertad con la que trabaja este periodista y esto es inaceptable”.

Según el Comité para la Protección de Periodistas:

Israel no se puede esconder detrás del pretexto de la seguridad para dejar fuera a periodistas que no han hecho nada más que mantener una línea editorial que no le gusta a las autoridades.

La lista de organizaciones que se han sumado a la condena del hecho es extensa, como también lo es la sombra del precedente que se acaba de sentar sobre los periodistas extranjeros que continúan o desean trabajar en Israel y en los Territorios Ocupados.

Foto: Al Jazeera

Más parodias palestinas del anuncio de telefonía móvil israelí

Esta semana vimos el anuncio de la empresa Cellcom que tanto debate ha generado en Israel. Una patrulla de soldados del Tsahal circula junto al muro de segregación racial que fracciona Cisjordania. Cuando un balón les cae desde el otro lado, comienzan a jugar con unos palestinos que no se llegan a ver.

Mientras suena una música alegre, el locutor afirma en hebreo: “En definitiva, ¿qué queremos todos? Pasarlo bien. Cellcom nos ayuda a hacerlo”.

Los defensores del anuncio sostienen que se trata de un mensaje optimista: del otro lado hay “gente”. Para sus detractores se trata de una trivialización del oprobio y la brutalidad que perpetúa la ocupación desde hace 42 años.

También vimos el vídeo filmado por unos palestinos que salen a hacer la prueba en la siempre convulsa aldea de Bilín, donde cada viernes se celebran manifestaciones para expresar el rechazo al paso del muro, que privará a los agricultores del acceso a sus tierras de cultivo (manifestaciones a las que en 2006 asistimos en este blog). Tiran balones al otro lado de la verja que los soldados devuelven en forma de gases lacrimógenos.

Otros vídeos han aparecido en Internet parodiando el comercial realizado por la agencia McCann Erickson para Cellcom, la mayor empresa de telefonía móvil de Israel. En el primero, que es el más elaborado de todos, se ve finalmente al palestino que está del otro lado del muro:

El segundo parece enfatizar algo que tanto organizaciones de derechos humanos como la propia Unión Europea y Naciones Unidas han denunciado hasta el hartazgo, la habitual desproporción de las respuestas del gobierno de Israel. Ese patrón de comportamiento que el periodista judío Gideon Levy califica como de “matón de barrio”.

Respuestas que siempre omiten la raíz del problema: la ocupación de Cisjordania y Jerusalén Oriental en contra del derecho internacional, el bloqueo de Gaza y la negativa de cualquier negociación con respecto al destino de los millones de palestinos que llevan sesenta años viviendo en campos de refugiados en Jordania, Siria y Líbano.

La caída del balón sobre el jeep no les hace demasiada gracia a los soldados del IDF. Una llamada a través de un móvil Cellcom provoca una reacción nada comedida en forma de obuses de 155 mm disparados por tanques Merkava desde la frontera:

Todavía hay otras versiones del spot publicitario. En una de ellas, el soldado llama a un militar estadounidense que ordena por teléfono a los aviones F16 que disparen sus misiles contra un edificio en Gaza. En la siguiente secuencia se ven imágenes de Al Yazira en las que varios niños lloran junto a un cadáver.

Israelíes y palestinos: dos versiones de un anuncio de telefonía móvil

A muchos palestinos no les gustó el último anunció de Cellcom, la principal compañía de telefonía móvil de Israel. Afirman que es una forma de trivializar la brutalidad de la ocupación, el drama que sufren cada día los que malviven detrás del muro.

Algunos israelíes, como Eyal Niv, sostienen la misma opinión: “Para los palestinos, que se encuentran con los soldados armados no tiene nada gracioso ni de moderno ni de cool sufrir un régimen opresor y cruel”.

El diputado árabe-israelí Ahmed Tibi exigió su retirada de la televisión. “El muro separa familias e impide que niños lleguen al colegio y al hospital, pero el anuncio lo presenta como si estuviera en un jardín en Tel Aviv”, denunció.

Para sus defensores, lo que busca el anuncio es mostrar las similitudes, los lugares de encuentro entre israelíes y palestinos. Algo que parece enfatizar el locutor en su frase final en hebreo: “En definitiva, ¿qué queremos todos? Pasarlo bien. Cellcom nos ayuda a hacerlo”.

Más allá de lo que represente o intente el anuncio, de sus defensores y detractores, lo cierto es que la ocupación, como hemos podido comprobar en este blog desde Cisjordania y Jerusalén Oriental, resulta abyecta e inmoral. Una realidad que se perpetúa desde hace 42 años y que varios jóvenes palestinos salieron a capturar, en la siempre convulsa aldea de Bilín, con una pelota de fútbol y una cámara de vídeo para parodiar al anuncio de Cellcom.

Una demostración de que en el mundo de la política, los intereses económicos y la segregación racial, ajeno a la ficción publicitaria, el balón no vuelve.

La historia de los aviones no tripulados: Israel entra en escena

Los fines de semana, Alvin Ellis cogía su coche y atravesaba Tel Aviv hasta llegar al suburbio en el que se encontraba la casa de Yehuda Manor. Compañeros de trabajo en la empresa estatal Israel Aircraft Industries, se encerraban en el garaje de aquella vivienda de dos plantas, entre cajas de herramientas, planos y pequeños aviones a control remoto. Trataban de crear un drone que fuese capaz de transportar una cámara de vídeo y de enviar las imágenes a tierra.

La guerra suele ser el gran motor en la inversión y el desarrollo de nuevas tecnologías. El final del conflicto de Vietnam había llevado a las fuerzas aéreas de Estados Unidos a dejar en tierra a los Ryan Firebee.

Israel, donde los enfrentamientos bélicos se sucedían con regularidad, tomó entonces la posta del desarrollo de los aviones no tripulados. La respuesta de las baterías antiaéreas egipcias durante la guerra de Yom Kippur había causado una honda consternación entre los altos mandos militares, que consideraban prioritario contar con estrategias que permitiesen evitar similares desastres en el futuro.

De EEUU a Israel

Nacido en Estados Unidos, el ingeniero aeronáutico Alvin Ellis había trabajado para la empresa Ryan Aeronautical Company en la fabricación del drone Firebee, que en el conflicto de Vietnam había tomado miles de fotografías de los movimientos de las tropas enemigas. En 1967, Ellis había decidido migrar a Israel, donde participaría en la puesta a punto del KFIR, un caza Mirage III/5 francés con motor General Electric J79 norteamericano.

Convencido de que un avión no tripulado equipado con cámaras de vídeo tendría grandes posibilidades comerciales, Ellis pidió a Yehuda Manor que lo ayudase a concebir y probar un primer prototipo. Al igual que el actor Reginald Denny, cuya historia vimos en este blog, Ellis era un apasionado de los aviones a radio control.

El aparato al que dieron forma durante los fines de semana en el garaje de la casa de Yehuda Manor consistía de un avión no tripulado, un sistema de transmisión y una barata cámara de vídeo. Debido al fallo en uno de los motores, el prototipo se estrelló.

Sin embargo, Ellis no dejó de creer en que se trataba de una buena idea. Intentó vendérsela a los directivos de su empresa, que la rechazaron. Entonces se dirigió a la compañía de electrónicos Tadiran, que financió la construcción de un segundo modelo.

Éste realizó su vuelo iniciático en 1973, bajo el nombre de Owl. Un año más tarde, lo presentarían a la empresa y a altos mandos militares. Tadiran firmaría un contrato con Ellis y apostaría por su producción.

El ingenio manejado en la distancia, que sería bautizado como Mastiff, medía 3,68 metros de largo y 3,60 de ancho en las alas, transmitía las imágenes a través de un sistema de microondas llamado Tactical Intelligence Microwave Data Link, contaba con un tren de aterrizaje fijo y con una hélice encerrada en una doble cola que vista desde atrás le daban el aspecto de un hidroavión. Era capaz de mantenerse en el aire durante siete horas. Después de cada vuelo se lo recuperaba con el auxilio de una vasta red.

El Mastiff tuvo poco éxito en sus albores. Recién en 1979 las Fuerzas Aéreas israelíes comenzaron a hacer pedidos. Aunque para ese momento, Israel Aircraft Industries, la empresa que había rechazado la propuesta inicial de Alvin Ellis, ya había sacado al mercado un modelo casi idéntico al que bautizó como Scout.

La invasión del Líbano de 1982 sería el escenario en el que se estrenarían ambos aviones no tripulados. La leyenda diría que un Scout había grabado a Yazir Arafat antes de la salida de la OLP en dirección a Túnez. Sin embargo, el verdadero triunfo de los drones israelíes llegaría en el valle de la Bekaa, donde permitiría las imágenes que captaron hicieron posible la destrucción de 28 misiles tierra aire pertenecientes a Siria en junio de 1982.

De Israel a EEUU

Con Ronald Reagan al frente de la Casa Blanca, la carrera armamentística retomaría el impulso perdido tras el fracaso en Vietnam. En 1983, los Estados Unidos participaron, por exigencia de Ariel Sharon, junto a otras potencias extranjeras en la intervención en el Líbano coordinada por la ONU para supervisar la partida de la OLP.

Los altos mandos fueron entonces testigos de la forma en que las Fuerzas Aéreas israelíes usaban los aviones no tripulados Mastiff y Scout, no sólo para detectar las baterías enemigas, sino para provocar que descargasen sus municiones antes de que fueran atacadas por aviones convencionales y para obstruir sus radares y sistemas de comunicación.

A las 6:20 de la madrugada del 23 de octubre de 1983, un camión Mercedes Benz color amarillo, se estrellaba contra la base de la Segunda División de Marines situada en las proximidades del aeropuerto de Beirut. Llevaba en su interior ocho mil kilos de explosivos que mataron a 241 soldados en el peor ataque sufrido por Estados Unidos fuera de sus fronteras desde la Segunda Guerra.

El general Paul Xavier Kelley, comandante del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, viajó a Beirut de forma secreta para investigar lo sucedido. Tiempos después se sabría que detrás del atentado había estado Irán y el germen de lo que más tarde sería Hezbolá. La siguiente parada del viaje de Kelley fue Tel Aviv.

Sus anfitriones le mostraron la forma en que operaban los aviones no tripulados. Antes de partir, le regalaron un vídeo captado desde las alturas por un drone que presentaba con asombrosa definición cada uno de los pasos que habían dado a lo largo del itinerario. En septiembre de 1984, los marines de Camp Lejeune, Carolina del Norte, contaban con sus propios Masstif.

John Lehman, Secretario de la Marina de Estados Unidos, también se había fijado en el desempeño de los aviones no tripulados de Israel. En especial después de que un ataque lanzado por el acorazado USS New Jersey desde las costas del Líbano, derribaran dos aviones propios sobre territorio sirio. Las Fuerzas Aéreas israelíes armaron una presentación de los drones sobre la cubierta del navío USS Guam.

La estrategia de marketing funcionó a la perfección. En 1985 la Marina estadounidense sacó a licitación el pedido de aviones no tripulados. Israel Aircraft Industries y Tadiran se unieron a un socio norteamericano, la empresa AAI, con base en Maryland. Tras ganar el concurso público, empezaron a fabricar la versión estadounidense del Scout y el Mastiff, a la que llamaría RQ2-Pioneer.

Los Pioneer se estrenarían en 1991, durante la Guerra del Golfo lanzada por George Bush padre. Al carecer aún de armamento, los drones servían para que los artificieros recibiesen órdenes precisas de los sitios a los que debían disparar.

Poco tiempo tardaron las infanterías de Irak en aprender que aquel lúgubre ronroneo que llegaba desde las alturas anunciaba la inminencia de un inminente ataque con obuses y misiles. Un vídeo de aquella guerra se haría famoso entre los mandos militares de Estados Unidos: soldados rasos iraquíes tiraban las armas, se sacaban los cascos, las camisas y se arrodillaban en el suelo con los brazos en alto. Se estaban rindiendo al rugido de los aviones no tripulados.

A la caza de los aviones no tripulados: Israel y Hezbolá

Los aviones no tripulados se han convertido en las estrellas en ascenso de los actuales conflictos armados, según anunciamos hace tiempo ya en este blog. Su proliferación ha sido vertiginosa, tanto en unidades fabricadas, como en horas de vuelo y en la diversidad de actores que los poseen.

La primera guerra en que los drones se utilizaron de forma masiva fue la que enfrentó a Israel y a Hezbolá durante julio y agosto del año 2006, y que llegó a su fin con la retirada de las fuerzas hebreas en respuesta a la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Un conflicto que comenzó con el secuestro de dos soldados del Tsahal por parte de los hombres de Hasán Nasralá, que pretendían cambiarlos por detenidos en cárceles israelíes como Samir Kundar.

El ejecutivo de Ehud Olmert respondió con una ofensiva desproporcionada, matando a más de mil civiles y reduciendo a ruinas a una parte significativa del País de los cedros, para terminar, de forma inexplicable, realizando finalmente el intercambio de prisioneros en 2008.

Vigilancia y ataque

En el valle de la Vekaa, en Beirut y en el territorio que se despliega al sur del río Litani, el zumbido de los aviones no tripulados israelíes se sucedía de forma casi constante. En aquellos días, Robert Fisk los describió desde su casa del barrio de Hamra:

Después de las 4 AM, el seseo de un drone apareció en el cielo sobre mi casa. Llamados MK por los fabricantes, las madres libanesas intentaban disminuir el miedo de los niños a la criatura ominosa traduciendo su nombre como “Um kamel”, la madre del camello. Buscaba objetivos durante la noche, como todas las masacres perpetradas por las fuerzas Aéreas israelíes en el sur de Líbano, no lo podías ver.

El modelo Hermes 450, fabricado por la empresa Elbit System, sumó unas 15 mil horas de vuelo. Su misión era localizar las lanzaderas de los misiles rusos Katyushas de 122 mm que los comandos del Partido de Dios escondían bajo alfombras diseñadas para absorber el calor del sol.

Aunque los mandos castrenses hebreos evitan expresarse al respecto, los aviones Hermes 450 también fueron empleados para lanzar ataques según relatan numerosos testigos.

Tres Hermes 450 se estrellaron durante la guerra: dos por fallos mecánicos y otro como consecuencia de un error de quien lo dirigía desde algún bunker perdido en Israel. Aviones F16 bombardearon las zonas en las que habían impactado para no dejar rastros. El Tsahal también empleó modelos como el Heron 1 y el Searcher 2.

Un buen escaparate

Este despliegue masivo de aviones no tripulados en territorio libanés resultó de algún modo predecible, pues Israel es el líder mundial en su desarrollo, fabricación y exportación. En este sentido, la segunda guerra del Líbano sirvió de escaparate para exhibir el desempeño de estos ingenios cuyas ventas se han multiplicado exponencialmente desde entonces.

Apenas terminó el conflicto, las revistas especializadas no dejaron de elogiarlos. Ponían el énfasis en que habían servido para destruir el 90% de las lanzaderas de alance medio de Hebzolá apenas habían disparado el primer misil, por lo que resultaban el elemento indispensable para las guerras asimétricas de la actualidad.

Citaban a la Israel Aircraft Industries (IAI) en sus comentarios de que el Heron 1 había tenido un desempeño “mucho mejor de lo esperado” y de que el Searcher 2 voló “miles de horas de misión con una excelente fiabilidad”.

Haim Kellerman, director general de Elbit Systems, subrayó que los drones habían demostrado su capacidad y que creía que su número iba a aumentar. “Esperamos una necesidad creciente de operaciones con distintos aviones no tripulados”, declaró.

Los sin piloto de Dios

Lo que sí resultó sorprendente fue que Hezbolá contase también con aviones no tripulados. Cuatro drones modelo Ababil, de fabricación iraní. Uno de ellos explotó al despegar. Otro se estrelló al sur de la frontera libanesa. Y los dos restantes fueron derribados por la fuerza aérea israelí.

Uno de estos últimos volaba a muy baja altura y avanzaba lentamente cuando fue derribado por el misil Python 5 lanzado por un caza F16. Llevaba diez kilos de explosivos y el escudo del Partido de Dios, con su fusil AK47 en alto, pintado en el fuselaje, por lo que su lanzamiento podría haber tenido un fin también propagandístico, de demostración de que no sólo el espacio aéreo libanés era surcado por aviones no tripulados enemigos.

Algo que no extrañaría en la habitual estrategia de desafío de Hasán Nasralá, que ya en 2004 había lanzado un drone modelo Misrad 1, también hecho en Irán, sobre territorio israelí como respuesta a las continuas violaciones del espacio aéreo libanés desde el final de la ocupación en el año 2000.

Esa misma estrategia que lo llevó el 22 de septiembre de 2006 a congregar en el sur de Beirut a miles de personas para celebrar de forma altanera su pretendida “victoria divina” contra Israel cuando las ruinas continuaban humeantes, los muertos palpitando bajo la tierra y los drones enviados desde Tel Aviv volando sobre nuestras cabezas.

A la caza de los aviones no tripulados: Rusia, Georgia e Israel

Hace más de dos años escribíamos en este blog que los aviones no tripulados, también conocidos como “drones”, tendrían cada día un mayor protagonismo en los conflictos armados. Desde entonces, la demanda de estas aeronaves, que pueden realizar labores tanto de reconocimiento como de ataque, ha crecido exponencialmente, al igual que su capacidad letal y autonomía.

Según un reciente documento del Departamento de Estado, EEUU pasó de tener unas 300 unidades en el año 2002, a contar con más de siete mil en la actualidad. Solamente en Afganistán e Irak las horas de vuelo se duplicaron desde el año 2006, pasando a unas 400 mil. Con respecto a los drones de combate, el incremento de las horas de vuelo fue de un 94% entre 2007 y 2008 que protagonizaron 71 aviones Predator.

Una de las consecuencias de este aumento de la presencia de las aeronaves no tripuladas es que ha generado tensiones en no pocos lugares del planeta, especialmente cuando han realizado ataques en territorios sobre cuyos mandos carecen de soberanía, o cuando han sido derribadas. En las siguientes entradas de Viaje a la guerra haremos un recorrido por los incidentes más relevantes de estos dos años.

Prólogo de guerra transcaucásica

El domingo 20 de abril de 2008, un avión no tripulado Hermes 450 con bandera georgiana y fabricado en Israel por la empresa Elbit Systems, que en teoría había sobrevolado Abjazia, era derribado por la Fuerza Aérea rusa. Aunque en un primer momento Tbilisi negó lo sucedido, del mismo modo en que lo había hecho un mes antes con un incidente similar, poco tiempo tardó en usarlo a modo de argumento contra Rusia.

El presidente georgiano Mijáil Saakashvili, que se había comprometido durante la campaña electoral que lo llevó al poder en 2003 a terminar con las aspiraciones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur, aprovechó la ocasión para lanzar una febril misión de relaciones públicas con la entrada a la OTAN en el horizonte de sus aspiraciones.

Un portavoz militar ruso declaró a Reuters que las acusaciones eran “absurdas”. Pero Saakashvili, que habló durante cuarenta minutos con Putin a raíz del incidente, contaba con una prueba difícil de refutar: el vídeo filmado por el propio avión no tripulado antes de ser abatido.

Según muestra la BBC, en él se ve cómo un MIG 29 cambia de rumbo, lo enfrenta y le dispara sobre las aguas del mar Negro. El 26 de mayo de 2008, una comisión de observación de la ONU terminaría por dar la razón a Georgia.

Fracaso georgiano

Las tensiones entre ambos países fueron aumentando, hasta que en agosto, durante los primeros días de los Juegos Olímpicos de Beijing, comenzó una guerra abierta que terminó con la derrota de Georgia. Saakashvili no recibió el apoyo que esperaba de Occidente más allá de las condenas y el enfriamiento de algunos meses de las relaciones con el Kremlin.

Pero no todo quedó ahí, otros drones cayeron después del conflicto. El 23 de septiembre, las autoridades de Tbilisi declararon que acababan de derribar en su territorio un avión no tripulado ruso. El 17 de noviembre de 2008, afirmaron que un aparato similar cayó cerca de Osetia del Sur. Siete soldados y un niño resultaron heridos. Dos ingenieros castrenses georgianos fueron asesinados cuando intentaron acercarse a los restos del aparato.

Desprestigiado por el fracaso militar, Saakashvili se enfrenta ahora a manifestaciones populares similares a las que terminaron con su antecesor, el antiguo ministro de Mijaíl Gorbachov, Eduard Shevardnadze. Y, a su vez, con quien lo precedía: Zviad Gamsajurdia, primer presidente del país. En lo que parece ser ya una tradición georgiana tanto como los periódicos enfrentamientos con Rusia por las regiones secesionistas y la indiferencia de Occidente.

El amigo israelí

Se estima que Georgia tiene unos cuarenta aviones no tripulados, principalmente modelos Skylark y Hermes 450 de fabricación israelí. Los rebeldes de Abjazia afirman que han derribado siete de estas aeronaves, gracias a misiles tierra-aire Buk, pero Tbilisi sólo ha aceptado una de estas supuestas bajas, la que provocó el MIG 29 ruso.

Resulta lógico que Israel sea el proveedor de Georgia, pues es el país puntero en esta clase de tecnología, y porque entre ambas naciones existe una estrecha vinculación.

Además de armas, contratistas militares israelíes entrenaron a las fuerzas de élite georgianas que lucharon contra los rusos. Entre ellos se encuentra el brigadier general Gal Hirsch, que tras tener que renunciar por el fracaso de Israel en la guerra contra Hezbolá de 2006, montó la empresa privada Defense Shields. Esto llevó a Hasan Nasralá (que no pierde ocasión de azuzar a sus enemigos) a decir que los georgianos habían perdido contra los rusos por culpa de Hirsch.

Pero no son pocos los que han criticado esta relación en el propio Israel, ya que consideran que Rusia, por su ascendiente sobre Siria e Irán, es un aliado más importante al que no se debe generar malestar alguno. Por esta razón, las ventas de armamento se limitaron a equipos de infantería y visión nocturna, excluyendo misiles, tanques y cazas.

Lo que no impidió que Moscú reiterase sus quejas a Israel hasta que, el 5 de agosto de 2008, el gobierno de Tel Aviv declarara que suspendía las ventas a Georgia. Si bien son empresas privadas quienes producen estas armas, incluidos los drones, tienen que contar con aprobación oficial para poder exportarlas.

La paradoja de esta historia es que el 18 de noviembre de 2008, el gobierno ruso, que vende misiles a Irán y Siria, aseguró que comprará aviones no tripulados nada menos que a Israel, pues su flota se encuentra ya obsoleta.

La ocupación israelí de Palestina en todo su esplendor

Ehud Barak, Ministro de Defensa de Israel, intentó que no llegara al público el informe realizado por el brigadier general Baruch Spiegel durante los últimos dos años sobre la situación actual de los asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental. Argumentó que “dañaría la relaciones internacionales” de su país.

Un informe demoledor, que muestra la realidad en ese magro 22% de territorio que a los palestinos les quedó del antiguo protectorado británico, y que el periódico Haaretz desveló el pasado domingo:

“En la vasta mayoría de los asentamientos – cerca del 75% – la construcción, a veces a gran escala, fue llevada a cabo sin los permisos apropiados o en contravención de los permisos que se habían dado. La base de datos muestra también que, en más de 30 asentamientos, la construcción de edificios e infraestructuras – rutas, escuelas, sinagogas y hasta estaciones de policía – fueron realizadas en tierras que pertenecen a los palestinos”.

Un informe que documenta el andamiaje de corrupción que ha permitido la creación de estos asentamientos, así como la sistemática y violenta expulsión de los palestinos por parte de las fuerzas militares de ocupación y de los colonos.

Un informe que demuestra lo que ya ocurrió en los años noventa: mientras los líderes israelíes hablaban de paz con sus pares palestinos y de cara a la comunidad internacional, la ocupación crecía.

Sólo en el año 2008, al tiempo en que Ehud Olmert estrechaba la mano a Mahmud Abas, las colonias en territorio palestino aumentaban un 60% en relación a 2007. Se calcula que en estos momentos suman 300 mil los israelíes que viven en zonas que, según el Derecho Internacional, no les pertenecen.

Más territorios, menos seguridad

Mientras mayor sea el número de colonos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental, más difícil será la botadura de un Estado palestino viable, que brinde cierta estabilidad a la región y que termine con 41 años de ocupación.

Más colonos equivalen a una mayor política represiva por parte de Israel como la que ha estado aplicando hasta el momento a través de encarcelamientos masivos, torturas, vejaciones, ataques contra civiles, puestos de control, muros y vallas, y que la ONU ha equiparado al régimen del apartheid.

Y por más que los defensores de la actual política de Israel se rasguen las vestiduras para justificar lo injustificable, presionen a gobiernos y medios de comunicación para que se adhieran sin críticas al actual estado de cosas, y hagan todo lo posible por presentar a los palestinos bajo la peor luz posible, para tratar de quitar legitimidad a sus ansias de libertad, la verdad es la que señala el informe: nada se ha avanzado en el desmantelamiento de los asentamientos.

Otra vez parece quedar claro que los anhelos expansionistas de Israel pueden más que sus deseos de seguridad.

El analista judío Daniel Levy, lo explica de la siguiente manera en su último artículo: “En el papel, el gobierno siempre habla de paz. Pero en el terreno, sin embargo, las acciones del gobierno sólo expanden la infraestructura de la ocupación y los asentamientos. Cuando se trata de paz y territorios, los líderes israelíes sólo son expertos en una cosa: posponer decisiones”.

Los ultras de la guerra

La guerra es el momento en el que poder da libertad a los hombres, inclusive los alienta y legitima, para hacer aquello por lo que serían severamente castigados en tiempo de paz: destruir, aterrorizar, matar.

Como señala Gwynne Dyer en su libro “Guerra”, no resulta sencillo convertir a un joven recluta en alguien capaz de matar. Hay que realizar un complejo trabajo de desprogramación. Se lo debe convencer de que llegada la ocasión tendrá que renunciar a algunos de los valores fundamentales, como el respeto a la vida, que mamó desde la niñez y que constituyen la base de su sociedad.

Sin embargo, el caos inherente a todo conflicto armado genera el escenario propicio para que otra clase de individuos, carente de frenos morales, ausente de vislumbre alguno de empatía hacia el sufrimiento ajeno, pueda regodearse justamente en la posibilidad de realizar actos por los que sería severamente juzgado en tiempos de paz: destruir, aterrorizar, matar. Una vía de escape a sus frustraciones, a sus deseos más lóbregos, a sus patologías.

Criminales de guerra

No faltan ejemplos de esta clase de sujetos. Ya en este blog hemos contado la historia de Steven Dale Green, el soldado tejano que de forma premeditada violó a Abeer Qasim Hamza, de 14 años de edad, en Irak.

Primero mató a su familia y después quemó su cuerpo para que no quedara rastro. De no haber sido por el levantamiento entre los propios iraquíes, los altos mandos del Ejército de EEUU nunca hubiesen tenido noticia de lo ocurrido.

“Vine porque quería matar gente… La verdad es que no es para perder la cabeza. Quiero decir, pensé que matar a alguien iba a ser una experiencia que te iba a cambiar la vida. Y cuando lo hice, me dije: Muy bien, lo que sea”, había declarado el soldado, que contaba con no pocos antecedentes criminales antes de sumarse a las Fuerzas Armadas.

Por supuesto que entre estos dos extremos, el hombre de bien tiene reparos morales en matar, y el psicópata que campa a sus anchas en la guerra, hay numerosos matices y procesos, dependiendo de las experiencias de cada soldado, de su reacción ante el dolor y la muerte, ante la presión del grupo, ante el miedo y la rabia.

El tifosi israelí

Ayer aparecía un artículo de Neve Gordon y Yigal Bronner en el que afirmaban que los hinchas del fútbol israelí, que volvieron a los estadios tras el final de la ofensiva en Gaza, entonaban un nuevo cántico: “¿Por qué han cerrado las escuelas de Gaza? Porque todos los niños han sido asesinados”.

Esta noticia me trajo a la memoria una de las historias más reveladoras que he conocido jamás sobre los abusos y crímenes que cometen los soldados en la guerra, sobre sus motivaciones más íntimas, y que publicaremos en próximas entradas de este blog.

Tuvo como protagonista justamente a un ultra del Beitar, equipo de fútbol de Jerusalén, que con una excavadora Caterpillar D9 intentó crear un estadio de fútbol en medio de un campo de refugiados palestinos.

Algunas preguntas incómodas sobre la venta de armas de la UE a Israel

Hay tres elementos fundamentales que deberían hacer que la Unión Europea se replantee sus políticas comerciales hacia Israel, y que nos da el derecho a los ciudadanos a cuestionar la validez moral, jurídica y estratégica de las decisiones que toman nuestros líderes.

1. Ocupación

El primero es la ocupación que Israel perpetúa sobre los territorios palestinos desde 1967 en abierto desafío a numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, como la 242. Aunque no en pocas ocasiones ha manifestado su intención de permitir la creación de un Estado palestino, lo cierto es que, a día de hoy, sigue permitiendo la construcción de nuevos asentamientos judíos.

Recordemos que del antiguo protectorado británico, a los palestinos les ha quedado apenas un 22%. Y es en ese magro 22% donde los israelíes insisten en seguir adelante con su estrategia de colonización. Son más de 250 mil israelíes los que viven, según el Derecho Internacional, en un territorio que no les pertenece.

Quizás lo más perverso de este escenario sea que, para mantener el poder en Cisjordania y Jerusalén Oriental, Israel tenga que desplegar una política represiva contra los palestinos que no en pocas ocasiones viola los derechos humanos.

Una estrategia que articula a través de los checkpoints (puestos de control), que limitan arbitrariamente la libertad de movimiento de los palestinos, y de un vasto muro de 700 kilómetros, condenado por el Tribunal de la Haya, que divide a los palestinos en archipiélagos de bantustanes, mal comunicados, que difícilmente podrán tener viabilidad alguna como Estado.

2. Bloqueo de Gaza

Con respecto a Gaza, aunque 8.000 colonos judíos fueron retirados de forma unilateral por Ariel Sharón en 2005, la ocupación continúa desde fuera, ya que Israel controla las fronteras de la franja. En este sentido, desde hace tres años lleva adelante un bloqueo de insumos básicos que hace que el millón y medio de palestinos viva al borde de la catástrofe humanitaria.

“Los hemos puestos a dieta”, afirmó Ehud Olmert, para referirse socarronamente a lo que constituye un castigo colectivo en toda regla. Una de las consecuencias de esta “dieta” es que el 45% de los niños de Gaza sufre anemia, y que 226 personas murieron el año pasado sin poder recibir la atención médica que necesitaban.

3. Campañas bélicas

En los últimos años Israel ha lanzado una serie de ofensivas militares a todas luces desproporcionadas, que han tenido como víctimas mayoritariamente a civiles.

En junio de 2006, el secuestro de Gilad Shalit provoca la operación Lluvia de Verano, que termina con la vida de 450 palestinos, la mitad mujeres y niños. Al mes siguiente, el secuestro de dos soldados por parte de Hezbolá, genera la Segunda Guerra del Líbano, que causa más de 1.200 muertos y devasta las infraestructuras del País de los Cedros. En enero de 2009, la operación Plomo Fundido causa más de 1.300 muertos, entre los que se cuentan 410 niños, y termina con 4.000 viviendas.

En cada una de estas campañas Israel no sólo ha causado reiteradas matanzas de inocentes, sino que ha empleado armamento en contravención del Derecho Internacional, tanto fueran bombas de racimo como bombas de fósforo.

La política de la Unión Europea

A lo largo de las últimas semanas, voces como las de Naomi Klein han llamado a imponer un boicot a Israel. Quizás lo más efectivo, como primer paso, sea exigir a los líderes europeos que revisen sus estrategias hacia Israel.

A esta altura de la historia queda claro que estamos ante un Estado en rebeldía, que ignora sistemáticamente las resoluciones de la ONU y que articula una política de ocupación y apartheid condenable tanto a nivel moral como jurídico.

Sin embargo, la UE es el principal socio comercial de Israel. Relación que se basa en el Acuerdo de Asociación Económica Preferencial firmado en 1995, que entró en vigor en el año 2000 y que fue elevado elevado de categoría el pasado 16 de junio por el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores. En estos momentos Europa recibe el 33% de las exportaciones israelíes, mientras que el Estado hebreo recibe de Europa el 40% de sus importaciones.

Pero lo que es peor aún, Europa le vende parte de las armas con las que el Gobierno de Tel Aviv ejecuta su estrategia de desobediencia internacional y represión de los palestinos.

Según señala Leigh Phillips en EUobserver, a lo largo del pasado año 18 Estados miembros autorizaron un total de 1.018 licencias para exportar armas a Israel por valor de 200 millones de euros.

Francia, Alemania y Rumanía son los tres principales exportadores. Francia emitió licencias de exportación por valor de 126 millones de euros, Alemania autorizó 28 millones y Rumanía, 17 millones. En este lista también se encuentra España, cuyos envíos de material bélico a Israel han crecido exponencialmente en los últimos dos años. Sólo Suecia, importante productor de armamentos, y otros ocho países de lazona euro no han participado del negocio.

A la vista de lo ocurrido en Gaza, organizaciones como Amnistía Internacional han pedido un embargo de armas sobre Israel. Kaye Stearman, de la Campaña contra el Comercio de Armas con base en Reino Unido, sostiene que:

“Naciones Unidas y observadores imparciales han documentado regularmente cómo las acciones militares de Israel han violado el derecho humanitario internacional. A pesar de que el propio Criterio Consolidado de Licencias de Exportación de Armas de la UE y Nacional de Reino Unido se supone que evalúa tanto el impacto que tienen las ventas de armas en la paz, la seguridad y la estabilidad regionales, como los antecedentes de respeto de los derechos humanos del país, parece que todo esto se ignora en el caso de Israel”.

Preguntas estratégicas y morales

La primera pregunta que deberíamos hacernos es cuán contraproducente resulta esta política de la UE, que en lugar de presionar a Israel para que termine con la ocupación, mira hacia otra parte y prioriza los intereses comerciales.

Más allá de lo que hagan los líderes palestinos de turno, ya sean de la OLP, Fatah o Hamás, parece quedar claro que sólo Israel tiene la llave para terminar con el conflicto a través de la retirada masiva de colonos. Un paso que no será sencillo, pero que el Estado hebreo tiene que dar de una vez por todas tras 41 años de ocupación.

La segunda pregunta, más dolorosa aún, es qué medida las decisiones de nuestros líderes a favor de ciertos sectores industriales nos convierten a todos en cómplices de la sistemática represión, del oprobio y la ignominia que sufre el pueblo palestino.

Los soldados israelíes que se niegan a matar inocentes en Gaza

En nuestro último viaje a Israel pudimos entrevistar a soldados hebreos que, arrepentidos de las acciones que habían realizado contra la población palestina, decidieron levantar la voz creando la organización Breaking the Silence.

Historia tras historia de maltrato y vejación a los habitantes de Gaza y Cisjordania. Palizas, abusos, burlas, detenciones arbitrarias. Para que nadie dude de sus palabras emplean las fotografías que se sacaban – imágenes que resuenan a las que los soldados estadounidenses se hicieron en Abu Graib – y que exponen por todo Israel.

Lo que buscan es concienciar a la población israelí de que no se trata de hechos aislados, sino de la lógica misma del Tsahal, de la manera en que han actuado todos los ejércitos de ocupación a lo largo de la historia: diseminando la humillación, la opresión y el terror entre los ocupados, que siempre los superan en número y en voluntad de lucha (ya que pugnan por su libertad).

La mejor defensa de Israel: terminar la ocupación

También existen soldados que se niegan de lleno a formar parte de las actividades castrenses. Se los conoce como refuseniks (sarvanim, en hebreo). Algunos de ellos son miembros de Courage to Refuse.

Organización que surgió en el año 2002 a raíz de una carta redactada por el capitán David Zonshein y el teniente Yaniv Itzkovits, ambos miembros de una unidad de elite con más de ochos años de experiencia en el Líbano y los Territorios Ocupados. Una misiva valiente, lúcida, que fue firmada por más de cincuenta soldados y oficiales.

“Nosotros, que entendemos que el precio de la Ocupación es la pérdida del carácter humano del IDF y la corrupción de toda la sociedad israelí. Nosotros, que sabemos que los Territorios no son parte de Israel, y que todos los asentamientos deben ser evacuados. Declaramos que no vamos a seguir luchando esta guerra por las colonias. No vamos a seguir luchando más allá de las fronteras de 1967 para dominar, expulsar, matar de hambre y humillar a todo un pueblo”.

Al día de hoy, la organización cuenta con 628 integrantes, de lo que 280 han sido juzgados por cortes marciales y han pasado hasta 35 días en la cárcel. Hecho este, que implica una importante renuncia. No por el tiempo que permanecen en prisión, sino porque el Ejército es el sitio en el que se forja y cohesiona la sociedad israelí. Y una mancha en el expediente significa convertirse en un paria, en un traidor, de cara a futuras oportunidades laborales y tantos otros aspectos de la vida en Israel.

En la ofensiva del año 2006 contra Gaza también levantaron la voz, y publicaron un anuncio en el periódico Yedioth Ahronoth en el que se leía:

“Los disparos y bombardeos del IDF en Gaza contra zonas residenciales densamente pobladas son crímenes de guerra que destruyen la seguridad y la moralidad de Israel. La verdadera seguridad nunca se va a conseguir matando a niños. Es el deber y la obligación de cada soldado del IDF negarse a derramar la sangre de inocentes”.

La semana pasada, después del bombardeo de la escuela de la ONU, los miembros de Courage to Refuse difundieron una misiva similar en el periódico Haaretz. Hasta el momento, son ocho los reservistas que han respondido a este llamado a la sensatez y la verdad. El pasado lunes, uno de ellos recibió una condena de 14 días de prisión por ello. Desde entonces, sus compañeros no han dejado de manifestarse en las calles.

“El mundo está de acuerdo con nosotros”

Los primeros actos de insubordinación se remontan al año 1970, cuando un grupo de estudiantes envió una carta a la ministra Golda Meir expresando sus reservas en relación a la ocupación de Gaza y Cisjordania. De allí saldría, años más tarde, el movimiento conocido como Shministim, que está compuesto por estudiantes del último curso que se niegan a realizar el servicio militar en los Territorios Ocupados.

Pero el movimiento más potente de todos es Yesh Gvul ( que en hebrero quiere decir “todo tiene un límite”). Surgió en 1982, durante la invasión del Líbano que terminaría con la vida de millares de inocentes. La petición de no participar en la ofensiva, que se entregó a Ariel Sharón, contó con más de tres mil firmas de reservistas.

Entre los refuseniks más destacados está Adam Keller, que en 1988 escribió con aerosol en 117 tanques: “Soldados del IDF, negaros a ser ocupantes y opresores”. Fue condenado a tres meses de prisión.

Tras volver de una misión de “asesinato selectivo” en Gaza, el piloto Yonatan Shapira comprendió que acababa de cometer un crimen de guerra. Para terminar con la vida de Salah Shehadeh, había lanzado desde su F16 una bomba de una tonelada sobre la vivienda del líder de Hamás. Catorce personas habían muerto. Entre ellas, nueve niños.

Entonces escribió una carta a los medios, que firmó con 27 de sus compañeros en septiembre de 2007. Se lo acusó abiertamente de traidor y fue dado de baja de las fuerzas armadas. En una entrevista en televisión, la gente votó mayoritariamente en su contra. “Los espectadores no están de acuerdo con vosotros”, le dijo el periodista. “La mayor parte del mundo está de acuerdo con nosotros”, contestó él.