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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Arranca una nueva edición del certamen ‘Cuéntame el autismo’

Escribir para mí es un bálsamo, es algo que cura. Un diálogo conmigo misma, una manera de asumir mi realidad, de reflexionar, de pasar página… Tan necesario como el aire.

Cuando nos dijeron que mi hijo tenía autismo, escribir me ayudó. Empecé un blog cerrado, que nadie conocía, que no indexaba en buscadores, en el que volcaba nuestro día a día. Pero también me ayuda escribir ficción, imaginar otros mundos, soñar despierta ante un teclado.

Creo que era Hemingway el que decía que escribir le había ahorrado mucho dinero en terapias. Le entiendo perfectamente.

También es así para muchas otras personas. Somos muchos para los que es al tiempo una necesidad y un placer.

Si son conocedores del autismo, tienen la oportunidad de participar en la sexta edición del concurso de relatos que ha organizado Autismo Madrid, centrados este año en el Ocio y el Deporte en el tiempo libre.

Se puede participar hasta el próximo 3 de septiembre enviando los relatos y una fotografía que ilustre la historia. Aún queda mucho verano por delante para crear esa historia que visibilizar, que reivindique, que emocione…

La temática principal de este año va a ser el Ocio y el Deporte en el tiempo libre. Las dificultades en la inclusión de las personas con TEA son palpables en este ámbito, a veces por causas externas a ellos y otras por propias reticencias personales, pero precisamente, este ámbito representa una gran oportunidad relacional y de mejora de la salud (en coordinación, flexibilidad, disminución del estrés, etc). Desafortunadamente, sigue habiendo trabas para que puedan realizar la práctica de distintos deportes, al igual que en el número de plazas y apoyos que existen. Por todo ello, hemos creído oportuno reservar este espacio que representa el certamen para que se compartan las experiencias reales en este aspecto.

El contacto para recibir mas información o novias directamente foto y relato es info@autismomadrid.es
Los relatos que vayan recibiendo irán publicándolos en la web en la página de Autismo Madrid, ya está el primero disponible para leer.  De hecho los relatos participantes el año pasado también están en su página, empezando por el ganador del año pasado, de Carola Méndez.

Os dejo con él:

Recuerdo cuando estaba embarazada, recuerdo la enorme ilusión proyectando todo el futuro de mi hija…

Pensaba cómo sería físicamente, en su carácter, sus capacidades, sus gustos, incluso a veces pensaba: “ojalá le guste el ballet o la música clásica”; algo que a mi tanto me gustaba. También pensaba ¿qué le gustará estudiar?, ¿a qué colegio la llevaría?, ¿qué actividades extraescolares serían buenas para ella?

Cuando nació pensaba cómo iba a enseñarle todo lo que pudiese sobre la vida.

A los dieciocho meses le diagnosticaron autismo.

Dejé de pensar y empecé a sentir.

Empecé a sentir enormes contradicciones en el momento del diagnóstico: sentí como se centrifugaron todos mis pensamientos y proyecciones de tener una hija a mi imagen y semejanza. Comenzó una concatenación de sentimientos: primero negación. Después rabia en la medida que iba aceptando, seguido por tristeza, enorme tristeza. En la siguiente fase de aceptación en la que fui capaz de comprender su autismo sentí ¡una gran incomprensión del mundo!. Rabia con el mundo por no comprender…

Sentimientos que con el tiempo fueron cambiando, la tristeza se convirtió en alegría, en el momento que me di cuenta que sufría por mi y no por ella. Pues ella era muy feliz con las facilidades de integración que pudimos darle, a partir de aceptar su discapacidad en la comunicación e interacción social. El camino de la aceptación de la realidad es difícil, es difícil ni negar ni caer en el victimismo, en la autocompasión. Pero siento que pudiendo aceptar su discapacidad, podemos darle todos los elementos a nuestro alcance para que pueda desarrollar la cantidad de capacidades que la hacen feliz.

El pensamiento de poder enseñarle todo lo que pudiese en la vida, se tornó en aprendizaje…aprendiendo de ella….

Aprendizaje para vivir el momento sin proyectar el futuro en la medida de lo posible. Aprendí que se puede ser feliz siendo diferente. Aprendí a tener capacidad de felicidad. Aprendí de su capacidad de esfuerzo por conseguir comunicarse.

Se esfumó mi idea de que las personas con autismo están “en su mundo”: entendí que están en nuestro mundo con intensas ganas de interactuar, comunicar y superar su discapacidad. Capacidad de esfuerzo por conseguirlo. Nunca he vistoa nadie tan feliz de conseguir comunicarse, sonrisa que cala en el alma.

Todo ello me llevó un tiempo, no se aprende en un día a no ser rígida, cuadriculada y comprender que ella no tenía que ser a mi imagen y semejanza para vivir feliz. Se puede ser diferente y muy feliz.

Recuerdo cuando me sorprendía cómo colocaba en fila sus patitos: la miraba sorprendida y seguía de largo. Hasta que un día sin darme cuenta al caminar destrocé su esmerada fila y dijo¡ ay ay ay!, con sentimiento. Desde ese momento empecé a felicitarla por sus esmeradas filas, como se felicita a un niño con su primer garabato ¿por qué no? y ella empezó a mirarme sorprendida; mostraba interés en mi alegría. Un día di un paso más allá y descoloqué su fila hacia otro sentido: le encantó y colocó todos los muñecos en la posición que yo había elegido, nos miramos y sonreímos, la abracé, fuimos tan felices con un gesto tan sencillo. Recuerdo que me daba miedo invadirla y su sentimiento era todo lo contrario, ¡felicidad porque jugase con ella en ese juego tan diferente para mi!. Al día siguiente vino ella mientras yo estaba absorta y de manera consciente en “mi mundo” frente al ordenador y me trajo dos muñequitos sacándome de mi ensimismamiento para ir a jugar con ella a colocar los muñequitos. ¿Quién no interactuaba?. Me di cuenta de que era yo quien no comprendía su juego y que era ella quien sí quería jugar conmigo.

También con el tiempo cambió mi sentimiento de rabia con el mundo por no comprender.

Empecé a entender que la gente no comprende no por desinterés sino por cierto miedo a no saber cómo reaccionar por falta de información: miedo a herir, a no decir lo adecuado. Aprendí a explicar y comencé a sentir comprensión, interés empatía.

Me di cuenta que todo es más sencillo cuando un día una madre cuyo hijo era compañero de clase de ella en la escuela infantil, me contó que para reyes había pedido una niña sentada en una trona: era como ella que comía a los tres años pues le costaba mucho sentarse en una sillita. Nos emocionó tanto a sus padres y a mi…¡todos sus compañeros la cuidaban tanto!, ¡ella tan feliz!

Tanto que aprender de los niños, tantos prejuicios que desaprender…

Era tan feliz como desde el curso pasado que entró en un colegio de educación especial específico en autismo con todas sus necesidades cubiertas. Pues en su caso necesita atención especial, al ser más mayor y muy dependiente, necesita atención específica y al recibirla es feliz.

¿Llegará el día que todo este despliegue de medios de los colegios específicos para personas con alto grado de dependencia puedan ser integrados en la educación habitual? Ojalá.

Ella tiene cinco años, me es inevitable preguntarme si su futuro como adulta, podrá continuar siendo tan bonito. Me es inevitable angustiarme en ciertos momentos sabiendo que ella tiene la capacidad para seguir avanzando y seguir desarrollando su preciosa felicidad. Me es inevitable pensar en ello porque la sociedad no está adaptada para darle todo lo que ella necesita para poder integrarse como adulta. Sólo oigo hablar deniños con autismo o de adultos con autismo y altas capacidades.

Pero existe otra realidad también: la de los adultos con autismo dependientes. La incertidumbre sobre si será o no independiente es un hecho: pues no depende sólo de nosotros y que le ofrezcamos todos los medios necesarios para su desarrollo, también depende del grado de autismo. Tal cual está ahora estructurada la sociedad cuando yo no esté ¿qué pasará con ella? ¿Qué pasa con los adultos con discapacidad que ahora no son independientes?

Ojalá el punto de inflexión de la sociedad esté en el corazón como la curva sinuosa que ella hizo y fotografié. Ojalá comencemos a tener la sensibilidad y capacidad de integración que tienen los niños para que todos puedan ser felices, para que se les de la infraestructura necesaria para seguir su camino, ojalá se les de la oportunidad…

 

‘Las puertas del infinito’ de Víctor Conde y José Antonio Cotrina, apocalipsis mágico #Unoalmes

Ya tengo escogido el lugar en el que colocaré Las puertas del infinito, la novela engarzada a cuatro manos por José Antonio Cotrina y Víctor Conde y editada por Fantascy, una firma que apuesta por autores españoles, como esta novela que es mi lectura recomendada del mes o como Arancha Serrano y su exitoso Neimhaim.
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Las puertas del infinito, sus dragones y ciudades que colapsan sobre azul y blanco, estará en mi estantería entre Buenos Presagios, también escrita a dúo por Terry Prattchet y Neil Gaiman, y La historia interminable, de Michael Ende.

Los libros que evoca en cada lector una nueva novela no tienen necesariamente que ver con los que forjaron el entramado que sostuvo a los que lo escribieron, bien lo sé, pero yo he terminado esta lectura con el mismo sabor de boca que me dejó el primer volumen que es esa maravilla ideada por Ende que volví a leer no hace mucho con Julia (una de las maravillas de la maternidad es redescubrir lecturas con nuestros niños).

Nuestra protagonista, con el nombre de la heroína de Ivanhoe, es una suerte adulta y oscura de Emperatriz infantil, que quiere salvar el mundo, los mundos, de una Nada terrorífica, sádica y equívoca en un viaje lleno de horrores y peligros surcando los cielos a lomos de su propio Fujur. Una emperatriz infantil cuyo hogar es un burdel, que convive con la violencia más brutal y que podría ser digna heredera de la teniente Ripley.

Y al otro lado, en un Londres antiguo y alternativo, tenemos creciendo, luchando y soñando despierto a Riddley, un Bastian condenado por su juventud y su inocencia. “¿Fui alguna vez hermoso? ¿Fui alguna vez valiente?”, pregunta en un momento del sorprendente final. Nunca dejaste de serlo Riddley.

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Sé que leer cuesta, sé que aprender a leer no es fácil

Sé que cuesta Julia, sé que leer no es fácil. Si lo fuera, no seríamos el único animal sobre la tierra capaz de hacerlo. Si lo fuera, el hombre no hubiera tardado tantos miles de años en lograrlo. Si lo fuera, hoy en día todos en el mundo leeríamos, y aún hay muchos millones de personas que cuando miran algo escrito solo ven manchitas sin sentido.

Sé que leer es difícil. Es difícil… hasta que se convierte en muy fácil. De repente, un día, se produce una magia maravillosa, un clic que hace que tu cerebro vea las letras que forman sílabas, las sílabas que forman palabras, las palabras que forman frases, las frases que forman historias, y, sin esfuerzo ninguno, las interprete, las lea de corrido y entendiéndolo bien todo.
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Con algunos niños esa magia tiene lugar antes, con otros después. Es verdad que algunos, como tu hermano Jaime, tal vez nunca lo consigan. Pero tú lo lograrás enseguida. Tú ya lees, en mayúsculas y en minúsculas, tienes que concentrarte y recorrer ese camino por el que primero ves letras, que forman sílabas, luego las sílabas que forman palabras, y, por último, las palabras que forman frases e historias. A veces necesitas ayuda, a veces titubeas, confundes alguna letra o te imaginas lo que pone en lugar de leer lo que pone y no aciertas. Sé que cuesta, que leer no es fácil. ¿Ya te había dicho eso, verdad? Pero esa chispa mágica está a puntito de suceder, esa que hará que leer sea sencillo, que no cueste. Lo veo.

Pero para que se produzca esa magia es preciso que sigas leyendo todos los días, aunque ahora cueste, aunque aún no resulte fácil, pese a que sea más divertido y sencillo escuchar a mamá o a papá leyéndote los cuentos que te gustan, pese a que veas que otros niños lo hacen mejor y te desanimes un poco. No me dices nada, pero yo lo noto. Y es normal. ¿Recuerdas a Harry Potter? Has visto las películas y te he leído el primero de sus libros. Era un gran mago, pero tuvo que ir a muchas clases, estudiar mucho en Hogwarts y practicar un montón para conseguirlo.

Mientras llega ese clic mágico yo te prometo que seguiré ayudándote, que buscaremos los momentos que más te apetezca para leer, que elegiremos los cuentos más chulos, sobre todo que haré lo que esté en mi mano para mostrarte lo divertida y útil que es la lectura, que para nada es una obligación aburrida; y también que jamás te compararé con otros niños para los que leer ha sido fácil mucho antes, simplemente me alegraré sinceramente por ellos.

Porque aunque es guay que esa magia se produzca con tres o cuatro años, pero lo importante no es ser el primero en leer con fluidez, lo realmente importante es seguir leyendo toda la vida, seguir pasándolo bien con los libros, aprendiendo de ellos, incluso escribiéndolos si tienes mundos propios que compartir con los demás, cuando seas mayor, te falte el tiempo y flaqueen las ganas.

Leer toda la vida y disfrutar con ello es probablemente la magia más grande al alcance de nuestra mano.

‘Dune’, de Frank Herbert, ha cumplido cincuenta años en buena forma #Unoalmes

Hace cosa de un mes, puede que algo más, una de mis mejores amigas, a la que tengo la enorme suerte de conservar desde el colegio, encontró una serie dibujos que ambas hacíamos con catorce o quince años de los libros que leíamos por entonces. Hay escenas de El clan del oso cavernario, de Flores en el ático y de Dune.

Como no tengo vergüenza, os dejo un par de ellos. Está claro que mi camino no era el de ilustradora.

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Los había olvidado completamente hasta que ella me los mostró, pero fue verlos y retroceder veinticinco años. Y fue verlos y apetecerme leer de nuevo la novela de ciencia ficción de Frank Herbert para traerla al blog en la recomendación literaria que hago siempre a final de mes junto con otros blogs y con el hashtag #Unoalmes. Los otros libros no me ha dado por revisitarlos; puede que de adolescente los disfrutara, pero los recuerdo lo suficientemente bien como para tener claro que con una vez basta.

Uno de los motivos por los que quería volver a Arrakis, es que de Dune tenía muchas lagunas. Recordaba las líneas generales, pero la estructura y detalles de la historia se escurrían como arena entre los dedos. No deja de ser curioso, teniendo en cuenta que ese mundo de arena fue una de las influencias de Galatea.

Primera casualidad que me encontré: justo este año se cumplen cinco décadas de su publicación. Medio siglo de un libro que siendo uno de los títulos imprescindibles del género.

Por aquello de sacar más provecho a una relectura, decidí atacar Dune en inglés esta vez, así que mi velocidad leyendo se ha reducido considerablemente.

Más casualidades, lo acabé justo un día antes de visitar la duna de Pilat, la más alta de Europa con más de cien metros.

Sé que no viene a cuento, pero es una excursión estupenda con niños si se anda por aquella zona de Francia. Está cerca del pueblo de playa de Arcachon, a poca distancia de Burdeos. Subirla cuesta un poco, pero bajarla es dicertidísimo. Se nos pasaron dos horas volando. El paisaje y el entorno natural son muy hermosos.

Os dejo tres fotos en las que se ve la duna, en una de ellas está Jaime bajando al asalto como un auténtico fremen.

Os tengo que confesar que mi reencuentro con Dune ha sido agridulce. No me ha deslumbrado como en mi adolescencia, algo que entraba dentro de lo que era razonable esperar. La historia no me ha atrapado del todo y todo aquel universo de guerreros de arena, política feudal planetaria, drogas iluminadoras, profecías mesiánicas y expertos en el control de la mente sobre el cuerpo me ha dejado algo fría. El estilo de Frank Herbert me ha parecido demasiado ampuloso, aunque eso lo digo con la boca pequeña porque también puede deberse a mi nivel de inglés.

Pero también quiero que me entendáis, pese a todo sigo creyendo que Dune es un libro maravilloso y recomendable, un hito de la ciencia ficción que no por nada se llevó el premio Hugo y el Nebula.

Pese al tema mesiánico, que cuando se publicó en 1965 no tanto, pero ahora está trilladísimo, y al paso de la niñez a la edad adulta del héroe predestinado, que no lo está menos, el libro sigue siendo original, plagado de personajes interesantes, con un mundo complejo y diferente que bebe de muchas fuentes y capaz de formar en nuestro interior imágenes poderosas. Un mundo en el que, como el sistema feudal que le inspira y la época en la que fue escrito, está dominado por los hombres.

El presciente Paul Atreides es un protagonista que no se olvida, igual que las Bene Gesserit con su selección genética y su cuidado adiestramiento y autocontrol y el extremo mundo de Arrakis, un desierto terrible en el que el agua es un tesoro y en el que es preciso llevar unos trajes especiales que reciclan los fluidos de su portador. Y el libro está salpicado de reflexiones aprovechables, sobre el amor, la ecología, la lealtad, el poder o la responsabilidad.

Se nota el interés del autor, que pasó sus ultimos veinte años con su familia en una granja autoabasteciéndose, por la psicología y la ecología.

Soy de las que cree que hay libros que tienen una época personal para ser disfrutados, y tal vez el de Herbert sea uno de ellos. Otra forma de decirlo es que el problema de que no me haya entusiasmado como hace años no ha sido de la novela, sino mío, que soy veinticinco años mas vieja y mas escéptica, con muchas más lecturas a cuestas.

¿A quiénes gustaría más? Imagino que sobre todo a lectores jóvenes y/o interesados por la ciencia ficción, aunque puede sorprender y hacer soñar a cualquiera.
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De Dune hay cuatro novelas más ambientadas en este universo escritas por Herbert, y algunas más por otros. Yo me limité a leer los tres primeros libros de la saga, pero se puede leer el primero, que es sin duda el mejor, sin necesidad de otros. También hay una película de David Lynch con un reparto espectacular que yo vi años después de leer el libro y que me decepcionó bastante y una miniserie de hace 15 años a la que no he echado el ojo.
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Mantengo la nueva costumbre que inicié de sumarme a otros blogs para recomendar uno de los libros que he leído este mes. Estáis todos invitados a participar con vuestros blogs y redes sociales. El hashtag es #Unoalmes.

 

‘La chica del león negro’, de Alba Quintas Garciandía, porque la inspiración llega trabajando #Unoalmes

RESEG4131albagrafimeAlba Quintas Garciandía (como Alba Nightray la conocí yo) nació en 1994. Al tiempo que ella abría los ojos al mundo, yo tenía 18 años y empezaba a salir con el que no sospechaba que sería el padre de mis hijos. En aquella época ni siquiera tenía claro que quisiera ser madre algún día, tampoco que fuera a escribir libros. Me limitaba a leerlos y a descubrir lo que era aquello de empezar periodismo procurando pasarlo bien en el proceso.

En 2011, con treinta y cinco años, comenzaba a escribir mi primera novela: Galatea. Alba, con diecisiete, estaba publicando su primer libro: Al otro lado de la pantalla, una novela coral sobre el ciberacoso ganadora del Premio Jordi Sierra i Fabra en 2012.

En la primavera de 2014 yo supe que esa primera novela que había escrito sería publicada, ella vio su segunda obra, escrita con dieciocho años, impresa: Globe. Ahí fue cuando la descubrí, porque en ese libro compartimos editorial (Lapsus Calami). Compré esta novela juvenil de fantasía y descubrí a una escritora magníficamente dotada para crear un mundo propio, rico y original, inspirado en el teatro.

Apenas un año después, en 2015, ambas hemos coincidido firmando en la Feria del libro. Alba con veintiún años y su tercera creación: La chica del león negro, premio extraordinario de la 3ª edición del premio literario La Caixa/Plataforma. De nuevo una novela de fantasía juvenil en la que ambienta con maestría un mundo completamente original. Y este es el libro del que quiero hablar para la iniciativa de #Unoalmes.

leonComprenderéis que considere a Alba una ‘niña prodigio’ de la escritura en nuestro país. No tengo ni idea de si a ella le gustará o no esta denominación, que seguro que ya se ha encontrado más veces, pero es que con tres libros que hacen disfrutar al lector publicados a los 21 años merece el calificativo. Es cierto que no son libros perfectos, pero es que nadie hace nada perfecto independientemente de la edad que tenga. Y Alba no solo promete, creedme.

Imaginad un mundo en el que los artistas pudieran acudir a una suerte de dimensión paralela en la que habitan, personificados, la Melancolía, la Locura, los Celos, el Odio, la Euforia, la Cólera y el Pánico. Un mundo terrible de ángeles caídos, narradores que se implican en la historia, peligros desconocidos y pérdida de cordura. ¿Por qué ir allí, a Némesis? Para lograr el genio que hace alumbrar obras de arte tomando el atajo que sortea el trabajo duro y constante y que desemboca irremediablemente en la pérdida de uno mismo, o en uno mismo. Los artistas acuden a ese lugar terrible para buscar a los delirantes capaces de invocar en otros la inspiración y, a la postre, el delirio.

Imaginad un hombre con tal fortaleza mental que es capaz de entrar y salir de ese mundo para curar a sus pacientes. Imaginad que tiene una hija que aspira a ser escritora y que se convierte en una visitante asidua a ese mundo, aunque nunca para buscar a las musas. Imaginad que la persona a la que ama esa chica camina por la cuerda floja del trastorno maníaco depresivo y puede ser salvado en ese otro mundo paralelo. Eso es lo que nos ofrece La chica del león negro a lo largo de sus 256 páginas, que resultan ser pocas: la imaginación desbordante de Alba Quintas, que utiliza las enfermedades mentales y su vinculación a las artes al modo que usaba el teatro en su anterior libro. Una reflexión sobre la necesidad de buscar la inspiración y el talento en el trabajo diario. Y un canto a la fortaleza mental y la serenidad.

Como estoy segura que ella hace.

Tal vez la protagonista tenga demasiados protectores, tal vez se agradeciera mayor desarrollo de los personajes secundarios, más tiempo en ese mundo inquietante, menos recrearse en la historia de amor y más en lo que realmente de original tiene el libro.

Ya os dije que nadie es perfecto, que nadie hace nada perfecto. Y ganas me dan de añadir que ni falta que hace.

Si os gustan o tenéis al lado a gente que disfrute con sagas como Cazadores de sombras, Fallen, Firelight, Cazadores oscuros, Medianoche… (que confieso no haber leído pero sé que tienen muchos seguidores), os recomiendo leer o que les animéis a leer La chica del león negro. Y si no os interesan esas sagas es una buena excusa para sacudirse de encima los prejuicios y darle también una oportunidad.

La próxima vez que vayáis a despotricar sobre los adolescentes o los jóvenes, por lo mal educados, poco preparados, carentes de planes o principios, haced el favor de pensar en Alba y mordeos la lengua. En Alba y en miles que son como ella, escriban o no.

Vamos a mejor, por mucho que nos guste quejarnos de aquello que los jóvenes de ahora no hacen (o no creemos que hacen) como los de ayer.

*Mantengo la nueva costumbre que inicié de sumarme a otros blogs para recomendar uno de los libros que he leído este mes. Estáis todos invitados a participar con vuestros blogs y redes sociales. El hashtag es #Unoalmes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Si eres un niño al que le gusta escribir, tal vez te interese leer esto

a00586204 280Empieza escribiendo de lo que conoces. Si no te apetece, invéntate tus propios mundos, futuros o imaginarios. Situarte en un pasado real es más difícil, necesitarás documentarte. Pero da igual si afrontas el reto de estudiar a conciencia una época determinada o si decides crear tu propio escenario, sigue siendo buena idea utilizar lo que mejor conoces, tus sensaciones, experiencias y reflexiones.

No pasa nada por no terminar un libro que has empezado a leer. Algunos hemos tenido que llegar a adultos para decidir que nuestro tiempo valía más que nuestro amor propio. Por lo mismo tampoco pasa nada por dejar de escribir una historia ya empezada. No le debes nada a nadie más que a ti mismo. No todas las semillas plantadas logran germinar y plantándolas se aprende. Pero no te rindas demasiado pronto.

Si no sabes de qué escribir, si te sientes atascado con tu historia, ponte ante el teclado. Algo vendrá. Si no es hoy, tal vez mañana.

No te desfondes. Vale más la constancia en esta vida que lanzarse a algo lleno de entusiasmo y no perseverar. Y esto también es aplicable a muchos otros aspectos de la vida. Suele ser buena idea encontrar el sitio y el momento en el que te sientes más cómodo escribiendo.

No permitas que te digan que lo que has escrito es malo. Los que lo dicen tal vez lo hayan leído con criterios de adulto, no te dejes desanimar.

Déjate aconsejar y acepta las críticas bienintencionadas. Nadie hace nada perfecto en este mundo, lo único inteligente ante alguien que desea ayudarte con un comentario constructivo, con algunos consejos, es escuchar y reflexionar sobre lo que te ha dicho. Tal vez tenga razón. Y esto también vale en muchas situaciones que no tienen que ver con la literatura.

Quita el acceso a Internet cuando te pongas a escribir. Internet es fantástico, pero puede que entres en una red social y cuando quieras darte cuenta ya no te quede tiempo.

Encuentra a alguna persona de confianza que lea lo que escribes mientras lo estás escribiendo, alguien sensible, sincero y con criterio cuya opinión valores. No valen aquellos que únicamente se dedican a dorarte la píldora. Estoy hablando de lectores que te ayuden a crecer como escritor sin miedo a hacerte ver tus errores.

Revisa tus textos. Déjalos reposar un tiempo y vuelve a repasarlos. Es bueno coger distancia temporal con lo que has escrito para pulirlo.

Cuidado con los finales. Hay que procurar cerrar bien las historias. No hay nada peor como lector que encontrarte con un final pricipitado, mal resuelto, poco congruente. A veces, como cuando se compite en una carrera, cuando vez cerca el final tienes tantas ganas de llegar que aceleras en exceso. Esfuérzate por dejar un buen sabor de boca al final.

imageNunca dejes de escribir, teniendo en cuenta que escribir toda la vida a veces supone pasar largos periodos de tiempo sin hacerlo. No pasa nada. Sigue leyendo y espera el momento de volver a sacar las historias que llevas dentro.

Escribe para divertirte, para desahogarte, por lo que te reporta a nivel personal, por pura satisfacción. No escribas buscando supuestas glorias.

Este post lo ha inspirado Claudia Morales. Comenzó como un correo dirigido únicamente a ella tras leer el libro que ha escrito con trece años y que sus padres publicaron, pero he pensado que podría ser de interés para todos esos niños a los que les gusta escribir.

Foto: GTRES

Leo y escribo soñando que mis hijos también disfruten algún día leyendo y escribiendo

a00586204 280¿Por qué escribo? Muchos blogueros de 20minutos estamos intentando responder a esta pregunta en distintos posts desde la pasada semana. El guante lo arrojó Daniel Díaz y yo lo recojo encantada.

Escribir forma parte de lo que soy, es mi manera de ganarme la vida, es un instrumento que me ayuda a pisar este mundo de manera más consciente, feliz y equilibrada. Escribo porque lo necesito, porque es mi oficio y porque al escribir aprendo a hacerlo mejor. Escribo este blog para dar una visión normalizada del autismo, para transmitir mi visión de una crianza relajada, natural y respetuosa. Y estoy escribiendo por las noches, mientras los niños duermen, una novela sobre padres de niños con discapacidad que se conocen en un centro de atención temprana.

Pero sobre todo escribo porque fui una niña que leía mucho, muchísimo. Cuando llegaba el momento de escribir la carta de los Reyes Magos o mi cumpleaños, nueve de cada diez veces pedía libros. Leía más rápido de lo que mis padres eran capaces de sostener, por eso algunos de mis libros favoritos de infancia y juventud los he podido leer más de diez veces y leí bastantes años antes de los recomendable libros de adultos que rondaban por casa.

Leer y escribir es lo único que se me ocurre que puedo hacer para luchar contra el paso del tiempo. Tal vez luchar no es el verbo adecuado. Es imposible vencerle. En realidad leo y escribo para acompañar el paso del tiempo de la mejor manera y en la mejor condición posible.

Leo y escribo soñando que mis hijos también disfruten algún día leyendo y escribiendo, convencida de que leer y escribir será para ellos la munición indispensable en su vida.

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Por cierto que esa niña de la imagen, con ese pelo indomable, bien podría haber sido yo…