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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Así manda a freír churros una osa con crías a un macho acosador

Oso pardo. Foto: FOP

De abril a julio se produce el celo de los osos pardos en la Cordillera Cantábrica, unos 300 ejemplares. Es el momento en que los machos tratan de aparearse con el mayor número posible de hembras (lo de hacer parejas estables no va con ellos), pero en ocasiones éstas aún se encuentran acompañadas de sus crías. Y los rechazan con determinación, valentía e incluso fuerza. A manotazos si hace falta.

Un increíble vídeo, realizado por técnicos de la Fundación Oso Pardo (FOP) en la subpoblación de osos del occidente cantábrico, muestra el momento en que un gran macho se acerca a un grupo familiar, compuesto por la osa y sus dos oseznos de segundo año. La hembra repele el acercamiento, enfrentándose al macho e interponiéndose entre éste y sus crías, que miran expectantes desde el borde del cortado rocoso.

Los osos ibéricos son relativamente pequeños, con un peso que en los machos puede superar los 200-250 kilos, pero están muy lejos de los gigantes rusos o de Alaska que pueden llegar hasta los 700 kilos. Aún así, 200 kilos de oso son muchos kilos. Por eso nunca hay que molestarlos ni acercarnos a ellos si vemos alguno.

En el vídeo de la Fundación Oso Pardo se ve cómo la hembra, con menos de la mitad de tamaño que el gran macho, rechaza el acercamiento sexual, enfrentándose a él e interponiéndose entre éste y sus crías, que miran expectantes la escena como diciendo: “Mamá, ¿qué le pasa a ese señor?”

Aunque algo que me ha sorprendido mucho es que osa e hijitos están enriscados en una pared casi vertical, y la madre se lía a dar empujones al brabucón dudando todo el rato entre expulsar al macho o preocuparse por unas crías que son como delicados ositos de peluche y que están haciendo equilibrios para no despeñarse montaña abajo. Imagino que quiere que aprendan a buscarse la vida, algo que para un oso nunca será fácil.

En realidad, también este mes de mayo es el momento de la dura emancipación de los oseznos. Tienen apenas año y medio de vida, pero saben que deben independizarse cuanto antes, comenzar una nueva etapa llena de peligros, ya sin la compañía de su madre.

¿Y qué pasa con el padre oso?

Del padre mejor no hablamos porque no forma parte de la familia. Tan solo es un colaborador necesario. Unos minutos de intercambio sexual y fuera. A buscarse la vida.

Por cierto. Según me han contado en la Fundación Oso Pardo, la oferta amorosa no se retrasó mucho para esta osa valentona del vídeo. Unos días después, ya sin las crías cerca, aceptó finalmente los requiebros amorosos del osote impulsivo. El instinto animal no perdona.

No creo que los osos sepan cantar el aleluya de Haendel, pero el rugido de placer de ese gran macho seguro que sonó parecido una vez logró coyunda.

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