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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Almejas chinas y cerdolís vietnamitas empobrecen la biodiversidad española

Corbicula_fluminea

Una almeja china está secando el campo español. No tiene nada que ver con las reinas gallegas. Nuestros deliciosos bivalvos, tan bien cuidados y mejor gestionados en las rías atlánticas, son exactamente lo contrario que este prolífico monstruo asiático responsable de atascar las tuberías de riego, provocando graves averías en las infraestructuras agrarias.

Recién llegada, en apenas 20 años esta nueva especie invasora, Corbicula fluminea, ha logrado reproducirse por millones en todos los grandes ríos ibéricos.

Desplaza, arrincona y hasta extingue a nuestras autóctonas almejas de agua dulce, algunas descomunales como una mano pero incapaces de hacerlas frente. Lee el resto de la entrada »

El gran negocio nuclear

La terrible tragedia nuclear de Japón no existe. Es un invento de los ecologistas. Chernóbil también fue un invento, pero de los comunistas. Chernóbil nunca podrá repetirse pues las centrales nucleares de los países occidentales son seguras al cien por cien, están diseñadas a prueba de bombas y terremotos.

Durante décadas, el lobby nuclear no paró de azuzarnos con su matraca de adoctrinamiento comunicativo. Nos llevaron a visitar sus centrales y nos cubrieron de publicidad con la única intención de doblegar nuestras dudas antinucleares. Todos ellos callan ahora, mientras seis reactores en Fukushima, clones de Garoña, se funden completamente descontrolados.

La tecnología que logró domesticar a la bomba atómica se muestra impotente siquiera para saber qué está ocurriendo allí dentro; proponiendo tan sólo medidas desesperadas como llamar a los bomberos para echar agua en ese infierno mientras mantienen el habitual secretismo informativo.

Estados Unidos, el país que arrasó Japón con dos bombas nucleares, inició su reconstrucción con el programa Átomos para la Paz. Sin petróleo, gas o carbón, necesitaban cuantiosos recursos energéticos para poder transformarse en una superpotencia mundial. Optaron así por la energía atómica de diseño norteamericano, a pesar de los riesgos en un país sísmicamente muy activo. La sed de energía y un optimismo tecnológico general superaron todos los miedos, ofreciendo al tiempo jugosos negocios: las eléctricas se llevan las ganancias, mientras el Estado carga con los residuos radiactivos y unas catástrofes que las aseguradoras se niegan a asumir.

Siglo XXI y nuestra sociedad sigue aprendiendo a palos, sacando conclusiones de sus trágicos errores. Una energía que puede convertirse en incontrolable debe, sencillamente, abandonarse.

Foto tomada desde un helicóptero militar del reactor 3 en la central de Fukushima. (Tokyo Electric Power/ Reuters)

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Turismo radiactivo en Garoña

Ya lo saben. La caduca y caducada central nuclear de Santa María de Garoña seguirá funcionando cuatro años más, hasta el 5 de julio de 2013. La noticia no ha sorprendido a nadie, pero a los que menos a sus propietarios, Endesa e Iberdrola, quienes durante todo el año han seguido ofertando visitas turísticas a sus instalaciones más allá de la supuesta fecha de clausura.

Y es que Garoña tiene un inmenso atractivo turístico. Conocido y explotado. De hecho, con estrictos numerus clausus incluidos, es visitada por más de 259.000 personas desde que iniciara sus peculiares tours radiactivos en 1992, a un ritmo medio de un millar de turistas mensuales. Porque a pesar de que su vida útil de 40 años caducó ayer domingo, inasequible al desaliento, llevaba meses ofertando visitas para todo el verano.

No es de extrañar. Todos en Burgos y Bilbao saben que en Garoña se puede degustar gratis uno de los mejores bacalao al pil-pil del norte de España, regado con inmejorables vinos de La Rioja, a la salud del rentable átomo [Siendo la central más pequeña de España genera unos ingresos de 250 millones de euros al año].

Al margen de su cierre o no, el futuro de la nuclear castellana será sin duda turístico. Seguirá así el ejemplo de Holanda, donde se ha transformado en museo el basurero donde se acumulan todos los desechos radiactivos del país, las instalaciones de la Organización Central para la Basura Radiactiva COVRA.

De acuerdo con un interesante reportaje publicado por BBC Mundo, los responsables de estas instalaciones no sólo facilitan el paseo entre tanques radioactivos blindados con plomo y cilindros de alta tecnología, sino que también han añadido a la visita componentes educativos, artísticos y culturales que incluyen la creación de una galería de arte contemporáneo.

Como explica uno de sus directivos,

“Al abrirlo al público demostramos que es posible manejar de manera segura y responsable los desechos nucleares, después de todo es algo que no podemos negar y que estará entre nosotros hasta encontrar otras alternativas”

Todo está cuidadosamente pensado, hasta el color del edificio donde, a modo de gigantesco búnker, se almacena la peligrosa basura. Es naranja, en referencia al equilibrio entre su interior, el rojo, peligro, y el exterior, el verde, vida.

Y añade el artículo:

Cada 20 años la fachada cambiará a un color más claro hasta llegar al blanco en el 2103, cuando se cumplan los 100 años necesarios para que la basura radiactiva que oculta en su interior deje de suponer un peligro para la salud.

¿Novedad? Ninguna, como no sea la gran mentira de que en un siglo estos desechos son inofensivos. Quizá guantes y batas sí, pero no isótopos presentes en el combustible gastado de los reactores como el plutonio 239 (vida media de 24.400 años) o el plutonio 240 (vida media de 6.600 años), demasiado tiempo para un museo.

En realidad, todas las centrales nucleares españolas tratan obstinadamente de convertirse en inofensivos centros educativos de la Ciencia. A golpe de talonario gastan importantes cantidades en lavar su mala imagen pública organizando toda clase de visitas, desde escolares a ancianos.

Resulta pues lógico que algunos protesten ante el inevitable cierre de Garoña, no quieren perder tan importante atractivo. Y cuando finalmente se clausure pedirán su conversión en un cementerio radiactivo, lo que en realidad ya es. Pero sólo por su interés social, todo sea por revitalizar el turismo de la comarca.

Clarividente viñeta de El Roto, publicada en El País el pasado 11 de junio.

En las dos imágenes superiores, dos detalles de la planta holandesa de COVRA.

Una plaga amenaza Garoña

La central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) está seriamente amenazada, pero no sólo por el cierre tras cumplir sus 40 años de vida útil. Tampoco por los ecologistas radicales. La auténtica amenaza es un diminuto molusco bivalvo, procedente de los mares Negro y Caspio, que está literalmente invadiendo nuestros ríos peninsulares y amenaza con taponar su sofisticado sistema de refrigeración: el mejillón cebra (Dreissena polymorpha).

Detectado por primera vez en el Ebro en 2001, ha alcanzado desde entonces la cuenca del Júcar (2005), la del Segura (2006) y este año la del Guadalquivir. Al embalse de Sobrón, el utilizado por la nuclear burgalesa para enfriar sus circuitos, llegó en 2006, todo un peligro pues forma espesas colonias que ciegan tuberías provocando graves averías en cualquier tipo de instalación. Para colmo de males, encima no es comestible.

Según ha señalado recientemente el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB), estudios de la Confederación Hidrográfica del Ebro han encontrado en el embalse de Sobrón las mayores densidades de este invasor bivalvo para toda la cuenca del Ebro.

Aquejada Garoña de preocupantes grietas y corrosión en la vasija del reactor, el mejillón cebra, del que nadie parece estar interesado en hablar, viene a añadir aún más incertidumbre a esta vieja instalación cuyos propietarios tratan de mantener con vida para aumentar su ya de por sí altísima rentabilidad económica.

Imposible de erradicar cuando llega a un río, la lógica preocupación debería de estar siendo dirigida a impedir que la plaga siga extendiéndose y salte a la cuenca del Duero. Pero como siempre, lo haremos mal y tarde.

Al menos en Garoña les quitaremos a estos mejillones un lugar donde provocar graves daños económicos. En cuanto cerremos la central nuclear. Muy pronto.

Sobre estas líneas, impresionante imagen de una playa fluvial norteamericana invadida por el mejillón cebra, un grave problema real.

7.000 euros por molestar a un quebrantahuesos

Un naturalista acaba de ser condenado en Francia a pagar 7.300 euros de multa por molestar la primavera pasada a una pareja de quebrantahuesos. Quería filmarlos con una cámara de vídeo en su nido, localizado en las montañas pirenaicas del Alto Garona, el primero en la región en más de un siglo. Seguramente con tan buena voluntad como inexperiencia, se acercó tanto que los adultos asustados abandonaron la incubación de su único huevo durante más de una hora, un lugar extremadamente frío a 1.700 metros de altitud. Al final el pollo nació, pero para morir poco tiempo después. Y este año la escarmentada pareja ha trasladado el nido a un lugar mucho peor, donde probablemente fracasará de nuevo.

“Hay amores que matan”, asegura el refrán, y éste es un buen ejemplo de ello. Todos tenemos derecho a disfrutar del vuelo del águila, del canto del ruiseñor, de las acrobacias del abejaruco. Pero nadie tiene derecho a molestar innecesariamente a las aves, a poner en peligro su bien más preciado, su prole.

Es tiempo de nidos, aunque por suerte ya no se puede salir a coger huevos y pollos como hacían antes los niños, por el mero placer de coleccionarlos o intentar criarlos en casa.

Mis abuelos siempre me lo advirtieron: “Si tocas un nido los pájaros lo aborrecen y lo abandonan”. ¿Por qué lo hacen? Por prudencia. No hay nada más peligroso para un ave que la nidificación; nunca estarán más indefensos que incubando. Por eso sólo el instinto de supervivencia puede romper los estrechos lazos paterno-filiales, obligándolos muy a su pesar a abandonar los huevos, o a dejar sin su calor protector a las crías durante horas, a merced de depredadores oportunistas. Cada desamparo de un nido es una pequeña catástrofe. Pensémoslo cuando nos encontremos uno. ¿Lo mejor? Irnos rápido y no molestarlos.

Un ejemplo más de este amor incontrolado por las aves lo podemos ver en la red. Desde Galicia, un aficionado está controlando diariamente y fotografiando la evolución de un nido de verderón (Carduelis chloris), imágenes que luego sube a su página. Dice que no los molesta pero, ¿hacía falta meter una pila en el nido para hacernos una idea de su tamaño?