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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Mis abuelos eran caníbales y preferían comerse a los niños

Este verano he vuelto a Atapuerca (Burgos), la cuna de la humanidad europea. No estaba allí desde que en 1990, trabajando para quien hoy es el director de 20 Minutos, fuimos el primer medio de comunicación en poner en valor los asombrosos descubrimientos de estos yacimientos: el hombre de Atapuerca enterraba a sus muertos, luchaba contra los osos, usaba mondadientes, sufría el bombardeo de un cercano campo del Ejército, era caníbal.

Esto último provocó entonces una auténtica conmoción. Costaba aceptar que nuestros abuelos fueran “medio monos”, que carroñearan animales muertos caídos en simas, que apenas tallaran toscas piedras. Pero que los primitivos burgaleses se comieran unos a otros era algo inaceptable para una pequeña ciudad de provincias.

Los científicos, pacientes, se encogían de hombros ante las evidencias incontestables de esas cacerías de hombres. Los huesos del Homo antecessor presentaban marcas de los cuchillos de piedra idénticas a las de otros animales consumidos hace 800.000 años en los salvajes festines cavernícolas de Gran Dolina. Lo más increíble fue comprobar que la segunda especie más consumida era el propio homínido. Y todavía peor. Que la mayoría de los devorados eran niños de corta edad.

Vaya herencia. Muy pocos animales se comen a sus semejantes, pero nosotros desde antiguo practicamos el canibalismo gastronómico. Un fenómeno cultural y nutritivo, como acaban de demostrar los investigadores de Atapuerca. Los chimpancés también lo hacen y probablemente por las mismas razones. Atacar a los más indefensos y comérselos aporta proteínas y reduce la competencia sobre el territorio. Terrible pero eficaz, pues gracias a ellos hoy estamos donde estamos. ¿Abuelos antropófagos? Tenía razón Plauto. El hombre ha sido, desde siempre, un lobo (hambriento) para el hombre.

Referencia bibliográfica:

Palmira Saladié et al. “Intergroup cannibalism in the European Early Pleistoceno: The range Expansión and imbalance of power Hypotheses” Journal of Human Evolution http://dx.doi.org/10.1016/j.jhevol.2012.07.004

Resumen periodístico en el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)

 

Fotografías: Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo (1819-1823). Cráneo de Homo antecessor en el que se observan las marcas de corte producidas al ser consumido por otros homínidos. Imagen: IPHES.

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Decapitan a un lobo para protestar por su presencia en los montes

En Infiesto (Asturias) unos desconocidos han dejado a las puertas de la oficina de la Consejería de Agroganadería el cadáver decapitado de un lobo ibérico. Se trata de un simbólico acto de protesta de los ganaderos, descontentos con la gestión autonómica de la especie. 47 cánidos y dos camadas eliminadas al año de una población compuesta por una treintena de manadas parece poco.

También en Asturias, un vídeo subido a la red donde se veía cómo funcionarios del Parque Nacional de Picos de Europa matan lobos para controlar su población ha sido retirado, después de que cientos de internautas protestaran por sus escabrosas escenas. Como hace un siglo, el animal abatido era arrastrado de una cuerda por los caminos.

Y la última negra noticia de la semana. En Tábara (Zamora) unos desconocidos han liquidado de un disparo a otro lobo. Vivía en un recinto cercado de la Junta de Castilla y León y estaba a la espera de ser trasladado en unos meses al futuro Centro Temático del Lobo en la Sierra de la Culebra. Su madre, rescatada como él de un zoológico y que iba a llevarse al mismo lugar como atracción turística y educativa, murió hace dos años, también por disparos furtivos.

Odio. Tan sólo odio. “Si fueses ganadero cambiarías de opinión”, me dicen algunos. Es posible, pero no dispararía nunca a las tormentas cuyos rayos matan ovejas, ni a las olas de calor que siempre acaban con algún animal. ¿Por qué sí a los lobos? Porque podemos.

Fue Plauto primero, y 2.000 años después Hobbes, quienes afirmaron que “el hombre es un lobo para el hombre” (Homo homini lupus). Si los lobos estudiasen filosofía, seguramente tendrían una frase parecida: “El hombre es un lobo para los lobos”. O quizá no, pues como recuerda el refrán “lobo no muerde a lobo” y nosotros eliminamos a los nuestros y a todo aquello que nos molesta.

Foto: Imagen del lobo decapitado abandonado a las puertas de la oficina de Agroganadería de Infiesto. Reproducción de A. Espina en el diario La Nueva España.

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