Oslo y los niños

Leyendo junto al palacio real.

Leyendo y descansando junto al palacio real.

Tres noches en Oslo. Casi cuatro días de los que uno y medio he estado a solas con la ciudad, con una ciudad manejable a pie en la que resulta sencillo estar a solas.

Me puse mis botas más cómodas y caminé sin parar, escogiendo la ruta de mi propia maratón, decidiendo cuándo y dónde detenerme a leer o a comer algo. Siempre al aire libre, siempre buscando el sol.

Oslo en mayo huele a lilas. También a mar, pero mucho menos de lo que uno esperaría. Plácido, así es. Preñado de esculturas, flores y grandes árboles; de gaviotas de cabeza negra y cuervos de cuerpos grises.

Oslo para mí estos días ha sido caminar despacio, sentarse sobre el verde al sol para leer, conversar, pensar y escribir. Es madera, cristal, barcos y balcones. Oslo es un compañero sobrio y tranquilo junto al que uno se siente a gusto sin necesidad de hablar. Oslo en mayo es guarderías ambulantes, picnics urbanos con salchichas humeantes, bicicletas sin candar y sonrisas suaves.

 

En Oslo, en mayo, los niños toman las calles. Colegios y guarderías recorren museos y parques con chalecos fluorescentes. A veces en carritos de madera en los que caben seis niños pequeños. No hay razón para permanecer entre cuatro paredes.

Una guardería deambulante.

Una de las muchas guarderías (y colegios) deambulantes que se ven por Oslo.

Y una de mis partes favoritas del viaje es regresar y encontrarles esperándome en el aeropuerto, lanzando sus cuerpecitos sobre mí. “¡Mamá!” chilla Julia. Y sí, mamá ha vuelto.

¿Qué haría si volviera con Julia y Jaime? Sin duda navegar por el fiordo. Julia nunca ha surcado las aguas sobre un barco y Jaime solo siendo un bebé.

Cogeríamos el ferry que conduce a la isla en la que está el museo vikingo con sus tres grandes barcos, que se ve rápido.

vikingo

 

Y sin duda iríamos después al museo del pueblo noruego, en el que puedes pasar fácilmente tres horas explorando sus casas de madera, viendo las duras condiciones en las que vivían los hombres del norte. Un buen sitio para parar a comer un bocadillo y a jugar. Oslo es una ciudad muy cara, pero no invita al gasto prescindible.

Tal vez, si la experiencia en el ferry les gustase, tomásemos uno de esos paseos en barco por el fiordo que duran un par de horas.

Lo que es seguro es que subiríamos a la fortaleza de Akershus en la que está el museo de la resistencia. Un castillo en el que imaginar que somos caballeros y piratas, también un buen lugar en el que comer de picnic.

Con un yate en el punto de mira.

Con un yate en el punto de mira. ¿Disparo?

Y, por supuesto, el parque de las esculturas (Frognerparken), con una zona infantil pero sobre todo con casi trescientas esculturas, todas de Gustav Vigeland. Muchas evocan la maternidad, la paternidad, la manera en la que nos relacionamos y conectamos como seres humanos.

Puede que subiéramos a las montañas, a esos bosques salvajes que yo no he conocido.

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser falvarez

    ¿La segunda foto es “Una de las muchas guarderías (y colegios) deambulantes que se ven por Oslo” o es el palacio real? 😉

    Oslo mola, algún día tengo que volver.

    30 mayo 2014 | 09:29

  2. Melisa

    jaja, cada uno se fija en lo que se fija 😉

    30 mayo 2014 | 09:34

  3. Dice ser falvarez

    Es que mira que llamar “guardería deambulante” a un grupo de niños… 😉

    30 mayo 2014 | 10:01

  4. Melisa

    Es que es lo que son. Me contaron que dos veces por semana al menos salían por ahí a callejear con los coles y guarderías. Algunos son tan pequeños que van en carritos de madera en los que caben seis.

    30 mayo 2014 | 10:08

  5. Dice ser Marina

    Creo que deberíamos tomar ejemplo de los países nórdicos. De hecho si no fuera por el clima yo creo que ya estaría viviendo allí http://goo.gl/3W7Wj3

    30 mayo 2014 | 11:08

  6. Dice ser Teresa

    Me encantaría visitar Oslo, es precioso…espero llegar un día por allí. Y la verdad es que para los niños es un sitio espectacular 😉

    30 mayo 2014 | 11:43

  7. Dice ser albitaguapa2

    oslo es lo mas feo de noruega, pero no viviria todo el año alli si no fuera por obligacion

    30 mayo 2014 | 12:31

  8. Dice ser Jerry

    Piensas exactamente lo mismo que yo- Oslo es un sitio encantador, y el museo del pueblo noruego es maravilloso. Hace unos años vimos al rey salir de su palacio, conduciendo su propio coche y acompañado por el príncipe. Llegaron al fondo de la cuesta, se pararon al semáforo, y se fueron por el tráfico- sin escoltas ni policía. La próxima vez tienes que ir a Bergen. ¡Aun mejor! Eso sí, muy caro para nosotros…

    30 mayo 2014 | 12:35

  9. Dice ser Antonio Larrosa

    Lo que se de ese lugar es que los ancianos cobran una pensión estupenda, no como aqui.

    Clica sobre mi nombre

    30 mayo 2014 | 12:55

  10. Dice ser Almudena

    No conozco Oslo, pero en Amsterdam también se ven muchas “guarderias ambulantes” , incluidos los carritos de madera con varios niños. Que por cierto, uno de ellos, las profes se pararon a ver un puesto de un mercadillo y el carrito se les fue solo. Menos mal que lo pararon entre varios viandantes….

    30 mayo 2014 | 14:06

  11. Dice ser manur

    Lo que mas me llamó la atención de Oslo ,es su limpieza ,toda la ciudad brilla de lo limpia que está .Su seguridad ,su tranquilidad ,calidad de vida.Un gran sitio para vivir si no fuera por su clima.

    30 mayo 2014 | 18:04

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