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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Nuevas tecnologías y consumidores modernos revolucionan la agricultura

Centro de Innovación Agronómica (CIAM) en Monserrat.

¿Cómo alimentar a una población en aumento exponencial con un planeta finito? Las nuevas tecnologías adaptadas a la agricultura pueden ser la solución. Y España es su principal banco de pruebas. La despensa que surte de alimentos a Europa tiene una potentísima industria agroalimentaria en permanente modernización.

Hasta ahora se había apostado por aumentar producción y reducir costes, pero las últimas exigencias de los consumidores europeos la están llevando a minimizar el uso de pesticidas y fertilizantes, acercándola cada vez más a la que hasta ahora se veía como su antítesis, la agricultura ecológica. También a reducir la distancia entre lugar de producción y de consumo, apostando por lo regional y hasta lo local.

Más sano que una lechuga. ¿Será verdad? Así lo defienden en el Grupo Alimentario Citrus (GAC), un gigante surgido a la sombra de Mercadona, especializado en poner en el mercado las populares ensaladas y verduras embolsadas, además de alimentos infantiles. La nueva tendencia de apostar por la dieta mediterránea, comer  vegetales sanos, sin químicas ni aditivos artificiales, pero buscando la máxima comodidad del alimento prácticamente listo para llevar a la mesa, les va muy bien. Cuentan con 6 plantas de producción, 23 fincas distribuidas en siete provincias diferentes y más de 5.000 hectáreas de cultivo, que incluyen su propio semillero. En conjunto dan empleo a 2.145 personas y facturaran 240 millones de euros.

Una reciente visita organizada para periodistas ambientales de APIA ha permitido a este blog conocer con detalle su Centro de Innovación Agronómica (CIAM), ubicado en un terreno que abarca 160.000 metros cuadrados en la localidad valenciana de Monserrat y que ha absorbido una inversión de 1,3 millones de euros. Aquí están ensayando las últimas tecnologías para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de sus cultivos. Invernaderos automatizados controlados por ordenador, con avanzados sistemas de calefacción y refrigeración, en un paisaje bajo metacrilato traslúcido con capacidad para 10 millones de plantas que parece salido de una película de ciencia ficción. Las grandes bandejas repletas de lechugas perfectamente ordenadas, de vivos colores, llegan por sí mismas a la zona de corte y regresan peladas a su lugar de origen, capaces de permitir en un invierno hasta seis cortes de hojas por planta.

El espacio aparenta la máxima artificialidad, pero Vicent Máñez, joven ingeniero agrónomo responsable de esta criatura tecnológica, lo desmiente con rotundidad. “Todo lo contrario, aquí tanto las temperaturas ambientales como las necesidades nutricionales se diseñan a la carta, según las necesidades de cada momento y planta, lo que nos permite reducir los abonos y tratamientos fitosanitarios por debajo de lo que se usa en la agricultura tradicional, mejorando incluso su sabor y frescura”. Como ejemplo señala el consumo de agua, que aquí es un 60 por ciento inferior al que es necesario en campo abierto. También se optimiza al máximo la utilización de los abonos, al aportarse la cantidad exacta que necesita la planta sin contaminar el suelo.

Visto así, la pregunta surge automática. ¿Acabarán también apostando por la agricultura ecológica? “Prácticamente lo somos ya, pues apenas utilizamos pesticidas, pero de momento los estándares de esa certificación no nos lo permiten pues nuestros cultivos no se hacen en tierra”, explica Máñez resaltando ese “de momento”.

Sin tierra. Las plantas crecen en alvéolos reutilizables donde en lugar de humus hay una especie de lana cuya única función es sostener a las raíces. Todo el alimento les llega junto con el agua a través del riego aéreo controlado, sistema conocido como “fertirrigación”. Es casi un cultivo hidropónico, sin sustrato.

Lo que está por llegar: los microgreens

Como reconocen los responsables del gigante valenciano, son los consumidores los que están marcando las tendencias a la industria alimentaria y no al revés.  Cada vez más concienciados y mejor informados, los ciudadanos exigen, además de frescura, textura, buen color y sabor, productos producidos en la región, de cercanía, muy naturales, sin químicas ni otros añadidos como conservantes o colorantes artificiales. En este sentido, el mundo de las ensaladas en bolsa trata de adaptarse a los gustos actuales en alimentación.

Entre estos nuevos cultivos que desarrolla el CIAM destacan los microgreens, primeros brotes de vegetales que poseen una gran concentración de propiedades nutricionales y que están ganando una creciente visibilidad en la cocina nacional e internacional como distintivo toque de olor, sabor y color.

Frente a los germinados, los ensayos actuales con microgreens se centran en cultivar brotes de variedades de brócoli, mostaza, rabanito y kale. El objetivo próximo es comercializar este producto “vivo” (sin cortar ni procesar), con un envase tipo maceta que facilita el consumo y un sustrato que mantiene la humedad y frescura del vegetal. Un producto listo para ser cortado y consumido que muy pronto, anuncia el Grupo Alimentario Citrus, veremos en los lineales de los supermercados.

De Canarias y para Canarias

Hasta hace unos años, las ensaladas de bolsa venían de la Península, con el incremento de precio y consumo de energía que este transporte provocaba. Ahora ya no. El mismo modelo de producción controlada se ha instalado en las islas. Y también les va muy bien. Mesturados Canarios, la compañía creada en el año 2007 entre SAT Canarisol y Grupo Alimentario Citrus, acaba de cumplir diez años. La planta de procesado que tienen en Granadilla de Abona (Tenerife) produce actualmente 8 millones de ensaladas al año. A un ritmo de crecimiento del 35% anual, su facturación ha pasado del medio millón de euros inicial a más de 9 millones en el último año. En este tiempo ha invertido 10 millones de euros en innovación y duplicado la plantilla.

“El mundo está cambiando en consumos, hábitos y necesidades alimenticias que no son una moda, vienen para quedarse”, señaló en Tenerife el presidente de la compañía Joaquín Ballester, quien destacó cuales son, en su opinión, las tres razones para el cambio. Primero la calidad: “La gente quiere comer bueno, sano, sabroso, pero también quiere probar cosas nuevas”. Segundo la facilidad: “Como no tenemos tiempo para cocinar queremos comprar fácil, con todos los ingredientes preparados en una bolsa, que quepan en el frigorífico y sean platos sencillos y rápidos”. Tercero el precio: “Queremos alimentos asequibles, que estén al alcance de todos. Y con las cantidades exactas para que no tengamos que tirar nada a la basura”. Y concluyó Ballester. “Bueno, fácil y barato; a eso es a lo que nos dedicamos”.

A la celebración del décimo aniversario de la planta tinerfeña asistió el presidente canario, Fernando Clavijo, y el consejero de Agricultura Narvay Quintero. Éste último destacó otro aspecto muy importante de la nueva agricultura del siglo XXI. “Es importante apoyar los hábitos de consumo saludable pero también de dónde proceden estos alimentos, porque si los agricultores canarios no cobran lo que tienen que cobrar abandonarán el campo”. En opinión de Quintero, “solo apostando por lo local será posible evitar la despoblación rural y el abandono de la agricultura”.

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1 comentario

  1. Que verdad que los tiempos cambian para todos, incluso el tradicional sector agrario.

    16 diciembre 2017 | 12:47

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