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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Conoce las marismas del Odiel: casa encharcada de flamencos y águilas pescadoras

Colonia de flamencos en las marismas del Odiel.

Bienvenido a las marismas del Odiel, un lugar tan heroico como hermoso y asombroso.

La casa común de 200.000 personas, el desastroso paraje industrial de algunas de las industrias más contaminantes de Europa, es también el paradójico paraíso de unas 4.000 parejas de flamenco común, siete de águila pescadora, 500 de espátula e incluso varias familias de nutria.

Más que paraíso amenazado, el Paraje Natural de las Marismas del Odiel es un paraíso consentido, también constreñido entre la ciudad de Huelva, su área metropolitana, su potente industria química y sus peligrosas balsas de fosfoyesos (120 millones de toneladas) terriblemente tóxicas y radiactivas.

Por eso la sorpresa es aún más grande cuando el visitante se adentra por un paisaje marismeño, entre salinas y aguazares, muy similar al que despidió a Cristóbal Colón cuando salió de aquí camino de ese nuevo mundo que hoy llamamos América.

En este vídeo de mi canal en YouTube te resumo la experiencia de mi última visita a tan extraordinario lugar.

La marisma marina

Inconscientemente, el visitante relaciona este lugar con el Espacio Natural de Doñana, pero Enrique Martínez, director conservador del paraje natural, rápidamente me saca del error. “Ésta es la marisma con influencia mareal y sin transformar más grande de la península Ibérica, aguas salinas al contrario que las dulces de Doñana”.

Un amplio estuario de 7.000 hectáreas donde se acumulan los sedimentarios procedentes de la desembocadura de los ríos Tinto y Odiel junto a los aportes arenosos del océano Atlántico. Declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO y Zona de Especial Protección para las Aves. Con islas emblemáticas, prácticamente vírgenes, como la de Enmedio, la de Saltés y la de Bacuta.

Enrique Martínez nos hace de guía de lujo a un grupo de periodistas ambientales invitados a conocer el espacio por iniciativa de la III Feria de Ecoturismo Doñana Natural Life. Junto con él nos acompañan los agentes de medio ambiente Rocío y Sergio, dos enamorados de estas marismas y de su trabajo.

Dos flamencos vuelan frente a uno de los nidos artificiales para pescadora del Odiel.

Paraíso de las aves

Las aves son las principales señas de identidad de las marismas del Odiel. Destaca el interés educativo y sensibilizador de los programas de anillamiento de pollos de flamenco (más de 12.000 nacieron el año pasado), pero también el éxito del programa de reintroducción del águila pescadora. Este invierno han visitado estas marismas 72 ejemplares anillados procedentes de Finlandia, Suecia, Noruega, Polonia, Dinamarca, Escocia, Alemania, Italia, Francia y Portugal. Y sus siete parejas nidificantes las convierten en el hábitat del principal grupo reproductor peninsular. La última de estas parejas acababa de ser descubierta el día antes de llegar nosotros y el director no podía ocultar su alegría por este hecho.

También destacan sus valores etnográficos e incluso arqueológicos. “Para nosotros es tan importante preservar el patrimonio cultural como el natural”, asegura el director conservador del paraje, que también lo es de la Reserva de la Biosfera.

Importancia histórica

Debido a la riqueza mineral, salina y pesquera de la zona, junto a su estratégica situación geográfica, estas tierras tuvieron una gran importancia histórica. Se cree que la antigua ciudad de Tartessos se asentó por estos parajes. De los romanos quedan restos de piletas de salazones de pescado y, de los musulmanes, el yacimiento arqueológico de Salthish, en la isla de Saltés, capital del reino taifa de los Baikríes en los siglos X y XI.

También es muy recomendable dar un paseo por el antiguo muelle de la compañía de Río Tinto, construido a finales del siglo XIX para embarcar los minerales que llegaban en ferrocarril desde la sierra.

Y por supuesto, visitar el monasterio de la Rábida, el lugar donde Colón gestó el descubrimiento y colonización de América.

Lucha contra el cambio climático

Otro aspecto muy importante que se está investigando aquí es la capacidad de las marismas para funcionar como sumideros de CO2, algo fundamental tanto para luchar contra el cambio climático como para obtener fondos económicos que ayuden a la preservación del espacio. Los primeros resultados han demostrado que estos ecosistemas mareales fijan 50 veces más carbono que un bosque.

Asegura Martínez que, desde su declaración como espacio protegido en 1984, las marismas del Odiel han mejorado su estado de conservación. No todo el mérito es nuestro. “Las mareas, entrando y saliendo dos veces al día, nos han ayudado mucho a recuperar la zona”, confiesa.

¿Y qué pasa con las peligrosas balsas de fosfoyesos?, le pregunto, a lo que hace un gesto de impotencia antes de responder: “Se están haciendo estudios, pero resulta muy complicada su restauración”.

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