La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Confirmado: las vacas son románticas y disfrutan con las puestas de sol

Vaca palentina, disfrutando de la contemplación de una hermosa puesta de sol otoñal.

Pocas veces, paseando por el campo, te encuentras con una realidad que supera todas las ficciones y, aún más raro, convierte en real una ficción. Me pasó el otro día en Cervera de Pisuerga (Palencia). Bajaba de la montaña después de una tarde disfrutando de la berrea de los ciervos y allí estaban ellas: vacas. Era casi de noche. Apenas unas sombras recortadas en el horizonte.

Me quedé estupefacto. Todos esos animales estaban en el prado mirando en la misma dirección, y no era hacia el camino por donde yo descendía. Miraban hacia la puesta de sol. Todas ellas.

Como lo oyes. Cerca de 20 vacas románticas contemplando el fulgor final del horizonte, ajenas a los peligros de la noche que podían llegar por sus espaldas (es zona de osos y lobos, no menos de tres manadas), pues su único interés parecía ser el disfrute estético a la vez que rumiaban con pausada monotonía la hierba triscada unas horas antes. Lee el resto de la entrada »

Los lagartos también tienen sentimientos

“El lagarto está llorando”, recita una bella cancioncita de Federico García Lorca. Llora junto a su amada tras haber perdido “sin querer” el anillo de desposados.

¿Tienen sentimientos los reptiles? El poeta granadino estaba seguro de ello, pero los biólogos dudaban.

Hoy, como si la poesía se hubiera convertido en realidad, un fotógrafo de la naturaleza, Rafael Pons, acaba de demostrar que sí, que los lagartos tienen sentimientos. Y que lloran de pena por su amada.

Lo relata en Fotonatura, donde exhibe la espléndida fotografía que acompaña este post, poniendo la piel de gallina a quien lo lea.

Un coche acababa de atropellar gravemente a una lagarta que, ensangrentada, yacía en el suelo sin poder moverse. Y el macho no lo aceptaba. Así lo cuenta el fotógrafo:

“Cuando llegó hasta ella era como si le dijera: ¿Qué te pasa? ¿Por qué no vienes?

Le golpeaba con el hocico, le daba con la pata, le lamía el cuerpo, pero ella no reaccionaba, eran sus últimos alientos de vida”.

Y allí quedaron ambos, juntos, asombrados por esa muerte tan inesperada, otra más de las decenas de miles de atropellos de fauna salvaje que diariamente se producen en nuestras carreteras.

¡Ay, cómo lloran y lloran,

¡ay! ¡ay! cómo están llorando!

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