Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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Remando pibas

“¿Que si ligo? yo voy remando pibas por la calle”, “¿A que soy tu hijo más guapo?”, “Mamá, has visto qué bien me queda esta chupa, estoy que lo parto”. Son algunas de las frases que le escuché ayer a mi hijo pequeño mientras le compraba ropa.

No estábamos solos, nos acompañaba una amiga suya y una prima algo mayor que él, y supongo que al encontrarse entre ellas, que no dejaban de decirle lo bien que le sentaba esto y aquello, le dio por ponerse en ese plan, parecía que tenía el ego por las nubes.

Cualquier excusa era buena para soltar una nueva fantasmada. En cuanto la dependienta que nos atendía se dio la vuelta para preguntarle al encargado si podía quitarle el jersey a un maniquí él empezó a decir que “la tenía rota” y que estaba seguro de que iba a conseguir ese jersey. Así que, en cuanto ella volvió con la respuesta afirmativa, él comenzó a hacer gestos alardeando de su presunta habilidad.

Ya he contado alguna vez que con público se crece. Y, claro, en presencia de dos chicas que le reían las gracias estaba imparable. Ya sé que estas fantasmadas son propias de la edad, y que a veces me hacen gracia, pero otras me agota.

“Las pibas sois muy raras”


-Has vuelto con tu novia, ¿no? Me alegro, tío.

-Creo que sí, pero no sé. Cuando una piba dice que sí puede ser que sí o que no.

-Sí, es como decir tal vez, déjame que me lo piense, depende de cómo tenga el día…

Ésta conversación entre dos amigos de mis hijos en mi presenc¡a terminó generando, horas después, un debate en mi casa sobre ese gran clásico chicos/chicas.

“Cuando un colega te dice que sí es que sí, de eso no hay duda, pero las pibas sois muy raras”, decía uno.

“Nunca se sabe por dónde vais a salir. No hay quien os entienda”, apostillaba el otro.

La cosa empezó así y terminó con una retahíla de chistes machistas: “¿Qué hace una mujer con un tractor? Sembrar el pánico” o “¿Cuál es la última botella que abre una mujer en una fiesta? La de Fairy”, cada uno de ellos jaleado con más risotadas que el anterior.

Cuando se ponen así, disfrutando de la situación de dos contra una, no les soporto. Y tengo ganas de cualquier cosa menos de discutir. Hace un rato ha llegado uno de ellos recordándome uno de los chistes de ayer, y ha empezado a reirse con más ganas si cabe. ¿Se les pasará algún día? ¿o la guerra de los sexos sólo acaba de empezar?