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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La fiebre del oro amenaza al río Guadiana

En tiempos de crisis el oro vuelve a ser un valor refugio, una inversión política puesto que se apuesta por una vía fuera del sistema monetario establecido, más especulativa pero más tangible. Ante ello, las viejas reservas de oro ibérico han vuelto a hacerse rentables y son varias las empresas empeñadas en rascar las piedras en busca de alguna pepita. Da igual donde puedan encontrarse, la pela es la pela y el oro es el oro.

El último proyecto de minería áurea amenaza al Guadiana Internacional, entre Extremadura y Portugal. Una multinacional canadiense tiene previsto llevar a cabo una explotación a cielo abierto en La Codosera (Badajoz), para extraer oro removiendo una superficie de más de mil hectáreas. Asociaciones, empresarios y vecinos de la comarca anuncian la creación de una plataforma en contra, mientras que la Junta de Extremadura pide cautela pues, aseguran sus responsables, aún no hay nada decidido.

Las asociaciones SEO/BirdLife, ADENEX, Ecologistas Extremadura, Mundóbriga y la Sociedad para la Conservación de los Vertebrados (SCV), junto a vecinos y empresarios de turismo de la zona se han mostrado muy preocupados por estos agresivos planes de explotación minera que pueden alterar irreversiblemente el paisaje y la naturaleza de la comarca.

Como han explicado estos colectivos a través de una nota de prensa, la extracción de oro en minas a cielo abierto se basa en la voladura de grandes cantidades de material que debe ser transportado a la planta de tratamiento. El filón es tan escaso que precisan la extracción y tratamiento de más de trescientas toneladas de material para la obtención de un solo kilo de oro. Pero como el precio de este metal sigue subiendo, el yacimiento es cada vez más rentable. Otra cosa es el coste de su impacto ambiental.

Para separar el oro de la roca se emplean reactivos como el mercurio o el cianuro y grandes cantidades de agua. Una vez extraído el oro quedan toneladas y toneladas de residuos de agua y roca contaminadas, que deben ser almacenadas en grandes embalses, similares al que se rompió en Aznalcóllar hace años contaminando cientos de kilómetros cuadrados junto al Parque Nacional de Doñana.

La zona prevista por la multinacional minera para su explotación está en la cuenca del río Gévora, que vierte sus aguas al Guadiana junto a la ciudad de Badajoz. Debido a la presencia de varias especies protegidas y a la elevada biodiversidad natural, toda el área está protegida como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Red Natura 2000. Es también una comarca incluida en el Plan de Competitividad Turística del Guadiana Internacional, que está suponiendo la inversión de varios millones de euros por parte de las administraciones para potenciar el turismo. ¿Será suficiente para convencer a nuestros políticos?

Os dejo este vídeo oficial donde se loan las virtudes naturales de una zona que ahora se postula como lugar para instalar una mina a cielo abierto.

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El río Guadiana entreabre un ojo

La noticia es buena, esperanzadora. Después de tantos años de pertinaz sequía, las lluvias generosas de este año han logrado lo que parecía imposible, devolver a la vida el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Olvidado el incendio de turba y más olvidada aún la sobrexplotación del acuífero que originó ése y otros desastres, pero no resueltos los graves problemas que los han ocasionado, pocos confiaban en que el río Guadiana resucitara en la Mancha Húmeda. Por suerte nos hemos equivocado.

El durante muchos años agónico río empieza a dar sus primeras muestras de vida. De regreso a la vida. Como el enfermo dado por muerto que milagrosamente empieza a respirar, el Guadiana ha empezado a abrir los ojos. Los Ojos del Guadiana, claro está. Esos charcos casi míticos por donde el río reaparecía 35 kilómetros después de sumergirse bajo tierra una vez abandonadas las Lagunas de Ruidera.

Según informa Europa Press, un ‘ojo’ de agua ha asomado estos días a la superficie en el entorno del Molino de Griñón, en el término municipal de Daimiel (Ciudad Real). A unos 10 kilómetros de allí se encuentran todavía secos los más famosos Ojos del Guadiana, donde el agua está todavía en una cota a 21 metros de profundidad, mientras en otros lugares, como en ‘Escopillo’, se sitúa a 8 metros de profundidad. Pero aún falta todo el invierno y la primavera para seguir acumulando agua.

De acuerdo con los expertos, el surgimiento de un brote de agua en la superficie es un hecho que no se había producido en la zona desde hace tres décadas. Un halo de esperanza a la recuperación del ecosistema, aunque si cuando llegue el verano seguimos regando cebadas y viñedos a pleno sol servirá para poco. El río volverá a cerrar el ojo.

Las lluvias resucitan el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Aunque nunca llueve a gusto de todos, las torrenciales lluvias del último mes, unidas a las importantes nevadas, han logrado resucitar el sediento Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Algo tan natural como que los ríos Guadiana y Cigüela volvieran a llevar agua en sus cauces obraron el milagro.

Mientras a primeros de diciembre el parque estaba completamente seco y sus entrañas de turba se consumían en un infierno de fuego subterráneo, hoy tiene encharcadas 160 hectáreas y el incendio está en proceso de extinción.

De todas formas, tampoco podemos echar las campanas al vuelo. Primero, porque tener con agua 160 de sus 1.750 hectáreas inundables no es aún una cifra de locura.

Segundo, porque el problema de las Tablas de Daimiel sigue siendo la sobreexplotación del acuífero 23, un gigantesco embalse subterráneo de 5.000 kilómetros cuadrados. Si no hacemos algo, todo ese agua que ahora llega generosa acabará saliendo por los más de 23.000 pozos que perforan el subsuelo, secando de nuevo nuestro triste Parque Nacional.

Y en tercer lugar está la mentira de los millonarios trasvases salvadores. El del Tajo-Segura primero, y ahora el de la Tubería Manchega, nunca lograrán sustituir a los aportes naturales de los ríos y arroyos.

Si alguien todavía cree que Las Tablas de Daimiel se van a salvar gracias al agua de una tubería, o es tonto, o piensa que los tontos somos nosotros.

Como estas lluvias nos han demostrado, el Parque Nacional sólo puede y debe recuperarse con agua de la cuenca del Guadiana, gracias a una gestión racional y sostenible de los recursos hídricos. O el próximo invierno volveremos a llorar por Daimiel.

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Foto: El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel la pasada semana, otra vez con agua. EFE/A. de la Beldad

Muere Daimiel y Doñana agoniza

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, Reserva de la Biosfera, símbolo de la Mancha húmeda, está muerto. Sólo existe en el papel y en los presupuestos de las Administraciones, pero desde hace cuatro años el maravilloso marjal repleto de vida se ha convertido en un desierto. Su cadáver arde ahora en un infierno de fuego subterráneo, el de las secas turberas en llamas.

Por primera vez en la historia de la conservación de la naturaleza, un espacio férreamente protegido ha desaparecido en un país desarrollado ante la bobalicona mirada de políticos, ingenieros y agricultores, sus confesos asesinos.

Lo empezaron a matar en 1956, pero fue a partir de 1974 cuando comenzó su agonía, tan sólo un año después de protegidas las Tablas gracias sobre todo a la decidida presión ejercida por Félix Rodríguez de la Fuente. Paradójicamente, mientras se convertía en Parque Nacional se decretó su defunción al ponerse en riego 120.000 hectáreas con agua de su mar subterráneo, ese acuífero del Guadiana que parecía ilimitado y que en sólo 10 años descendió 35 metros. Tuvieron la culpa 60.000 pozos, la mayoría ilegales, todos abiertos para mantener una agricultura insostenible que riega a pleno sol las cebadas, el maíz y los viñedos. En 1986 al río se le secaron los ojos y a Daimiel las lágrimas.

Fieles a nuestra historia, cuando todo estaba ya perdido llegaron los planes de rescate. Tarde, muy tarde. El Parque necesita para sobrevivir 31 hectómetros de agua al año, sólo las aguas residuales de los pueblos cercanos suman 46 hectómetros y los agricultores consumen más de 200. Pero no hay para todos. El último trasvase del Tajo fue de 20 hectómetros, que por una parte robaron los pueblos ribereños y por otra se evaporó en las resecas entrañas del río Cigüela, llegando a las Tablas apenas unos famélicos 0,75 hectómetros.

En la actualidad tan sólo se conservan artificialmente inundadas cinco de sus 1.500 hectáreas. Allí lo único que fluye ya es dinero público, 3.000 millones de euros que se pierden aún más rápido que el agua.

Daimiel es un enfermo clínicamente muerto, por más que al final logren inundarlo mínimamente para tratar de lavarse la cara los responsables de tal esperpento.

Pero no aprendemos. Doñana, nuestra joya natural más importante, sigue el mismo camino. Desde mediados del siglo pasado la marisma ha perdido el 80% del aporte natural de agua y las dos terceras partes de su extensión original. Sus lagunas se están secando debido a la sobreexplotación del acuífero Almonte-Marismas. Según WWF, existen casi mil pozos ilegales en el entorno del parque nacional, responsables de una ocupación masiva del territorio para cultivos de regadío como el fresón.

Cuando queramos pararlo será demasiado tarde. Quizás ya lo sea.

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Para terminar os dejo una intervención de Félix Rodríguez de la Fuente donde nos recuerda la importancia de las zonas húmedas y los peligros que sobre ellas se cernían hace 30 años. Fue él quien consiguió que se protegiera Daimiel de su prevista desecación, aunque no pudo evitar una sobreexplotación salvaje del acuífero que ha condenado a muerte al espacio.

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ACTUALIZACIÓN:

Jorge Rubio, buen naturalista e impresionante fotógrafo, ha puesto en marcha una ciberacción para ver si entre todos podemos empujar a las autoridades para que hagan lo imposible por salvar Las Tablas de Daimiel. Propone escribir al Ministerio para protestar. Yo ya lo he hecho ¿Te apuntas también tú?

Os copio a continuación la carta que me ha enviado Jorge, con la esperanza de que algún día vuelva la vida a la Mancha:

Buenas amigos

El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel se muere por sobre explotación del acuífero, la Administración tiene previsto realizar una “recarga” pero para principios de año y en función de como venga el otoño, los murcianos se oponen… como siempre los intereses…

Hay que presionar a las Administración para dejarnos escuchar, LAS TABLAS DE DAIMIEL se mueren, por falta de agua, por combustión…. no dejemos que desaparezcan ¿Para qué están las redes sociales? No solamente para contar nuestros “chismorreos”, deberían de ser también una manera de movilizar a la gente para causas justas y en este caso el presionar para que las Tablas de Daimiel, una zona húmeda (pero seca actualmente) no desaparezca.

Por si queréis enviar un correo a la administración competente os pego el link

http://www.mapa.es/es/ministerio/pags/correo/correo.asp

Solo hay que poner un nombre, apellidos, una dirección de correo y seleccionar la pestaña de biodiversidad y un texto “SALVAR LAS TABLAS DE DAIMIEL YA, MAÑANA PUEDE SER TARDE.”

No es mucho, seguro que no sirve de nada, pero si somos pasivos servirá de menos, vamos digo yo, yo lo acabo de realizar,

Un saludo a tod@s y PASALO y ENVIALO

Jorge Rubio

Quizás no sirva para nada, reconoce Jorge. Uno o dos correos son poca cosa, pero cientos o más sí que pueden servir, y no digamos si este mismo correo se lo enviamos a los partidos políticos. Por lo menos que sepan que hay algo que está mal y que hay que reparar.

Y termina el naturalista:

Sólo es una idea, no cuesta, pero no hacerlo costará a la larga más…

Bueno, uno todavía debe de creer en los Reyes Magos…