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¿Aceptas pagar huevos más caros para que las gallinas vivan felices?

01 junio 2012

Mi suegra está enfurecida. El precio de los huevos se ha puesto por las nubes. Un 50% más caros que el año pasado, le confirmo. Y trato inútilmente de explicarle la razón. Desde enero la nueva normativa europea de bienestar animal ha obligado a reformar todos los gallineros, haciéndolos más confortables pero menos productivos. Las actuales exigencias obligan a reducir el número de aves por jaula y a que en ellas haya suelo donde poder escarbar, bandejas para baños de arena e incluso espacios reservados para hacer la puesta en la intimidad. ¿Pagar más para que vivan mejor unas gallinas?

Sin duda vale la pena. Quien haya visto alguna vez esas jaulas de medio metro cuadrado donde se amontonaban 20 gallinas de picos cortados, con patas encallecidas de vivir sobre un enrejado y chamuscadas de las descargas de cables eléctricos instalados para evitar la rotura de los huevos sentirá un gran alivio en su conciencia al conocer la desaparición de estas instalaciones de injustificada tortura animal. Pero también hay mucha gente sensible que no necesita ver estas atrocidades para repudiarlas y exigir su final.

Es cierto. La normativa llega en el peor momento, cuando más nos duele el bolsillo. Muchos pequeños avicultores han tenido que cerrar pues el negocio ya no les da para amortizar tan detalladas reformas, encareciendo aún más el producto al descender el número de productores. Y para el español medio tocarle los huevos es algo sagrado. Base de nuestra tortilla de obrero, son junto con el pan alimento fundamental de la dieta de crisis.

Pero aunque pobres, todos tenemos nuestro corazón para demostrar que, como dijo Gandhi,

“un país se juzga por la forma en la que trata a sus animales”.

¿Nos duele pagar 15 céntimos por un huevo de gallina feliz y no nos duele el euro y medio del café? Si fuera así hay algo que falla. Por eso me gustaría conocer tu opinión a la pregunta del título de este post:

¿Estás de acuerdo en pagar huevos más caros para que las gallinas vivan felices?

P.D. Por si tienes alguna duda, este espectacular vídeo te ayudará a reflexionar. Muestra una máquina expendedora de huevos frescos instalada en una céntrica calle de Frankfurt (Alemania). En ella había 16 gallinas vivas, encerradas como si fueran latas de refresco, listas para ofrecer su fresco producto al viandante a cambio de una moneda. ¿Os parece mentira? Lo es.

Se trata de uno de esos tan de moda vídeos virales. Es en realidad una espectacular campaña de concienciación de NOAH, una organización alemana defensora de los derechos de los animales.

Su mensaje no puede ser más directo:

El 68% de las gallinas son tratadas como máquinas de poner huevos.

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Triturados vivos por ser machos

07 septiembre 2009

Recién nacidos, discriminados por su sexo, y enviados directamente a una trituradora que los machaca vivos hasta convertirlos en una sanguinolenta plasta orgánica.

Ésta es la horrible realidad a la que se enfrentan los cientos de miles de pollos que cada día mueren en la productora de gallinas ponedoras más grande del mundo, la Hy-Line International, en Spencer, Iowa, Estados Unidos.

Un grupo de defensa de los derechos de los animales denominado Mercy for Animals (Misericordia para los Animales) publicó el martes pasado un terrorífico vídeo obtenido con cámara oculta. En él se muestra la terrible crueldad con la que algunas grandes factorías producen industrialmente aves para consumo humano.

Para los cerca de 150.000 pollitos machos que nacen cada 24 horas en este centro de Hy-Line, su vida comienza y termina el mismo día. Se les mata sin contemplaciones. Más de 30 millones al año.

Separados por sexos a una velocidad endiablada por expertos sexadores, los machos son lanzados por un tubo hasta una cinta transportadora que les lleva directamente hacia una trituradora donde serán rápidamente despedazados. Están destinados a morir en el mismo día de su nacimiento porque no producen huevos, ni se hacen lo suficientemente grandes, ni crecen lo suficientemente rápido como para que su carne sea económicamente rentable.

Según ha justificado la propia compañía, se trata de un método habitual conocido como “eutanasia instantánea“, una práctica aparentemente estandarizada, avalada por veterinarios y la comunidad científica por ser tan rápida que reduce al mínimo el sufrimiento de estas pobres víctimas de nuestro sistema económico.

Tras descubrir este horror oculto, Mercy for Animals ha propuesto que todos los huevos vendidos en los supermercados lleven una etiqueta donde se diga: “Advertencia: los pollitos machos son molidos vivos por la industria del huevo“. No es mala idea.

Esto ocurre en Estados Unidos. Pero en España, primer productor de huevos de la UE, ¿qué hacemos con los pollitos no rentables? Exactamente lo mismo, los eliminamos, aunque espero y deseo que no lo hagamos de una manera tan salvaje.

Os dejo a continuación el vídeo, pero os advierto que su crueldad puede herir la sensibilidad de muchos de nosotros.

La desgracia de nacer gallina

27 octubre 2008

¿Sabéis cuál es el animal más torturado y masacrado del mundo natural? La gallina ponedora.

Ya os lo pregunté una vez. ¿Son felices nuestras gallinas? Quedó claro que la inmensa mayoría de ellas, las dedicadas a la producción masiva dentro de crueles jaulas batería, no pueden ser más infelices.

Gracias a una página web desarrollada por la Fundación Altarriba, hoy podemos conocer con detalle y en español un espeluznante informe sobre cómo malviven estos pobres animales, que sólo en Europa superan los 300 millones de ejemplares. Unas condiciones que la Unión Europea ha decidido abolir, pero cuya desaparición no se hará efectiva hasta 2012. Mientras tanto, las “gallinas batería” seguirán siendo torturadas en esos terribles campos de concentración animal que conocemos con la eufemística denominación de granjas avícolas.

Cuando nacen en las incubadoras sólo interesan las hembras, pero la mitad de los que salen del cascarón son machos, y los matan al cabo de uno o dos días porque no hacen falta. Ni ponen huevos ni producen carne en abundancia. No son seres vivos, son desechos industriales, poco rentables, y se tiran millones de ellos a la basura para asfixiarlos, o se arrojan todavía vivos a unas trituradoras de alta velocidad llamadas “picadoras”.

Cuando las hembras están en edad de poner huevos, con unas 16 ó 18 semanas, se trasladan a las granjas. Allí se las mete en estrechas jaulas metálicas, donde cada animal dispone de una superficie similar a la de medio folio de papel, apiladas en pisos a veces hasta el mismo techo. Estas jaulas tienen el suelo en desnivel, de forma que el huevo ruede hasta una cinta transportadora camino del siguiente paso de producción. Y muchas cuentan con cables eléctricos que sueltan descargas en las patas de las aves para evitar que pisen accidentalmente su puesta.

Picarse unas a otras de forma constante es una de las reacciones de las gallinas para combatir el estrés. Para evitar heridas, cuando todavía son pequeñas se les corta la punta del pico con una sierra cuya hoja está al rojo vivo para cauterizar la herida.

Le pregunté una vez a gran un empresario avícola (más de medio millón de ponedoras) si no le parecía que sus gallinas eran infelices. Me respondió muy serio:

“Si no fuesen felices no pondrían tantos huevos”

No es cierto, el mérito lo tiene la manipulación genética, pues en 1940 una gallina ponía al año 134 huevos y ahora pone cerca de 260. Y en cuanto baja la producción son eliminadas por viejas. Llevadas al matadero, acaban convertidas en un alto porcentaje en ingrediente de sopas, caldos o subproductos cárnicos similares, también como comida para perros y gatos.

¿Podemos hacer algo para detener esta salvajada?

En nuestras manos está la solución si logramos ser una mayoría de consumidores responsables.

Tan sólo debemos fijarnos en el código impreso en el etiquetado de los cartones y los huevos. Aunque muchas veces casi imposible de leer, el primer dígito es el que nos indica la forma de crianza de los animales. Como nos señalan desde Altarriba, toma buena nota de ello cuando acudas a la tienda:

El código 0 identifica a los huevos de producción ecológica, donde además de estar criadas en libertad, las gallinas son alimentadas con pienso sin insecticidas y no transgénicos, y gozan de amplio espacio interior y exterior según el reglamento 2092/91.

El código 1 identifica a los huevos llamados camperos. Las gallinas están alimentadas con pienso tradicional y viven en naves con acceso al exterior.

El código 2 identifica a los huevos de gallinas criadas en suelo. Gallinas alimentadas con pienso tradicional que viven en naves sobre el suelo, sin acceso al exterior. En realidad, viene a ser un hacinamiento horizontal, aunque de algún modo pueden considerarse algo más libres de movimientos.

El código 3 identifica a los huevos de gallinas criadas en jaula. Son las gallinas de batería de las que te he hablado y sobre las que poco más se puede decir.

La compra justa es adquirir huevos marcados con un código que empiece por 0 ó 1. Lógicamente es la elección más cara, pero recuerda que además de comprar calidad estás haciendo mucho por mejorar la vida de estos pobres animales. Y eso bien vale quitarse algún capricho.

¿Son felices nuestras gallinas?

15 febrero 2008

¿Le gustan los animales? ¿Sufre con sus sufrimientos, sus extinciones, sus penalidades? ¿Con todos sin excepción? ¿También con las gallinas? Seguro que con éstas no. Cobardes, tontorronas, despreciamos su vida industrial en granjas automatizadas donde desde que nacen hasta que mueren no ven nunca la luz del sol, hacinadas en minúsculas jaulas colocadas en batería, con el pico amputado para reprimir ataques al vecino, con las patas quemadas por descargas eléctricas para impedir que pisen sus huevos, huevos puestos diariamente con la ilusión de traer otra vida al mundo y que caen por la pendiente a una cinta transportadora para terminar en higiénicas cajas listas para su venta, huevos ya siempre naranjas debido a los colorantes junto a toda clase de químicas alimentarias con los que las atiborramos de por vida, vidas condenadas a la producción o a la muerte, muerte que concluye en procesadoras de biomasa de donde saldrán los piensos para alimentar a sus descendientes, descendientes salvajemente seleccionados por su sexo nada más nacer en gigantescas incubadoras, las hembras viven, los machos mueren.

Pero alguien se ha acordado de ellas. A partir de 2012, una nueva directiva europea obligará a los avicultores a acabar con este cruel sistema, a volver a las jaulas amplias con un nido donde cada ave pueda poner sus huevos, como siempre tuvieron en nuestros pueblos. Sin embargo, dudo que en cuatro años logremos en España semejante cambio productivo. Entre otras razones, porque el pollo criado al aire libre es tres veces más caro que el industrial. A la tradicional dicotomía consumista de calidad o precio, deberemos añadir ahora el respeto a los derechos de los animales ¿Estaremos dispuestos a pagar más para hacer más feliz la vida de una gallina? Yo no lo tengo tan claro.

Protesta de activistas de Igualdad Animal en Madrid, hace un año, contra los gallineros industriales.