Viaje a la guerra Viaje a la guerra

Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Gaza, en busca de un título

De fondo: un violín desafinado. El infatigable anciano que rasga las cuerdas con la esperanza de que algún conductor le de unas monedas. Sería un agradable hilo musical, si supiera tocar el instrumento. Pero lo cierto es que parece no tener idea de música, y las notas que enlaza de manera casual e imprevisible desafían los preceptos básicos de la armonía. Eso, o es un artista conceptual.

Lo cierto es que se trata de un hombre entrañable, que está en una situación muy difícil. Trabajar toda una vida para terminar solo, mendigando en una esquina, me parece sumamente injusto, una mierda. Por eso lo saludo con cordialidad al pasar a su lado, aunque cuando no logro escribir y escucho el ruido que hace de doce del mediodía a doce de la noche, a veces me sienta tentado de salir al balcón y tirarle cordialmente una maceta.

De oyentes involuntarios de los conciertos del anciano, las miles de personas que viven en los edificios de treinta, cuarenta plantas, que pueblan este barrio porteño. “Una ciudad de pie”, como escribiera el genial Celine en relación a Nueva York, tan distinta en este sentido a Madrid, que yace recostada aunque sin demasiada placidez.

En primer plano, la mesa tras la que me he parapetado con todos mis bártulos. Los mismos que este año me han seguido a lo largo de los viajes, de hotel en hotel. Un poco confusos, huérfanos, acostumbrándose al cambio de horario, pero fieles. Los cuadernos, los recortes de prensa, los borradores, los libros con referencias útiles o no, el ordenador, la impresora, el disco de memoria, los bolígrafos, los informes de organizaciones de derechos humanos. Viaja ligero de equipaje, dicen los sabios. Tengo que trabajar, les respondo mientras avanzo por los pasillos del aeropuerto cargado de maletas.

Me vine a Buenos Aires para escapar de la locura de Madrid en fiestas, y terminar el libro sobre Gaza que parte de las entradas de este blog. Ante todo, un alegato contra el castigo colectivo, una denuncia de la tremenda situación que han vivido los civiles en el conflicto. Un recordatorio de tantas personas inocentes a las que he visto perder la vida.

Gaza durante la Operación Lluvia de Verano, día a día, con escasez de electricidad, agua, medicinas y alimentos. Paupérrima, desesperada, bajo las bombas que no cesaban, desgarrada por el dolor y la barbarie.

Hoy he llegado a la página número 100. La cima empieza a aparecer entre las nubes. Después vendrán las correcciones, la verificación de datos y el envío a la editorial para que salga publicado en marzo.

Ante la cercanía del final me inquieta no tener título. Acaricio unos cuantos, juego con ellos, repaso las páginas escritas para ver si encuentro alguna frase o expresión que me pueda dar una pista.

Y se me ocurre esta idea, quizás un poco egoísta, de escribir en el blog una entrada pidiendo títulos, una consulta a todos vosotros, que me habéis acompañado en Gaza, o que os habéis incorporado después, alguna sugerencia.

Esta es la foto que creo que debería ir en la portada. La historia de la menor de las hermanas Okal, una de las que más me han marcado en Gaza (aunque quizás sea demasiado dura, no sé).

Y los títulos que tengo en mente, y que no me terminan de convencer son: “El sitio de Gaza”, “Muerte en Gaza”, “El infierno en Gaza”. Creo que la palabra “Gaza” debería ir.

Aunque también me atrae jugar con el nombre de la operación militar: Lluvia de verano. Por lo que quedaría algo así: “Lluvia de verano en Gaza”, “Llueve sobre Gaza”. No sé. Todo son dudas. Si no os parece un disparate, pido el comodín de vuestra amistad.