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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘tristeza’

¿De dónde surge llamar ‘luto’ a la pena y duelo por un fallecimiento?

¿De dónde surge llamar ‘luto’ a la pena y duelo por un fallecimiento?

Tenemos asociado el luto con el acto de vestir de negro (en algunas culturas, como la china, es el blanco o en la Antigua Roma era el color rojo) y muestras de pena y dolor tras el fallecimiento de un ser querido.

Así como el término ‘duelo’ (también empleado en esos casos) viene del latín ‘duellum’ y significa literalmente ‘dolor’, el vocablo ‘luto’ tiene el mismo origen latino y proviene de la palabra ‘luctus’ cuyo significado también era dolor, pero se utilizaba cuando éste no era un dolor físico sino emocional (de pena, aflicción, tristeza…).

Luctus a su vez procedía del verbo en latín ‘lugere’ con el que se indicaba que alguien estaba afligido, apenado o lloraba de dolor por la pérdida de alguien.

De lugere podemos encontrar que derivan otros términos muy relacionados como ‘luctuoso’ (Triste, fúnebre y digno de llanto) o ‘lúgubre’ (Fúnebre. Sombrío, profundamente triste)

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

El curioso origen del término nostalgia

El curioso origen del término nostalgia

El término ‘nostalgia’ fue acuñado en 1688 por el médico suizo Johannes Hofer cuando presentó su tesis en la Universidad de Basilea. En ella explicaba el extraño comportamiento que tenían algunos miembros de la Guardia Suiza y los mercenarios cuando estaban destinados lejos de sus hogares, quienes echaban de menos su tierra sintiendo melancolía. Pero en cuanto estaban de vuelta se recuperaban de golpe, sintiéndose felices y dichosos.

Para acuñar el término utilizó los vocablos griegos νόστος nostos (regreso) y ἄλγος algos (dolor) y cuyo significado venía a ser «dolor por regresar».

Desde entonces la palabra nostalgia es utilizada para describir la pena que se siente cuando uno está ausente o recuerda con melancolía a alguien.

 

 

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Media docena de curiosas expresiones relacionadas con la Semana Santa

Media docena de curiosas expresiones relacionadas con la Semana Santa

Nuestro lenguaje cotidiano está lleno de frases hechas que las utilizamos comúnmente para referirnos a innumerables situaciones.

Las hay de todo tipo: relacionadas con la meteorología, la agricultura, los distintos oficios, el santoral, de hechos históricos, religiosos… y es que de estos últimos hay un buen puñado que están relacionados (directa o indirectamente) con la Semana Santa. Aquí tenéis media docena:

 

‘Estar pasando un calvario’

Proviene del monte en el que fue crucificado Jesús, llamado Monte Calvario (calvarium en latín quiere decir calavera) ya que en aquel lugar era donde se amontonaban las calaveras de todos aquellos condenados que habían sido ejecutados.

En referencia al sufrimiento de Jesús en la cruz, se utiliza la expresión ‘estar pasando un calvario’ para referirse a las penurias y desgracias por las que atraviesa una persona.

 

‘Hacer una barrabasada’

La expresión tiene relación con Barrabás, un personaje que, según los evangelios, estaba preso a la espera de ser ejecutado en la cruz. Cuando Jesús fue apresado, Poncio Pilatos (jefe militar de la provincia romana de Judea) dio a elegir a la multitud a quién querían que indultase y la multitud eligió a Barrabás, por lo que Jesús acabó crucificado.

De esa toma de decisión desacertada surgió el término ‘barrabasada’ como  aquel acto que provoca un gran daño o perjuicio.

 

‘Ser un tonto de capirote’

El capirote es el gorro en forma de cucurucho invertido que portan sobre la cabeza los nazarenos.

Antes de ser usado por  los penitentes que desfilan en las procesiones de Semana Santa, el capirote lo utilizó la Santa Inquisición para colocárselo (a modo de escarnio público) en la cabeza a todo aquel al que acusaba de algún delito, pecado o herejía. Esto provocaba que el ‘populacho’ hiciera burla del reo, llamándole entro otras cosas ‘tonto’.

Durante las primeras procesiones religiosas (en la Edad Media) era muy común que algunos de los penitentes que en ellas desfilaban fuesen los presos mencionados en el párrafo anterior, quienes, arrepentidos de sus actos, querían arrepentirse de sus pecados, motivo por el que se incorporó esta pieza a este recorrido religioso.

 

‘La procesión va por dentro’

Muchas son las ocasiones en las que una procesión no ha podido realizarse por las calles de una población a causa de inclemencias meteorológicas, algo que compungía y llenaba de tristeza a todos los miembros de la cofradía.

Por tal motivo dicha procesión terminaba realizándose dando vueltas por el interior o claustro de los conventos y templos religiosos donde se guardaban las imágenes.

Este acto, que solía ser de gran pena para los procesionarios que participaban en el acto y que llevaban todo el año esperando la llegada de ese día es lo que dio origen a la expresión ‘La procesión va por dentro’ con la que se señala aquel que a pesar de estar pasando por un mal momento lo disimula y no exterioriza el dolor.

 

‘No ser nada del otro jueves’

La tradición católica marcaba que durante la Cuaresma y Semana Santa, los viernes debía llevarse a cabo lo que es conocido como ‘abstinencia’ y que consistía en no poder comer carne y ciertos alimentos durante esa jornada. Eso llevó a que, aquellos que se lo podían permitir, el día anterior (el jueves) comieran opíparamente.

Esto era muy común en el Jueves Santo, ya que al día siguiente no solo debía realizarse la abstinencia sino que también se tenía que hacer ayuno de cualquier alimento (estar todo el Viernes Santo sin comer, a excepción de pequeñas porciones de dulces que le aportaran energía.

Pero no todos los jueves podían realizarse un banquete de exquisiteces, habiendo algunos jueves en el que el menú no era mucho más abundante o sabroso que otros. De ahí que surgiera la expresión ‘No ser nada del otro jueves’, al no haber diferencia entre uno y otro día.

 

‘Llorar como una Magdalena’

Algunas personas erróneamente pronuncian esta expresión diciendo ‘llorar como una madalena’, pero no, nada tiene que ver ese pequeño y redondeado bollo de repostería con la expresión original.

La Magdalena a la que se refiere el dicho es ‘María Magdalena’, personaje bíblico salvada por Jesús de ser lapidada cuando la acusaron de adultera (según el evangelio de Juan) y que estuvo presente durante la crucifixión, llorando amargamente la muerte del Mesías.

Este hecho es el que dio origen a la expresión para referirse a aquella persona que llora mucho y desconsoladamente.

 

 

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¿Cuál es el origen del término ‘duelo’?

¿Cuál es el origen del término ‘duelo’?

El término ‘duelo’ es uno de tantos vocablos polisémicos que existen (una misma palabra que significa varias cosas diferentes y además tiene distintos orígenes etimológicos, como por ejemplo manzana).

Por un lado tenemos que se le llama duelo al enfrentamiento que, siglos atrás, se realizaba entre dos contrincantes y que normalmente se realizaba a vida o muerte. Este tipo de duelos tenían unas reglas muy específicas en las que se podía elegir el tipo de armas con el que retarse y debía contar con unos testigos (llamados padrinos) que diesen fe de la buena praxis de los contendientes e incluso sustituyeran a estos en caso de necesidad.

Normalmente se retaba a alguien a un duelo porque uno había ofendido el honor del otro (o de una tercera persona, como la esposa) e incluso si existía alguna rivalidad entre grupos. También era conocido como duelo aquella costumbre que se realizó durante los tiempos del Viejo Oeste, y que tantas veces ha aparecido en películas, y en el que dos vaqueros se enfrentaban cara a cara, ganando aquel que era más rápido en desenfundar y disparar su revólver.

El origen etimológico del término duelo proviene del vocablo latín ‘duellum’ que estaba formado por ‘duo’ (dos) y ‘bellum’ (guerra, combate), por lo que su significado era ‘guerra/combate entre dos’ y quedó como ‘enfrentamiento entre dos’, que sería su significado literal.

Pero también nos encontramos con que se le llama duelo al momento de dolor que se siente tras una pérdida (por un fallecimiento, una ruptura sentimental…). El origen etimológico del término nada tiene que ver con duellum y el acto de retarse y, aunque también proviene del latín, lo hace de la palabra ‘dŏlus’ que significaba literalmente ‘dolor’.

 

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¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

A través de la página en Facebook de este blog, Manel Alonso me pregunta de dónde surge decir que a alguien le ha tocado la negra como sinónimo de mala suerte.

Desde la antigüedad el blanco y el negro son colores que han estado destinados para designar la buena y mala suerte, la vida y la muerte. Dependiendo de la cultura y civilización le daban (y siguen dándole) un sentido u otro. En el post que publiqué tiempo atrás sobre la expresión ‘pender de un hilo’ ya os explicaba cómo en la mitología romana, griega y nórdica (por citar tres ejemplos) existían unos personajes llamadas las Parcas (en Roma; Moiras para los griegos y Nornas para los escandinavos) que hilaban el ‘hilo de la vida’ (valga la redundancia). Dependiendo de lo feliz o desdichada que sería la vida de cada individuo lo hilaban de color blanco o negro, colores asociados a la dicha y la desdicha respectivamente.

Respecto a la expresión ‘tocar la negra’, que suele decirse como sinónimo de mala suerte, encontramos que su origen proviene de cuando se preguntaba a los Dioses, al oráculo o simplemente se quería echar algo en suerte a través de coger unas piedras (blancas y negras) que se encontraban dentro de un recipiente. Depende de la pregunta que se formulaba y el color que salía la respuesta era positiva o negativa.

En el caso de las antiguas Roma y Grecia el blanco quería decir fortuna y buena suerte y el negro infortunio y desgracia.

En estas civilizaciones existía la costumbre de elegir a algunos de sus representantes públicos (magistrados, senadores…) a través de meter piedras blancas y negras en una vasija (también se utilizaban habas de esos colores) y cada candidato a ocupar el cargo metía la mano para sacar una. Aquellos que cogían la blanca eran los elegidos y por tanto les sonreía la fortuna, sin embargo ‘al que le tocaba la negra’ tenía el infortunio de no ser elegido y quedar fuera.

 

 

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Fuente de la imagen: Yamanaka Tamaki (Flickr)