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‘El rastro brillante del caracol’, una novela juvenil para entender el Asperger y estar en guardia ante pederastas

Hace ya tiempo que quería recomendar aquí El rastro brillante del caracol, la última novela de Gemma Lienas. He tardado más de lo que habría deseado, sobre todo porque pasó demasiado tiempo desde que recibí su libro hasta que pude ponerme a leerlo. Eso sí, una vez abierto me duró dos días.

El rastro brillante del caracol no es un libro infantil, no es un cuento como los que suelo recomendar en este blog, acordes con los casi seis años de mi hija. Es una novela juvenil y Julia va a tener que esperar unos años hasta poder leerla. Pero la guardaré hasta que llegue ese momento en un lugar de honor en su estantería, junto con mis viejas colecciones de Barco de vapor naranja y rojo, Gran Angular, SM o Elige tu propia aventura. Cuando tenga trece años y este blog, que ya va para ocho, se llame Madre de adolescentes o Madre veterana, la animaré a leerla.

¿Por qué me parece El rastro brillante del caracol una novela recomendable para adolescentes? Pues sobre todo por dos motivos, los dos ejes centrales del libro.

Uno es que explica magníficamente cómo es, como piensa y siente un chico con síndrome de Asperger. No explica cómo son, sienten o piensan todas las personas con asperger, solo su protagonista de dieciséis años, pero eso ya es mucho para comprender el síndrome y ponernos en sus zapatos. Que una novela destinada al público adolescente recoja y normalice la diversidad con un protagonista dentro del espectro autista es muy de agradecer. De hecho fue lo que hizo que cayera en mis manos dado que Jaime, mi otro hijo, tiene autismo.

El otro está relacionado con el otro personaje principal del libro, una inocente gimnasta de catorce años, y es que pone en alerta respecto a los depredadores sexuales que acechan a los chavales en Internet mintiendo, inventando perfiles y manipulando para obtener lo que quieren.

Y no es lo único que tiene: sus protagonistas, Sam y Martina, son adolescentes a los que coges cariño, preocupados por estudiar, inocentes (lógico dado el asperger de uno y los pocos años de la otra) deportistas y sanos, que comienzan a indagar en las relaciones con el sexo opuesto, a perderse y encontrarse con sus padres, que se mueven en las redes sociales con soltura, se encuentran con dificultades, se equivocan y aciertan en las decisiones que toman. Un argumento que no tiene ningún golpe de timón y apunta a un destino conocido, pero te hace navegar hasta él confortablemente.

Justo estaba leyendo el libro de Gemma Lienas cuando salió la noticia de que la Policía había desmantelado en Málaga una red que engañaba a menores para que enviaran vídeos sexuales de manera muy similar a como sucede en El rastro brillante del caracol.

Los expertos policiales de la Unidad de Investigación Tecnológica descubrieron a un hombre mayor  se hacía pasar por niñas de edades similares a sus víctimas. Esto le permitía estudiar la personalidad e intereses de cada menor, analizando sus comentarios y gustos para entablar una relación que llegaba a ser de confianza. Entonces las conversaciones derivaban a temáticas de índole sexual, en cuyo contexto los menores accedían a mostrarse desnudos a solicitud del principal investigado con la falsa creencia de que si lo hacían recibirían fotos y vídeos de quien ellos pensaban que era una chica de su edad. Sin embargo, una vez que los menores accedían a ello, el hombre utilizaba las imágenes y vídeos obtenidos para traficar con ellos y conseguir más material.

Internet es una herramienta excepcional en muchos sentidos, pero está claro que hay que poner sobre aviso a nuestros niños. “No te creas a nadie que conoces solo por redes sociales”, es algo que tendríamos que tener grabado a fuego, también muchos adultos. Bienvenida sea una buena novela juvenil que explica el modus operandi de estos monstruos y cómo se debe reaccionar.

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Tras leer el libro tuve el placer de charlar con su autora, que tiene en su haber muchos libros juveniles (probablemente los más conocidos sean los protagonizados por Carlota y sus diarios) y también algunas obras para adultos que me he prometido explorar.

– ¿Por qué un protagonista con síndrome de Asperger?

No es la primera vez que tengo un protagonista con Asperger, en El club de los malditos, que es para niños más pequeños, uno de los amigos del protagonista lo tiene.

Yo tengo muy cerca de mí una persona con asperger y sé que es algo poco conocido. Las personas con este síndrome razonan y entienden el lenguaje de una forma distinta y pasan por ser desconsideradas, pero simplemente tienen reacciones distintas. Resultan extrañas si no entiendes que no todo el mundo tiene la misma lógica. Por eso me interesaba que el protagonista tuviera asperger. Cuando ya tenía al protagonista en la cabeza, me encontré con un caso de un pederasta leyendo el periódico y todo cobró forma.

– Imagino que ha habido  una labor de documentación importante.

Siempre tienes que documentarte mucho. En este libro tenía varias áreas. Una era la psicológica, que es la que me interesaba más. Leí muchos libros y fui a ver a varios especialistas, quería saber cosas de los adolescentes con asperger. La otra era la de los pederastas. Contacté con el inspector de una unidad especial en Sabadell y fue muy amable. Estuve todo un día en esa unidad, me dejaron oir grabaciones y te das cuenta de cómo van envolviendo a los chavales. En una el pederasta acosaba a un niño de diez u once años, el chaval se resistía, pero él insistía e insistía.

– Sam es un hacker incipiente, sabe mucho de informática y eso tambien sale en el libro e imagino que también requirió documentarse.

Me ayudó el informático que hizo mi web a saber cómo puedes enviar un virus, averiguar una contraseña… Sobre los chats sí que busqué en la Red. Estos chavales tan interesados en la informática están en un submundo que es semejante al que se mueven los pederastas.

– Del asperger ya había hablado antes en otro libro. ¿Y de la pederastia?

Es la primera vez que tocaba el tema. El bullying que sufre Sam sí que lo recogí en El diario azul de Carlota. Quise poner una escena así porque yo sufrí acoso en la Red hace dos años por parte de alguien que me confundió con otra persona que usó mi foto. Lo tenía que contar.

– Parece que le gusta escribir libros con causa.

Escribo lo que me gusta leer y me gusta que los libros tengan un componente psicológico muy importante. Yo persigo que los chicos se queden enganchados, que tengan ganas de seguir leyendo y que les abra la mente y les haga pensar.

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– ¿A partir de qué edad recomienda su lectura?

Es un libro para chavales de trece años en adelante, pero lo puede leer un adulto sin que se le caiga de las manos. Sí tienen que tener en mente que tienen delante una novela juvenil.

 – Ahora que comenta eso: ¿no cree que la literatura juvenil está infravalorada injustamente?

La literatura juvenil como algo de segunda fila es propio de nuestro país, en otros no pasa. En Estados Unidos, Inglaterra o Alemania no es así. Pero en España es cierto que es la Cenicienta. Tal vez porque es un fenómeno relativamente joven. Me parece tonto que los haya que tengan ese desprecio por la literatura juvenil. La literatura es buena o mala, independientemente del género. Los escritores que solo escriben para adultos olvidan que hay que crear lectores.

– Sí que es importante crear lectores. ¿La manera en la que se enseña literatura en las aulas lo fomenta? 

Si a unos chavales le obligas a leer todos el mismo clásico, por buena que sea La Regenta o El Quijote, lo acabarán aborreciendo. Lo importante es que lean lo que les apetezca. A mí, por ejemplo, la fantasía no me entusiasma, pero si a los chicos les gusta y así leen, bien está. Habría que usar listados de libros con títulos actuales, aventuras, misterio… y que cada cual lea lo que le apetezca.

Que me venga un adolescente que no lee nada y me diga que le he hecho leer, es la mayor satisfacción que puedo tener.

 

* Fotos: © Gemma Lienas 2011

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser chascu

    Pues no dudo de que escriba muy bien y de que la historia sea preciosa, pero la parte informática-hacker… se documentó con el culo.

    04 marzo 2015 | 17:39

  2. Dice ser Maria Gutierrez

    Yo también guardé todas las colecciones que de pequeña me habían cautivado tanto para llegar a ser una madura lectora empedernida que no puede estar sin un libro en su cabeza. lLos guardé para primeramente esa hija que iba a tener de mayor, luego para cuando creciera ese bebe rollizo de ojos azules que nació… y cuando la niña creció, le despolvé aquella caja del trastero con toda la colección de Torres de Malory, Las aventuras de Puck, Los Cinco, etc… Afortunadamente Torres de Malory estaba a la venta en la CAsa del Libro, una nueva edición y parece que eso la llamó la atención… (totalmente reacia a leerlos por la estética antigua de las portadas), y si empezó a leer una de las colecciones que más me habían maravillado de pequeña… Cuando a los pocos días, me dice “Mama pero estas adolescentes no tenían ni móvil!!! No había internet!! y eran unas aburridas!!”
    PLUFFFFFF!!! QUÉ MAZAZO!!!

    08 febrero 2017 | 14:16

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