Viaje a la guerra Viaje a la guerra

Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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La guerra a través del móvil (2)

Sigo escuchando el relato del doctor Ibrahim Faraj. Observo las fotografías que me muestra a través del teléfono móvil. “De los 33 días que duró la guerra apenas dormí 33 horas“, me comenta. “Y no sólo por el estrés, por los heridos que no dejaba de llegar, sino también por el zumbido de los aviones no tripulados que volaban a todas horas por encima del hospital. Terminaba de operar, bajaba al refugio para tratar de descansar y los escuchaba. Era enloquecedor”.

“Tenemos un negocio aquí en la puerta del hospital, lo has visto al entrar. Ni siquiera nos atrevíamos a ir allí, aunque está a cincuenta metros, porque les teníamos mucho miedo a los aviones no tripulados”, sigue. “Antes, para nosotros eran aeronaves espías, de reconocimiento, que sólo volaba para grabar imágenes. En este guerra llevaban tres pequeños misiles pero con un poder destructivo brutal.

A este joven le disparó un misil un avión no tripulado. Iba en su moto. Le tuvimos que amputar la pierna. Fueron terribles las acciones de los aviones no tripulados en este guerra”.

Israel es puntero a nivel a mundial en el desarrollo de los aviones no tripulados, quizás porque tienen la posibilidad de emplearlos a diario en Gaza o en el Líbano (donde siguen violando el espacio aéreo libanés casi a diario, lo dice la prensa y yo los he escuchado, a pesar del alto el fuego).

Conocidos también como “drones” o “MK”, no son pocos los países que en los últimos tiempos le han hecho importantes compras de estos aviones, a los que se considera los nuevos protagonistas de los conflictos armados. Entre ellos, lamentablemente, España.

Armas prohibidas

“Sobre todo a través de los aviones no tripulados, los israelíes lanzaron bombas que no conocíamos”, me explica. “En la RAI 3 me hicieron una entrevista y les dije que nunca había visto nada así. Yo trabajé como médico en tres guerras. Nunca había operado heridas de esta clase“.

Le cuento acerca de la denuncia que hice el año pasado en este blog y en la revista Interviú sobre la utilización por parte de Israel en Gaza de un nuevo armamento desarrollado por los EEUU basado en el tungsteno y conocido DIME (Dense Inert Metal System). Saco un ejemplar de mi libro Llueve sobre Gaza y le muestro las fotos del cuadernillo, ya que en esta obra pude ahondar más en la investigación sobre el empleo de estas armas de efecto devastador y supuestamente cancerígeno.

“Sí, aquí también se emplearon”, me dice y me muestra imágenes terribles (que prefiero no publicar en el blog). “Cuando vinieron los periodistas de la RAI 3 fui el primero en hablar de este tema. Y te digo por qué. Llegó aquí una joven de 18 años que gritaba del dolor. En apariencia no tenía nada, apenas unas marcas en la piel pero no dejaba de quejarse. Yo decidí operarla. El director del hospital decía que no era necesario, pero yo insistí. Le dije que me hacía responsable. Cuando abrí a la joven descubrí que tenía el intestino destruido en 20 partes”.

Son las mismas denuncias que hace un año me hizo el doctor Juma Al Saq en el hospital Al Shifa de Gaza: la ausencia de restos de metralla en las radiografías, la destrucción de órganos internos. Todos esos elementos que tanto desorientaban a los médicos palestinos. Ellos me decían exactamente lo mismo Ibrahim Faraj: que nunca había visto heridas de esa clase.

La guerra como motor creativo

Los conflictos armados, como muchos argumentan, para la defensa del propio territorio, para alcanzar objetivos políticos, pero, por qué negarlo, como campo para la gestación y perfeccionamiento de nuevas tecnologías, tanto se trate de aviones no tripulados como de sistemas DIME. Y no me refiero sólo a Israel sino a buena parte de los países desarrollados que gestionan un porcentaje significativo de sus presupuestos en investigación a través de las Fuerzas Armadas.

Un fenómeno que no es nuevo, que ha formado parte de la identidad del hombre desde los albores de los tiempos. Imposible soslayar el hecho de que muchos de los adelantos técnicos de los que hoy gozamos en nuestra vida cotidiana fueron creados y perfeccionados debido a los conflictos armados. Entre ellos, paradójicamente, algunos de los que permitieron al teléfono móvil del doctor Ibrahim captar las imágenes del horror de la guerra. Supongo que el odio, el antagonismo y la violencia son mucho más estimulantes a la hora de dar vida a nuevas invenciones que la concordia y la paz.

Continúa…