La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Comer bien salva osos, ganaderos y un paisaje único

¿Qué tendrá que ver la comida con la conservación de la biodiversidad? ¿Unas manzanas con los osos? ¿Una copa de vino con los burros?

¿Qué tienen en común los ganaderos de montaña, las razas autóctonas, el turismo y los quebrantahuesos?

La respuesta es la misma para todas estas preguntas. Sólo manteniendo las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales será posible mantener un paisaje único, el esculpido por la humanidad a lo largo de los últimos 10.000 años. Y con él su biodiversidad productiva asociada.

Porque el paisaje no es un mero concepto estético, geográfico o biológico, aquel terreno que vemos desde un sitio concreto. El paisaje es todo eso y mucho más. Es el alma de la tierra, un complejo producto del tiempo, de la evolución geológica, biológica e histórica de un lugar, de la herencia de nuestros antepasados, pero también de las generaciones futuras. Ya lo decía Azorín: “El paisaje somos nosotros”.

Sin embargo, la globalización está acabando con este paisaje cultural profundamente nuestro, abandonando pueblos e industrializando los sistemas de producción de alimentos de forma terriblemente homogénea. Extinguiendo nuestra biodiversidad productiva, las razas ganaderas autóctonas, las variedades vegetales propias de cada región, provincia e incluso valle.

Sólo hay una manera de detener esta pérdida que ya se conoce como erosión genética. Convirtiéndonos en consumidores responsables. Rechazando los productos llegados de países lejanos, los industriales, los medioambiental y sociológicamente insostenibles. Dejándonos llevar por lo que nos dicta la cabeza y el corazón en lugar de por las leyes de la mercadotecnia.

Y para ayudarnos acaba de nacer un proyecto realmente maravilloso. Se trata de la marca de garantía ConSuma Naturalidad, una iniciativa de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente que aportará información complementaria sobre biodiversidad a los consumidores, con el fin de que éstos puedan tomar una decisión de compra responsable. Que ayudará a proteger 150 razas de ganado y a unas 300 variedades vegetales locales.

Porque el día en que el ganadero y el agricultor abandonen las montañas desaparecerán de ellas buitres y quebrantahuesos, pero también praderas cuajadas de flores y mariposas. Desaparecerán con ellos esos sabores únicos. Nuestras pequeñas y grandes historias. Nuestras gentes. Y nosotros seremos más pobres e infelices.

ConSuma Naturalidad es el único proyecto español que ha sido financiado por el programa LIFE+ de la Unión Europea (2009) en la categoría de campañas de información y comunicación. Tienes toda la información en su página oficial y en este vídeo que te incluyo a continuación:

 


Por cierto, la música de fondo son las Variaciones Goldberg, una de mis composiciones favoritas. ¿No te parece que el estilo de Bach, tan sosegado y espiritual, está muy relacionado con ese modo de vida tranquilo al que aspiramos todos?

Foto: Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ)

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Llega la comida sana con pedigrí

Mientras en España nos lanzamos al consumo de alimentos amparados en las marcas blancas de procedencia incierta, fuera de nuestras fronteras la revolución alimentaria se llama denominación de origen.

Dirán que eso también lo tenemos aquí, es verdad, pero sólo para productos caros y selectos como vinos o legumbres, de consumo esporádico. Inconscientemente, cuando queremos comprar un alimento de calidad elegimos marcas conocidas. Su familiar logo nos da confianza, pero casi nunca nos indica procedencia, apenas un lugar de envasado.

Esto está cambiando. Más concienciado, el consumidor europeo exige conocer la trazabilidad del producto, su origen exacto, la raza o variedad concreta, el tipo de cultivo o alimentación; incluso el paisaje y paisanaje que mantiene. Ante la globalización alimentaria, son cada vez más frecuentes en los supermercados las secciones de productos nacionales y locales. También los restaurantes se están apuntando al “kilómetro cero”, platos a base de ingredientes producidos en el entorno más cercano. Es la comida sana con pedigrí.

¿Moda de ricachones? En absoluto. Tan sólo conciencia de consumidor, cada vez más educado y activista. Sabedor, por ejemplo, que consumiendo carne o derivados de razas autóctonas criadas en el campo tienes un producto de calidad excepcional, pero al mismo tiempo das de comer a pastores e incluso a buitres y lobos.

La actual crisis, lejos de lastrar la tendencia la está acelerando, pues mucha gente ha vuelto a la huerta en busca de un complemento a sus maltrechas economías. Y lo hacen con respeto, cuidando al máximo el producto sin encarecerlo. Mimando una tierra donde saben que está el secreto de su futuro.

Como siempre, las revoluciones se hacen desde abajo, y ahí están nuestros mercados tradicionales marcando el camino. Ya no nos venden fruta o verdura “a secas”, nos explican su variedad y de dónde viene, nos hacen protagonistas del mantenimiento de un mundo rural que sólo conservando sus diferencias locales podrá sobrevivir. El consumidor lo sabe y empieza a apostar por el cambio ¿no os parece? Porque para productos baratos de mala calidad ya tenemos el mercado mundial.

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