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¿Las niñas tienden a adoptar el papel de cuidadoras más que los niños?

10 junio 2011

En el post de ayer yo comentaba lo siguiente:

Ella cada vez más imita nuestro modo de actuar con él: le coge de la mano, le lleva de un sitio a otro, si coge cables se los quita de las manos, nos quiere ayudar a vestirle, lavarle la cabeza… probablemente el que sea niña influye en que esté adoptando ese papel de cuidadora.

Y en los comentarios un lector con el nick ‘Educación no sexista, por favor’ comentaba:

Vaya, por lo visto el sexismo sigue presente en la educación que algunos padres y madres recientes dan a sus hijos.
Las niñas no nacen siendo “cuidadoras”, imitan a las madres que asumen ese rol. Si los papás son también cuidadores, los niños aprenden a ser “cuidadores” como ellos. Si los padres se sientan a ver la tele y pasan de todo, los niños aprenden que cuidar a los demás “es de niñas”.

A lo mejor eso es lo que le pasó a Madre Reciente.

Y aquí está lo que le contestó Martola:


Antes de nada quiero que sepas que mi comentario no pretende para nada criticar tu opinión.

Tengo una niña, tiene dos añitos y 4 meses y desde el principio me propuse educarla “en la igualdad”, pero también en dejarla expresar su personalidad.
Le gusta el rosa, no le gusta, le encanta! Cada vez que le dejo escoger ropa, va a la más cursi.
A pesar de que tiene coches, trenes y muñecas, juega con una delicadeza increíble. La primera vez que la llevamos a un centro de juegos, mientras su amiguito gritaba y saltaba en la piscina de bolas, ella corrió como loca a una cocinita de juguete a poner la mesa y “cocinar”. Ahora es su juguete preferido. Le encantan las pincitas del pelo, a pesar de tenerlo muy corto y fino. Y mil cosas más que podría contarte.
Nosotros seguimos siendo imparciales con ella, por supuesto.

Yo no creo que seamos iguales, y los niños y las niñas, también son diferentes, pero desde luego ninguno es inferior a otro y comparto contigo que no se debe estereotipar o imponer roles, pero por todo lo que veo a mi alrededor, salvo excepciones raras, los niños son niños y las niñas, niñas. No sé si me explico ;-)

Pues aquí va mi respuesta. Mi santo para nada está sentado viendo la tele y yo asumo el papel de cuidadora. Ambos tenemos el mismo horario y estamos a las 16:00 de la tarde en casa, y teniendo una niña de dos años y otro con autismo, lo de sentarse está descartado. Los dos somos cuidadores de nuestros hijos en la misma proporción, los dos trabajamos y jugamos con ellos, cuando por las tardes salimos al parque o a pasear vamos ambos, cada uno con un niño de la mano. No podría ser de otra manera. Al menos sería muy difícil.

Y no es el único hombre al que mi hija ve ejerciendo de cuidador: ya sea su abuelo, su tío o un amigos de la familia, en nuestro entorno los hombres están muy implicados.

En casa hay todo tipo de juguetes y a mi hija le gustan algunos que se consideran erróneamente propios de su sexo como la cocinita y otros que no como los coches. Y muchos que no tienen connotación sexual alguna y que son los que realmente abundan en mi casa, como las construcciones, los puzzles, los intrumentos musicales o los cuentos.

No ha salido nada “princesa”. Al menos de momento. Que no es nada malo, en absoluto. Y tampoco creo que ser “princesa” o no serlo implique nada del otro jueves. Pero imagino que sale a su madre: yo siempre preferí disfrazarme de vaquero y subirme a los árboles.

Pero sí que creo que las niñas tienen una tendencia mayor que los niños a ejercer de cuidadoras, igual que creo que tienden a ser más suaves.

Eso no quiere decir que no haya muchísimos niños varones muy dulces y con esa misma tendencia a proteger y cuidar, por supuesto.

Os voy a contar algo que creo que es representativo:
Jaime tiene un retraso madurativo obvio respecto a sus compañeros de clase. Y en su clase casi desde el primer día hubo una niña que adoptó el rol de protectora/cuidadora. Ahora, en su segundo año, son varias las compañeras que le ayudan y cuidan, también algún niño, pero mayoritariamente son las niñas.

Hablando con otros padres con niños con problemas escolarizados y también con los profesores y terapeutas, me aseguran que es un fenómeno que se repite. En las niñas parece aflorar de manera mucho más natural y con más frecuencia esa inclinación.

Los profesores también te pueden decir que las clases en las que hay mayoría de niños tienen una dinámica completamente diferente de las clases con mayoría de niñas.

También podría argumentarse que todas esas niñas están viendo en sus casas a las mujeres ejercer de cuidadoras y a los padres otros roles. Pero yo no estoy tan segura de que sea así.

En todos los mamíferos superiores hay ciertas inclinaciones naturales diferentes en machos y hembras. Y ahí no hay educación sexista que valga. ¿Tan diferentes somos de ellos?

Asumir diferencias innatas no implica asumir que uno u otro sexo sea superior al otro.

Sobra decir que eso no implica que no haya que tomarse muy en serio luchar contra estereotipos dañinos y asegurarse de que nuestras niñas se valoran a sí mismas y crecen sintiéndose capaces de hacer cualquier cosa que se propongan. A mí me educaron así, esa suerte que tuve.

Creo que es un debate interesante. ¿Cómo lo véis vosotros?

¿Deberían prohibirse los videojuegos a los niños más pequeños?

19 enero 2011

Entro hoy al blog a eliminar los comentarios de spam en inglés que últimamente lo invaden últimamente y a publicar una nueva entrada y me encuentro con que en los comentarios de un post reciente dos lectores han iniciado su propio debate sobre los videojuegos y los niños.

Y como me parce interesante os los dejo aquí:

Anonimous: Hola a tod@s, perdonar la intromisión pero nos surgió una cuestión en otro blog y creo que este es el más indicado para hablar sobre el tema, tiene que ver con la normalidad en el desarrollo pero centrado en tu tema concreto, los niños y los videojuegos.

Manitu, yo no estoy en contra de los juegos ni de los videojuegos, no trato de dar una imagen peyorativa de los mismos, entiendo perfectamente que los juegos son para parte importante del desarrollo de un niño, pero no creo que sea así con los videojuegos.

Aunque es cierto que existen videojuegos infantiles educativos no son la mayoría ni a los que los niños desean jugar.

Está ampliamente demostrado que los videojuegos son peligrosamente adictivos y esto puede influir muy negativamente en el desarrollo de un niño, ¿Por qué un niño iba a salir de su casa a hacer deporte o a relacionarse con niños de su edad si toda la diversión que necesita la tiene en la consola?

El problema de no llegar a los excesos es que los niños no son adultos y es raro que sepan controlarse,
si te aburres con un juego siempre puedes poner otro y vuelta a empezar y entonces tienen que ser los padres los que con su escaso tiempo estén pendientes de que el niño no juegue demasiado a la consola.

Precisamente en japón es donde se dan una serie de conductas inusuales en el resto del mundo por el abuso de videojuegos como es el fenómeno de los hikikomoris o los neets, similares a los ninis de España.

Obesidad, aislamiento social, bajo rendimiento escolar…

Creo que los videojuegos solo deberían consumirse por jovenes y adultos responsable
s, creo que es mucho más beneficioso para un niño estimularle para que descubra la lectura, los deportes, la naturaleza…

Y aquí la respuesta.

Manitú: Creo que podríamos abrir un debate muy amplio sobre este tema porque no está todo dicho, pero por resumir y no abusar de este espacio que hemos “robado”, te contestaré que estoy parcialmente de acuerdo con tu comentario.

Efectivamente los juegos de consola o pc pueden ser adictivos y efectivamente en el caso de los niños debe haber una supervisión paternal.

Pero el que sean adictivos no tienen tanto que ver con el juego en sí como con la persona que lo usa. Las personas adultas no están más libres de caer en esa adicción que los niños porque precisamente “el elemento” adictivo de los juegos es que en ellos puedes conseguir “logros” que no obtienes en la vida real.

Con esto quiero decir que un determinado tipo de personas serán más propensas a engancharse a los videojuegos que otras, al igual que ocurre con las drogas.

El ejemplo que me pones de los japoneses creo yo que justamente ilustra mejor esto que digo yo que lo que me quieres decir tu.

Si los japoneses tienen ese tipo de problemas no es porque juegen mucho y lo hagan sin control. Si te paras a pensar en como es la cultura japonesa te darás cuenta que la clave está ahí, no en los juegos en sí.

Los japoneses, por cultura, son personas muy competitivas y con un alto sentido del honor.

Por ejemplo, el ser despedido de un empleo es un alto deshonor. Un ejecutivo que es despedido puede acabar abandonando a su familia para no deshonrarla y le puedes ver en la calle como mendigo.

Esta presión tan grande hace que los niños muchas veces se refugien en un mundo de fantasía donde las cosas “sean más fáciles”.

Al final no fue tan breve mi comentario, perdón a todos.

Pues ahora va mi opinión, Anonimous y Manitú. Yo siempre he sido defensora de los videojuegos. Fui una niña que jugaba con el msx que me regalaron en mi primera comunión. Estoy rodeada de adultos que han jugado mucho y que siguen jugando a sus treinta y bastantes. Creo que es un tipo de ocio perféctamente válido y que lo único que hay que hacer es elegir los videojuegos correctos para cada edad, supervisar al niño (si es posible jugar con él) y asegurarse de que también dedica tiempo a otras actividades: leer cuentos, jugar en el parque, bailar, cantar, ir al zoo o dibujar.

A mí particularmente me gustan más los videojuegos, ya sean de ordenador o consola, que la televisión que es completamente pasiva. Por poner un ejemplo, una aventura gráfica en un videojuego obliga a pensar, a tomar decisiones, no deja de ser un cuento narrado en el que tú eres el protagonista y tus acciones tienen consecuencias. ¿Por qué ver a Dora en la tele y no jugar imaginando que eres Dora en la Wii?

Sin contar que así se van familiarizando con la tecnología, que siempre viene bien. Conozco mucha gente que hoy día tienen trabajos especializados en distintos campos tecnológicos (programadores, administradores de sistemas…) que empezaron con los videojuegos, no con las clases de informática del cole precisamente.

Y ahora os toca a los demás…

La magia de los disfraces

02 noviembre 2010

Yo nunca me disfracé en Halloween. Partimos de la base de que soy de una quinta en la que eso de Halloween era algo raro, típico de las películas y series estadounidenses. Lo que se vivía en mi infancia era como la ciudad se quedaba medio vacía, las floristerías vacías del todo y los cementerios rebosaban flores, gente y estropajos.

Pero eso está cambiando. Nuestros peques sí se están disfrazando. Y me da igual que sea una tradición ajena. Bienvenido sea todo lo que contribuya a que se diviertan. Mis hijos han estado caracterizados de Harry Potter y Hermione y, junto a sus primas, de calabazas. Y todos se lo han pasado pipa. Cada uno a su manera y según su nivel de entendimiento, disfrutaron de una tarde de disfraces.

Me da a mí que cada año será mejor. Desde luego en Carnavales repetiremos.

Mi suegra guarda en su casa todos los disfraces viejos, aunque estén medio rotos, y algo de ropa descartada. Cuando ha tenido niños en su casa uno de sus juegos favoritos ha sido jugar a los disfraces.

Yo quiero hacer lo mismo: guardar todos los disfraces en un lugar al que puedan acceder para que jueguen todo lo que deseen cualquier día del año.

En crecerfeliz.es tienen un par de piezas interesantes sobre los beneficios de disfrazarse. Os dejo un fragmento:

Jugar a disfrazarse es algo muy necesario en la vida del pequeño, ya que contribuye a su desarrollo. Cuando el niño se viste de un personaje y se imagina una historia con ese disfraz, está dando rienda suelta a su fantasía, a su espontaneidad y a su creatividad.

Además de divertido, disfrazarse es un método estupendo para que los niños expresen sus sentimientos.  Por eso es uno de los recursos que más utilizan los terapeutas infantiles para ayudar a los pequeños a vencer los problemas de relación (como la timidez) y los miedos (a los perros, a los fantasmas…).

También es la manera más fácil de enseñar a los niños a ponerse en el lugar de los demás, lo que les ayuda a tener más empatía y a integrarse mucho mejor en el mundo que les rodea.

Y hay algo más, muy interesante: el disfraz puede ayudarnos a descubrir cómo percibe el niño a los adultos que conviven con él. Observad a vuestro pequeño cuando se disfrace de papá o de mamá y actúe como tal. Probablemente os sorprenda la imagen que tiene de vosotros y os lleve a reflexionar sobre si la relación que mantenéis con él es buena o hay algunas cosas que debéis cambiar. También es bueno que os fijéis en cómo actúa si se disfraza de profesor o de profesora. Así podréis descubrir si se siente bien en su colegio o no.

A casi todos los niños les gusta disfrazarse, pero también es cierto que algunos disfraces pueden asustarles, como los de monstruos y fantasmas y los que les tapan la cara. De hecho, a esta edad la mayoría aún prefieren los que llevan la cara al descubierto. “Así, además de sentirse más cómodos, tienen una señal permanente que les aferra a la realidad y sienten menos miedo”, apunta la especialista.

Si al niño le da miedo un disfraz, no hay que obligarle a llevarlo, porque su fantasía puede intensificar sus temores y hacer que tarde más en superarlos. Y, del mismo modo, si lo rechaza porque “le queda ridículo”, también hay que respetarlo. Lo mejor es que él elija el traje que más le guste. Así disfrutará al máximo de la interesante y divertida experiencia de ir vestido de otro.

Un mundo de colores

09 septiembre 2010

Azul, verde, rosa, amarillo, rojo y naranja. Esos han sido los primeros colores que ha aprendido mi hija. No ha costado demasiado. Simplemente hemos indicado con frecuencia de qué color era el juguete que tenía en las manos, la pared en la que se apoyaba, el patito del cuento o su faldita.

Y ella, nuestra pequeña esponjita que hoy cumple 18 meses, comenzó pronto a repetir lo que le indicábamos. Y de repetir comenzó a intentar nombrar ella los colores. A veces sin acierto. ¡El verde y el azul o el naranja y el rojo a veces se parecen tanto! ¡Y hay tantos rosas tan distintos!

Pero aplaudimos todos sus intentos, incluso los erróneos que tuvimos que corregir. Ahora le encanta indentificar los colores que tiñen nuestro mundo.

Con su hermano no ha sido tan fácil. No los nombra, pero sabemos que los identfica porque los discrimina la mar de bien. Sabe que tiene que apilar las fichas naranjas una encima de la otra, y las azules también pero en otro montón diferente.

Con él hay que practicar mucho y acaba aprendiendo.
Pero las vías de aprendizaje son diferentes. Hay juguetes pensados para discriminar colores y formas con los que además se trabaja la psicomotricidad fina y son muy útiles.

Pero cualquier cosa sirve: apilar las piezas de tente por colores, meter las pinzas de la ropa o los cubiertos en vasitos de diferentes colores, colocar distintos juguetes sobre folios o cartulinas del mismo color…

Nosotros le vamos dando las piezas una a una, según nos las va pidiendo, y él las va colocando según corresponde.

Todos los caminos, los rectos y los plagados de curvas, conducen al mismo universo de colores.

El juego de los trileros

02 agosto 2010

Uno de los juegos estrella en casa es el de los trileros. Sus terapeutas fueron los que nos lo recomendaron. A nosotros no se nos hubiera ocurrido nunca. Ya el primer día que vinieron a casa trajeron varios pictogramas con actividades, y entre las pompas, el puzzle o el cuento estaba el picto amarillo de los vasitos que representa a los trileros.

Defienden este juego por muchos motivos. Así se trabaja permanencia del objeto (entender que lo que se oculta no desaparece) en el plano más básico, pero sobre todo sirve para trabajar la atención.

Se empieza con dos vasos de distinto color. Se pone algo que le guste mucho al niño bajo uno de ellos (un trocito de chuche, un juguete que le guste mucho) y al principio ni siquiera se mueve.

Cuando entiende la mecánica del juego se puede va complicando, primero usando vasos del mismo color. Después moviéndolos un poco. Por último añadiendo un tercer vaso.

El peque ya domina el juego con dos vasos del mismo color que se mueven. Y es cierto que es un juego fantástico para que esté atento y para interactuar con él (toma el vaso que hay que levantar, se lo pedimos, nos lo devuelve, pide ma´s regaliz para seguir jugando…)

Nosotros también lo usamos cuando está muy pesado pidiendo gusanitos o chuches. Así al menos mientras come saca cierto provecho. Y come menos.

De lo más recomendable, de verdad.

Jugar con la arena

18 junio 2010

A mi hijo nunca le ha gustado la arena. La primera vez que estuvo en la playa con un año no quería ni pisarla. Andaba como una cigüeña especialmente escrupulosa. Tocarla le deba una grima tremenda que ya ha ido superando. Pero sigue sin disfrutar de ella. No sé si le veré alguna vez jugar contento con el cubo y la pala. Lo dudo mucho.

Tal vez responda a su trastorno, que lleva en ocasiones aparejado un desorden sensorial. Puede que no. Hay niños que no tienen ningún problema y que simplemente no quieren ni ver la arena.

Su hermana es todo lo contrario. Le chifla la arena. Le encanta tocarla, meterla y sacarla del cubo, rastrillarla, hacer pasteles. Incluso echársela por la cabeza si se lo permitimos. Fue amor a primera vista.

Y me encanta verla. Me gusta contemplar como investiga las leyes físicas como un fascinado Newton en miniatura la tiempo que se divierte. Una amiga bloguera dijo una vez que todos los niños tienen alma de pequeños científicos, tiene razón.

Hemos comprado un pequeño arenero con arena de playa y lo tenemos en la terraza para su uso y disfrute.

Lo que no acaba de gustarme es verla hacerlo en los parques urbanos que rodean mi casa. Hago de tripas corazón. Pero es que están hechos un asco.

Son parques infantiles, algunos concebidos incluso para niños muy pequeños por el tamaño de los columpios y toboganes. Están cercados y los perros nunca pasan, así que toda la suciedad procede de los adultos.

Cáscaras de pipas, colillas de cigarrillos, latas de refrescos e incluso fragmentos de botellas…
en una arena concebida para que los niños hagan castillos.

Y no es cuestión de echarle la culpa a los adolescentes que lo usan para hacer botellón de madrugada. Lo peor es que muchas veces toda esa mierda la están lanzando otros abuelos o padres recientes delante de tus narices y a plena luz del día.

Se sientan en el banco, sueltan a sus propios niños, sacan el cigarro, la bolsa de pipas o la merienda y cuando acaban, lo lanzan al suelo. Algunos lo entierran con el pie, como si eso arreglara algo.

Va a ser cuestión de inventarnos los superhéroes de barrio para que pateen el culo de toda esa gente que no piensa más allá de sus necesidades.

La estimulación temprana funciona

10 marzo 2010

El hecho de que mi hijo tenga TGD ha cambiado mi percepción sobre tantas cosas…. una de ellas ha sido la estimulación temprana.

Durante los dos primeros años de vida del peque, confieso que no es algo que me quitara demasiado el sueño. Claro que jugábamos con él, le hablábamos, le cantábamos, le dábamos amor… como cualquier padre reciente.

Pero no me preocupaba que su desarrollo cognitivo fuese más o menos lento. Yo defendía que evolucionase a su propio ritmo. Estaba convencida de que llegaría al mismo destino, de que sacaría todo su potencial, sin necesidad de ponerme demasiado las pilas estimulándole.

Confiábamos en su “piloto automático”.

Ahora las cosas han cambiado mucho. Como el piloto automático de mi peque está un poco escacharrado, nos hemos visto obligados a tomar los mandos. Y desde mi experiencia, ahora mi confianza en la estimulación es enorme.

Hemos visto en la carne de nuestra carne (y en muchos otros niños con distintos problemas con los que hemos entablado contacto) que esos empujoncitos funcionan.

Lees, escuchas a los profesionales, aprendes a ser padre y terapeuta. Padre y estimulador al mismo tiempo.

En nuestro caso no se trata de tener un niño más listo, en nuestro caos la estimulación es tan esencial como el alimento. Es la forma de ayudarle a despertar a este mundo, a crecer y ganar en autonomía, a integrarse…

Sin la estimulación adecuada, probablemente habría ido para atrás en lugar de hacia delante.

Así que es inevitable que con su hermana las cosas sean distintas. Claro que respetamos sus ritmos. Eso no ha cambiado. Pero no paramos de aplicar con ella lo que hemos aprendido con su hermano.

Por que no nos lo tomamos ni con ella ni con su hermano como un trabajo, como una tarea tediosa. Es en cambio tiempo de juego y diversión, de cantar canciones, de pintar, de ver cuentos, de pasar tiempo juntos…

La estimulación es muy importante. Creo que todos los adultos lo hacemos bien de manera instintiva, pero es cierto que hay manuales que ayudan.

Hoy hemos sacado una noticia con unos cuantos. Algunos me los he leído y me parecen una maravilla. De uno en concreto ya os hablé en el pasado.

“No es un bebé, es un niño con una discapacidad”

19 febrero 2010

A mi peque le gustan los parques de bolas. Solemos ir a uno cercano a mi casa, en el centro de mi ciudad, cuyos propietarios son gente encantadora.

Desde el primer día comprendieron las circunstancias de Jaime y me permitieron entrar con él para guiarle y ayudarle por el circuíto y en sus juegos y favorecer la relación con el resto de niños que disfrutan también de las bolas, toboganes o el castillo hinchable.

En alguna ocasión hemos ido a otros parques de bolas. Tampoco me han puesto nunca ningún problema. En uno pidieron ver la tarjeta que acredita la minusvalía del peque. Pero siempre me dejaron entrar con él.

Hasta ayer. Íbamos de camino a ver a mis abuelos, sus bisabuelos, y pasamos delante de un parque de bolas que hay frente a un gran parque y al lado de un centro de salud. Yo no pensaba entrar, pero él quiso y pasamos.

Era pronto y estaba vacío. No había ningún niño. Tan sólo algunos adultos tomando café en la barra.

Nada más entrar la dueña y única persona que atendía el local (luego me enteré de que era la dueña, resulta que es vecina de un amigo, el mundo es un pañuelo) me interceptó para decirme que en ese parque además de descalzarse había que ponerse unos calcetines limpios. Si no llevaba ella me los vendía por un euro.

Vale. Me parece bien. Normas de la casa para sacar más dinero, pero no tengo nada que objetar.

Me siento en el banco a ayudarle a quitarse los zapatos y el abrigo y ella desaparece para atender la barra. Cuando vuelve le comento que mi hijo tiene una minusvalía y que si me permite pasar a mí, comprando mis calcetines nuevos por supuesto, para atenderle.

Me contesta que de ninguna manera, que las madres no pueden pasar.

Ella: “¿Crees que el niño no será capaz de subir la escala del tobogán?”

Yo: “Estoy segura de que sin mi ayuda no podrá”

Ella: “Bueno, pues cuando vienen aquí niños pequeñitos lo que hacen es quedarse sentados en las bolas o en el castillo”.

Yo: “Ya, pero es que mi niño no es un bebé. Puede hacer perfectamente todo el circuito y le encanta tirarse por el tobogán, pero necesita mi ayuda”.

Ella: “Pues si necesita ayuda ya vendré yo a ayudarle”. Contesta echando un ojo a la barra abandonada.

Yo: “No se preocupe que nos vamos. Mi amor, vamos a ponernos otra vez los zapatos”.

Y retomamos el plan inicial y nos fuimos. Ella no nos dirigió ni una mirada ni dijo esta boca es mía. Tampoco hubo ninguna sonrisa durante toda la conversación anterior.

No es que me alterase el incidente. Soy consciente de que el mundo está lleno de gente sin sensibilidad y me voy a encontrar muchas más veces frente a personas así. Pero es la primera vez que me pasa en diez meses

Además creo firmemente que no deberían tener un trabajo relacionado con niños pequeños.

El juego simbólico

30 diciembre 2009

Ayer Julia comenzó espontáneamente a dar de comer miguitas de pan a María. María es una muñeca que tenemos encima de la mesa para que su hermano juegue a las comiditas con ella.

Hace ya tiempo que cuando le decimos “para María” ofrece lo que tenga en la mano o la cuchara a la muñeca,

Es imposible saberlo a ciencia cierta, pero yo creo que lo del peque aún no es juego simbólico ni mucho menos. Lo hace por complacernos. Aunque ya se andará, o al menos eso esperamos.

Con la nena tampoco puedo saberlo. Tal vez sea el inicio del trascendental juego simbólico, aunque muy prematuro me parece, probablemente se limita a imitar a su hermano.

Pero gracias a su hermano, que tiene el piloto automático escacharrado y nosotros tenemos que tirar de él para que avance su desarrollo cognitivo y sus habilidades comunicativas, estamos valorando mucho más cada avance de su hermana. Lo primero reconociéndolos, que es lo más importante.

Por último un consejo, aunque no sea muy dada a darlos: animad el juego simbólico en vuestros hijos, nunca les ridiculizéis u os riáis de sus ocurrencias lúdicas y maravillaos ante su imaginación.

Y aunque sean varones, poned muñecos, mariometas y títeres a su alcance y favoreced que jueguen con ellos emilando las actividades cotidianas. El juego simbólico con los coches está un poco limitado: se ruedan, se aparcan, chocan… Los superhéroes vuelan y luchan. Y poco más.

Aplaudid cuando aparezca igual que celebramos y recordamos sus primeros pasos. Ésto es mucho más importante.

Os dejo con un artículo de Bebés y más estupendo y muy concreto, pero si tenéis curiosidad por el tema en Internet hay toneladas de información.


El tipo de juego que realizan los pequeños evoluciona a medida que crecen; partiendo de un juego centrado en su propio cuerpo (los primeros meses los bebés juegan mirándose a las manos, tomándose los pies…), poco a poco van incorporando el objeto en sus acciones (lo lanzan, lo muerden, lo chupan….) hasta que llegan al juego funcional (usan los objetos con la finalidad para la que fueron diseñados).

El siguiente paso es la incorporación del juego simbólico. En este momento evolutivo, el adulto se convierte en el centro de su atención y al chico le encanta imitar sus acciones. Es cuando comienza el juego del “como si”: hacen como si fueran papás, mamás, cantantes, peluqueras, médicos….El juego simbólico representa el apogeo del juego infantil y hasta los seis años, más o menos, es el juego por excelencia.

QUE LES APORTA:

• Les permita conocer mejor el mundo que los rodea y tomar conciencia del papel que son capaces de desempeñar en él. Esto, a su vez, los ayuda a afirmar su personalidad.

• Les facilita el conocimiento de los distintos roles sociales, de las relaciones familiares y de las diferentes profesiones.

• Favorece las interacciones sociales y la resolución de sus conflictos.

• Al hacer que son otros, canalizan sus propios deseos, tensiones y miedos.

• Los ayuda a conocer el mundo de las personas adultas y a invertir roles: es frecuente que reten a sus muñecos adoptando nuestras actitudes.

• Es el primer paso para salir del pensamiento egocéntrico y entrar en el pensamiento abstracto, ya que comienzan a ponerse en el lugar del otro.

¡Vivan los parques de bolas!

26 diciembre 2009

Acabo de llegar con el peque de un parque de bolas. Ya sabéis, unos de esos locales urbanos con toboganes interiores, castillos inflables, y cubículos con centenares de bolas blanditas de colores. No está el tiempo para muchas más cosas. Y allí los enanos pueden quemar energías y divertirse un rato en calcetines.

A mi peque le chiflan. Las descubrimos tarde, es verdad. Pero estamos recuperando el tiempo perdido. Además le viene especialmente bien brincar y trepar. Y su hermana ya ha estado haciendo sus primeros pinitos bolísticos con apenas ocho meses.

El sitio al que voy es grande y está relativamente tranquilo. Y los niños que lo frecuentan tienden a ser también pequeños. Así que es estupendo para mi peque que se agobia un poco si hay mucho niño mayor que él haciendo el burro a su alrededor (como es lógico y sano que hagan por otra parte).

Y, algo no menos importante, también me dejan entrar a mí con él ya que necesita de mi iniciativa de juego. Me he tirado por los toboganes, le he animado a cruzar las telas de araña de cuerdas, le he lanzado bolas y hemos saltado en el castillo. Nos hemos divertido juntos en definitiva. Y me está enseñando a ver de nuevo el mundo con ojos de niña y a jugar.

Cualquier hijo es capaz de hacerlo si se lo permitimos, pero si tiene las dificultades del mío creo que aún más. Los adultos tenemos que ser su motor.

De todar formas para mí no hay nada como un parque al aire libre. Los columpios son fantásticos, no hay nada que más le guste y nos viene muy bien para trabajar con él. Su primera palabra cuando ha vuelto a ponerse a chapurrear este otoño ha sido “más” y la hemos logrado al parar el columpio.

Los columpios, como los toboganes o los caballitos de los parques, son muy buenos para trabajar la integración sensorial, para tomar conciencia del propio cuerpo.

Y la arena también ofrece un enorme abanico de posibilidades.

Pero en días lluviosos de invierno. ¡Vivan los parques de bolas!

Por cierto, que allí estaba hoy nada menos que Gaspar en persona entregando piruletas, posando para las fotos y recibiendo cartas. Pero de esos reyes magos de centro comercial (así me ha dado siempre por llamarlos) quiero hablar otro día en otro post.