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¿Importa que Iker Casillas crea en la conspiración lunar? Sí, por esto

Ya tenemos la nueva tontería en internet: el futbolista Iker Casillas publica en su cuenta de Twitter (copio literalmente): “El año que viene se cumplen 50 años (supuestamente) que el hombre pisó la Luna. Estoy en una cena con amigos… discutiendo sobre ello. Elevo la tertulia a público! Creéis que se pisó? Yo no!”. Seguidamente, el deportista lanza una encuesta para que sean sus seguidores quienes escriban la verdad histórica sobre la misión Apolo 11.

Como no me interesan los deportes, ni tampoco otros espectáculos relacionados como el fútbol, nunca habría dejado caer el cursor de mi pantalla sobre el epígrafe “Iker Casillas” en las tendencias de Twitter, pero me llega la noticia por otra vía indirecta y casi me obliga a comentar; mejor dicho, me viene que ni pintado para comentar. No con el fin malicioso de ridiculizar al personaje, que ni fu ni fa; creo que este futbolista concreto es de los que suelen caer simpáticos, pero personalmente tanto me da. En cambio y como voy a explicar, la anécdota de Casillas y la conspiranoia lunar me viene al pelo para introducir algo que quería dejar aquí dicho sobre la ciencia y las pseudociencias en un próximo artículo, antes de poner Ciencias Mixtas en “off” hasta la vuelta de las vacaciones.

Iker Casillas en 2012. Imagen de Майоров Владимир / Wikipedia.

Iker Casillas en 2012. Imagen de Майоров Владимир / Wikipedia.

No pretendo insultar al decir que Casillas es un ignorante, dado que no se trata de “ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones”, sino solo describir, dado que evidentemente “ignora o desconoce algo” y “carece de conocimientos” sobre esta materia concreta. Como no sería un insulto decir que yo soy un pésimo futbolista, sino una realidad (supongo, dado que realmente no lo he probado). Además y para quienes defendemos que la ciencia también es cultura, a Casillas se le puede aplicar también el último pedacito definitorio del diccionario, que “carece de cultura”. Científica, al menos.

Porque obviamente, Casillas –como muchos conspiranoicos lunáticos lunares– ignora no ya que Armstrong y Aldrin pisaran la Luna, algo que él no diría ignorar, sino cuestionar; lo que realmente ignora es que en los años posteriores otras cinco misiones más también se posaron en la Luna; que de allí se trajeron casi 400 kilos de suelo y roca que se repartieron por el mundo y se han estudiado extensamente; que estas investigaciones han modelado en gran parte lo que la ciencia hoy sabe sobre el origen de la Luna; que los restos de aquellas expediciones se han fotografiado desde la órbita lunar en misiones posteriores no tripuladas; que una buena parte de lo que ahora se hace en el espacio sigue lo aprendido de los éxitos y fracasos del programa Apolo; y que algunos tipos, como los tres tripulantes del Apolo 1, dieron sus vidas para hacer posible todo aquello de lo que hoy cualquiera se permite frivolizar sin el menor conocimiento (y en mi sola opinión, es este coste en vidas humanas lo que a menudo convierte la negación en negacionismo).

Pero como ya comenté aquí a propósito del presentador y locutor Javier Cárdenas y su creencia en el timo que relaciona las vacunas y el autismo, ¿importa algo lo que piense Iker Casillas sobre la ciencia o su historia?

Objetivamente, podría pensarse que importa tanto como lo que un ignorante sobre fútbol (yo) pueda decir sobre este espectáculo de masas. Un motivo para unas risas y algún comentario sardónico, como los que ya han aparecido en Twitter sobre el Real Madrid y los montajes de Franco, o sobre la asesoría legal de la que cobra el deportista por prestar su recomendación.

Pero también objetivamente, lo cierto es que lo que alguien como yo opine sobre fútbol solo importa a mis amigos, familiares y algún seguidor o lector despistado, mientras que el menor sonido corporal de un futbolista suscita el interés, y probablemente influye en la opinión, de millones de personas.

Y aunque evidentemente el bulo vacunas-autismo es enormemente dañino, mientras que el de la conspiración lunar parece inofensivo, en el fondo ambos son muestras del mismo fenómeno: según lo detallado más arriba, el “poner el pie en la Luna” no es solo “poner el pie en la Luna”; no es un hecho anecdótico aislado, sino una parte (pequeño paso, gran salto, para quien no lo entendiera) de un proceso continuo de trabajo y progreso científico que sigue un método y que va rindiendo infinidad de resultados parciales, que son los que se difunden al gran público.

Así, problemas como el de Casillas surgen cuando se conocen los resultados (el pie de Armstrong en la Luna), pero no el método (el proceso seguido para llegar a ese momento). Como explicaré mañana, en este conocimiento de los resultados científicos que no va acompañado por un conocimiento del proceso científico es donde radica en buena medida la creencia no solo en el bulo vacunas-autismo o en la conspiración lunar, sino en las pseudociencias en general. Y por tanto, donde puede estar la clave para erradicarlas.