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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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La siesta está en peligro

Una empresa textil valenciana ha diseñado una sábana bajera anti-estrés que libera la electricidad estática y favorece el descanso. Dicen que mejora la calidad del sueño. Me recordó a la famosa pulsera magnética. ¿Se acuerdan de ella? Al final de los años ochenta se vendieron más de seis millones de unidades pues sus imanes supuestamente nos liberarían de enfermedades y tensiones. Hoy todas están en el fondo del cajón.

Pelotas flexibles, aparatos masajeadores, mascarillas, cremas, música, luces, sillones, drogas,… Todo vale con tal de reducir nuestra tensión diaria. Y sin embargo, aquí en España tenemos el mejor sistema antiestrés conocido: la siesta.

Pero mientras nuestro invento más internacional sigue triunfando en el mundo nosotros lo vamos arrinconando, empujados por un vertiginoso sistema de vida que, ahora que lo abrazamos, está empezando a ser abandonado por sus primeros promotores. Si pinchamos en Google aparecen 11 millones de entradas con la palabra “siesta”, y si vamos a las oficinas de Google nos encontraremos con cabinas especiales para poder echarla sus trabajadores. Sin embargo en España cada vez son menos los que pueden practicarla, incluso ahora que los calores tanto animan a ella. ¿La razón? No está bien visto dormirse en el trabajo.

Yo me declaro defensor a ultranza de la cultura de la tranquilidad, de este tipo de vida tan nuestro que los anglosajones, precisamente quienes con sus malas influencias nos lo han ido arrebatando poco a poco, lo defienden ahora bajo el pomposo nombre de “Movimiento slow“. Desacelerar nuestra vida, comer con tranquilidad, vivir en ciudades tranquilas, sin agovios, sin estrés… y con siesta.

Siesta viene de hora sexta, la división del tiempo diurno mantenida por los romanos y que indicaba el medio día. Su práctica aumenta nuestro rendimiento laboral, reduce el riesgo de infartos y el de estresados. Tan saludable reposo tras el almuerzo lo habíamos convertido en ley, pero últimamente lo hemos derogado. Ya no comemos en casa, seguimos trabajando hasta muy tarde y no hay forma de encontrar un lugar donde echar una cabezadita reparadora.

La siesta está en peligro de extinción en nuestro país. ¿Lo vamos a permitir?

En la imagen, cabinas de siesta o “nap pod” instaladas en las oficinas de Google en California. Qué quieren que les diga, yo prefiero la fresca sombra de un árbol.

Estamos en el año de la rana

Ni rata, ni dragón, ni nuevo horóscopo chino. Coincidiendo con la salida del letargo invernal de anfibios y reptiles, organizaciones científicas y ecologistas internacionales han declarado 2008 “el año de la rana”. Tratan así de concienciar al mundo de los peligros que se ciernen sobre estos y otros anfibios, un sorprendente grupo animal donde más de la mitad de las casi 6.000 especies conocidas están en peligro de extinción.

A la destrucción de los hábitats naturales húmedos donde viven, la contaminación y los efectos del cambio climático, se ha sumado recientemente la aparición de una terrible plaga que está diezmando a los anfibios de todo el planeta. Se trata de un hongo letal conocido como Batrachochytrium dendrobatidis, de rapidísima propagación entre las especies y para el que no existe tratamiento.

Para evitar la extinción de tan peculiares animales, el famoso naturalista británico David Attenborough ha promovido la creación del Arca de los Anfibios. Una campaña que intenta reunir fondos económicos para ayudar a zoológicos en todo el mundo a establecer colonias de cría biológicamente seguras.

“En las últimas década hemos sido testigos de la dramática disminución de la población de anfibios y en algunas áreas del mundo hay especies que han desaparecido por completo”,

advierte Attenborough.

Jaime Bosch, experto en anfibios del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, asegura que este problema

“podría causar una extinción en masa de los anfibios en pocos años, similar a la que ocurrió con los dinosaurios hace 65 millones de años”.

Quizá los cantos nocturnos que ya comienzan a escucharse de ranas comunes, ágiles, patilargas, pirenaicas, bermejas, ranitas de San Antonio y meridionales, junto a los de sapos comunes, sapillos pintojos, corredores, parteros, baleares, de espuelas, moteados o verdes son gritos de protesta ante su cada vez más rápido declive. Pero también son llamadas de amor. Y a mí me encanta oír su croar machacón en estas aún frías noches primaverales, mucho más en las veraniegas de luna llena; especialmente el ronco bozarrón de la delicada ranita de San Antonio, mi favorita.

¿No disfrutas tú también con estos conciertos? Pues tarea de todos es garantizar su futuro, y no en reducidos zoológicos, sino en sus hábitats naturales, en sus charcas, fuentes, manantiales o bebederos. Protegiendo estos lugares, evitando su destrucción, ayudaremos a nuestras queridas ranas. Siempre, pero con más razón en éste su año