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¿Habéis probado la arena mágica, la de la fórmula secreta?

¿Arena o nieve mágica?

¿Arena o nieve mágica?

Julia descubrió el verano pasado la existencia de la arena mágica, un material moldeable, disponible en varios colores, que no huele ni mancha y que se desparrama de forma más educada por la alfombra, aunque se desparrama también, que la magia no llega a tanto.

Probablemente muchos la conocéis, lleva ya un tiempo siendo un producto infantil de éxito. Arena a precio de haberla traído del Caribe para construir y destrozar luego en plan Godzilla, que al menos en nuestra casa es siempre la parte más divertida. Las pasadas navidades estaba en todas las jugueterías y en muchas cartas a lo Reyes Magos.

Nosotros la hemos logrado probar al fin, comprobando que es agradable al tacto, muy (y extrañamente) moldeable y efectivamente más limpia, práctica y controlable que cualquier otra arena, aunque recomiendo la supervisión paterna y utilizarla dentro de una caja grande para evitar que caiga al suelo y vaya encaminándose a su extinción, que ya os dije que no era barata.

Por cierto, cuesta barrerla. Tiene querencia a la engarzarse en las cerdas de la escoba. Mejor paciencia, manos y un folio o directamente darla por perdida y tirar de aspiradora.

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¿Parques con arena o sin arena?

8648342820_ce4355cb95_zGran debate. Justo los dos parques infantiles que había al lado de mi casa han sido reformados durante el invierno. Han pasado de estar llenísimos de arena a tener ese acolchado típico que evita chichones.

Me consta que muchos niños lamentarán la pérdida de la arena
. En verano era frecuente ver a los peques con su cubo y su pala, llenando de agua botellas y cubitos para poder hacer castillos y pasteles de barro. Eran antológicas las riñas por los rastrillos y los moldes de plástico de animalitos.

Mis niños la verdad es que no, nunca han sido muy areneros. Y no es uno de esos casos como el de ciertos padres que conozco y que decían “no, no vamos a tomar una copa de helado que a los niños no les gusta el helado”. Y no les gustaba porque no se lo habían ofrecido nunca, porque el primer día que otros adultos les llevaron a la heladería disfrutaron como enanos.

Los míos ni siquiera en la playa son de jugar con la arena. Solo este verano he logrado que Julia, ya con tres años largos, jugara con la arena a costa de rebozarnos las dos haciendo muros decorados con conchas frente a las olas. Desde muy pequeña ha pedido ir a parques sin arena. Jaime es de los que se atrinchera en la toalla a menos que toque baño y jamás ha querido jugar con la arena. No es tan raro como parece, me he encontrado más niños así.

Entre los padres son más los que se alegran. Por desgracia la arena de los parques no suele estar en condiciones óptimas. Me hablan con frecuencia de los perros que hacen ahí sus cosas. En los parques de mi ciudad, que están cerrados (eso sí que debería ser obligatorio), los perros no pasan pero hay colillas, cáscaras de pipas y todo tipo de porquerías. Y no penséis en que las dejan ahí adolescentes que se meten por las noches, que también, muchas veces son los mismos padres y abuelos que llevan a sus niños los incívicos.

Gran debate os decía. Tanto que os pedí opinión por twitter y Facebook. Os dejo con algunas intervenciones.

¿Vosotros qué opináis
? ¿Arena sí o no en los parques?

Ana. sin arena! xq la arena esta llena d mierda, colillas, cacas y pis d perro, pipas, papeles,bichos….q asco! se la tiran por el pelo, se restriegan lis ojos, se chupan las manos, se les llenan los zapatos…. aunque sea mas divertida o pondria trozos con arena especificos pero sabiendo d se cuidara, limpiara, pero eso es Utopia! prefiero el acolchado!

Juan. El que prefiera los parques sin arena es que jamás ha sido niño… cuando pasamos a adultos se nos olvida divertirnos…

Mabel. con tierra. lo otro no es un parque. es una plaza, pero parque no.

“Las olas son malas, no me gustan las olas”

Cuando hace un par de días os hablaba de nuestras vacaciones podíais leer mucho sobre piscinas y paseos y muy poco sobre mar y arena.

A ninguno de mis hijos les gusta jugar con la arena. Ni en la playa ni en el parque. Es así para ambos desde la primera vez que les sentamos en la arena.

Cuando les hemos llevado a la playa han insistido en atrincherarse en la toalla, como si fuera la alfombra mágica de Aladino y poner un pie fuera supusiera precipitarse al vacío.

Y a ninguno de los dos les gusta el mar. Son muy acuáticos, la piscina les chifla. Pero el mar está salado, tiene olas imprevisibles que te salpican, cosas raras que flotan y a veces está un tanto frío.

Todos los años lo intentamos dos o tres veces y todos los años nos retiramos con ellos camino de la piscina.

Pero es que de padres poco playeros, tal vez niños poco playeros.

Tampoco Sergio y yo somos de mucha playa. No lo hemos sido nunca. Un ratito vale, para darse un buen baño, secarse agradecido al sol y listo para irse a un lugar más cómodo. En total como mucho una hora u hora y media.

Menos mal.

Como nos gusta la playa es para pasear cuando avanza la tarde y cae la noche, para pasear disfrutando de la puesta de sol y de la visión del mar. Eso sí que lo hemos hecho mucho y lo seguiremos haciendo.

Nos parece más agradable que cargar con sombrillas, tumbonas, palas, cubos, toallas y crema solar para después estar sacudiendo arena de todas partes durante días.

¿Seremos unos bichos raros?

Jugar con la arena

A mi hijo nunca le ha gustado la arena. La primera vez que estuvo en la playa con un año no quería ni pisarla. Andaba como una cigüeña especialmente escrupulosa. Tocarla le deba una grima tremenda que ya ha ido superando. Pero sigue sin disfrutar de ella. No sé si le veré alguna vez jugar contento con el cubo y la pala. Lo dudo mucho.

Tal vez responda a su trastorno, que lleva en ocasiones aparejado un desorden sensorial. Puede que no. Hay niños que no tienen ningún problema y que simplemente no quieren ni ver la arena.

Su hermana es todo lo contrario. Le chifla la arena. Le encanta tocarla, meterla y sacarla del cubo, rastrillarla, hacer pasteles. Incluso echársela por la cabeza si se lo permitimos. Fue amor a primera vista.

Y me encanta verla. Me gusta contemplar como investiga las leyes físicas como un fascinado Newton en miniatura la tiempo que se divierte. Una amiga bloguera dijo una vez que todos los niños tienen alma de pequeños científicos, tiene razón.

Hemos comprado un pequeño arenero con arena de playa y lo tenemos en la terraza para su uso y disfrute.

Lo que no acaba de gustarme es verla hacerlo en los parques urbanos que rodean mi casa. Hago de tripas corazón. Pero es que están hechos un asco.

Son parques infantiles, algunos concebidos incluso para niños muy pequeños por el tamaño de los columpios y toboganes. Están cercados y los perros nunca pasan, así que toda la suciedad procede de los adultos.

Cáscaras de pipas, colillas de cigarrillos, latas de refrescos e incluso fragmentos de botellas…
en una arena concebida para que los niños hagan castillos.

Y no es cuestión de echarle la culpa a los adolescentes que lo usan para hacer botellón de madrugada. Lo peor es que muchas veces toda esa mierda la están lanzando otros abuelos o padres recientes delante de tus narices y a plena luz del día.

Se sientan en el banco, sueltan a sus propios niños, sacan el cigarro, la bolsa de pipas o la merienda y cuando acaban, lo lanzan al suelo. Algunos lo entierran con el pie, como si eso arreglara algo.

Va a ser cuestión de inventarnos los superhéroes de barrio para que pateen el culo de toda esa gente que no piensa más allá de sus necesidades.