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¿De dónde surge decir ‘tener mala uva’ para indicar que alguien tiene mal carácter?

A través de la cuenta en Instagram de este blog (@yaestaellistoquetodolosabe2) me llega un mensaje de Jesús Martín en el que me pregunta de dónde surge decir ‘tener mala uva’ para indicar que alguien tiene mal carácter.

De dónde surge decir ‘tener mala uva’ para indicar que alguien tiene mal carácter

Siglos atrás la bebida alcohólica más popular, al alcance de más personas y con la que solían emborracharse la mayoría, era el vino. Esto originó que el término ‘uva’ (fruta con cuyo zumo fermentado se realizaba el vino) fuese uno de los muchos sinónimos para referirse a una persona borracha.

De dónde surge decir ‘tener mala uva’ para indicar que alguien tiene mal carácterAsí lo recoge el tomo VI del Diccionario de Autoridades de 1739 (el primer diccionario oficial publicado por la RAE) con la siguiente acepción: Por alusion llaman al borracho’.

Pero cabe destacar que, originalmente, la mencionada ‘mala uva’ no se refería a una posible mala calidad de la fruta con la que se había elaborado cierto caldo sino a los ‘malos borrachos’, aquellos individuos que tenían mal beber y que tras la ingesta de alcohol su carácter se volvía malhumorado, violento y/o agresivo.

 

 

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El origen de la expresión ‘dar la matraca’ y su relación con la Semana Santa

El origen de la expresión ‘dar la matraca’ y su relación con la Semana Santa

Una matraca es un instrumento de madera en el que cuelgan unos mazos que, al hacerlos girar, produce un sonido molesto de mucha intensidad y muy repetitivo que desde la Edad Media se encuentra en muchos conventos siendo utilizado desde entonces a primerísima hora de la mañana, en el momento más temprano del amanecer, para convocar a la oración matutina (conocida como maitines).

Era tal el ruido y resultaba tan desapacible que la matraca se convirtió en sinónimo de algo molesto e incordio, acuñándose la expresión ‘dar la matraca’ para referirse a aquellas personas pesadas e insistentes en alguna cosa y que termina cansándonos e incluso sacándonos de nuestras casillas.

Durante la Semana Santa y ante la costumbre de no realizarse toques de campana, debido a que por tradición éstas enmudecen durante los días centrales de ese periodo litúrgico (del Jueves Santo al Domingo de Resurrección) se convocaba a los feligreses a acudir a los santos oficios a través de las matracas, algo que se convertía en ensordecedor, molesto y repetitivo.

También cabe destacar que son utilizadas en un gran número de procesiones de Semana Santa las carracas, que vienen a ser unos pequeños instrumentos de madera que al hacerlos girar producen un sonido ensordecedor similar a la matraca.

En el siguiente vídeo podréis comprobar cómo es el sonido de una matraca

Y en este otro vídeo podréis visionar la sección que realizo en el programa ‘Ben trobats’, junto a Clara Tena, en la Xarxa de Televisión Locals de Catalunya, donde (a partir del minuto 1;30) explico un puñado de curiosidades relacionadas con la Semana Santa (en catalán)

 

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El curioso origen del término ‘empacho’

El curioso origen del término ‘empacho’

Conocemos popularmente como ‘empacho’ a la indigestión que se siente después de haber comido copiosamente, pero, curiosamente, el origen de este vocablo nada tiene que ver con el acto de comer.

Al castellano llegó en la forma del verbo ‘empachar’ desde el vocablo francés ‘empêcher’, utilizado para indicar que algo estaba obstaculizado o trabado, que es la sensación que se tiene, al estar empachado, como si algo impidiese que el alimento ingerido siga su curso natural.

Pero para seguir tirando del hilo sobre el origen del término empacho, podemos encontrar que ‘empêcher’ era la evolución del francés antiguo ‘empedechier’ (trabar/estorbar) y éste vocablo procedía del latín ‘impedicare’, cuyo significado literal era ‘atadura en los pies’ y que fue como se le denominó a la traba o grilletes que se colocaba en los pies de los presos. El vocablo estaba compuesto por el prefijo de negación ‘im’ y ‘pedis’ (pies) que dio por otro lado origen al término ‘impedīre’ que en castellano utilizamos como ‘impedir’ (imposibilitar la ejecución de algo).

Así pues, nos llegaron dos términos desde un mismo origen (impedicare) y que hoy en día tienen dos significados distintos: ‘empacho’ e ‘impedir’.

 

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