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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Ven a catar la espectacular naturaleza de O Grove

Mirador de A Siradella y playa de A Lanzada, en O Grove.

Hoy te propongo un viaje muy especial. Una cata de paisaje a un lugar increíble, hermoso, lleno de matices, sonidos, aromas y colores. Hoy te invito a degustar las maravillas naturales de O Grove (Pontevedra), la joya de las Rías Baixas gallegas. Lee el resto de la entrada »

Las loberas también están en peligro

La apertura de una cantera en Mondariz (Pontevedra) amenaza con destruir una de las loberas más antiguas y mejor conservadas de Galicia, junto con el virginal espacio natural sobre el que se asienta. Conocido como el foxo de Chan da Anduriña, ya se menciona su existencia en documentos de 1664. Pero para algunos ese tesoro etnográfico tan sólo son montones de lajas, iguales a las toneladas de piedras que se pretenden machacar diariamente en esas terribles minas a cielo abierto.

No contentos con querer aniquilar al lobo, también queremos acabar con el recuerdo de nuestro odio atávico al animal, con las estructuras diseñadas para cazarlos cuando de verdad sus ataques a los rebaños podían sumir en el hambre más espantoso a todo un pueblo.

¿Puede una trampa para lobos convertirse en monumento histórico artístico?

Sin duda. Aunque no sirva ya para utilizarla contra el pobre cánido salvaje, es una importante reliquia arqueológica nacida de esa secular lucha encarnizada entre el hombre y el lobo iniciada con el nacimiento de la ganadería en el Neolítico, hace por lo tanto más de 10.000 años.

Olvidadas, arrumbadas, vencidas por los rifles, aún quedan vestigios de antiguas loberas en Burgos (10) y Álava (2), además de otras no cuantificadas en Galicia y Asturias donde se denominan caleyos, chorcos o pozobales, en Zamora llamadas cortellos, y conocidas en León por calechos.

“Al lobo hermano, con lanza en la mano”, asegura el refrán. ¿Cómo funcionaban estas trampas? Eran muy sencillas. Se trataba de cercados de piedra abiertos en amplias uves cuyo vértice terminaba en un profundo foso. Hasta allí se les dirigía empujados por batidas de decenas de ruidosos vecinos al grito de ¡Al lobo! Caídos en el agujero, indefensos, resultaba fácil acabar con ellos. En las norteñas Merindades burgalesas contaban además con cabañuelas, pequeños escondrijos donde esperaban ocultos los ejecutores, antes los ballesteros, después las escopetas. El regreso al pueblo con el cadáver del lobo cobrado se convertía en toda una fiesta.

Sólo la lobera del Monte Santiago (Burgos) ha tenido suerte. Colgada sobre el espectacular abismo por el que cae en cascada el río Nervión, en medio de un hayedo sobrecogedor, ha sido magníficamente restaurada. Situada en un espacio protegido, su único peligro será convertirse en única.

Es el triste destino de la mayor parte de nuestra arquitectura popular, de molinos, batanes, hornos, ferrerías, chozos. Arreglamos los menos como descontextualizadas atracciones de feria y nos olvidamos del resto, que poco a poco se van cayendo, los vamos tirando, o abrimos canteras en sus entrañas.

Lobera de Monte Santiago (Burgos), restaurada como elemento singular del espacio protegido, donde una escultura de un pastor azuzando a otra de un lobo recrea el uso tradicional que durante siglos se dio a estas originales trampas en todo el norte peninsular. Al fondo se abre el foso, y hacia allí se dirige el asustado animal.