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Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

“No me ralles”

Estoy harta de la dichosa frasecita. Si digo algo que no le gusta escuchar, ya sé la respuesta: “No me ralles”. No importa si le digo que su cuarto está hecho una leonera, que no ha bajado la basura, que llega tarde o que está jugando a un videojuegos cuando debía estar estudiando. A veces parece que su vocabulario se haya reducido a esas tres palabras. Y lo peor no es la frase en sí sino el gesto de desprecio con que la acompaña o el portazo con el que remata la faena. Y lo peor es que lo dice como si con ella pusiera punto y final a cualquier bronca. Aunque sabe perfectamente que eso no es así.

Hablo de mi hijo pequeño. El mayor, que también utilizaba a menudo esa frase, razona bastante más cuando se enfada y ya sabe que así no va a conseguir zanjar ninguna conversación. Lo cierto es que a base de repetirla han conseguido que me venga a la cabeza en determinadas conversaciones. En los últimos días les he respondido a menudo con su propia medicina. Si uno me dice que no le gustan los garbanzos que he preparado le respondo: “No me ralles”; si el otro asegura que mis zapatillas nuevas son para jugar fútbol sala y no para ir a la calle vuelvo a decir “No me ralles”. Todo lo que creen que he hecho mal tiene la misma respuesta. Y creo que la táctica ha funcionado: desde que soy yo quien repite la frase no he vuelto a escuchársela a ellos.

3 comentarios

  1. Dice ser Jorge

    Ja, ja, ja, muy bueno. Si mi madre lo hiciera en casa no se que pasaria porque yo lo digo a veces pero mi sister es la mas pesada del mundo con el no me ralles. Y nos tiene rallados a todos, probare tu tecnica

    10 Noviembre 2008 | 12:17

  2. Dice ser damokun

    Jo Osea

    14 Noviembre 2008 | 15:36

  3. Dice ser Juankiblog

    Yo simplemente les amputaría un dedo cada vez que dijeran esa frase. He dicho.

    17 Noviembre 2008 | 14:00

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