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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

La crisis resucita a los furtivos

Mejillones

Llaman a la puerta de casa. Un coche rojo, pequeño pero con apariencia de deportivo, está aparcado con el motor encendido. De pie, un joven de unos 25 años espera mi aparición. Dentro del vehículo está su novia.

¿Quiere mejillones fresquitos, recién cogidos esta mañana?

Su pregunta me sienta como un bofetón. En Fuerteventura, donde vivo, la especie nativa de mejillón (Perna perna) es diferente a la popular gallega. Y está en peligro de extinción, estrictamente protegida, precisamente por culpa de la sobrepesca. Hace 40 años los había, literalmente, a paletadas. Casi nadie los cogía y los pocos que tenían interés por ellos los arrancaban de las rocas con una pala hasta llenar sacos de 25 kilos. Pero ahora está prohibido.

Así que no me aguanto. Y le amenazo con llamar a la Guardia Civil. El chaval se queda helado, vuelve al coche y se marcha, aunque a su compañera le da tiempo para insultarme mientras me grita eso de que “esto se hizo siempre así y no es ilegal”.

Jóvenes, en paro, ociosos, con coche y móvil de última generación. Amigos del dinero fácil, de buscarse unos extras aprovechando un recurso que, según ellos, sólo los muy listos son capaces de obtener. Son los nuevos furtivos.

“Por lo menos hacen algo y no roban”, me comenta la vecina, siempre tan positiva. No se da cuenta de que sí que roban. Las riquezas naturales de todos, también las suyas y las mías.

La imagen de estos furtivos de nuevo cuño poco o nada tiene que ver con los de antes. Gentes como José Escobar, mítico cazador del Coto de Doñana que hacia 1950 tuvo en jaque y durante años a toda la guardería. Dicen que cuando finalmente el guarda mayor lo capturó iba desnudo para no espantar a la caza con el olor y el ruido de sus ropas. Aunque poca ropa tendría, añado yo, pues era el hambre y la miseria la única razón de su furtiveo.

Pajarillos fritos, marisco vedado, verdura y fruta robada en las huertas, pezqueñines, … Como en la terrible postguerra española vuelven los furtivos, los robaperas, los timadores, aunque de momento la mayoría son de guante blanco. Aún no lo hacen por necesidad. De momento.

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8 comentarios

  1. Dice ser carlos

    Desde mi humilde opinión, lo que nos deveríamos preguntar es: ¿Quien compra ese marisco a los furtivos? porque si las autoridades persiguieran a los mayoristas que lo introducen en el mercado de forma ilegal, mezclandolo con otro obtenido de forma sanitaria y comercialmente por cauces legales, no habrían problemas.

    Es decir sino tengo donde venderlo, ¿para que cogerlo?

    03 Junio 2013 | 02:33

  2. Dice ser Carla

    Hay que perseguir al vendedor y al comprador.

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    03 Junio 2013 | 06:40

  3. Dice ser porlajeta

    Estoy deacuerdo con Carla, hay que perseguir al vendedor, pero más al comprador, sobre todo si es profesional (hostelero ó comerciante) no podemos permitirnos que entre producto sin control en el mercado.
    En general será mejor que el “oficial” pero nos podemos encontrar en demasiadas ocasiones que este contaminado

    ssalu2

    http://www.porlajeta.es

    03 Junio 2013 | 09:52

  4. Dice ser SARA CABRONEO

    en este país no hay cultura de defensa de lo común, lo de todos.

    No nos preocupa que se destruya la naturaleza, como mucho de los furtivos solo se quejan los “oficiales”, esto es mariscadores registrados, cazadores con coto, pescadores
    de coto.

    Grave me parece lo de ese mariscador furtivo y debería caer una condena social contra el mariscador y una pena seria contra el comprador.

    Pero, y que conste que no soy especialista en crónicas verde ni medio ambiente, a mi entender hay otros furtivos peores, con patente de legales y amparados encima por nuestras tropas, que esquilman mares que no son suyos por un desmedido afán de riqueza (no de paliar el hambre) como son nuestra flota pesquera en las costas africanas, fundamentalmente en las costas del antiguo sáhara español, en senegal y en las de somalia y kenia. Y lo peor es que yo consumo probablemente ese pescado.

    03 Junio 2013 | 10:41

  5. Dice ser El bodrio

    .
    Si la crisis económica persiste con esta virulencia, la sociedad quedará dividida en tres partes incomunicadas: ricos, pobres y mendigos

    Este es el panorama que auguran los profetas. Si la crisis económica persiste con esta virulencia, la sociedad quedará dividida en tres partes incomunicadas: unos pocos ricos serán cada día más ricos; la clase media se verá reducida a la pobreza; los pobres de toda la vida bajarán otro escalón y se convertirán en mendigos.
    Los ricos se harán invisibles en sus yates y en los clubes financieros insonorizados; tramarán negocios redondos en los reservados de los restaurantes de superlujo; delante de la tienda de ropa exclusiva esperarán los mecánicos en tercera fila al volante de un cochazo a que salgan las señoras con varias bolsas y los viernes en su todoterreno con las ventanillas tintadas se irán a sus fincas a matar venados.
    La clase media comenzará a contar los euros uno a uno hasta los céntimos de cobre para congraciar el sueldo o el subsidio con las necesidades básicas. Los caballeros honorables deberán adaptar el estómago a la comida basura. Adiós al solomillo, bienvenido el reino del pollo y del pollo se bajará directamente a las gallinejas. Habrá que elegir entre el coche o el autobús, el cine o el helado, la copa en el bar o la rebusca en el mercadillo guineano. Volverán a oler a repollo los portales donde antes había un conserje de uniforme. Después de dar una vuelta al abrigo, los ciudadanos de clase media llevarán la pobreza con resignación y dignidad, pero sus hijos cabreados saldrán los sábados noche a romper escaparates con un horizonte iluminado por el cóctel molotov. Los mendigos que antes limpiaban el parabrisas o hacían de saltimbanquis en los semáforos, ahora pondrán solo la mano. Dado que la justicia social ha sido suplantada por la caridad estarán de enhorabuena las antiguas damas del ropero parroquial y los ricos de buen corazón porque se va a imponer de nuevo el placer de la limosna.
    El bodrio era un caldo que antiguamente se impartía en la trasera de las catedrales y conventos a la hora del ángelus a la cuerda de mendigos que esperaba remediar el hambre. Hoy una legión de verónicas y samaritanos ejerce también la misericordia de dar de comer a los hambrientos. Pero los hambrientos deberán aceptar su destino. Para ellos solo habrá una disyuntiva: si son buenos, tendrán sopa; si se rebelan, rebotará en su espalda la verga de la policía.

    Manuel Vicent. 21 OCT 2012

    03 Junio 2013 | 10:54

  6. Dice ser Fran

    Otro problema de la cultura española, y por tanto el mío propio, es el que queda patente en su relato: somos “poco dados a denunciar”, (y con ello no quiero decir que no lo haga).
    Si bien es cierto, deberían existir más controles (en todos los ámbitos) para combatir y prevenir las ilegalidades. Pero también es verdad, que si todos denunciásemos las ilegalidades que pasan ante nuestros ojos a diario, seguro que otro gallo cantaría.
    Saludos y enhorabuena por su blog,
    Fran

    03 Junio 2013 | 12:59

  7. Dice ser wil

    ¿denunciaste o no?

    03 Junio 2013 | 13:58

  8. Dice ser patricia

    la culpa es de este puto gobierno q nos está ahogando:(

    03 Junio 2013 | 21:27

Los comentarios están cerrados.