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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Es imposible comprar ida y vuelta para un adulto y solo ida para un niño en la web de RENFE

Que un adulto quiera viajar en tren ida y vuelta acompañado de un niño (o más de uno) solo a esa ida o a esa vuelta, no es algo tan raro. En absoluto. Se me ocurren muchas circunstancias en las que es posible. Llevas o traes al niño (o a los niños) que ha estado o va a estar con los abuelos, con los tíos, a un campamento, con su otro padre…

A mí me ha pasado hace poco que, por vez primera, me vi en esa tesitura, la de aprovechar un fin de semana para llevar a Julia al norte, a pasar un par de semanas con sus abuelos, disfrutando de la playa, del monte y de la compañía de sus primos. Así que me puse manos a la obra de sacar billetes. Uno de ida y vuelta para mí, que supone un ahorro, y otro para ella solo de ida.

Poco iba a imaginar que iba a ser misión imposible. Al menos beneficiándome del descuento de ida y vuelta en mi billete.

Tras pelearme un buen rato por la web no encontré la manera de, en la misma compra, lograr esos tres billetes. Pero es que es posible comprarlo de forma separada, como comprobé en la web. Si cogía mi ida y mi vuelta por separado, como Julia con ocho años no puede viajar sola tiene que usar un billete del servicio de niños que viajan solos, el servicio de acompañamiento de Renfe que no está disponible en todos los trenes (no lo estaba en el que podía viajar yo) y obliga a comprar la categoría Preferente. Es decir, no solo no me aseguraba tenerla a mi lado, ni siquiera en mi mismo tren.

Convencida de que tenía que haber una manera y el problema es que yo debía estar pasando por alto la opción llamé al teléfono de ayuda en la tramitación de billetes. Eso ya fue el despropósito. La señora, no especialmente amable, que me atendió por teléfono repasó los pasos conmigo para llegar a la misma conclusión que yo, que no se podía hacer.

Cuando pregunté si acercándome a las taquillas de Atocha sería posible esa compra, aparentemente sencilla, de un billete de ida y vuelta para mí y el de solo ida para mi hija me contestó: “No lo creo, ellos usan la misma herramienta que nosotros y no hay la opción”.

Renfe tardó un par de días en responderme por Twitter cuando planteé el problema diciéndome que llamara al mismo teléfono por el que ya había pasado sin éxito o que acudiera a las taquillas. Volví a marcar el número para asegurarme y en esta segunda ocasión me atendió un empleado muy amable que volvió a confirmar que no era posible. Me dijo algo distinto, eso sí, que comprase mi ida y vuelta primero y que luego intentaría ver si era posible hacer algo con el billete de la niña. Pero comprar mis billetes sin tener claro qué pasaría con mi hija no me parece precisamente óptimo.

En conclusión, que iremos y volveremos en autobús, cuya herramienta permite de sobra esa opción que no creo que sea tan complicada de programar. Gracias RENFE por facilitar la vida de las familias que intentamos gestionar los largos veranos lo mejor que podemos…

Y ahora, ironías y casos particulares aparte, viene la petición, que planteo a modo de crítica constructiva. Por favor, faciliten esa pequeña gestión en su web de compra de billetes, que a su vez facilitaría la vida a muchas familias. Mucho mejor sería que ese apartado tan bonito que tienen en portada dedicados a promocionar los viajes en familia con imágenes de modelos sonrientes.

 

Susana: Lo mismo me pasa a mí en el avión, con el añadido de que no se puede comprar uno de residente canario y otro sí. Este año no tengo vacaciones y mi hermano viene a por la niña. He tenido que comprar un billete solo para el para que venga, y luego el de los dos para ir a la península, pero el doble de caro de lo normal para ella porque no se puede comprar uno de residente y otro no… Ayuditas que nos ponen

Carol: En esa tesitura me encuentro yo !!!! 😡😡 es totalmente lamentable !! La única opción en mi caso es perder el descuento de ida y vuelta . Por supuesto que he puesto una reclamación

Virgin está planeando lanzar paquetes de vacaciones familiares ‘autismo-friendly’. Ojalá cuaje y cunda el ejemplo

(Wikimedia Commons)

Una amiga que vive en el Reino Unido (gracias Marina) me pasa una noticia que me parece tan buena idea que he querido asomarla aquí. A falta de saber precios, disponibilidad, frecuencias… de entrada resulta una iniciativa fantástica.

Según ha adelantado The Independent, el carismático mandamás de Virgin, Richard Branson, está trabajando con familias de personas con autismo y expertos en este trastorno para desarrollar unos paquetes de vacaciones (me vais a perdonar el palabro inglés) “autism-friendly”. Es decir, paquetes pensados para facilitar las vacaciones, con personal formado, localizaciones seleccionadas, que incluyan todo tipo de información para que las familias y los niños sepan qué van a encontrarse y cómo anticiparlo y vuelos preparados.

No hay mucho más detalles de momento y se está moviendo para dar servicio en otro país, pero sigue siendo de aplaudir. Ojalá cuaje y ojalá cunda el ejemplo, porque la realidad es que muchas familias de niños con autismo (con discapacidad se podría generalizar) apenas salen con ellos de casa. Y conozco bastantes (demasiados) padres y hermanos que ya no van de vacaciones por miedo a lo que puedan encontrarse, a que su hijo no encaje en el destino planificado.

No hace muchas generaciones, eso era lo normal. Si en una familia había alguien con discapacidad, raro era que esa familia viajase o que lo hiciese con ese hijo o hermano con discapacidad. Sigue pasando demasiado pero, por suerte, las cosas van cambiando y cada vez somos más los que queremos ir de vacaciones con ellos. Buscando lugares en los que vayan a estar bien, adaptándonos a su ritmo, en los que todos disfrutemos. Todos juntos, porque todos somos parte de la misma familia. No siempre es posible, pero queremos que sea posible casi siempre.

No queremos quedarnos en casa, no queremos dejarlos en casa, necesitamos salir y hacer planes juntos como cualquier otra familia, y para ello necesitamos que se nos tenga en cuenta.

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Las familias que viajamos con personas con discapacidad necesitamos más y mejor información

ballena2Este miércoles participé en una tarde de ponencias y charlas en torno a los viajes en familia, viajes con niños, que podéis ver cómo se vivió en Twitter tras el hashtag #pangeaKIDS. De lo que allí se contó me dará para algún otro contenido, por ejemplo, si vosotros os atreveríais a viajar con un bebé a Kenia o Costa Rica, pero voy a comenzar por contaros de lo que yo hablé.

En mi intervención expuse una realidad que llevo años constatando: las familias que viajamos con personas con discapacidad necesitamos más y mejor información a la hora de planificar nuestras vacaciones y escapadas. Hablé de viajar cuando uno de tus hijos tiene una discapacidad, de la poca información que con frecuencia hay cuando una familia en la que hay un niño con autismo o parálisis cerebral, por ejemplo, quiere planificar un viaje.

Por mi experiencia y la de gente que conozco, si preguntas a los operadores si esa guardería del crucero se haría cargo de un niño con discapacidad, si hay mucho tiempo de espera en las excursiones de ese viaje por Roma, si te aseguran que habrá rampas en todas partes, si te pueden explicar qué facilidades hay… normalmente recibes la callada por respuesta seguida de mucha amabilidad pero poca información. “Yo creo que sí”, “déjame que te lo pregunte”, “imagino que sí, nunca ha habido ningún problema”.

Los hay que solo identifican discapacidad con sillas de ruedas, cuando no es así, hay muchos tipos de discapacidad: sensorial, física, psíquica. Los hay que creen que si es apto para bebés, lo es para una persona con discapacidad, aunque puede que las necesidades de unos y otros no tengan nada que ver. El riesgo de mi hijo, que corre y sube escaleras sin problemas, es perderse, lo que no lleva bien son las aglomeraciones, los barullos y los largos tiempos de espera. Eso a un bebé probablemente le de igual, feliz y ajeno a todo en su carrito o en su mochila.
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Cuando se viaja con un bebé, menos es más

Las mochilas y demás sistemas de porteo, están hechas para la playa. (GTRES)

Las mochilas y demás sistemas de porteo, están hechas para la playa. (GTRES)

Hace ocho años recogía en este mismo blog sobre algunos consejos para viajar con un bebé, como que los viajes programados no están pensados para ellos. En aquel post hacia la siguiente reflexión:

Cuando se viaja con un bebé hay que preguntarse antes de meter un cacharro en el coche si es absolutamente necesario. No hay necesidad de cunas o de bañeras de viaje o de tronas portátiles: puede dormir y bañarse con nosotros y comer en nuestro regazo.

Han pasado muchos años, muchos viajes y otro bebé: Julia, que acaba de cumplir siete años. Tras todo este tiempo no puedo sino reafirmarme en lo que decía entonces. Y no solo cuando se trata de viajes en coche.

Cuando se viaja con un bebé, menos es más. Con Jaime lo único realmente imprescindible cuando viajábamos era, quitando pañales, toallitas y algún cuento o juguete, el carrito y una barrera plegable para la cama, para colechar con seguridad.

Ya es bastante.

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Subir a un avión con un niño con autismo

imageLa primera vez que subimos con Jaime en un avión tenía cuatro años largos y nos dirigíamos a Disney. Fuimos al aeropuerto sin saber bien qué nos encontraríamos. Para los niños con autismo, a los que sensorialmente les puede afectar todo mucho, los viajes en avión pueden ser excesivos, sobrepasarles en muchos sentidos. Nosotros nos arriesgamos tras comprobar que en coche, tren y autobús Jaime disfrutaba y nos cargamos de chuches y de juguetes que le gustaban. No hicieron falta. Aquella primera vez, que corresponde a la fotografía, fue un éxito. Julia, que tenía dos años, se durmió todo el viaje, él fue atento y feliz, riendo incluso cuando tuvimos algo de turbulencias y en el aterrizaje, como si aquello fuera una divertida atracción de feria. Teníamos a toda la familia pendiente de cómo le sentaría a Jaime el viaje, así que todos respiraron aliviados cuando, tras tomar tierra, les mandé fotos en las que se le veía tan contento.

No nos creíamos la suerte que teníamos. Sabíamos bien que para muchos niños el avión suponía lloros, terror, querer salir del aparato a toda costa, rabietas… durante todo el trayecto. También sabíamos, sabemos, que muchas familias de niños con autismo ni siquiera se atreven a intentarlo, anticipando ya el mal trago.

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Un fin de semana en Teruel, un día en Dinópolis

Julia bajo el diplodocus.

Julia bajo el diplodocus.

El viernes, según salimos de trabajar, cogimos a los niños y las maletas y pusimos rumbo a Teruel, que podemos dar fe de que existe y merece una escapada. Está a tres horas o tres horas y media de Madrid. Hace ya dos meses que nos habíamos puesto de acuerdo con otras dos parejas de padres recientes para buscar una casa rural y acercarnos a ver Dinópolis.

Ninguno de los cinco niños de entre cuatro y seis años que iban eran unos apasionados de los dinosaurios, aunque a todos les llaman la atención. Probablemente a Julia y a uno de los niños era a los que más les gustaban a priori, por varios cuentos, alguna peli, por la serie del Dinotren y por la visita que hicimos el año pasado al museo madrileño de ciencias naturales.

Estegosaurio, pterodáctilo, tricerátops… Me encanta verles pronunciar nombres más largos que ellos.

Es un parque temático muy tranquilo. Pese al buen tiempo y a ser sábado no sufrimos apenas colas. Una suerte porque Jaime no lleva bien los tiempos de espera y no hay facilidades en ese sentido para personas con discapacidad intelectual, aunque me consta que lo están estudiando.

Como os contaba, es un parque de una extensión muy manejable, que permite ser disfrutado sin agobios ni teniendo que hacer recorridos maratonianos. Muy pensado para que todos en la familia puedan subir en todas las atracciones, sólo hay una proyección en 4D, ‘Terra Colossus’, que exige al menos medir 120 cms.

Lo primero que nosotros vimos, tras pasar por el obligado pintado de caras gratuito, fue el museo paleontológico, que nos encantó a pequeños y grandes. Estábamos prácticamente solos y las guías eran realmente amables. Está realmente bien montado.

Aprendiendo a andar como los reptiles.

Aprendiendo a andar como los reptiles.

Luego entramos en una de las dos atracciones de la entrada, las que hay frente a la tienda de recuerdos y un pequeño parque de bolas: el cine 3D con la historia del T-Rex albino Tyrón. Es breve y a los niños les gustó, pero creedme: es absolutamente prescindible si no os da tiempos a todo. En cambio el recorrido en safari de la puerta de al lado, ‘Viaje en el tiempo’, está bastante bien, los niños hubieran repetido si nos hubiera dado tiempo. Y unas de las cosas que más nos gustó fue el espectáculo del T-Rex que hay junto a la zona infantil. Es una obra de teatro infantil muy bien hecha con un dinosaurio muy creíble. Pasamos por ahí dos veces, a las 17 y a las 18.

Repitieron también un recorrido en barco llamado ‘El último minuto’ basado, que comienza con la extinción de los dinosaurios y concluye con el ser humano moderno.

Y luego tienen dos zonas, que no son atracciones, pero en las que pasamos bastante tiempo. Una, la paleosenda, está hecha para trepar, explorar y desenterrar huesos de dinosaurio. Y para que los padres sudemos haciendo el recorrido junto a nuestros niños si no tienen más de nueve o diez años. Hay otra, Sauriopark, con un par de carruseles, unos dinosaurios voladores (la única para niños mayores de 120 cms) y un castillo hinchable en la que pasamos un buen rato. No recuerdo la de veces que las tres niñas que no excedían la altura máxima se subirían. No llegaban ni a bajarse.

El que hubiera tan pocos agobios de gente, que estuviera tan tranquilo ayudó a que Jaime lo pasara bien. Subió en prácticamente todo y lo disfrutó en mayor o menor medida.

Os recomiendo, eso sí, repartir los espectáculos por la mañana y por la tarde. Nosotros no vimos ninguno por la mañana y así es imposible que no se te escape alguno. No vimos ninguna de las dos funciones del teatro.

Por cierto, el menú del único restaurante tiene un precio y una calidad razonable, está la opción de pizzas y hamburguesas pero también de menús calientes como potajes de garbanzos, menestra o paella. Además, está perfectamente indicado qué platos tienen o no glúten y hay muchas opciones para los celiacos. Pero otra recomendación es que vayais al restaurante pronto o tarde. Nosotros comimos prontito y no hubo problema, pero cuando nos íbamos a las dos las colas eran largas y daba la impresión de que estaban desbordados. Y eso en un día tranquilo.  Si se tiene cualquier intolerancia o problema de salud está permitido pasar comida, para los demás está prohibido, aunque no vi que al menos aquel día nadie mirase las mochilas.

En trenecito por Teruel.

En trenecito por Teruel.

No es preciso más de un día en Dinópolis, pero es un día que merece la pena. Si viviera en Teruel tendríamos seguro su abono anual para ir con los niños, aunque vive tan poca gente en Teruel…

Ese mismo día nos dio tiempo también de acercarnos por la tarde a Teruel, sentarnos en una terraza mientras los niños jugaban bajo la fuente del torico y recorrer la ciudad en su trenecito turístico. Esos trenes suelen ser una excelente forma de ver una ciudad con niños pequeños cuando no hay mucho tiempo. Les encanta.

El domingo nos acercamos a Albarracín, que presume de ser el pueblo más bonito del mundo. Y no sé si tanto, pero desde luego es precioso. Tanto como la ruta junto al río que lo rodea y que es mucho más apropiada para ir con niños que la subida a la muralla, sólo apta para gente muy formal y sin vértigo.

El río además invita al baño en algunos puntos. Si hubieramos tenido bañador y algunos grados más, el baño no se hubiera escapado.

Oslo y los niños

Leyendo junto al palacio real.

Leyendo y descansando junto al palacio real.

Tres noches en Oslo. Casi cuatro días de los que uno y medio he estado a solas con la ciudad, con una ciudad manejable a pie en la que resulta sencillo estar a solas.

Me puse mis botas más cómodas y caminé sin parar, escogiendo la ruta de mi propia maratón, decidiendo cuándo y dónde detenerme a leer o a comer algo. Siempre al aire libre, siempre buscando el sol.

Oslo en mayo huele a lilas. También a mar, pero mucho menos de lo que uno esperaría. Plácido, así es. Preñado de esculturas, flores y grandes árboles; de gaviotas de cabeza negra y cuervos de cuerpos grises.

Oslo para mí estos días ha sido caminar despacio, sentarse sobre el verde al sol para leer, conversar, pensar y escribir. Es madera, cristal, barcos y balcones. Oslo es un compañero sobrio y tranquilo junto al que uno se siente a gusto sin necesidad de hablar. Oslo en mayo es guarderías ambulantes, picnics urbanos con salchichas humeantes, bicicletas sin candar y sonrisas suaves.

 

En Oslo, en mayo, los niños toman las calles. Colegios y guarderías recorren museos y parques con chalecos fluorescentes. A veces en carritos de madera en los que caben seis niños pequeños. No hay razón para permanecer entre cuatro paredes.

Una guardería deambulante.

Una de las muchas guarderías (y colegios) deambulantes que se ven por Oslo.

Y una de mis partes favoritas del viaje es regresar y encontrarles esperándome en el aeropuerto, lanzando sus cuerpecitos sobre mí. “¡Mamá!” chilla Julia. Y sí, mamá ha vuelto.

¿Qué haría si volviera con Julia y Jaime? Sin duda navegar por el fiordo. Julia nunca ha surcado las aguas sobre un barco y Jaime solo siendo un bebé.

Cogeríamos el ferry que conduce a la isla en la que está el museo vikingo con sus tres grandes barcos, que se ve rápido.

vikingo

 

Y sin duda iríamos después al museo del pueblo noruego, en el que puedes pasar fácilmente tres horas explorando sus casas de madera, viendo las duras condiciones en las que vivían los hombres del norte. Un buen sitio para parar a comer un bocadillo y a jugar. Oslo es una ciudad muy cara, pero no invita al gasto prescindible.

Tal vez, si la experiencia en el ferry les gustase, tomásemos uno de esos paseos en barco por el fiordo que duran un par de horas.

Lo que es seguro es que subiríamos a la fortaleza de Akershus en la que está el museo de la resistencia. Un castillo en el que imaginar que somos caballeros y piratas, también un buen lugar en el que comer de picnic.

Con un yate en el punto de mira.

Con un yate en el punto de mira. ¿Disparo?

Y, por supuesto, el parque de las esculturas (Frognerparken), con una zona infantil pero sobre todo con casi trescientas esculturas, todas de Gustav Vigeland. Muchas evocan la maternidad, la paternidad, la manera en la que nos relacionamos y conectamos como seres humanos.

Puede que subiéramos a las montañas, a esos bosques salvajes que yo no he conocido.

¿Vacaciones en coche con niños pequeños? Probad a hacer un mapa

Es una manualidad, y es mucho más. La idea de hacer mapas  me ha parecido tan buena que no he podido resistirme a traerla aquí ahora que se nos vienen encima tantos viajes con niños.

La verdad es que no sé si es algo generalizado, pero a Julia los mapas le encantan. Con frecuencia ha jugado con papeles que ha encontrado en el coche a que eran mapas y a que nos guiaba a nuestro destino. Tal vez sí que sea bastante común, teniendo en cuenta lo mucho que salen mapas del tesoro y similares en las series infantiles de dibujos animados. Incluso es un personaje con canción propia en la serie de Dora.

De hecho, creo que puede ser una buena idea no solo para ir en coche rumbo a nuestro destino de vacaciones. Es una bonita actividad dibujar con ellos un mapa que lleve hasta casa de los abuelos, hasta el colegio o la piscina, aunque sean lugares a los que vamos andando.

Nosotros, desde luego, vamos a hacernos nuestros propios mapas.

Os dejo con el post de @TrastadasdeMamá:

mapa

Hoy os presento una manualidad muy fácil de hacer y muy divertida que hará más fácil los viajes vacacionales.
Es una mapa muy sencillo que llevaremos en el coche y que los niños podrán interpretar fácilmente, así sabrán por donde van y cuánto queda para llegar al famoso destino.
En este caso nosotros lo hemos hecho del viaje al pueblo porque es un camino que mi hijo habitualmente hace despierto y con mucho nerviosismo, “¿cuánto falta?, ¿ya llegamos?” son frases que se repiten hasta la saciedad y este sencillo mapa nos ha facilitado las cosas.
Como veis es una simple tira de papel escrita por los dos lados con los hitos o puntos más significativos del recorrido. Deben ser puntos muy llamativos, que los niños puedan identificar fácilmente.
Recomendaciones: letra clara y en mayúscula para que los peques pueda ir identificando los nombres, dibujos sencillos y muy representativos. Colores vistosos. Si queréis se puede plastificarlo para que dure más. Usar un tipo de papel algo más duro que un folio normal, para darle mayor consistencia. Nosotros hemos dibujado todo pero también se pueden  imprimir fotos de lugares o incluso trozos de mapa reales de carreteras.
En nuestro caso el mapa lo ha diseñado Papá pero si vuestros peques son algo más mayores pueden realizarlo ellos mismo, con vosotros, indicando lo que deben dibujar en cada lugar.
Lo bueno es que como ocupa poco, se dobla sobre si mismo, podéis guardarlo fácilmente en la guantera del coche y llevarlo siempre que vayáis de viaje.
 Si vais a sitios diferentes podéis tener varios mapas y al final conseguir un buen número que servirá de recuerdo tanto para los peques como para vosotros. Creo que sería muy bonito incluirlo en el álbum de fotos de las vacaciones.

Y aquí os dejo el mapa que estuvo dibujando Julia, encantada, con la ruta andando a casa de los abuelos. Es muy curioso en lo que se fijan y recuerdan de las rutas que más conocen. Y también de lo que no se han dado cuenta y que para los adultos son referencias obvias.
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Sobre Disneyland París

7281817000_71b67af056_cHe estado dos veces en los parques de Disneyland París, o en Eurodisney, como queráis. La primera vez con nuestros niños, la segunda con unos familiares que tienen un hijo de la edad de Julia.  Este año volveremos y seremos aún más: se vienen además dos amigos con niños de casi 5 y 3 años. Es el gran capricho que nos permitimos al año (los años que hemos ido).  Hemos estado seis días en cada uno de nuestros viajes, nos gusta ir sin prisas, que no sea una paliza y que si quieren subir todos los días dos veces en las barquitas del Small World, puedan.

Es curioso, porque nunca fui una niña aficionada a Disney. En absoluto. Algunas de sus películas me gustaron como Los 101 dálmatas o Tod y Toby pero Micky Mouse y compañía nunca me llamaron la atención. En cambio ir ocn mis niños a ese lugar me parece una experienca mágica, básicamente por verles disfrutar. Y somos conscientes de que esa magia pasará pronto, que en menos años de los que creemos  se desvanecerá.

Justo ahora un amigo anda camino de Disneyland París. Para él y para todo aquel al que le interese, va este post.

¿Cuál es la edad ideal para ir a los parques Disney? Es cierto que se puede ir a cualquier edad, pero mi impresión es que está pensado sobre todo para niños pequeño, niños en esa edad en la que aún se cree en los Reyes Magos. Ellos son los que disfrutarán especialmente del encuentro con los personajes. Además, la mayoría de las atracciones son para todos los públicos: bonitas pero muy suaves. Al contrario que en los parques de atracciones españoles, no tienen una zona acotada con atracciones para niños, allí todo es para todos y hay muy pocas con requisito de altura. Mi impresión es que no es un parque para los que gusten de emociones fuertes, para los fans del maquinismo vamos.

7281921498_709482e7d6_c¿Se puede ir con un bebé? Perfectamente. Muchas de esas atracciones para todos los públicos son aptos con bebé. Yo he visto allí a recién nacidos. Obviamente, los bebés tan pequeños no se enterarán de nada y además el resto tendrán que adaptar sus ritmos a los del bebé o dividir el grupo, pero por poder ir, claro que pueden.

¿Es más para niños o para niñas? Este es un pequeño debate que me surgió hablando con una amiga. Ella sostenía que era un parque más para niñas que para niños. No creo que sea así. Es cierto que hay muchas princesas, pero también está Toy Story, Cars, Indiana Jones, los Piratas del Caribe… Sí que es tal vez cierto que los niños reniegan de la animación y de Disney (o de la animación de Disney) antes que las niñas. En mi entorno hay algún niño que  a los tres estaba loco por que los Reyes le trajeran la casa de Micky Mouse, a los 5 era el mayor fan de Rayo McQueen y a los 9 solo quiere ver en el cine Piratas del Caribe o Iron Man. No lo sé.

¿Dónde dormir? Nosotros nos hemos alojado siempre en hoteles vínculados al parque. Los hoteles Disney no son especialmente buenos, en absoluto. Son gigantescos, el trato es amable pero impersonal y mecanizado y la comida es mala. Pero tiene sus ventajas: hay personajes Disney por ahí, sobre todo cuando se baja a desayunar, la ambientación ayuda, te ahorras traslados y te abren el parque dos horas antes, que puedes aprovechar para ir a las atracciones más solicitadas.  También está la opción de alojarte en otro hotel cercano y desplazarte en tren (vetustos y sucios, pero en la misma puerta de acceso a los parques) o en coche, pero haciendo cuentas no salía demasiado bien de precio teniendo en cuenta lo cara que es la entrada a los parques cuando se compra suelta. Lo tienen muy estudiado. Hay foros en los que hablan de gente que se saca el abono anual y van dos o tres veces al año, sobre todo para ver el parque en fechas señaladas como Navidad o Halloween, a esos si les sale a cuenta, pero me da que pocos van a poder amortizar esa opción teniendo en cuenta el precio de los vuelos.

¿Dónde y cómo comer?  A una parada de tren hay un gran centro comercial, con un acuario que se puede visitar, y una enorme oferta de restaurantes y un Auchan (nuestro/su Alcampo). Es buena idea ir y comprar suministros. La comida en los restaurantes de los parques o los que están camino a los parques es cara y no especialmente buena, por mucho que algunos sean preciosos. Aún así merece la pena ir un día a comer al Micky Café en el Disney Village (una calle peatonal entre los hoteles y los parques llena de tiendas y restaurantes, con unos cines y el espectáculo de Bufalo Bill) pasillo, por el que se pasean los personajes y se paran en cada mesa tipo boda. Es un lugar tipo pizzas y hamburguesas y más vale reservar si queréis tener sitio. También se puede ir a desayunar, que es incluso más tranquilo y puede salir más barato. Y tirando hacia Discovery Land también hay una hamburquesería que es a la vez cine y emiten piezas clásicas de Disney que es interesante visitar. Dentro de los parques hay puestos de pasta, pretzels, creps… ese tipo de comida semiambulante con la que te puedes apañar alguna vez. No es un lugar en el que mi compañero El nutricionista de la General fuera a disfrutar mucho.

7278294350_1ff7ed05e1_cPrincesas. Si tenéis niñas locas por las princesas Disney, allí estarán en su salsa. Por todas partes veréis mucho merchandising asociado y vestidos en venta, diferentes, más caros y mejores que los que hay en tiendas Disney convencionales o en centros comerciales. Son las estrellas de los parques, se venden caras, literalmente. En el parque principal es imposible verlas a menos que se entre en la nuevo atracción que han creado y en la que esperando una buena cola te dedican entre tres y cinco minutos en exclusiva. Que sepáis que hay tres princesas dentro que van rotando y que no puedes elegir la que tú quieres ver, pero si la niña lleva puesto un disfraz de una princesa en concreto que coincide que está allí, será a la que le conduzcan. Otra opción para ver princesas es acudir al restaurante de Cenicienta. Es carísimo, se come mejor y hay que reservar incluso desde España, unos días antes de pisar suelo francés.  Allí te sientas como en una boda y las princesas, con algún príncipe, visitan las mesas en plan boda. En el segundo parque, en el Disney Studios, es posible verlas de cerca en la parada que hacen, tras la parada además se dignan a  mezclarse con el vulgo y firmar autógrafos. Es impresionante la preparación que tienen esas chicas, la primera vez que vimos a Blancanieves Jaime se emocionó tanto (sí, le gustan las princesas, el autismo le quita complejos) que se lanzó a abrazar sus piernas y por poco la derriba, un placaje en toda regla, pero no creáis que perdió la compostura.

¿Cuándo ir? Nosotros vamos huyendo de las multitudes y buscando buen tiempo. Mayo o junio son buenos meses, la segunda quincena de mayo nos gusta por asegurar algo más el tiempo, tener precios razonables y no encontrar demasiada gente. Nos gusta ir entre semana, los fines de semana se nota muchísimo que hay más gente y más colas. Y entrando un domingo en el hotel suele ser más barato. La primera vez fuimos en marzo y no fue la mejor idea. Hacía mucho frío, anochecía pronto y coincidimos con las vacaciones de invierno francesas por lo que había bastante gente. En Navidad deben dejarlo precioso, pero lo del clima parisino es realmente un problema, se disfruta mejor con buen tiempo.

¿Las mejores atracciones? Si le preguntasen a Julia diría que Small World, el laberinto de Alicia (no sé que tiene que le gusta a todos los niños que conozco), el vuelo de Peter Pan, las cuevas de los piratas, las atracciones de Blancanieves y Pinocho, la de Buzz Lightyear y recorrer el palacio de la Bella Durmiente de principio a fin. Para más mayores también está bien las montañas rusas del oeste y de Indiana Jones y los piratas del Caribe (a los mas pequeños puede darles un poco de miedo). Para ver el desfile el sitio que más nos gusta es en la rampa del Small World, lo ves desde arriba y justo cuando salen. El espectáculo nocturno merece mucho la pena. En Disney Studios, más pequeño pero también recomendable, lo mejor es la zona de Toy Story para niños a los que les gusten esos personajes, pero lo imprescindible es el espectáculos de Animagique, la montaña rusa de Nemo (apta para niños algo mayores) y el espectáculo en vivo de Disney Junior (para los niños más pequeños).

¿Las peores atracciones? La peor, la que no  merece la pena ni pisar y no tiene sentido que mantengan en el parque es la dedicada a Michael Jackson, de hecho la tienen medio escondida. También está algo escondida la de StarWars, pero esa sí merece la pena.  El paseo en el barco del Misissipi es, a mi parecer, lo más soso del mundo. A Jaime le encanta Autopia, pero a mí me parece también un tanto tonto.

¿Más consejos? Zapatos cómodos, carritos para los niños (Julia ya no lo usa nunca, pero aún así lo llevarmos que hay mucho que andar e incluso los adultos los agradeceríamos), procurar no ir a la carrera y disfrutar a un ritmo razonable, acudir a las atracciones más demandadas a primera y a última hora, toda la contención posible en las tiendas…

Es un lugar impuloto y tan cuidado que no se verá un desconchón, el mantenimiento es ejemplar. Cualquier visita a un parque temático español después de pasar por Disneyland hará que parezcan un pelín cochambrosos.

Esa es mi opinión muy resumida y basada en mi experiencia, pero se agradecerá cualquier consejo para aprovechar mejor el viaje al palacio de la Bella Durmiente.

 

¿Qué hacer para que se entretengan en los viajes en coche?

Un viaje largo en coche puede hacerse muuuucho más largo si vamos con bebés o niños de pasajeros. Me atrevería a decir que casi cualquier padre reciente recuerda con horror determinado viaje en el que seis horas parecieron quince.

Los pobres se cansan de estar tanto rato inmovilizados en sus sillitas de seguridad. Es comprensible.

Recuerdo los larguísimos viajes a Asturias cuando yo era niña y lo que agradecía poder tumbarme en el asiento trasero, asomarme entre los asientos delanteros o cambiar de sitio para ver variar el paisaje.

Recuerdo ver a madres en el asiento trasero dando el pecho a su bebé o tumbadas junto a ellos.

Eran otros tiempos. Los coches no tenían siquiera cinturón de seguridad trasero. Lo de las sillas de seguridad sonaba a ciencia ficción.

Pero ahora somos conscientes de la importancia de estar bien sujetos en caso de accidente. Eso es bueno. Así debemos viajar siempre con ellos. Se salvan muchas vidas y muchas lesiones. Pero también se hacen más pesados los viajes.

Pero todos los padres recientes tenemos nuestros trucos para llevarlo lo mejor posible.

A nosotros nos gusta salir de viaje justo tras la comida, para aprovechar la siesta, o tras la cena. El ronroneo del coche les ayuda a dormir y si es un momento en el que su organismo pide sueño es fácil que trascurra gran parte del viaje con los niños dormidos.

También preparamos cuentos, pinturas y papel, algún juguete especialmente entretenido y comida de esa poco saludable pero atractiva tipo patatas fritas, gusanitos o chuches. Nuestro arsenal se redondea con unos cuantos discos de música infantil sonando a todo trapo.

“¡Mamá, esa música no, quiero mi música!” es algo que se suele oir en nuestros viajes cuando, saturados de Cantajuegos, ponemos alguna otra cosa.

Y en el último viaje tiramos también de portátil. Cargado con alguna serie infantil o simplemente mostrando las fotos y los vídeos de nuestras vacaciones distrae bastante. De hecho hay coches familiares que incorporan DVDs portátiles en los respaldos pensando en eso. Y conozco a quien usa el iPad enganchado al reposacabezas como medio de distracción.

Otra buena costumbre es parar con cierta frecuencia. Nosotros tenemos comprobado que un viaje de cinco horas hecho del tirón, algo que a un adulto le puede parecer muy asumible, a un niño le machaca. Simplemente parando una o dos veces a tomar algo y estirar las piernas lo afrontan de otra manera.

¿Cómo lo hacéis vosotros?