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Por qué Jesús Vidal es un ejemplo de buen orador #GalaGoya2019

Ya hemos analizado el rostro más polémico de la Gala de los Goya de este año, pero sin duda el momento más emocional de la noche lo protagonizó el discurso de Jesús Vidal al recoger su merecido galardón. Mi compañera Carmen Acosta, fundadora de OHLAVOZ, psicóloga y experta en comunicación, no ha querido pasar por alto está situación para analizar las cualidades de un buen orador, por qué caló tanto su discurso en todos nosotros, por qué ha sido lo más comentado de la noche, por qué será lo más recordado de esta gala.

Jesús Vidal en la Gala de los Goya

Las redes arden en halagos al discurso del actor Jesús Vidal, y no es para menos. Sus palabras contenían emoción, humor, reivindicación, agradecimientos sinceros… pero también una parte que me parece fundamental y que no he visto resaltada en ninguno de los artículos: el profundo respeto hacia su auditorio que se hizo patente al tener preparado, cuidado y ensayado su discurso.

Winston Churchill dijo en una ocasión que para hablar 5 minutos necesitaría prepararse durante una hora, mientras que para hablar una hora bastarían 5 minutos de preparación. Es así, si disponemos de poco tiempo, más nos vale saber qué y cómo vamos a decir lo que queremos o de lo contrario se nos irá el tiempo en vaguedades. Y deberíamos tener siempre muy presente que el que escucha pone a disposición del hablante su atención y tiempo, dos valiosos tesoros que merecen ser correspondidos por parte del hablante con un discurso preparado.

Estructurar, condensar y elegir las palabras con las que expresar en un par de minutos la emoción y el agradecimiento de recibir un reconocimiento exige una gran preparación, porque si no luego pasa lo que pasa: la emoción embarga y el lenguaje se desbarata: se dicen cosas que no se había pensado decir, se omiten las importantes, o uno acaba en “un jardín” del que no sabe muy bien cómo salir.

Y como muy certeramente afirma Manuel Campo Vidal: “Si se pudiera calcular en unidades de eficacia todo lo que se pierde por una comunicación sin preparar, quedaríamos estremecidos”.

Hablar en público, por el motivo que sea, se parece, o sería deseable que se pareciera, a preparar una cena. Del mismo modo que nadie decide el menú una vez que ya han llegado sus invitados, tampoco nadie debería dejar en manos de la improvisación las palabras que va a ofrecer a sus oyentes.

Jesús Vidal nos emocionó con su emoción y logró que sus palabras nos calaran, porque detrás de los minutos que duró su intervención probablemente hubo horas de esmerado trabajo que le permitieron poder obsequiarnos con la expresión cuidada del magnífico contenido de su discurso. Más de uno debería seguir su ejemplo.

Si me encantas te creo #HablarEnPublico

Cuenta la leyenda que hablar en público es uno de los mayores miedos que tenemos en la sociedad actual, no sé si esto será tanto así, pero es cierto que en la mayoría de consultas que recibo el pánico a dirigirse a una audiencia y la inquietud por cómo superarlo suele ser muy habitual. Ya he compartido anteriormente algunas claves para potenciar nuestra habilidad de hablar en público (las recopilo de nuevo al final de esta entrada). La preparación y un buen texto es importantísimo pero como podréis adivinar la comunicación no verbal también juega un papel muy protagonista en el desarrollo de esta competencia, hoy nos centramos en la voz.

Canta tu discurso y encantarás a tu audiencia. Es la máxima de nuestra ya conocida psicóloga, logopeda y experta en lenguaje corporal, Carmen Acosta, fundadora de OhLaVoz. Os dejo con una aportación genuina para aumentar la calidad en vuestras presentaciones:

“Encantar” nace del latín “cantare” y en principio se usaba para referirse a las fórmulas cantadas de las que se servían los hechiceros. Al cantar nuestra voz se mueve por distintas notas o tonos, y ese movimiento musical tiene un gran poder evocador y disparador de emociones. Aunque en el habla el número de notas o tonos que utilizamos es menor, no por ello nuestra forma de hablar debería renunciar a aprovechar los poderes de la música.

Cuando hablamos siempre buscamos atraer y mantener la atención, porque solo si contamos con la atención de nuestros interlocutores podremos convencer, enseñar, demostrar, vender, transformar, “hechizar”Nuestra atención se activa ante la novedad; lo previsible, conocido, o repetitivo no activa a nuestro sistema reticular, que es el responsable de “despertar” al cerebro. Así que si queremos ser escuchados tendremos que capturar la atención de los oyentes y para ello hay que pasar el filtro de sus sistemas reticulares.

¿Cómo? dándoles novedades que los sorprendan. Y una forma excelente es a través de la música de las palabras. La música nos emociona, nos transporta, nos mueve y conmueve, desencadena imágenes, sensaciones… Por ello cuando la forma de hablar es rica en melodías nuestro cerebro se mantiene activo, despierto: atento. Sin embargo, cuando el habla es monótona, es decir, que utiliza pocos tonos, por interesante que sea el tema del que trate, la limitada variedad tonal producirá en nosotros un efecto de adormecimiento, de previsibilidad, de aburrimiento, provocando falta de atención.

Por otro lado, a un orador monótono siempre le atribuiremos menos credibilidad, porque esa falta de compromiso emocional que traduce la ausencia de melodía nos lo hará percibir como no implicado o no comprometido con su mensaje. Y es que todos sabemos que cuando estamos verdaderamente comprometidos con nuestro mensaje, las emociones y flujos de intenciones mueven a nuestra voz , colorean nuestra pronunciación, impregnan a nuestras pausas, marcan con fuerza los acentos y tiñen a las palabras con cambios tímbricos que les aportan sentido.

Si quieres que tus intervenciones encanten: aprovecha el potencial de la música y aléjate de la monotonía.
Aquí te dejo algunas estrategias muy útiles:

  • Ensaya tus intervenciones mientras bailas para que tus melodías se contagien de los movimientos de tu cuerpo.

  • Exagera las inflexiones.

  • Imita a personajes de dibujos animados.

  • Canta tu discurso.

  • Alterna distintas longitudes de las frases.

  • Juega con cambios en el volumen de tu voz.

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No nos entrenan para ello. Personalmente creo que ese es el problema. Al menos en España, no nos educan para aprender a hablar en público correctamente y como algo habitual. Esto está cambiando sutilmente en la actualidad, implementando ejercicios con breves exposiciones, historietas, etc, en las clases de los más pequeños.

Tradicionalmente ha sido un ejercicio que se ha obviado, y claro, llegamos a adultos y tenemos que enfrentarnos a ello casi en cualquier trabajo u ocasiones sociales varias, entonces aparecen la vergüenza, los nervios, la tensión, el miedo e incluso un terrible pánico que puede trasformarse en fobia a hablar en público.

Todos conocemos las pautas teóricas: imaginarnos a nuestra audiencia desnuda para quitarle hierro al asunto, llevar notas para no temer quedarnos en blanco, prepararse muy bien y ensayar muchísimas veces nuestra intervención… y sí, todo esto suma para superar la situación, pero lo que yo hoy os quería contar son 4 acciones muy sencillas y muy simples que, a mí particularmente, me ayudaron a sentirme más segura cuando con tan sólo 22 años tuve que enfrentarme a cantidades ingentes de personas que me atendían sedientos de información.

Una de las claves más productivas era la de hablar, previamente a mi charla, con los asistentes. Antes de entrar a la sala o ya una vez en ella mientras esperábamos al resto, me ayudaba muchísimo conocer poco a poco a los que iban llegando. Nos presentábamos, les preguntaba qué esperaban de la formación, les contaba mi trayectoria y les interrogaba por la suya, y bueno, un poco de lo que se me iba ocurriendo e iba surgiendo entre todos.

Lo que quiero decir con esto es: Intenta divertirte e iniciar tu intervención con ganas y buen ánimo, con buena sintonía con la gente que estará sentada expectante frente a ti. Es una forma ideal de conectar con la audiencia y de que te perdonen cualquier nerviosismo o alteración que pueda ocurrir a continuación. Las personas serán más benevolentes con quien ya ‘conocen’.

Los momentos iniciales son los más importantes. Otro de los ‘trucos’ que utilizaba en mis clases era el de empezar la ponencia sin tener que hablar yo. Al principio es cuando uno está más nervioso, por tanto, deberemos evitar, en la medida de lo posible, intervenir. ¡Deja que hablen ellos! Haz que se presenten, si tienes tiempo. O en mi caso, por ejemplo, solía siempre introducir mi clase con algún vídeo, ejercicio práctico, role playing, etc, que hiciera que todos nos soltáramos y rompiéramos la frialdad del momento inicial.

Seguimos. Lo ideal y lo bonito es mirar a todos los asistentes para conectar con cada uno de ellos, si bien es cierto que la realidad es que hay gente que te lo pone muy difícil, bien porque te miran fijamente con cara de póker, o porque tienen el ceño fruncido, o están distraídos, o con gesto aburrido. Esto siempre va a ser así en algún momento de la clase, es algo normal, no lo tomes como algo personal y, sobre todo, que no enturbie tu actitud. Engánchate a los rostros amables, también siempre habrá gente que te sonría, que escuche activamente con interés, que participe y que te lo haga fácil.

Por último, no te excuses continuamente, pase lo que pase sonríe y evita frases del tipo: “perdón, estoy muy nervioso”, “lo siento, me he perdido”, “ay, me he equivocado”… El mayor porcentaje de tu audiencia no va a notar si has cometido algún error, o te has olvidado de exponer una idea en una diapositiva, por tanto, ¡no te delates a ti mismo!