Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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Encantados con su imagen, ¿y qué?

Acabo de leer una noticia que asegura que siete de cada diez adolescentes no estan conformes con su aspecto físico. En el anterior post ya conté que mi hijo pequeño tenía últimamente el ego por las nubes. Él se encuentra guapísimo, con un cuerpo perfecto… vamos, que está encantado consigo mismo.

Pero no es el único: mi otro hijo también está feliz con su aspecto. Y a ninguno de los dos les preocupa lo más mínimo cualquiera de esos pequeños defectos físicos que para otros adolescentes se convierten en un grave complejo.

Unicamente una cosa, que yo recuerde, les ha hecho preocuparse por su aspecto a lo largo de su vida: el acné, pero ni siquiera eso ha conseguido deprimirles ni arruinarles una cita o una tarde con los amigos.

Tal vez exageren un poco cuando hablan de su aspecto, no digo que no, pero no me parece una mala postura. Sinceramente prefiero esas fantasmadas sobre lo guapos que son, el cuerpazo que tienen o el éxito que tienen entre las chicas a una actitud derrotista o acomplejada. Por eso me ha sorprendido el tono de algunos comentarios a mi último post, con insultos incluidos.

Remando pibas

“¿Que si ligo? yo voy remando pibas por la calle”, “¿A que soy tu hijo más guapo?”, “Mamá, has visto qué bien me queda esta chupa, estoy que lo parto”. Son algunas de las frases que le escuché ayer a mi hijo pequeño mientras le compraba ropa.

No estábamos solos, nos acompañaba una amiga suya y una prima algo mayor que él, y supongo que al encontrarse entre ellas, que no dejaban de decirle lo bien que le sentaba esto y aquello, le dio por ponerse en ese plan, parecía que tenía el ego por las nubes.

Cualquier excusa era buena para soltar una nueva fantasmada. En cuanto la dependienta que nos atendía se dio la vuelta para preguntarle al encargado si podía quitarle el jersey a un maniquí él empezó a decir que “la tenía rota” y que estaba seguro de que iba a conseguir ese jersey. Así que, en cuanto ella volvió con la respuesta afirmativa, él comenzó a hacer gestos alardeando de su presunta habilidad.

Ya he contado alguna vez que con público se crece. Y, claro, en presencia de dos chicas que le reían las gracias estaba imparable. Ya sé que estas fantasmadas son propias de la edad, y que a veces me hacen gracia, pero otras me agota.