La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Un buitre negro español vuela hasta Noruega para comerse a Rudolph

Brínzola, fotografiada en Huerta de Arriba (Burgos) antes de iniciar su periplo.

El título de esta noticia tiene su guasa, pero es el que han elegido los responsables del proyecto Monachus de GREFA para explicar la última hazaña de Brínzola, su buitre negro más viajero. En realidad buitra, pues es una joven hembra de tan solo tres años de edad. Pájara que se había echado de novio a Batman, otro buitre, a quien de la noche a la mañana abandonó el pasado mes de abril en Burgos para irse a correr “la vida loca” por el norte de Europa. Y que ha acabado comiendo renos en Noruega.

Lorena Juste, la bióloga extremeña supervisora del proyecto en Burgos, no oculta su sorpresa con este comportamiento. “Llevamos más de 130 buitres negros marcados con GPS y es la primera vez que uno hace algo así de raro”, reconoce.

Un espía en la espalda

No se sabe dónde nació. En 2016 había sido encontrada desnutrida en Palencia, en el que debió de ser uno de sus primeros vuelos al poco de nacer. Felizmente recuperada, fue liberada en octubre de 2018 en los pinares de Huerta de Arriba (Burgos). Brínzola es el nombre de una de las montañas de ese municipio en la Sierra de la Demanda. Pero en lugar de quedarse en la zona, como era lo previsible, el ave ha emprendido un increíble viaje que parece no tener fin.

Gracias a un dispositivo GPS que lleva adosado a la espalda conocemos con detalle todos sus movimientos. Se lanzó hacia el norte y en pocos meses ha recorrido volando en solitario casi sin pausa más de 3.000 kilómetros por España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca, Suecia y Noruega. Salvo en España, en el resto de los países europeos esta especie es una auténtica rareza, lo que ha provocado un revuelo tremendo entre ornitológos y periodistas de esas tierras nórdicas por observarlo.

Últimas localizaciones del GPS de Brínzola en Suecia y Noruega.

¿Y qué come allí?, se preguntaban los investigadores de GREFA, la ONG responsable del proyecto. Pues su último almuerzo ha sido nada menos que un reno, de ahí el cachondeo con lo de haberse zampado al pobre Rudolph, el de la nariz roja que tira del trineo de Santa Claus.

El pasado domingo 19 de mayo, explica el Facebook del proyecto, unos colaboradores noruegos lograron desplazarse hasta el lugar donde se encontraba Brínzola para comprobar su estado. Tras horas de caminata a través de un basto paraje, lograron dar con ella y para sorpresa de todos, y deleite visual de los colaboradores… ¡Brínzola se estaba alimentando de un reno muerto!

Con mucho humor, los especialistas ya ven en esta hembra de buitre negro a una forofa gastronómica que no parará hasta degustar carne de foca o de oso polar.

Lo cierto es que allá por donde pasa, este buitre viajero levanta la expectación de gran cantidad de aficionados a las aves y medios de comunicación europeos que están aportando datos, fotos y vídeos del espectacular periplo de tan infatigable viajera. Solo un día en Bélgica se reunieron para verla más de 200 fotógrafos.

Un viaje accidentado

No le ha sido fácil a Brínzola llegar hasta las lejanas tierras de Santa Claus. Incluso ha tenido que cruzar en dos ocasiones largos tramos marinos, entre Alemania y Dinamarca, y desde allí a Suecia. Toda una proeza, por cuanto en el mar la falta de corrientes térmicas dificultan enormemente los vuelo de planeo. De hecho, una de las veces estuvo a punto de morir ahogada.

Las ansias viajeras de este ejemplar son toda una sorpresa. En GREFA han marcado con GPS más de 130 buitres negros desde hace más de una década y es el primer desplazamiento de esta envergadura del que tienen constancia. Hasta ahora tan solo habían registrado incursiones puntuales hacia el norte de Francia y una a los Alpes.

De esta manera, los desconcertados biólogos no dejan de hacer cábalas para interpretar tan extraño comportamiento de éste y otros ejemplares. ¿Que factores estarán favoreciendo este flujo de buitres negros hacia el norte de Europa? ¿Incremento del tamaño poblacional? ¿Cambio climático? De esto último puede dar constancia Brínzola, pues estos días en el norte de Noruega está disfrutando de unas inusuales temperaturas superiores a los 22 grados centígrados.

Pero la pregunta del millón son en realidad dos: ¿A dónde va? ¿Regresará a Burgos? La bióloga Lorena Juste no tiene respuestas para ello. “Yo espero que vuelva, pero en realidad no tenemos ni idea de lo que pasará”, confiesa. Puede regresar a Burgos por el mismo camino, descender por Finlandia, irse hacia el oriente para conectar con las poblaciones asiáticas de la especie, enfermar y ser capturada y llevada a España en avión. Incluso puede acabar muriendo. Todo puede pasar. Pero no el increíble asombro que sentimos quienes seguimos, día a día, su periplo.

En este vídeo os dejo unas imágenes de Brínzola quitándose el hielo del duro clima burgalés. Imagino que pensó que, una vez pasado el invierno en la Sierra de la Demanda, ya estás preparado para aguantar las bajas temperaturas del Polo Norte. Y para allí que se fue, dejando en tierra al desconsolado Batman, su novio durante los últimos dos años.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interesen estas otras:

Los comentarios están cerrados.