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El efecto del centésimo mono, falso pero esperanzador

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Es uno de los temas más recurrentes en los libros petardos de autoayuda o de Nueva Era. Citar el efecto del centésimo mono, también conocido como “de los cien monos” o, mejor aún si lo ponemos en inglés, “hundredth monkey effect”. Para quien no lo conozca, la definición de la Wikipedia, donde deja bien claro su naturaleza de bulo pseudocientífico, resulta clara:

Es un comportamiento aprendido propagado rápidamente desde un grupo de monos hasta todos los monos, una vez que se alcanza un número crítico de iniciados [100]. Por generalización, se refiere a un fenómeno por el cual, una vez que una cierta parte de una población ha oído hablar de una nueva idea o aprendido una nueva habilidad, la difusión de dicha idea o habilidad entre el resto de la población se produce en forma instantánea, mediante algún proceso desconocido en la actualidad, más allá del alcance de la ciencia.

Vale sí. Es mentira que unos científicos japoneses comprobaran que algunos monos de una isla nipona aprendieron a lavar batatas, y poco a poco este nuevo comportamiento se extendió a través de la generación más joven hasta que una vez alcanzado un cierto número crítico de monos adiestrados ―el llamado «mono 100»― la conducta se extendió instantánea y milagrosamente por las islas cercanas, cruzando el mar. Esos famosos monos aprendieron de los mayores y no de los jóvenes, como era de esperar, y su descubrimiento gastronómico tardó mucho más que un centenar de monos en generalizarse, sin llegar nunca a extenderse a otras islas con las que no tenían contacto físico.

Es mentira pero la idea me gusta. Me parece genial para explicar por qué algunos pocos seguimos empeñados en tratar de convencer a muchos, a toda la sociedad, de proyectos imposibles como lograr un mundo mejor. Se llama educación, y a pesar de que nunca daremos con ese número áureo de masa crítica capaz de provocar una marea de conciencia, un cambio radical hacia una nueva conciencia, seguimos empeñados en aumentar la temperatura del poso social para que en un momento dado, cuando el crisol de oportunidades alcance la temperatura imprescindible, empiece a hervir cual agua a 100 grados para dar con ese punto de inflexión, con esa revolución cultural de la que estamos tan necesitados. ¿Para qué si no tanto esfuerzo?

Mañana jueves participo en La Orotava (Tenerife) en un foro sobre divulgación científica, dentro de un interesantísimo I Festival Nacional de Biodiversidad organizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde hablaré del mono 100. Imagino que me lloverán críticas cual chaparrón monzónico.

¿Es una falacia? No del todo. Las parábolas y los cuentos han sido para la Humanidad uno de los mejores sistemas de transmisión de la información que hemos tenido. Decía el tristemente desaparecido Jesús Hermida que el periodismo era el oficio de contar historias. Y a mi me gusta contar historias, especialmente si son sobre animales y tienen un final feliz.

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2 comentarios

  1. Dice ser Rafael C. Fernández Jiménez

    LA TEORÍA DEL ÚLTIMO MONO

    …Pues yo creo, amigo César-Javier, que el “efecto del centésimo mono” es totalmente cierto. Cuando 100 monos o personas –que para el caso es lo mismo– han aprendido una nueva habilidad, ésta se expande al resto de la población por un proceso de simpatía natural. Ahí tiene usted el caso del “Balconing”, beberse medio litro de cerveza en 10 segundos, orinar haciendo el pino, imitar a Chiquito de la Calzá, ponerle la chorra en la mano a la abuela cuando ésta duerme plácidamente, etc… O las modas populares: Los pañuelos palestinos, las gafas Nerdy (o gafas de pasta), bolsillos asomando por los shorts, las raíces sin teñir, los pantalones cagandurrios, el pelo cresta, las sandalias con calcetines, el tabaco de liar, el botellón, la cabeza de las mujeres medio rapada, el anillaco en la nariz…
    .
    …Quiero decir con esto que el “hundredth monkey effect” lo podemos ver a diario por las calles de cualquier ciudad española. Se trata de una contaminación popular, parasimpática o por defecto, donde, traspasada la barrera de los 100 adolescentes, el resto se limita a hacer lo mismo por imitación. Y si no, haga usted la prueba: reúna a 100 adolescentes, vístalos a su antojo y adiéstrelos en alguna destreza, ya verá como el efecto se expande en forma de moda contracultural sobre la juventud.
    .
    …Pero tan cierta es esa teoría como la “Teoría del último mono”, de la que yo quiero hablarle hoy precisamente. Se basa en el sistema utilizado por los monos de la jungla para cruzar el río. El primer mono se agarra de una rama, el segundo se agarra a los pies del primero, el tercero a los del segundo, el cuarto a los del tercero… Y así sucesivamente hasta que el primer mono dice basta y comienza a balancear la cadena de primates. De esta manera, el 4º mono es el primero en caer en la otra orilla, después el 3º, luego el 2º, quedando el primero colgado en la misma rama como un gilipollas. Este es el mono engañado, el mono que se sacrifica por el resto de la manada, el último mono.
    .
    …Y por tanto, el mono obligado al sedentarismo y a la vida solitaria, alejada del grupo. En este último mono vemos los orígenes lejanos del hombre soltero y sin compromiso; de Robinson Crusoe; del asceta de vida franciscana; del opositor a la administración pública; del jardinero solitario y divorciado que pasa demasiado tiempo encerrado en la caseta observando el exterior por una mirilla; del sacristán paticojo y pedófilo o del ecologista demasiado “amante” de los animales.

    …También vemos el origen de malas prácticas humanas como el onanismo, la autofelación (que, oiga, sí se puede, si uno se lo propone) o perversiones sexuales como el sadismo y masoquismo, fetichismo, trasvestismo, necrofilia, vouyerismo, bestialidad o zoofilia. Esto último, sobre todo en personas solitarias que pasan demasiado tiempo con animales (pastores, laceros, ecologistas). En el último mono también está el origen del tonto que se va quedando solo en la reunión de amigos y, al final, ha de pagar él la cuenta de todos; del cornudo pagafacturas o de quien se pasa toda la noche buscando aparcamiento mientras los demás ya llevan un buen rato tomando cañas.

    07 mayo 2015 | 01:23

  2. Dice ser sexshop

    La verdad es que el artículo me ha encantado.

    07 mayo 2015 | 17:35

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