Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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Camisetas guapas y baratas

“Me he comprado unas camisetas guapísimas, ya verás. Y un chándal y dos sudaderas chulísimas”. Fue lo primero que me dijo mi hijo cuando fui a buscarle a la estación. Volvía de pasar unos días en Galicia, con los padres de un amigo.

Después de contarme un montón de cosas del viaje -poca playa y mucha juerga- retomó el tema de las compras. Al parecer, encontraron una tienda de deportes en la que vendían cosas de sus marcas favoritas a precios de ganga y no se pudo resistir. “¿Y has comprado todo eso con el dinero que te di? No puede ser”, dije sorprendida.

Pero sí pudo ser. Casi todo el dinero que llevaba se lo gastó en ropa: y no sólo había para él, en la maleta también traía una camiseta para su hermano y unas chanclas para mi. Toda una sorpresa ¿Tanto nos habrá echado de menos?

Las camisetas de la foto son de Shirtcity.

Quiero ser deportista de éxito

Es el sueño de casi todos los chavales. Ser como Ronaldo, Beckham, Nadal o Alonso. Jugar como ellos, triunfar como ellos, vestir como ellos, ligar como ellos. Cuando mis hijos eran pequeños no había en casa otro objeto más preciado que la camiseta del Real Madrid con el número 7. Les duró muchos años, primero con Butragueño y después con Raúl. Durante años Raúl fue para ellos un dios. Querían vestirse de blanco, meter tantos goles como él. Era el cromo que no les importaba que les saliera mil veces repetido, siempre lo celebraban.

Más tarde, el pequeño tuvo una camiseta firmada por unos cuantos jugadores blancos, que mostraba orgulloso cada vez que alguien venía a casa. Ahora se ha hecho del Atleti, no se pierde un partido, me tortura sin parar con el himno del club, que también suena en su móvil, y se arrepiente de ese tiempo que él llama su “oscuro pasado”.

Entre sus ídolos del balón está el Kun Agüero, Messi y Maniche, entre otros. Aunque por delante de todos ellos sitúa a Zidane, “a años luz del resto”, asegura tajante. Dice que no es mitómano, pero se sabe vida y milagros de todos ellos, recuerda detalles de un gol que a mi me pasarían completamente inadvertidos, analiza las jugadas una y otra vez, y le encanta pasar horas y horas con el Pro Evolution Soccer, su videojuego favorito, con sus cracks en miniatura y al alcance de la mano.

Pero lo que a él le gusta realmente es jugar. Con su equipo del colegio, con sus tíos, primos, los amigos de su hermano… o con cualquiera que pase por allí dispuesto a darle al balón. Y no lo hace nada mal. Su sueño, aún hoy, sería convertirse en futbolista profesional. Por eso se le ponen los dientes largos cada vez que surge un nuevo deportista de éxito de una edad parecida a la suya, aunque no sea futbolista. A él, como a casi todos, también le gustaría pasar de fan a ídolo.