El año 2009 ha comenzado con mal pie para la prensa: el 1 de enero, fuerzas pro gubernamentales asesinaban a Hassan Mayow Hassan, reportero de Radio Shabelle, en una localidad situada a cincuenta kilómetros de Mogadiscio, capital de Somalia.
Sin embargo, ha sido Gaza quien se ha llevado hasta ahora el mayor número de vidas de compañeros, situándose así por delante de Irak, Afganistán o Somalia como el lugar más peligroso para ejercer el periodismo en lo que va de año.

O, como lo pondría Reporteros Sin Fronteras – que aún no ha actualizado su página web para incluir esta información – el Estado de Israel ha ascendido hasta lo puestos cumbres del ranking de “Predadores de la libertad de prensa”, si sumamos a estos fallecimientos los reiterados bombardeos a edificios de medios de comunicación y la prohibición de acceso a los periodistas extranjeros.
Edificios de prensa
Uno de los primeros objetivos de la aviación israelí en la ofensiva contra Líbano de 2006, fue la televisión Al Manar, cuyo edificio redujo a escombros en una flagrante violación del Derecho Humanitario, que exige el respeto y la protección de los periodistas, y en particular de la Resolución 1738 del Consejo de Seguridad de la ONU.
En Gaza, otra vez las IAF han bombardeado medios de comunicación:
. 28 de diciembre: segundo día de la operación Plomo Fundido, vuelan por los aires los estudios de la Al Aqsa TV, que se encuentran en la ciudad de Gaza.
. 5 de enero: dos misiles impactan en las oficinas de Al-Risala, medio de comunicación vinculado también a Hamás. Minutos más tarde, acaban con la imprenta en la que se confecciona el semanal.
. 9 de enero: aviones del IAF atacan el edificio de ocho plantas conocido como al-Johara Tower, donde trabajan más de veinte medios de comunicación entre los que se incluyen la cadena árabe Al Alam y el canal iraní en inglés Press TV. Un periodista resulta herido. Se destruyen numerosos equipos de transmisión satelital.
. 15 de enero: un misil impacta contra la planta número 13 de la torre Al-Shurouq, situada en la ciudad de Gaza. Un periodista de la cadena Abu Dhabi sufre lesiones. En el edificio, cuyas coordenadas conocen los altos mandos hebreos, funcionan medios de comunicación como Fox News, Al-Arabiya y la agencia Ramattan. En el piso número 12 se encuentran las oficinas de la agencia Reuters, que perdió a uno de sus reporteros en el hotel Palestina de Bagdad, en el año 2003, junto al español José Couso.
Muertes
. Basil Ibrahim Faraj: cámara de la cadena argelina ENTV resulta herido cuando su coche, que estaba identificado como perteneciente a la prensa, fue alcanzado por fuego israelí el día 27 de diciembre. Fallece el 7 de enero. Tenía 22 años. En el mismo vehículo viajaban Mohamed Al Tanany, cámara del Canal 2 de Marruecos, y Mohamed Madi, que también sufrieron importantes heridas.
. Omar Silawi: el 3 de enero muere este reportero palestino. Aún no se ha podido recopilar información sobre lo acontecido.
. Ihab al-Wahidi: fallece el 8 de enero junto a su madre y su esposa cuando dos obuses israelíes dan de lleno en su departamento del barrio de Tal Al-Hawa. Era empleado de Palestine TV. En el pasado había trabajado como cámara de Arafat, acompañándolo en sus viajes por el mundo. Sus hijos, aunque malheridos, sobrevivieron.
. Alá Mortaji: horas más tarde muere este popular locutor de una radio local. Su residencia en el barrio de Zeitún es alcanzada por el fuego de los tanques hebreos cuando estrechan el cerco sobre la ciudad de Gaza. A la madre de Alá le tienen que amputar los brazos como consecuencia de las heridas.
Otras historias
Al reportero Fares Akram, del periódico The Independent, le tocó la terrible tarea de informar sobre la muerte de su propio padre, cuando los blindados israelíes entraron a Beit Lahia tras la primera semana de bombardeos. Su padre había sido juez con la Autoridad Palestina. En el artículo escrito por Fares Akram, que a pesar de todo siguió informando, se lee:
"Mi dolor no conlleva el deseo de venganza, que sé siempre es en vano. Pero, en verdad, como hijo en duelo, estoy encontrando que me es difícil distinguir entre lo que los israelíes llaman terroristas y los pilotos y tripulantes de los tanques israelíes que están invadiendo Gaza. ¿Cuál es la diferencia entre el piloto que voló en pedazos a mi padre y el militante que dispara un pequeño cohete? No tengo respuestas pero, cuando estoy justo a punto de convertirme en padre, he perdido a mi padre".

El cámara Ashraf Mashharawi tuvo la desgracia de filmar la muerte de su propio hermano, de 12 años, herido por la metralla del obús de un tanque Merkava. Estas imágenes, que se emitieron en Channel Four y en la CNN, molestaron a algunos blogueros pro israelíes que acusaron a Ashraf Mashharawi de estar a las órdenes de Hamás.
Lo mismo que dijeron del médico noruego Mads Gilbert , del que escriben que apoyó a los terroristas del 11S, aunque este hombre admirable se pasara día tras día operando a los heridos en el hospital Al Shifa de Gaza. (La misma basura moral e intelectual que destilan cada vez que intenta defender lo indefendible, que desde sus sillones intentan desprestigiar a quienes se juegan la vida, sean médicos o periodistas, e insultan la memoria de los muertos creyendo que así lograrán ocultar algo del horror sufrido durante tres semanas en la franja, cuando lo único que consiguen es mostrarse cual fanáticos propagandistas, insensibles al sufrimiento ajeno).
Afortunadamente, numerosos reporteros que conocen la labor de Ashraf Mashharati, según recoge la CNN, salieron a desmentir las infamias escritas por algunos desde el cobarde anonimato de la red, que tratan de sumarle al dolor de la pérdida de un hermano, el desprestigio profesional.
Asociaciones internacionales de prensa también denunciaron que el Ejército israelí interrumpiese las frecuencias de las radios locales para lanzar sus propios mensajes a la población, hecho que ya reflejamos en este blog en 2006, y que se suma a la campaña de llamadas de telefónicas a los habitantes de Gaza. Además, se ha criticado la detención de dos periodistas de la cadena iraní Al Alam por parte de las autoridades israelíes.
En pespectiva
La última muerte de un compañero de la que informamos en este blog fue la de Hamza Shahin, que resultó herido durante una incursión de los tanques israelíes en Gaza el día 7 de diciembre de 2008, cuando aún seguía en pie la tregua con Hamás.
Hasta el momento de la muerte de Hamza Shahin, el día 27 de diciembre, que trabajaba para la agencia Shehab Media, en este blog contamos siete reporteros fallecido a manos del Tsahal en Gaza. Desde el premiado Henry Miller hasta Fadel Shana, que tuvo la desgracia de filmar su propia muerte. Por lo que ahora asciende a 13 el número de profesionales que se dejaron la vida en la franja.
Si en algún lugar del mundo existiese algo así como la representación de nuestra conciencia colectiva, en esa suerte de muro deberían estar grabados a fuego los nombres de los 346 niños que en estas tres semanas de ofensiva israelí han sido asesinados en Gaza. Para que nadie los olvide. Para vergüenza de cada uno de los responsables directos e indirectos de estos actos de barbarie.
27 diciembre 2008: Ibtihal Kechko (niña, 10 años), Ahmed Riad Mohammed Al-Sinwar (niño, 3 años), Ahmed Al-Homs (niño, 18 años), Ahmed Rasmi Abu Jazar (niño, 16 años), Ahmed Sameeh Al-Halabi (niño,18 años), Tamer Hassan Al-Akhrass (niño, 5 años), Hassan Ali Al-Akhrass (niño, 3 años), Haneen Wael Mohammed Daban (niña, 15 años), Khaled Sami Al-Astal (niño, 15 años), Alaat Mokhless Bassal (niño, 18 años), Aaed Imad Kheera (niño, 14 años), Abdullah Al-Rayess (niño, 17 años), Odai Hakeem Al-Mansi (niño, 4 años), Allam Nehrou Idriss (niño, 18 años), Ali Marwan Abu Rabih (niño, 18 años), Anan Saber Atiyah (niño, 13 años), Camelia Al-Bardini (niña, 10 años), Lama Talal Hamdan (niña, 10 años), Mohammed Jaber Howeij (niño, 17 años), Nimr Mustafa Amoom (niño, 10 años).

29 diciembre 2008: Ismail Talal Hamdan (niño, 10 años), Ahmed Ziad Al-Absi (niño, 14 años), Ahmed Youssef Khello (niño, 18 años), Ikram Anwar Baaloosha (niña, 14 años), Tahrier Anwar Baaloosha (niña, 17 años), Jihad Saleh Ghobn (niño, 10 años), Jawaher Anwar Baaloosha (niña, 8 años), Dina Anwar Baaloosha (niña, 7 años), Samar Anwar Baaloosha (niña, 6 años), Shady Youssef Ghobn (niño, 12 años), Sudqi Ziad Al-Absi (niño, 3 años), Imad Nabeel Abou Khater (niño, 16 años), Lina Anwar Baaloosha (niña, 7 años), Mohammed Basseel Madi (niño, 17 años), Mohammed Jalal Abou Tair (niño, 18 años), Mohammed Ziad Al-Absi (niño, 15 años), Mahmoud Nabeel Ghabayen (niño, 15 años), Moaz Yasser Abou Tair (niño, 6 años), Wissam Akram Eid (niña, 14 años). 30 diciembre 2008: Haya Talal Hamdan (niña, 8 años)

31 diciembre 2008: Ahmed Kanouh (niño, 10 años), Ameen Al-Zarbatlee (niño, 10 años), Mohammed Nafez Mohaissen (niño, 10 años), Mustafa Abou Ghanimah (niño, 16 años), Yehya Awnee Mohaissen (niño, 10 años), Ossman Bin Nizar Rayyan (niño, 3 años), Assaad Nizar Rayyan (niño, 2 años), Moaz-Uldeen Allah Al-Nasla (niño, 5 años), Aya Nizar Rayyan (niña, 12 años), Halima Nizar Rayyan (niña, 5 años), Reem Nizar Rayyan (niño, 4 años), Aicha Nizar Rayyan (niña, 3 años), Abdul Rahman Nizar Rayyan (niño, 6 años), Abdul Qader Nizar Rayyan (niño, 12 años), Oyoon Jihad Al-Nasla (niña, 16 años), Mahmoud Mustafa Ashour (niño, 13 años), Maryam Nizar Rayyan (niña, 5 años).

1 enero 2009: Hamada Ibrahim Mousabbah (niño, 10 años), Zeinab Nizar Rayyan (niña, 12 años), Sujud Mahmoud Al-Derdesawi (niña, 10 años), Abdul Sattar Waleed Al-Astal (niño, 12 años), Abed Rabbo Iyyad Abed Rabbo Al-Astal (niño, 10 años), Ghassan Nizar Rayyan (niño, 15 años), Christine Wadih El-Turk (niño, 6 años), Mohammed Mousabbah (niño, 14 años), Mohammed Iyad Abed Rabbo Al-Astal (niño, 13 años), Mahmoud Samsoom (niño, 16 años), Ahmed Tobail (niño, 16 años), Ahmed Sameeh Al-Kafarneh (niño, 17 años), Hassan Hejjo (niño, 14 años), Rajeh Ziadeh (niño, 18 años), Shareef Abdul Mota Armeelat (niño, 15 años), Mohammed Moussa Al-Silawi (niño, 10 años), Mahmoud Majed Mahmoud Abou Nahel (niño, 16 años), Mohannad Al-Tatnaneeh (niño, 18 años), Hani Mohammed Al-Silawi (niño, 10 años), Ahmed Al-Meshharawi (niño, 16 años), Ahmed Khodair Sobaih (niño, 17 años), Ahmed Sameeh Al-Kafarneh (niño, 18 años), Asraa Kossai Al-Habash (niña, 10 años), Assad Khaled Al-Meshharawi (niño, 17 años), Asmaa Ibrahim Afana (niña, 16 años), Ismail Abdullah Abou Sneima (niño, 4 años), Akram Ziad Al-Nemr (niño, 18 años), Aya Ziad Al-Nemr (niña, años), Ahmed Mohammed Al-Adham (niño, 1 año), Akram Ziad Al-Nemr (niño, 13 años), Hamza Zuhair Tantish (niño, 12 años), Khalil Mohammed Mokdad (niño, 18 años), Ruba Mohammed Fadl Abou-Rass (niña, 8 años), Ziad Mohammed Salma Abou Sneima (niño, 9 años), Shaza Al-Abed Al-Habash (niña, 13 años), Abed Ziad Al-Nemr (niño, 12 años), Attia Rushdi Al-Khawli (niño, 16 años), Luay Yahya Abou Haleema (niño, 17 años), Mohammed Akram Abou Harbeed (niño, 18 años), Mohammed Abed Berbekh (niño, 18 años), Mohammed Faraj Hassouna (niño, 16 años), Mahmoud Khalil Al-Mashharawi (niño, 12 años), Mahmoud Zahir Tantish (niño, 17 años), Mahmoud Sami Assliya (niño, 3 años), Moussa Youssef Berbekh (niño, 16 años), Wi'am Jamal Al-Kafarneh (niña, 2 años), Wadih Ayman Omar (niño, 4 años), Youssef Abed Berbekh (niño, 10 años).

5 enero 2009: Ibrahim Rouhee Akl (niño, 17 años), Ibrahim Abdullah Merjan (niño, 13 años), Ahmed Attiyah Al-Semouni (niño, 4 años), Aya Youssef Al-Defdah (niña, 13 años), Aya Al-Sersawi (niña, 5 años), Ahmed Amer Abou Eisha (niño, 5 años), Ameen Attiyah Al-Semouni (niño, 4 años), Hazem Alewa (niño, 8 años), Khalil Mohammed Helless (niño, 12 años), Diana Mosbah Saad (niña, 17 años), Raya Al-Sersawi (niña, 5 años), Rahma Mohammed Al-Semouni (niña,18 años), Ramadan Ali Felfel (niño, 14 años), Rahaf Ahmed Saeed Al-Azaar (niña, 4 años), Shahad Mohammed Hijjih (niña, 3 años), Arafat Mohammed Abdul Dayem (niño, 10 años), Omar Mahmoud Al-Baradei (niño, 12 años), Ghaydaa Amer Abou Eisha (niña, 6 años), Fathiyya Ayman Al-Dabari (niña, 4 años), Faraj Ammar Al-Helou (niño, 2 años), Moumen Alewah (niño, 9 años), Moumen Mahmoud Talal Alaw (niño, 10 años), Mohammed Amer Abu Eisha (niño, 8 años), Mahmoud Mohammed Abu Kamar (niño, 15 años), Marwan Hein Kodeih (niña, 6 años), Montasser Alewah (niño, 12 años), Naji Nidal Al-Hamlawi (niño, 16 años), Nada Redwan Mardi (niña, 5 años), Hanadi Bassem Khaleefa (niñas, 13 años).

6 enero 2009: Ibrahim Ahmed Maarouf (niño, 14 años), Ahmed Shaher Khodeir (niño, 14 años), Ismail Adnan Hweilah (niño, 15 años), Aseel Moeen Deeb (niño, 17 años), Adam Mamoun Al-Kurdee (niño, 3 años), Alaa Iyad Al-Daya (niña, 8 años), Areej Mohammed Al-Daya (niña, 3 meses), Amani Mohammed Al-Daya (niña, 4 meses), Baraa Ramez Al-Daya (niña, 2 años), Bilal Hamza Obaid (niño, 15 años), Thaer Shaker Karmout (niño, 17 años), Hozaifa Jihad Al-Kahloot (niño, 17 años), Khitam Iyad Al-Daya (niña, 9 años), Rafik Abdul Basset Al-Khodari (niño, 15 años), Raneen Abdullah saleh (niña, 12 años), Zakariya Yahya Al-Taweel (niño, 5 años), Sahar Hatem Dawood (niña, 10 años), Salsabeel Ramez Al-Daya (niña, 6 meses), Sharafuldeen Iyad Al-Daya (niño, 7 años), Doha Mohammed Al-Daya (niña, 5 años), Ahed Iyad Kodas (niño, 15 años), Abdullah Mohammed Abdullah (niño, 10 años), Issam Sameer Deeb (niño, 12 años), Alaa Ismail Ismail (niño, 18 años), Ali Iyad Al-Daya (niño, 10 años), Imad Abu Askar (niño, 18 años), Filasteen Al-Daya (niña, 5 años), Kamar Mohammed Al-Daya (niño, 3 años), Lina Abdul Menem Hassan (niña, 10 años), Sin identificar (niño, 9 años), Sin identificar (niño, 15 años), Mohammed Iyad Al-Daya (niño, 6 años), Mohammed Bassem Shakoura (niño, 10 años), Mohammed Bassem Eid (niño, 18 años), Mohammed Deeb (niño, 17 años), Mohammed Eid (niño, 18 años), Mustafa Moeen Deeb (niño, 12 años), Noor Moeen Deeb (niño, 2 años), Youssef Saad Al-Kahloot (niño, 17 años), Youssef Mohammed Al-Daya (niño, 1 año).

7 de enero 2009: Ibrahim Kamal Awaja (niño, 9 años), Ahmed Jaber Howeij (niño, 7 años), Ahmed Fawzi Labad (niño, 18 años), Ayman Al-Bayed (niño, 16 años), Amal Khaled Abed Rabbo (niña, 3 años), Toufic Khaled Al-Khahloot (niño, 10 años), Habeeb Khaled Al-Khahloot (niño, 12 años), Houssam Raed Sobeh (niño, 12 años), Hassan Rateb Semaan (niño, 18 años), Hassan Ata Hassan Azzam (niño, 2 años), Redwan Mohammed Ashoor (niño, 10 años), Suad Khaled Abed Rabbo (niña, 6 años), Samar Khaled Abed Rabbo (niña, 2 años), Abdul Rahman Mohammmed Ashoor (niño, 12 años), Fareed Ata Hassan Azzam (niño, 13 años), Mohammed Khaled Al-Kahloot (niño, 15 años), Mohammed Samir Hijji (niño, 16 años), Mohammed Fareed Al-Maasawabi (niño, 16 años), Mohammed Moeen Deeb (niño, 17 años), Mohammed Nasseem Salama Saba (niño, 16 años), Mahmoud Hameed (niño, 17 años), Hamam Issa (niño, 1 año).

8 enero 2009: Anas Arif Abou Baraka (niño, 7 años), Ibrahim Akram Abou Dakkka (niño, 12 años), Ibrahim Moeen Jiha (niño, 15 años), Baraa Iyad Shalha (niña, 6 años), Basma Yasser Al-Jeblawi (niña, 5 años), Shahd Saad Abou Haleema (niña, 15 años), Azmi Diab (niño, 16 años), Mohammed Akram Abou Dakka (niño, 14 años), Mohammed Hikmat Abou Haleema (niño, 17 años), Ibrahim Moeen Jiha (niño, 15 años), Matar Saad Abou Haleema (niño, 17 años). 9 enero 2009: Ahmed Ibrahim Abou Kleik (niño, 17 años), Ismail Ayman Yasseen (niño, 18 años), Alaa Ahmed Jaber (niña, 11 años), Baha-Uldeen Fayez Salha (niña, 5 años), Rana Fayez Salha (niña, 12 años), Rola Fayez Salha (niña, 13 años), Diyaa-Uldeen Fayez Salah (niño, 14 años), Ghanima Sultan Halawa (niña, 11 años), Fatima Raed Jadullah (niña, 10 años), Mohammed Atef Abou Al-Hussna (niño, 15 años)...
Fuente: Al Jazeera.
En nuestro último viaje a Israel pudimos entrevistar a soldados hebreos que, arrepentidos de las acciones que habían realizado contra la población palestina, decidieron levantar la voz creando la organización Breaking the Silence.
Historia tras historia de maltrato y vejación a los habitantes de Gaza y Cisjordania. Palizas, abusos, burlas, detenciones arbitrarias. Para que nadie dude de sus palabras emplean las fotografías que se sacaban - imágenes que resuenan a las que los soldados estadounidenses se hicieron en Abu Graib - y que exponen por todo Israel.

Lo que buscan es concienciar a la población israelí de que no se trata de hechos aislados, sino de la lógica misma del Tsahal, de la manera en que han actuado todos los ejércitos de ocupación a lo largo de la historia: diseminando la humillación, la opresión y el terror entre los ocupados, que siempre los superan en número y en voluntad de lucha (ya que pugnan por su libertad).
La mejor defensa de Israel: terminar la ocupación
También existen soldados que se niegan de lleno a formar parte de las actividades castrenses. Se los conoce como refuseniks (sarvanim, en hebreo). Algunos de ellos son miembros de Courage to Refuse.
Organización que surgió en el año 2002 a raíz de una carta redactada por el capitán David Zonshein y el teniente Yaniv Itzkovits, ambos miembros de una unidad de elite con más de ochos años de experiencia en el Líbano y los Territorios Ocupados. Una misiva valiente, lúcida, que fue firmada por más de cincuenta soldados y oficiales.
“Nosotros, que entendemos que el precio de la Ocupación es la pérdida del carácter humano del IDF y la corrupción de toda la sociedad israelí. Nosotros, que sabemos que los Territorios no son parte de Israel, y que todos los asentamientos deben ser evacuados. Declaramos que no vamos a seguir luchando esta guerra por las colonias. No vamos a seguir luchando más allá de las fronteras de 1967 para dominar, expulsar, matar de hambre y humillar a todo un pueblo”.

Al día de hoy, la organización cuenta con 628 integrantes, de lo que 280 han sido juzgados por cortes marciales y han pasado hasta 35 días en la cárcel. Hecho este, que implica una importante renuncia. No por el tiempo que permanecen en prisión, sino porque el Ejército es el sitio en el que se forja y cohesiona la sociedad israelí. Y una mancha en el expediente significa convertirse en un paria, en un traidor, de cara a futuras oportunidades laborales y tantos otros aspectos de la vida en Israel.
En la ofensiva del año 2006 contra Gaza también levantaron la voz, y publicaron un anuncio en el periódico Yedioth Ahronoth en el que se leía:
“Los disparos y bombardeos del IDF en Gaza contra zonas residenciales densamente pobladas son crímenes de guerra que destruyen la seguridad y la moralidad de Israel. La verdadera seguridad nunca se va a conseguir matando a niños. Es el deber y la obligación de cada soldado del IDF negarse a derramar la sangre de inocentes”.
La semana pasada, después del bombardeo de la escuela de la ONU, los miembros de Courage to Refuse difundieron una misiva similar en el periódico Haaretz. Hasta el momento, son ocho los reservistas que han respondido a este llamado a la sensatez y la verdad. El pasado lunes, uno de ellos recibió una condena de 14 días de prisión por ello. Desde entonces, sus compañeros no han dejado de manifestarse en las calles.
"El mundo está de acuerdo con nosotros"
Los primeros actos de insubordinación se remontan al año 1970, cuando un grupo de estudiantes envió una carta a la ministra Golda Meir expresando sus reservas en relación a la ocupación de Gaza y Cisjordania. De allí saldría, años más tarde, el movimiento conocido como Shministim, que está compuesto por estudiantes del último curso que se niegan a realizar el servicio militar en los Territorios Ocupados.
Pero el movimiento más potente de todos es Yesh Gvul ( que en hebrero quiere decir “todo tiene un límite”). Surgió en 1982, durante la invasión del Líbano que terminaría con la vida de millares de inocentes. La petición de no participar en la ofensiva, que se entregó a Ariel Sharón, contó con más de tres mil firmas de reservistas.
Entre los refuseniks más destacados está Adam Keller, que en 1988 escribió con aerosol en 117 tanques: “Soldados del IDF, negaros a ser ocupantes y opresores”. Fue condenado a tres meses de prisión.
Tras volver de una misión de “asesinato selectivo” en Gaza, el piloto Yonatan Shapira comprendió que acababa de cometer un crimen de guerra. Para terminar con la vida de Salah Shehadeh, había lanzado desde su F16 una bomba de una tonelada sobre la vivienda del líder de Hamás. Catorce personas habían muerto. Entre ellas, nueve niños.
Entonces escribió una carta a los medios, que firmó con 27 de sus compañeros en septiembre de 2007. Se lo acusó abiertamente de traidor y fue dado de baja de las fuerzas armadas. En una entrevista en televisión, la gente votó mayoritariamente en su contra. “Los espectadores no están de acuerdo con vosotros”, le dijo el periodista. “La mayor parte del mundo está de acuerdo con nosotros”, contestó él.
"Israel está exagerando la amenaza de los túneles. Es parte de su guerra de propaganda. ¿Qué se cree que pasan por allí: tanques, misiles tierra aire? Porque si es así, aún no hemos visto a Hamás utilizar este armamento", afirmaba y se preguntaba hace unos días un analista en Al Jazeera.
El 22 de julio de 2006, cuando estábamos en este blog en Gaza, pudimos adentrarnos en uno de esos túneles, que se han convertido en uno de los objetivos de la actual ofensiva del Tsahal, y cuya desaparición constituye una de las principales exigencias de Israel en caso de que acepte el alto el fuego de la Resolución 1860 del Consejo de Seguridad y se retire de la franja.
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Desde entonces, EEUU ha dado 23 millones de dólares a Egipto para que termine con ellos. Medida que no parece haber dado frutos, pues los túneles, que además de armas han servido para el tráfico de personas, animales y mercancías como cigarrillos, se han multiplicado.
Hay otros reportajes sobre estos túneles, como del de Paul Martin para The Times, o como el de Zouheir Alnajjar para Collective Journalism, que pueden servir para comprender mejor este fenómeno, y tratar de valorar si las afirmaciones del analista que aparecía en Al Jazeera son acertadas o no.
A continuación, el reportaje que realizamos en los asfixiantes pasajes subterráneos que conducen de Gaza a Egipto:
Jaled Kishta, de 39 años de edad, pertenece a una de las dos principales familias que se dedican a cavar túneles en Rafah, localidad situada junto al corredor que separa Gaza de Egipto. Un negocio sumamente lucrativo, que ha convertido en millonarios a varios de sus parientes. Según sus estimaciones, hay entre 20 y 30 túneles principales que cruzan la frontera. Y más de 300 pasajes secundarios que se van abriendo desde distintas localizaciones para despistar a las autoridades, y que suelen conectarse a los túneles principales.
“Si por un AK 47 pagas 400 dólares en el extranjero, al fusil que entra por un túnel debes agregarle otros 200 dólares. Y organizaciones como Hamás hacen grandes pedidos, de miles de fusiles –explica Jaled–. Esta primera ganancia se reparte por partes iguales entre los excavadores. El dueño del túnel, además de su porción de los beneficios, aprovecha para ingresar otro cargamento similar que luego venderá por su cuenta en el mercado negro”.
“En 1982, Israel y Egipto llegaron a un acuerdo por el que dividieron a Rafah en dos. Familias como la mía quedaron separadas. Así que fueron las primeras en empezar a cavar túneles entre las casas que estaban situadas a uno y otro lado de la alambrada”, cuenta Jaled.
La segunda Intifada, que empezó en el año 2000, llevó a que el Ejército israelí luchara con mayor ahínco por terminar con el tráfico ilegal de armas a través de los canales subterráneos. Decenas de viviendas próximas a la frontera fueron destruidas para evitar que en su interior se cavaran túneles. “Mi propia casa, que estaba en primer línea, fue demolida –afirma Jaled–. Pero eso no sirvió para detener el contrabando. Ahora se buscan lugares más alejados, más originales”.
Tras la retirada de Israel de la franja de Gaza, la presión ha recaído sobre Egipto, que intenta poner fin al tráfico en la zona. Las personas detenidas por colaborar con esta actividad reciben condenas que alcanzan los 30 años de prisión.
“Desde que se fueron los judíos, aquí se trabaja con tranquilidad. La Autoridad Palestina no se mete con nosotros. El problema lo tenemos del otro lado. Lo que hacemos es que los túneles salgan a la superficie en medio de los cultivos y tomamos todas las precauciones posibles para que no sean descubiertos”, explica Jaled.
Estima Jaled que doce excavadores han muerto en los túneles desde 1982. Las principales razones han sido los derrumbes y las descargas eléctricas producidas al entrar en contacto los sistemas de iluminación con la humedad de la tierra. En los últimos tiempos, el Ejército egipcio comenzó a inyectar gas venenoso en el interior de los pasajes subterráneos. Dos primos de Jaled perdieron la vida intoxicados.
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A pesar de todo, el comercio continúa. “Para los jóvenes es una gran oportunidad de ganar dinero –señala Hammad–. Aquí no hay empleo, no hay forma alguna de progresar. La vida tiene muy poco valor. Si no te matan en un ataque, te mueres de hambre. Así que los chicos piensan que, si tienen que morir, lo mejor es que sea tratando de hacer algo útil”.
Además de contratar los servicios de familias como las de Jaled, que cuenta con unos 12.000 integrantes solamente del lado palestino, para que les traigan rifles y explosivos, Hamás construye sus propios túneles, que son utilizados para llevar a sus hombres a ser entrenados en el extranjero o para cometer atentados, como el que planeaban el pasado 25 de junio cuando secuestraron al soldado Gilad Shalit.
La historia de un excavador
Abu Hammad es un joven corpulento, de grandes manos, curtidas, manchadas de tierra, que tiene tres hijos y que acaba de cumplir 31 años. Comenzó a trabajar en los túneles en el año 2002: “La cosa empezó por casualidad. Vi que en la casa de un vecino había varios hombres que entraban todas las noches. Como conocía a uno de ellos, me acerqué para preguntarle qué era lo que estaban haciendo. Y fue entonces cuando me ofrecieron que trabajara para ellos, que formara parte del grupo”.
De la primera experiencia en un túnel no tiene buenos recuerdos: “Hacía mucho calor, me costaba respirar. Tuve que echarle cojones para que no pensaran que estaba asustado –dice–. Pero con el tiempo me fui acostumbrado y ahora me siento muy cómodo. Paso trece horas al día en su interior sin ningún problema”.
Los grupos que trabajan bajo tierra suelen tener unos diez integrantes. Cantidad ésta que se puede llegar a duplicar en situaciones excepcionales, cuando hay un pedido urgente y el túnel tiene que estar operativo en el menor tiempo posible.
Para construir un pasaje subterráneo de un kilómetro, la medida habitual de los que avanzan hacia Egipto, tardan por lo menos seis meses. El jefe de la operación cubre los gastos de materiales y alimentos, además de poner la casa o el invernadero desde el que se realiza la obra. Una vez que ha pasado la mercancía, descuenta la inversión del beneficio final.
“Del lado palestino progresamos a buen ritmo, unos diez metros al día, porque hacemos túneles estrechos, de 80 centímetros de alto por 60 de ancho. El problema lo tenemos del lado egipcio. Ahí no podemos utilizar motores para sacar la tierra porque los soldados nos escuchan. Y hacemos túneles de mayor tamaño, para traer las mercancías lo más rápidamente posible”, precisa Abu Hammad.
Se suele creer que los equipos están dirigidos por arquitectos e ingenieros. Pero esto no es cierto. Los jóvenes, en su mayoría de origen humilde, carentes de estudios, trabajan guiados por el conocimiento que ha pasado de unos a otros a lo largo de los años.
“Cavamos hasta dar con la tierra más firme. Pasamos la arena hasta que la encontramos. A veces, a tres metros de profundidad, otras, a quince. Depende de la zona –explica Abu Hammad–. Lo importante para nosotros es trabajar con un material firme, para evitar así los derrumbes, aunque sea más difícil de excavar”. Una vez que han alcanzado la profundidad adecuada, avanzan guiados por una brújula. Y, cada diez metros, sacan tubos de metal a la superficie que actúan como sistema de ventilación.
Lo que sí hacen es jurar sobre el Corán que no revelarán a nadie el trabajo que realizan. Y cada uno se especializa en una función. Abu Hammad se encarga habitualmente de los motores. Hasta el momento ha participado en tres operaciones. Cuando el túnel está terminado, el dueño les quita los teléfonos móviles y los obliga a permanecer en su interior para prevenir así posibles soplos a las autoridades israelíes. Sólo él sabe cuándo pasará la mercancía.
Abu Hammad ha construido tres pasajes subterráneos. Recuerda la ocasión en la que, además de armas, entró una familia. El padre y los niños lo lograron. Pero la madre fue detenida en el último instante por las autoridades egipcias. También tiene presente la ocasión en la que tuvieron que comprar a unos soldados egipcios que los descubrieron.
Ahora trabaja para reabrir un túnel utilizado hace tres meses para traer armas. Dice que está cansado de este oficio, que no ha ganado tanto dinero como creía, y que espera dar un buen golpe que le permita
retirarse: “Mi mujer pensaba que tenía un puesto como camarero en un restaurante de Jan Yunis, pero un día tuve que contarle la verdad, ya no le podía seguir mintiendo –afirma con evidente desazón–. La operación que más me hizo ganar fue hace dos años: me dio 10.000 dólares, con los que abrí una tienda. Ojalá logre retirarme pronto. Me preocupa que algo me pueda pasar y que mis hijos se queden sin padre”.
Según escribe Reuven Pedatzur en el periódico Haaretz, la operación Plomo Fundido, que comenzó el 27 de diciembre, tenía como objetivo dar un poderoso golpe a Hamas, destruyendo sus principales edificios y causando un gran número de muertes, con el fin de lograr que la organización integrista levantara rápidamente la bandera de la negociación.
Por esta razón, la ofensiva de las fuerzas aéreas hebreas fue sorpresiva; tuvo lugar un sábado, primer día de la semana para los musulmanes; atacó edificios llenos de personas sin previo aviso para que los desalojasen; y lanzó sus bombas sobre un grupo de jóvenes recién salidos de la academia de policía (aunque esto constituyera una violación de la Cuarta Convención de Ginebra, ya que los policías no son considerados combatientes).

Dar un golpe contundente sobre la mesa de Gaza, generar una breve y profunda ola de destrucción era, en opinión de Pedatzur, la consigna (teoría que comparten otros analistas militares como Amos Harel y Avi Issacharoff). Para ello, la Fuerza Aérea de Israel contaba con un banco de objetivos seleccionados con meticulosidad durante los meses previos.
Los problemas y dudas llegaron después: “Cuando quienes planearon la lucha se dieron cuenta de lo que debería haber estado claro desde el comienzo, que el gobierno de Hamás no iba a levantar la bandera blanca después de la destrucción de los primeros cien objetivos, la movilización terrestre se hizo inevitable”, afirma Pedatzur.
Segunda fase: ofensiva terrestre
La segunda fase de la ofensiva, que consistió en la invasión terrestre, se puso en marcha el domingo 4 de enero. Como pronosticamos en este blog, su propia lógica iba a potenciar aún más la muerte de civiles, que hasta el momento constituían el 30% de los muertos, y que han pasado a ser más de la mitad de los fallecidos.
Filtraciones a la prensa señalan que, de la llamada “troika” constituida por el Primer Ministro Ehud Olmert, la Ministra de Exteriores Tzipi Livni y el Ministro de Defensa Ehud Barak, sólo Olmert estaría plenamente decidido a seguir adelante con la operación hasta las últimas consecuencias, hasta esa tercera fase de la operación que se creyó que iba a entrar en marcha ayer, cuando se lanzaron miles de folletos sobre la franja de Gaza.
Ante la perspectiva de poder ganar las próximas elecciones, ni Barak y Livni quieren llegar a las urnas con una guerra en marcha, ni con más soldados fallecidos, en especial si se trata de reservistas, a cuyas muertes la población civil parece más sensible (en estos momentos miles esperan a las puertas de la franja, y sólo algunos han entrado).
Tampoco los debe entusiasmar demasiado la hipotética perspectiva de convertirse en primer ministro con la censura de la opinión pública internacional, cuya justificada indignación ante las matanzas en Gaza y el bloqueo aumenta por instantes, según lo demostraron tantas y tantas manifestaciones en buena parte del planeta. En este sentido, la fecha clave parece ser el 20 de enero: día en que Obama tomará el poder.
¿Tercera fase?
Se ha especulado mucho con la tercera parte de la operación Plomo Fundido. Uno de los planes para su articulación podría consistir en controlar la franja desde donde estaban los antiguos asentamientos judíos – que dominaban el 40% de la tierra cultivable de Gaza – y desde allí dividirla en cuatro partes, incluido el eje vertical que constituye la avenida Saladino.
Si la segunda fase de operaciones elevó dramáticamente el número de víctimas, que ya alcanzan las 900, una tercera fase, que incluiría la lucha cuerpo a cuerpo, casa por casa, en núcleos urbanos, resultaría terriblemente letal para la población local que, por más panfletos que se tiren desde el aire, no tiene a dónde huir debido a que Israel sigue manteniendo las fronteras cerradas a cal y canto.
También podría potenciar el número de fallecidos entre los propios soldados del Tsahal. Hasta ahora, los momentos en los que han estado más en riesgo, han sido aquellos en los que ha entrado en la ciudad de Gaza, donde Hamás cuenta con un complejo sistema de túneles. Lo mismo se puede esperar de Yabalia, aunque no de Jan Yunis, la segunda ciudad más grande de la franja, por donde los tanques ya han pasado en varias ocasiones sin encontrar demasiada resistencia.
Algunos medios señalan que Hamás logró secuestrar a un soldado de la brigada Golani, que rápidamente fue liberado, a través de uno de estos túneles. En este escenario, las ventajas tecnológicas de Israel pierden ascendiente.
¿Objetivo realista?
Para Pedatzur, el error en la operación es que agotó en apenas unos días todos los objetivos que se había fijado bombardear, y ahora tiene dificultades para encontrar nuevos, por lo que, otras de las ventajas que tiene Israel, la aérea, quedaría de este modo opacada.
Pero su mayor crítica es a la falta de metas concretas. ¿Golpear a Hamás o destruirlo? ¿De qué modo? Hasta ahora, el lanzamiento de cohetes apenas ha descendido un 50% a lo largo de la última semana.
Toda esta historia – al igual que los constantes mentidos y desmentidos de los portavoces israelíes, las masacres contra inocentes y las denuncias de empleo de armamento por lo menos controvertido – resuena a la guerra contra Hezbola de 2006, que dio un severo golpe a la moral del IDF y que provocó la creación de la comisión Winograd.

Entonces tampoco la finalidad última de la ofensiva quedaba bien determinada. Hezbolá había secuestrado a dos soldados que intentaba cambiar por Samir Kuntar y otros detenidos, como ya había hecho en 2003. ¿Qué se quería hacer con Hezbolá? ¿Destruirlo, castigarlo? ¿Golpear a la población civil para que se enfrentara a la organización de Hassan Nasralá?
Sí existe una diferencia notable con la operación en el Líbano: aquella se lanzó se forma precipitada, mientras que la actual se planeó durante meses. Hasta se construyó una réplica de algunas calles de la ciudad de Gaza en el desierto del Negev, para que los soldados pudieran entrenarse.
Fervor nacionalista
Quizás sea pronto para sacar conclusiones, pero lo que parece haber sucedido es que, ante la contundencia de los primeros golpes, el cansancio de la población israelí con los Kassam y la habitual parcialidad de los medios hebreos, en especial de las televisiones, se generó tal fervor belicista en la opinión pública que no sólo la imagen de Barak mejoró en las encuestas, sino que se produjo una suerte de bola de nieve nacionalista, exitista, como sucede en casi toda guerra, que dio aliento a esta ofensiva hasta el punto que resultó imposible de detener durante la primera fase.
Como pasó en 2006 con Hezbolá, la gente creyó que se vencería rápidamente a Hamás, y que así el problema de Gaza volvería a ponerse debajo de la alfombra (o detrás del muro, para ser más exactos), bloqueo incluido, para que todos pudieran seguir con su vida cotidiana.
Tal vez Olmert, que tiene el apoyo del resto del gabinete, y nada que perder, logre lanzar la tercera fase de la ofensiva, lo que no garantiza el éxito contra Hamás.
De no ser así, tampoco la salida de las tropas de Gaza resultará rápida o total. Recordemos que el IDF tardó más de dos semanas de salir de Líbano en 2006, aunque ya se había aprobado la resolución 1701 de la ONU.
Sólo el tiempo...
A medida que pasen los días, y que bajen las pasiones en Israel (los editoriales de Haaretz, por ejemplo, han cambiado de tono y dirección, hablan ya de retirarse lo antes posible), la idea de la imposibilidad de la victoria militar sobre Hamás, o de su altísimo coste en vidas propias y ajenas, irá ganando peso.
En 2006, nos opusimos firmemente en este blog a la guerra. Consideramos que, ante el hecho consumado de Hezbolá, el camino era el diálogo. El tiempo nos dio la razón: al año siguiente se negoció el cambio por los prisioneros, lo que hizo quedar en un gesto futil y sin sentido, la destrucción del sur del Líbano, con más de 1.300 civiles muertos, y los más de cien fallecidos del lado israelí.
También hemos censurado la operación Plomo Fundido. Y sólo el tiempo dará su veredicto. Consideramos que Israel tenía muchas otras opciones: levantar el bloqueo a Gaza, como no lo hizo durante la tregua; profundizar en la vía de negociación con Hamás para detener el lanzamiento de misiles Kassam, que ha dicho por activa y por pasiva que está dispuesto a aceptar el 67 como frontera; pero, sobre todo, ir a la causa del problema que, más allá de los maniqueismos de cierta parte de la prensa, no deja de ser el mismo de siempre: el final de la ocupación, que dura ya 41 años.
En julio de 2006, cuando estábamos en Gaza, nos hicimos eco en este blog de las denuncias realizadas por los médicos del hospital Al Shifa. Los profesionales del principal centro sanitario de la franja afirmaban que algunos pacientes presentaban heridas que les eran desconocidas. Heridas ausentes de metralla, que amputaban de raíz los miembros y que destruían los órganos internos de las víctimas. Denuncia que acompañamos con testimonios y fotografías.
Dos meses más tarde, gracias a la labor de un equipo de reporteros de la RAI (dirigido por el periodista Maurizio Torrealta, que en 2004 había denunciado la utilización de bombas de fósforo por parte de la artillería estadounidense en el cerco de Faluya), se pudo saber de qué clase de armamento se trataba.
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Este equipó logró sortear los controles del paso de Erez pasar sacar secretamente de Gaza las muestras que luego fueron analizadas en la universidad de Padova, y que permitieron llegar a la conclusión de que se trataba de armamento tipo DIME (Dense Inert Metal Explosive, "explosivo de metal denso inerte").
Diseñada para reducir los daños colaterales concentrando toda la energía de la explosión en un radio reducido, de allí las terribles mutilaciones, esta munición también tendría efectos cancerígenos debido a la presencia de tungsteno (conocido asimismo como wolframio).
Marc Garlasco, de Human Rights Watch, criticó el desarrollo de este nuevo armamento por parte del US Air Force Resarch Lab, ya que tiene como finalidad su utilización en zonas altamente pobladas.
Denuncias anteriores contra Israel
Al mismo tiempo, en el otro frente abierto, la guerra en Líbano contra Hezbolá, se sucedían acusaciones similares contra el IDF, aunque la lista resultaba mucho más extensa aún:
. Bombas de fósforo: la llamada de atención la dieron los médicos libaneses ante las quemaduras que presentaban los heridos en los hospitales. Al principio, los portavoces israelíes afirmaron que sólo se habían empleado para marcar objetivos enemigos.
Finalmente, en octubre de 2006, el ministro hebreo para relaciones con el parlamento, Jacob Edery, confirmó que las bombas fueron lanzadas "contra blancos militares en campos abiertos".
. Bombas de racimo: en un primer momento las autoridades israelíes también negaron el empleo de bombas de racimo. Sin embargo, el testimonio recogido por Haaretz de un comandante de la unidad de MLRS (Sistema de Lanzamiento Masivo de Proyectiles), que afirmó que el ejército había lanzado 1.800 cohetes esparciendo 1,2 millones de bombas de racimo, permitió descubrir la mentira. "Lo que hicimos allí fue una locura, algo monstruoso", declaró.
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Quizás lo más estremecedor de la denuncia es que el 90% de las bombas de racimo que anegaron suelo del sur de Líbano fueron lanzadas durante los últimos tres días de combate, cuando ya se sabía que iba a entrar en vigor la resolución 1701 de Naciones Unidas.
Bombas que se sumaron a las 400 mil minas antipersona dejadas por Israel tras su salida del Líbano en el año 2000, y que en este blog pudimos acompañar a los artificieros internacionales a desactivar.
Resulta asimismo importante recordar que Israel no se ha sumado al reciente tratado internacional firmado en Dublín que prohíbe esta clase de armamento.
. Uranio: Robert Fisk, ante los rastros de radiación encontrados en el terreno por el Comité sobre Riesgos de Radiación de la Unión Europea en la localidad de Jiam (base de la infame cárcel israelí en la que se ejercía la tortura), y posteriores análisis de los laboratorios Harwell de Inglaterra, se preguntaba en The Independent qué clase de nuevas bombas de uranio había usado Israel en Líbano.
Su denuncia traía a la memoria el empleo por parte de EEUU y Gran Bretaña de misiles con uranio empobrecido durante la Primera Guerra del Golfo, en 1991, que provocaron una plaga de cáncer que se extendió por el sur de Irak (y que, para sorpresa de todos, volvieron a ser empleadas durante la invasión de 2003, aunque a menor escala).
La misma historia
Hoy, la historia se repite: una vez más Israel es acusado de emplear armamento que no se adapta a la lógica bélica del escenario en que es empleado, y que pone en riesgo la seguridad de los civiles, violando así la Convención de Ginebra.
Y otra vez es Marc Garlasco, antiguo asesor del Pentágono y actual asesor en temas militares de Human Rights Watch, cuyos informes hemos citado tantas veces en este blog, quien se ha desplazado al terreno para recabar la información de primera mano sobre el uso, en este caso, de bombas de fósforo por parte del IDF sobre Gaza.
"No entiendo esta controversia. Nosotros vimos cómo los artificieros las tenían listas para lanzarlas sobre Yabalia. Eran de fabricación americana, de 155 mm. Y después las vimos explotar en el cielo", afirmó en Al Jazeera como respuesta a los portavoces israelíes que no negaban ni confirmaban el empleo de esta munición.
Por otra parte, Sheera Frenkel, periodista de The Times, identificó también obuses de fósforo blanco entre los que los tanques israelíes disparaban sobre Gaza. Específicamente: el modelo M825A1, que se trata de una versión fabricada en EEUU por Chamberlain Corporation y que reemplaza a la familia M110.

Además, en su artículo, señala que el médico noruego Mads Gilbert, que se encuentra en el hospital Al Shifa de Gaza, se muestra convencido de que Israel está empleando nuevamente la munición de tipo DIME, según la fisonomía de las heridas que presentan los pacientes a los que asiste.
Antecedentes y debate del WF
El fósforo blanco es un alótropo común del elemento químico fósforo que ha tenido un uso militar extenso como agente incendiario. Puede servir tanto para crear cortinas de humo que permitan ocultar a las propias tropas, como para atacar al enemigo, dado que produce terribles quemaduras que llegan al hueso dañando órganos internos como el corazón, el hígado o el riñón.
Se estrenó en la primera guerra mundial. En Vietnam se lo conocía como "Willy Peter" (WP: white phosphorus). Saddam Hussein lo lanzó en su ataque químico contra la ciudad kurda de Halabja, en 1998. Y los EEUU contra la ciudad de Faluya en 2004.
La Convención sobre Armas Química de 1993 no lo prohíbe, ya que considera que su finalidad última es el camuflaje debido a que al ser disparado con obuses produce una nuble blanca e incandescente. Por lo que se trataría de un arma legal para el Derecho Internacional.
Sin embargo, el Tercer Protocolo de la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales, firmado en 1980, establece que el fósforo blanco no puede usarse como arma de guerra en contra de poblaciones civiles.
En este sentido, The Times cita a Charles Heyman, experto militar y ex mayor del ejército británico, que declaró que “quienes hayan lanzado fósforo blanco deliberadamente contra civiles pueden terminar siendo juzgados por el Tribunal de La Haya. El fósforo blanco también es un arma utilizada para infundir terror, pues las partículas de fósforo que caen, arden cuando entran en contacto con la piel.”
Permitir la investigación
El empleo de Israel de este tipo de armas en zonas pobladas tiene una larga historia. Además de 2006, las empleó en 1982, también en Líbano. Hecho que negó hasta que las investigaciones periodísticas demostraron lo contrario. "Vi a dos bebés muertos que, cuando los sacaron de la morgue en Beirut Occidental durante el asedio israelí a la ciudad, repentinamente se prendieron en llamas", recuerda Robert Fisk.
En el caso de Gaza, al tratarse de un lugar superpoblado, con la mayor densidad poblacional de Oriente Próximo, su uso resulta censurable. Se trata, sin dudas, de un arma creada para la guerra convencional, como las bombas de racimo, y no para los escenarios bélicos actuales.
“Sólo se debería usar en lugares abiertos. Cuando el fósforo blanco cae no distingue entre civiles y militares”, señaló también Marc Garlasco, que pidió al gobierno de Israel que “deje entrar a los periodistas y a los miembros de Human Rights Watch a la franja de Gaza para poder investigar”.
Gracias al testimonio de Alberto Arce, el martes informábamos acerca de las trabas impuestas por el Ejército de Israel para que las ambulancias lleguen a los heridos. Y, como en anteriores ofensivas militares en Gaza y en Líbano, de los reiterados ataques contra el personal sanitario.
Estimábamos en seis el número de miembros de equipos médicos que habían muerto. Ayer, en una rueda de prensa, responsables de organizaciones de ayuda humanitaria elevaron esta cifra al denunciar que 21 paramédicos han sido asesinados desde el comienzo del ataque el pasado 27 de diciembre.

Pero no sólo los paramédicos, incluido un integrante de Oxfam, han sufrido bajas. También varios trabajadores de la ONU.
“He perdido la confianza en Israel”, declaró John Ging, director de UNRWA (la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos), en relación al ataque perpetrado ayer por el Tsahal contra un convoy de ayuda que terminó con la muerte de un conductor.
“Nos habían asegurado que a lo largo de los días que estos incidentes no se iban a repetir, y yo lo había aceptado de buena fe debido a nuestro imperativo humanitario”.
No resulta habitual una declaración tan tajante por parte de una agencia de la ONU. Y, menos aún, que esta agencia decida suspender el auxilio que presta a más de un millón de palestinos en Gaza. Hecho que habla de la virulencia y repetición de los ataques que han sufrido sus trabajadores humanitarios a lo largo de los últimos 13 días a manos del Ejército israelí.
Frenar a las ambulancias
Pero más sorprendente resulta aún la acusación lanzada por el Comité Internacional de la Cruz Roja, cuyo compromiso con las víctimas de la guerra y su neutralidad han sido siempre ejemplares.
Esta organización declaró que “los militares israelíes han fallado en su obligación bajo el Derecho Humanitario de cuidar y evacuar a los heridos”.
El incidente al que se refiere la organización con base en Ginebra está relacionado con varios supervivientes de un ataque al barrio de Zeitún. Los bombardeos provocaron una docena de muertos, pero también numerosos heridos, entre lo que se contaban cuatro niños.
Los soldados israelíes, que estaban situados a apenas 80 metros de las víctimas, tardaron cuatro días en dejar que se acercaran los paramédicos. Sabían de la existencia de los heridos, los podían ver, pero una y otra vez les negaron el acceso.
Ya hemos alabado en anteriores entradas el valor de los médicos en zonas de conflicto. En esta ocasión, tuvieron que caminar durante dos kilómetros y llevar sobre sus hombros a las víctimas debido a que no se les permitió entrar con las ambulancias. Los muertos permanecen aún en el lugar.
86 horas de espera
La organización israelí Betselem, se ha sumado a estas acusaciones, y ha ampliado el número de casos de heridos atrapados en sus casas o bajo escombros, exigiendo al IDF que permita el acceso de las ambulancias.
También nos hicimos eco de la denuncia realizada por Amira Hass el lunes en el periódico Haaretz: cinco miembros de la familia A'aiedy, entre los que se contaban dos ancianas octogenarias y tres de sus bisnietos, permanecían heridos en sus casas.
La autora de Drinking the sea at Gaza, a quien tuvimos el honor de entrevistar en este blog, se puso en contacto con la organización Médicos por los Derechos Humanos, que llamó al Ejército israelí para coordinar la evacuación.
En un artículo publicado el miércoles, Amira sostenía que aún no habían recibido ayuda alguna, que se estaban colocando agua y sal en las heridas. Habían pasado 86 horas desde el ataque.
Hace unos minutos, el Consejo de Seguridad acaba de acordar una resolución, con la abstención de EEUU, que exige el fin de los enfrentamientos en Gaza. Sin embargo, Al Jazeera informa en directo que la ofensiva continúa.
De tener éxito la tardía iniciativa de la ONU, esperemos que el Ejército israelí ponga en marcha las investigaciones correspondientes para aclarar responsabilidades en estas violaciones del Derecho Humanitario, y castigar a los culpables. Incluido el bombardeo de una escuela de la ONU que acabó con la vida de 41 civiles.
La ofensiva militar israelí en Gaza intenta enmendar los errores cometidos en la guerra de 2006 contra Hezbolá. Quiere de algún modo exorcizar los fantasmas del fracaso en el Líbano, de las imágenes los chicos del Tsahal que volvían llorando del frente al tiempo en que los milicianos chiíes resistían cada embate contra Bint Jbeil. Restituirle su buen nombre y el de los políticos que alentaron los ataques.

Se basa en dos ejes fundamentales: una feroz campaña de prensa, y un aumento del poder de fuego que busca evitar la muerte de los propios soldados, al tiempo en que provoca aún más fallecidos entre los palestinos.
Más violencia
El Ejército de Israel ha dejado constancia en innumerables ocasiones de su falta de respeto por los civiles durante los conflictos, como demuestra la larga lista de masacres que ha perpetrado a lo largo de los años.
Pero en esta ocasión, según admiten algunos analistas militares israelíes, su conducta podría estar siendo aún más opuesta a los principios fundamentales del Derecho Humanitario y la Cuarta Convención de Ginebra.
“El incidente en que 40 civiles palestinos fueron asesinados cuando el Ejército lazó morteros contra una escuela de la ONU el pasado martes no sorprende a los que hemos seguido los eventos en Gaza durante los últimos días. Oficiales de alto rango admiten que han estado usando un enorme poder de fuego”, escriben Amos Harel y Avi Issacharoff en Haaretz.
“Para nosotros, ser prudentes significa ser agresivos”, citan a un militar hebreo. “Desde el minuto que entramos, actuamos como si estuviéramos en guerra. Y eso causa un enorme daño en el terreno. Espero que los que huyen del área describan la conmoción”.
Este aumento del poder de fuego no es espontáneo sino que responde a una estrategia articulada de antemano, a una lección aprendida del conflicto de 2006 contra Hezbolá: evitar, al precio que sea, las bajas entre las propias filas.
“Después del trauma de la guerra de Líbano, el ejército comprendió que el alto número de muertes entre los soldados desgasta el apoyo del público (y, especialmente, el de los políticos) y reduce las posibilidades de alcanzar las metas. Por eso está usando técnicas agresivas para salvar las vidas de los soldados”.
Mayor propaganda
Como bien señala el artículo, este aumento del empleo de la fuerza, se traduce, como contrapartida, en un incremento sustancial en el muerto de palestinos inocentes, que en este decimotercer día de ofensiva alcanza los 700, entre los que se cuentan 219 niños.
Menciona el ejemplo de la familia Samouny, que el lunes perdió a 31 integrantes cuando un misil cayó en su casa en la ciudad de Gaza. Del mismo día, a los 13 fallecidos de la familia Al Daiya. Y, del martes, por supuesto, a los 40 inocentes que se habían refugiado en la escuela de Yabalia.
Lo que comenta al final del artículo es que, a diferencia de otros conflictos, en esta ocasión la prensa internacional poco eco se ha hecho de estas masacres.
Esto no es casual tampoco. Algunos informes señalan que no sólo la campaña militar, sino la de prensa, han sido planeadas con más de seis meses de antelación por el gobierno israelí.
Con respecto a la prensa, cuenta con activistas israelíes para los blogs, con sitios específicos en You Tube, Twitter y Facebook. Los periodistas extranjeros en Israel recibe decenas de SMS al día. La ministra Tzipi Livni está en un constante diálogo con reporteros de todo el mundo. Va con una comitiva de 80 a Sderot, minutos después aparece en CNN, luego atiende a una radio, según narra Kim Sengupta en The Independent.
El mensaje está estudiado: echar la culpa a Hamás, aunque esto significa retorcer los argumentos hasta el límite de la razón. Los portavoces del Ejército y del Ejecutivo lo repiten a todas horas. Tanto sea el ataque contra las escuelas de la ONU, como el asesinato de 21 paramédicos palestinos, como del ataque a un convoy de la Cruz Roja Internacional. "Si Hamás no lanzase Kassam, nada de esto sucedería".
Al mismo tiempo, la censura israelí impide a los periodistas extranjeros entrar a Gaza (parece que ahora algunos lo están haciendo empotrados). Esto deja casi sin testigos a las distintas masacres. Muy distinta sería la situación con decenas de reporteros recorriendo la franja. No serían pocas las historias que saldrían a la luz.
Ayer, un portavoz del Ejército hebreo apareció en Al Jazeera para decir que Israel tiene "derecho a defenderse" de Hamás. “No podemos dejar que bombardeen nuestras escuelas, que jueguen a la ruleta rusa con nuestros niños. Pero nosotros no somos Hamás, no bombardeamos escuelas, hacemos todo lo posible por evitar las muertes de civiles”, afirmó con rotundidad.
Dicho y hecho: en menos de 24 horas Israel ha bombardeado en tres ocasiones escuelas de la ONU. Aunque sabe dónde están, aunque la ONU le pasó las coordenadas de GPS, el Tsahal les ha dado de lleno. El último ataque, que ha tenido lugar hace apenas unas horas en el campo de refugiados de Yabalia, se acaba de llevar la vida de 40 inocentes.

Recordemos que, a diferencia de otros conflictos, el de Gaza es especialmente perverso porque los civiles no tienen a dónde huir. Israel los tiene cerrados a cal y canto desde hace años bajo un brutal bloqueo de elementos esenciales como alimentos y medicinas. En las escuelas de la ONU se refugian algunas de las 30 mil personas que han huido de sus casas ante la invasión terrestre que comenzó el pasado domingo.
También es importante recordar que esos desplazados internos son a su vez refugiados de 1948, de 1967, que una vez más se han visto obligados a dejarlo todo y escapar junto a sus nietos y bisnietos, con todo el peso de humillación y oprobio que esto conlleva.
Ataques contra la ONU
Si situamos en perspectiva esta terrible violación del derecho humanitario y del artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra, descubriremos que no es más que una repetición de la misma lógica de siempre: argumentando que se defiende, Israel lanza una ofensiva tan desproporcionada y violenta que la muerte de civiles está asegurada.
A medida que pasan los días, y ante el silencio cómplice de los líderes de llamados países desarrollados, la violencia y la frustración del Tsahal aumentan - ese ejército que hace décadas decía ser “el más moral del mundo” -, hasta que se les va de la manos y producen alguna gran carnicería, que destaca del resto por el alto número de muertos. Entonces sí, los líderes de las naciones democráticas se llevan las manos a la cabeza, muestran su falsa indignación, y dicen ya basta, hay que declarar un alto el fuego. Veamos los antecedentes:
1. Primera matanza Qaná
En 1996, Ariel Sharon lanza la Operación Uvas de la Ira contra Hezbolá en el Líbano. Durante 16 días las fuerzas armadas israelíes llevan a cabo más de 1.100 incursiones aéreas, bombardean intensamente el país de los cedros con 25.132 proyectiles. El nombre de la operación no era un homenaje al libro de John Steinbeck, sino una inspiración bíblica: "La espada fuera, el terror dentro, debemos destruir a los hombres jóvenes y a las vírgenes...", desentraña Robert Fisk.
El 18 de abril de 1996, un ataque contra un cuartel de la ONU en el pueblo de Qaná terminó con la vida de 106 personas que se habían refugiado allí. El gobierno de Tel Aviv se disculpó diciendo que se había tratado de un error. Argumentó que tenía noticias de la presencia de milicianos de Hezbolá.
El vídeo de un casco azul de Naciones Unidas, originario de las islas Fidji, muestra a un avión no tripulado hebreo volando por la zona antes del ataque, por lo que los mandos castrenses israelíes tenían una visión muy clara de lo que sucedía. Esta revelación, conseguida por Robert Fisk, y el informe posterior de la ONU, dejaron en muy mal lugar a Israel, que había afirmado que no tenía aeronaves en el momento en la zona.

Tal fue el estupor mundial que Israel dio por terminada la Operación Uvas de la Ira tras firmar un acuerdo con Hezbolá, en el que ambas partes se comprometían a respetar a civiles (para Hezbolá, llamada siempre "organización terrorista" por la administración hebrea, significó un importante reconocimiento, ya que estaba rubricando un tratado de igual a igual con un Estado).
También la Operación Paz para Galilea, de 1982, que llevó a las tropas de Sharón hasta Beirut, dio lugar a una brutal matanza: Sabra y Chatila, que se cobró la vida de 1.750 personas.
2. Segunda matanza Qaná
El día 25 de julio de 2006, cuatro observadores de Naciones Unidas murieron como consecuencia de las bombas israelíes en el Líbano. Hasta en diez ocasiones se pusieron en contacto con los altos mandos del Tsahal para avisarles de su posición, pues el fuego se acercaba progresivamente al lugar en el que se encontraban.
El secretario general de la ONU en ese momento, Kofi Annan, afirmó que el ataque contra la FINUL había sido deliberado, pese a haber aceptado las excusas del primer ministro israelí Ehud Olmert.
La siguiente matanza llegó el 30 de julio. Otra vez en Qaná, sólo que una década más tarde. Al principio se hablaba de 56 muertos. Después la cifra bajó a 28, de los que 14 eran niños. Las tareas de rescate, en medio de la guerra, fueron sumamente complejas y se vieron interrumpidas en varias ocasiones. El gobierno de Olmert argumentó que Hezbolá había utilizado a los civiles como "escudos humanos", acusación desmentida por Human Rights Watch.
Como de costumbre, no faltaron los intolerantes y demagogos, los que tienen siempre la palabra "antisemita" en la punta de la lengua, que salieron a decir en la red que las fotos publicadas, entra las que se encontraban las de mi admirado amigo Lefteris Pitarakis, que se jugó la vida para retratar a los bebés que salían de los escombros, eran un montaje, eran falsas.
El mundo tardó dos semanas más en decir basta, pero el peso de la prueba de Qaná estaba allí. El Consejo de Seguridad aprobó la resolución 1701, haciéndole también un favor a Israel, que se había quedado empantanado en el avance terrestre ante la férrea defensa de Hezbolá en pueblos como Bint Jbeil.
Hoy, las tumbas de los muertos ocupan una plaza poblada de enormes fotografías en Qaná, situada a unas pocas manzanas del memorial en honor a las víctimas de la anterior masacre, la que tuvo lugar en el cuartel de la ONU en 1996. En Marwahin, donde también Israel bombardeó a 23 civiles tras darles permiso para huir, no hay recordatorio alguno de esa otra carnicería, también de 2006.
3. Masacre en Beit Hanún
La Operación Nubes de Otoño sucedió a finales del 2006 a la operación Lluvia de Verano en Gaza. Se centró en la localidad de Beit Hanún. Terminó con la vida de 63 palestinos, la mayoría civiles.
Los tanques hebreos alcanzaron a un autobús escolar, matando a Ramzi Al Ashrafi, de 16 años, y provocando irreparable daño cerebral a Najwa Khleif, una maestra de 20 años. Mataron también a dos conductores de ambulancias.
Pero el punto de inflexión fue la muerte de 18 miembros de una misma familia, durante la noche. Una vez más, el horror del mundo hizo que Israel bajase las armas.
¿Reaccionará el mundo?
Podemos esperar que la muerte de 40 inocentes hoy en una escuela de la ONU en Gaza provoque la ira del mundo, y finalmente nuestros líderes salgan de su cobarde y cómplice silencio, de la única y hueca frase que parece haberles quedado en su vocabulario "deeply concerned", para que Israel tenga que dar marcha atrás en su ofensiva.
Israel cuenta con un factor a su favor: a diferencia de otras ocasiones ha establecido un insoslayable bloqueo informativo - censura pura y dura - que impide la presencia de periodistas extranjeros que, como hizo Lefteris Pitarakis aquella mañana de julio de 2006 en que viajó de Tiro a Qaná, puedan desplazarse a la zona para contar qué sucede.
Mientras escribo estas palabras, otro portavoz israelí, Mark Regev, aparece en las pantallas de Al Jazeera. Afirma que un comando de Hamás estaba disparando desde la escuela y que estaba usando a los civiles como “escudos humanos”. Lo que me provoca una sensación de deja vu, de haber escuchado esto una y otra vez en el pasado, en esta nefasta historia que no deja de repetirse.
El locutor le pregunta por qué tampoco permiten el acceso de la prensa, o de organizaciones internacionales como Human Rights Watch, que es lo que ha pedido la ONU. “No es una propuesta seria. Hamás ha creado un regimen semi totalitario como el de los talibán... Las mujeres llevan velo. La gente no es libre para hablar. Es como mandar una comisión independiente a Corea del Norte”.
“Acaban de bombardear el hospital de Yabalia”, afirma Alberto Arce por teléfono. Se lo nota alterado, conmovido. “Pasó hace unos minutos. Estábamos hablando con los médicos cuando un misil cayó a pocos metros”.
Ante la censura de Israel, que no permite entrar a los periodistas a Gaza, Alberto se ha convertido en nuestros ojos y oídos, más cercanos en acento, en idiosincrasia, dentro de la franja. Está en el campo de refugiados de Yabalia, uno de los sitios de mayor pobreza en esta franja a la que, a golpe de bloqueo, se la ha sumergido en la miseria, se la hecho volver en el tiempo.

Le pregunto a Alberto por las víctimas civiles. Narra la constante llegada de heridos y muertos al hospital, que cuenta con financiación española, entre ellos mujeres y niños. Lleva dos días sin dormir. Pide al gobierno español que actúe en defensa de los inocentes. Confirma también que dos ambulancias fueron atacadas por el Tsahal. Sus integrantes murieron: cuatro paramédicos. Estos se sumarían a los dos médicos asesinados el día 31 de diciembre.
Atacar al personal sanitario
Una vez más, el personal sanitario se convierte en víctima de los militares israelíes. Sucedió en la guerra de Líbano de 2006 (recordemos las dos ambulancias de la Cruz Roja Libanesa, con pacientes en su interior, bombardeadas a las afueras de Tiro) y en las anteriores incursiones en Gaza, como hemos contado en este blog.
En el pasado, cuando había heridos o muertos, la gente llamaba a los hospitales. También se ponía en contacto con las radios (la mayor parte de las radios en Gaza están adscrita a una organización u otra organización: Hamás, Fatah, Yihad Islámica).
Los gritos de dolor, los pedidos de auxilio, de los familiares de los heridos, o de los vecinos, resonaban en las ondas, y así se ponían en marcha las ambulancias que se dirigían al lugar del ataque (lo mismo para los periodistas que, al tener las radios siempre encendidas, sabíamos hacia dónde ir).
Asimismo, las familias llamaban a las radios cuando los soldados israelíes tomaban sus casas y las encerraban en alguna habitación para usarlas como escudos humanos. Sus voces, asustadas, pedían agua, comida. Pero también reclamaban la intervención de los vecinos árabes, de Europa, de la ONU.
Sin medios para comunicarse
En esta ocasión, la mayor parte de las líneas de Jawal, la compañía telefónica palestina, han colapsado debido al bombardeo de transformadores, según informa Amira Hass en Haaretz. Por esta razón, pedir ayudar médica resulta mucho más difícil. Ella misma, que vivió en Gaza durante tres años, fue telefoneada por antiguos amigos que le pedían auxilio. Así cuenta lo sucedido:
“Sábado por la noche, un obús o misil alcanza la casa de Hussein al Aaiedy y sus hermanos. Veintiún personas viven en esta casa aislada, situada en la zona agrícola del barrio de Zeitún, al este de la ciudad de Gaza. Cinco personas resultaron heridas: dos mujeres de ochenta años (su madre y su tía), su hijo de 14 años, su sobrina de 13 años y su sobrino de 10 años”.
“Veinte horas más tarde, los heridos aún están sangrando bajo un techo del patio de la casa. No tienen electricidad, no tienen calefacción, no tienen agua. Sus parientes están con ellos, pero cada vez que intentan salir a buscar agua, el ejército les dispara”.
Finalmente, al recibir la noticia, uno de los vecinos la llamó. No había nada más que pudiera hacer. Amira, a quien hemos entrevistado en este blog, y que es autora del libro “Drinking the sea at Gaza”, se puso en contacto con la organización israelí Médicos por los Derechos Humanos. Ellos telefonearon al Ejército, pero los oficiales responsables de la coordinación de ayuda no les devolvieron la llamada.
Permiso denegado
Esa es la lógica que siguen las ambulancias en Gaza, que pertenecen mayoritariamente a la Media Luna Roja. Se acercan a la zona donde les han informado que están los heridos, y entonces empiezan las negociaciones con el Tsahal para que les dejen acceder, que las lleva a cabo el Comité Internacional de la Cruz Roja. Según afirma Sharon Lock desde Gaza, integrante del International Solidarity Movement: “los israelíes niegan constantemente el ingreso del personal médico”.

El único medio internacional que ha logrado colarse en la franja, Al Jazeera en inglés, narra día a día lo que sucede en el principal hospital: Al Shifa. Una labor extraordinaria, de la que es desde hace tiempo la mejor cadena de noticias internacionales por su cobertura en sitios como Somalia, Darfur y Afganistán. Por su periodismo de investigación, pausado, se aleja del habitual "show descontextualizado" de las noticias en televisión.
Allí, los médicos trabajan en turnos de 24 horas para atender a los heridos, que se amontonan en los pasillos. Se quejan de la falta de medicinas. Las imágenes que muestra la cadena, de padres que llegan en busca de sus niños, para encontrarlos muertos en el suelo, resultan profundamente conmovedoras. Llevan cuatro días sin corriente eléctrica. Sólo funcionan con generadores. En el caso de que fallasen, no pocos heridos en cuidados intensivos perderían la vida.
El valor de los médicos
En este blog hemos tenido la posibilidad de entrevistar a numerosos médicos en zonas de conflicto, como el doctor Ibrahim Faraj, que pasó 33 días encerrado en el hospital Hiram de Tiro, o el doctor Denis Mukwege, que rescata a la mujeres violadas en el Congo.
Nuestra admiración por ellos, por su valentía. También por los conductores de ambulancias y paramédicos que se juegan la vida para acercarse a los heridos en medio de los tiroteos y bombardeos. Son la expresión silenciosa, anónima, del coraje y el compromiso ante la barbarie.
En este caso, la barbarie se vislumbra en las palabras de la ministra Tzipi Livni, que ha negado la existencia de una “crisis humanitaria” en Gaza. Si sumamos el hecho objetivo de que la población de la franja lleva casi tres años de bloqueo de sus bienes básicos: gasolina, medicinas, alimentos, electricidad, a lo difícil que resulta en estos momentos brindarles cualquier clase de ayuda, el diagnóstico resulta sin dudas el contrario.
Saber que en ahora hay gente en sus casas, desangrándose, hambrienta, sedienta, sitiada por la oscuridad, por las bombas, produce una honda desazón. A diferencia de otros conflictos, en Gaza la gente no tiene a dónde huir debido al bloqueo de las fronteras por parte de Israel. Gaza es una gran prisión, una ratonera. Y ya hemos visto, que quienes encontraron refugio en escuelas de la ONU, han sido atacados. Hoy, 40 personas murieron en uno de estos centros financiados por la comunidad internacional (es el tercer ataque contra una escuela de la ONU en lo que va de ofensiva).
“Lo que tenemos aquí es el resultado de esta operación militar. Alguien tendrá que dar cuentas de estas acciones”, señaló hace unas horas John Ging, director de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos. No se encontraba en un despacho a cientos de kilómetros de distancia, sino en la puerta del hospital Al Shifa. Asimismo, alabó la labor de los médicos, su entrega.
Por su parte, Christopher Gunness, portavoz de UNRWA declaró: “La organización para la que trabajo tiene entre nueve mil y diez mil empleados en el terreno. Ellos hablan con los habitantes ordinarios de Gaza. La gente está sufriendo. Una cuarta parte de todos los asesinados ahora son civiles. Por eso cuando escucho a gente decir que está haciendo todo lo posible para evitar las víctimas civiles, me suena a un discurso hueco”.
Cuando estuvimos en Gaza durante el año 2006, fuimos testigos de numerosas incursiones terrestres de las fuerzas armadas israelíes.
Los escenarios variaban, pero la lógica articulada era siempre la misma: en su intento por liberar al soldado Gilad Shalit, una semana entraban los tanques Merkava MK IV y las excavadoras blindadas por el sur, a través de Rafah. A la siguiente ingresaban por Erez y se plantaban en el campo de refugiados de Beit Hanún, en la parte norte de la franja. Días más tardes se colaban por el centro, a través del paso de Karny (ese que no permite el ingreso de alimentos y medicinas, pero sí de tropas), y sitiaban Al Magazy.
En aquellos tiempos también Israel bombardeaba. Se llevaba por delante igual que hoy la vida de inocentes, como el profesor Nabil Abu Silmiya, asesinado en su casa junto a su mujer y sus siete hijos. O daba en el blanco equivocado, como le sucedió a Jamil Habibi y a su familia. Pero la mayor parte de las muertes de civiles tenían lugar cuando los soldados israelíes ponían sus botas en tierra palestina.
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A diferencia de ahora, el mundo no prestaba atención, ya que al mismo tiempo tenía lugar la guerra contra Hezbolá. Sin embargo, aquella operación, llamada Lluvia de Verano, no estuvo alejada en número de muertos: 450, la mitad de los cuales eran civiles entre los que se contaban 61 niños (aunque el 30 de octubre de 2006 Ehud Olmert iría al Knesset para decir que habían matado a “300 terroristas” en Gaza, lo que generó las protestas de grupos de derechos humanos israelíes como Betselem).
Más inocentes muertos
¿Por qué la incursión terrestre que acaba de comenzar será peor? Por la propia dinámica de las fuerzas de infantería. El piloto que bombardea desde su F16, a miles de metros de altura, no se siente amenazado de manera alguna ya que Hamás carece de armamento antiaéreo. Se toma su tiempo para acertar en el objetivo.
Claro que los perversamente llamados “daños colaterales” están garantizados, pues soltar bombas de varias toneladas sobre uno de los lugares más densamente poblados del planeta implica matar a inocentes (como Gideon Levy enfatizaba en una misiva publicada ayer a los pilotos israelíes, pidiéndoles que reflexionen, quizás en honor al extraordinario aviador Yonatan Shapira que por razones morales se negó a bombardear a civiles palestinos en 2003).
Pero cuando los soldados se desprenden de la parte trasera de los Merkava y de los vehículos de transportes de tropas, y avanzan por las calles de los campos de refugiados, se sienten amenazados, expuestos, y sus respuestas son mucho más indiscriminadas ("Los primeros días de combate, los miembros de una nueva unidad mostrarán aprensión y miedo continuo", afirma Gwen Dyer en su famoso libro "Guerra").
“They are kids”
Recuerdo un día que tuve que salir de Gaza para renovar en Jerusalén la acreditación de periodista. Al volver, la parte norte de la franja estaba en pleno combate. Tras rogarle a un comandante hebreo durante horas que me dejara entrar, finalmente accedió: “Les voy a pedir que dejen de disparar unos minutos mientras pasa tu coche, pero no te puedo garantizar nada. Si les disparan, ellos disparan. Son chavales”.
They are kids, expresión sumamente honesta, en inglés americano, de vocales mascadas cual chicle, que aún reverbera en mí: "son chavales". Chavales asustados, chavales cargados de armamentos, chavales que piensan en volver a casa en una pieza para ver a sus familias, para encontrarse con sus novias y amigos, para embarcarse en esos viajes maratónicos por Asia y América Latina que con sus mochilas al hombro suelen hacer al terminar los tres años de servicio militar. Chavales a los que se garantiza cobertura para los móviles, apuntando las atenas hacia Gaza, así pueden llamar a sus hogares.
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Jóvenes que saben que Hamás, que se cree Hezbolá pero que no lo es, les ha preparado emboscadas con lanzagranadas RPG (no es Hezbolá por el desorden, por los delatores, porque se trata de una organización sunní en lugar de chií). Una amenaza que, en términos militares poco daño podría hacerles, en especial con los vetustos AK 47, pero que igualmente está allí, latente.
Pero también jóvenes cuyo gobierno no ha mostrado empatía ni discriminación contra sus enemigos. Los ha llamado terroristas, animales enfermos de un odio sin explicación. Los ha condenado a todos por igual al hambre, a la enfermedad, ya sean mujeres, ancianos o niños. Por eso, aunque les tiemblen las manos, al mismo tiempo sacan pecho, se muestran arrogantes, desafiantes, quieren hacer justicia, quieren pasar a la historia, como los hérores de Yom Kippur.
Escudos humanos
Las operaciones solían durar entre dos y tres días. Primero avanzaban los tanques Merkava. Luego las excavadoras que como laboriosos insectos arrasaban los cultivos, los olivos, las granjas de animales, las fábricas, las escuelas. Dejaban a sus espaldas nada más que tierra yerma para evitar la permanencia de sitios desde los que se pudieran parapetar los milicianos de Hamás, la Yihad Islámica o los Comités Populares de la Resistencia.
Una vez situados en posición, los soldados hebreos bajaban y entraban en las casas. Elegían las más altas, de dos o tres plantas. Colocaban siluetas de cartón en las ventanas. Hacían agujeros en las paredes y se apostaban sobre bolsas de arena.
En violación del artículo 27 de la Cuarta Convención de Ginebra, encerraban a las familias en alguna habitación: sin agua, sin alimentos. Las usaban como escudos humanos – según los testimonios que recopilamos para el libro Llueve sobre Gaza y las denuncias de Betselem -, aunque en 2002, la Corte Suprema israelí prohibiera esta práctica.
Desde lo alto de las casas disparaban a las aceras, a las viviendas colindantes. Al volver hacia Israel, dejaban la vivienda en ruinas, y sobre el suelo las latas vacías de comida, los pañales llenos de excrementos. Solían llevarse todo lo que tuviera algún valor, desde joyas hasta dinero en efectivo.
Del pasado al presente
Cuántos testimonios hemos documentado en este blog de gente inocente, que fue asesinada por los francotiradores mientras huía, cuando cada día repetíamos la macabra rutina de acercarnos al frente, para luego volver al hospital Al Shifa con las ambulancias llenas de cadáveres y heridos, y finalmente asistir a los entierros con la intención de hablar con los familiares, de poner nombre y apellido a aquellas historias de pérdida y desolación.
Recordemos el caso de Fadi Abu Wanda, que iba corriendo a la casa de su abuelo a llevarle agua en Beit Lahia. Una bala terminó en su cerebro. Su padre, miembro de Fatah, aún hoy espera que le den permiso para llevarlo a que lo operen en Israel.
O el caso de Huda Natur, que al ver que entraban los tanques Merkava, cogió a sus hijos y salió corriendo. Un misil Hellfire, disparado desde un avión no tripulado, los dejó mutilados a los tres. Divorciada, Huda luchaba con ahínco por sacar adelante a sus pequeños. Trabajaba el campo. La metralla le había desfigurado el rostro. Murió dos semanas más tarde en la UVI del hospital Al Nasser.
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También las hermanas Okal, que recibieron un impacto de obús de Merkava en el salón de su casa, durante una operación terrestre en el barrio de Siyaía (la foto central es de su funeral). La menor tenía ocho meses. Mientras eran enterradas, las bombas seguían cayendo de fondo.
No sabemos si la incursión militar que acaba de comenzar se limitará a las zonas fronterizas: Rafah y Beit Hanún. O si irá hasta la ciudad de Gaza y hasta el bastión de la resistencia: el campo de Yabalia, donde comenzó la Primera Intifada, y donde Ariel Sharon condujo en 2004 la operación Días de Penitencia, que terminó con la vida de 133 palestinos.
Podemos deducir, tras el estrepitoso fracaso de la infantería hebrea contra Bint Jbeil - pueblo en el que Israel perdió tanques tras tanque- y demás puestos fuertes de Hezbolá al sur del río Litani en 2006, que el Tsahal podría haber desarrollado nuevas tácticas de combate. Aunque lo cierto es que Gaza, por su intricada estructura edilicia - esos enjambres de casas que los refugiados construyeron respetando la distribución de sus pueblos, y luego ampliaron para sus hijos, nietos y bisnietos, pues apenas una quinta parte son originarios de allí -, no deja lugar para muchas opciones.
De lo que estamos seguros es que la fase terrestre de la operación Plomo Fundido – a la que Robert Fisk ha bautizado como Uvas de la Ira II, porque el número de civiles muertos, al igual que los 56 que fallecieron en Qaná en el 1996, parece asegurado – terminará con muchas más vidas de las 446 que hasta ahora contamos y lamentamos.
La ignominia y el horror sufridos por Fadi Abu Wanda, Huda Natur y las hermanas Okal, se sucederán con otros apellidos, con otros rostros, pero en nombre del mismo sinsentido.
Al igual que muchos líderes israelíes, Condoleezza Rice sufre de un extraño síndrome que la hace ver las cosas al revés: confunde agresores con agredidos, ocupantes con ocupados.
Una lluvia de misiles cae sobre la franja de Gaza. Mata en apenas unas horas a 250 personas entre las que se encuentran jóvenes reclutas de la policía que estrenan trabajo (bien escaso en la franja, donde el paro alcanza el 60% tras años de bloqueo); niños, mujeres y ancianos que se encuentran en sus hogares.

Inmediatamente, el pasado sábado, ella sale a los medios de comunicación para declarar: “Nosotros condenamos firmemente el ataque sobre Israel y hacemos responsable a Hamás”.
Como señala Mark Steel en The Independent, apelando a la vieja ironía británica: “Alguien debería preguntarle sobre los adolescentes que apuñalan a gente en la calle, para ver si ella responde: Condeno firmemente a la gente apuñalada, y hasta que no abandonen la práctica de ir por ahí sacudiendo la cintura y sangrando, no habrá esperanza para la paz”.
En otras palabras, EEUU le da unos 3.000 millones de dólares al año a Israel en ayuda militar (entre 1949 y 2001 recibió: 94.966 millones de dólares). En lugar de usar este dinero para retirar a los colonos de Cisjordania y poder crear un Estado palestino, yendo así a la causa del problema y respondiendo de una vez por todas a la obligación moral y jurídica que tiene desde 1967, Israel compra aviones F16, helicópteros Apache y misiles Hellfire con los que bombardea la franja de Gaza. Comete la peor masacre de su historia. Pero la culpa es de Hamás por su "ataque contra Israel".
La ocupación es palestina
Hoy, cinco días más tarde, la cifra de muertos alcanza los 425 y la situación humanitaria en Gaza es más desastrosa aún si cabe. El gobierno israelí, una vez más niega el acceso de ayuda, como lo hace sistemáticamente desde hace casi tres años, inclusive durante la última tregua con Hamás, cuando no caían Kassam sobre Israel pero éste sí lanzaba hambre y devastación sobre los palestinos (os recomiendo encarecidamente la lectura del brillante artículo de Mónica Prieto: Desmontando los tópicos de Gaza).
Condolezza Rice, después de hablar con Bush, sale y declara esta tarde ante la prensa: “Acusamos a Hamás de mantener cautivos a los habitantes de Gaza”.
Los habitantes de Gaza no pueden huir porque alrededor de la franja, que tiene 365 kms2, donde no está el mar poblado de patrulleras hebreas, hay un gran muro. Ese muro lo controla Israel. Pero no sólo no deja salir a nadie, ni siquiera a los enfermos que necesitan atención urgente, sino que apenas permite el ingreso de medicinas, combustible o alimentos (el 46% de los niños de Gaza sufre anemia severa, el 30% desnutrición crónica).
Inclusive antes de que Hamás consiguiera el poder de la franja en 2007, ya Israel ejercía su férreo bloqueo humano y material (como documentamos en este blog desde el terreno y en el libro “Llueve sobre Gaza”). Inclusive antes del secuestro del soldado Gilad Shalit, en junio de 2006, ya la que es conocida como "la mayor prisión del mundo" estaba cerrada a cal y canto.
Inclusive antes de que se fueran los colonos en septiembre de 2005, el control era férrero. Aquellos ocho mil colonos judíos que vivían en Gaza y que ocupaban el 40% del territorio. Para protegerlos del millón y medio de palestinos que vivían hacinados en el resto de la franja, los soldados israelíes imponían constantes toques de queda, registros, realizaban bombardeos, detenciones seguidas de torturas y vejaciones.
De hecho, Gaza se comenzó a cerrar mucho tiempo atrás, al final de los años noventa, antes de la existencia de los misiles Kassam, cuando la mano de obra palestina comenzó a ser reemplazada por extranjeros, como explica Robert Fisk con cifras reveladoras en su libro "La gran guerra por la civilización".
El final de un régimen nefasto
A esta altura, la señora Rice puede decir lo que quiera. Puede repetir un millón de veces la palabra terrorista. Puede hasta decir que los palestinos no aman a sus niños y los usan como escudos humanos.
Su prestigio la precede: ha sido uno de los ejes fundamentales de la que es aclamada unánimemente como la peor administración de la historia de EEUU. Deja detrás de sí un mundo más inseguro, desigual y violento. Desde Somalia, donde acaba de renunciar el presidente Abdullahi Yusuf y Al Shabab ya lanza amenazas contra Occidente, pasando por la devastada Irak, hasta llegar a un Afganistán en el que los talibanes no dejan de ganar terreno.
Ha formado parte de un gobierno que provocó cientos de miles de muertos, que detuvo ilegalmente, que torturó, que mintió, mientras trataba de imponer al mundo el delirante proyecto de los neoconservadores, mientras hacía más ricos aún a los empresarios amigos (seis mil millones de dólares para Eric Prince y demás mercenarios desde 2001).

Se va como empezó: entre mentiras y manipulaciones, con las manos manchadas de sangre de gente inocente.
Archivo de GAZA