La radiación estelar, un arma de doble filo para la vida en otros planetas

La semana pasada, dos científicos del Instituto Carl Sagan de la Universidad de Cornell publicaban un interesante estudio con una conclusión sugerente: la alta irradiación estelar que reciben algunos de los exoplanetas descubiertos no sería un obstáculo para la supervivencia, ya que la Tierra logró engendrar vida a pesar de que en sus comienzos también estaba sometida a un elevado nivel de radiación del Sol.

En su estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Lisa Kaltenegger y Jack O’Malley-James cuentan que Proxima-b, un planeta rocoso en la zona habitable de Proxima Centauri (una de las estrellas del sistema estelar más cercano a nosotros, Alfa Centauri), recibe 30 veces más radiación ultravioleta (UV) que la Tierra actual y 250 veces más bombardeo de rayos X.

En su día, estos datos desinflaron las expectativas de encontrar vida allí, ya que estos niveles de radiación se consideraban demasiado hostiles. Algo similar ocurre con otros exoplanetas potencialmente habitables que también orbitan en torno a enanas rojas, estrellas pequeñas, poco brillantes y templadas que suelen tener un comportamiento temperamental.

Kaltenegger y O’Malley-James han construido modelos de simulación computacional del ambiente de radiación UV en los cuatro exoplanetas habitables más próximos, Proxima-b, TRAPPIST-1e, Ross-128b y LHS-1140b, y con distintas composiciones atmosféricas para imponer diferentes grados de protección frente a los embates de sus estrellas, todas ellas enanas rojas. Al mismo tiempo, los dos investigadores simularon también las condiciones a lo largo de la historia de la Tierra, desde hace 3.900 millones de años hasta hoy.

Ilustración de un planeta habitable en la órbita de una estrella enana roja. Imagen de Jack O’Malley-James/Cornell University.

Ilustración de un planeta habitable en la órbita de una estrella enana roja. Imagen de Jack O’Malley-James/Cornell University.

Los resultados muestran que incluso en las peores condiciones atmosféricas y de irradiación, los exoplanetas analizados soportarían niveles de UV inferiores a los que experimentaba nuestro planeta hace 3.900 millones de años, cuando posiblemente la vida comenzaba a dar sus primeros pasos; unos primeros pasos que llegaron increíblemente lejos. “Dado que la Tierra temprana estaba habitada, mostramos que la radiación UV no debería ser un factor limitante para la habitabilidad de los planetas”, escriben los investigadores. “Nuestros mundos vecinos más cercanos permanecen como objetivos interesantes para la búsqueda de vida más allá de nuestro Sistema Solar”.

El estudio de Kaltenegger y O’Malley-James es sin duda un argumento a favor de que la vida pueda progresar en entornos más hostiles de lo que solemos imaginar (aunque no aborda otras agresiones como los rayos X). De hecho, sus implicaciones van aún más allá de lo que los autores contemplan, porque la radiación es una causa de variabilidad genética, el sustrato sobre el que actúa la evolución. La radiación mata, pero también muta: puede generar esporádicamente ciertas variantes genéticas que casualmente resulten en individuos mejor adaptados y en el primer paso hacia nuevas especies. Otro estudio reciente muestra que el sistema TRAPPIST-1 puede estar sometido a un intenso bombardeo de protones de alta energía; y una vez más, esto puede ser tan dañino para la vida como generador de diversidad.

Sin embargo, al leer el estudio es inevitable regresar al viejo problema, el principal: sí, la vida puede perdurar, pero para ello antes tiene que haber surgido. ¿Y cómo?

Hasta que un experimento logre reproducir a escala acelerada el fenómeno de la abiogénesis –un término elegante para referirse a la generación espontánea en tiempo geológico, la aparición de vida a partir de la no-vida–, o hasta que un algoritmo de Inteligencia Artificial sea capaz de simular el proceso, seguimos completamente a oscuras.

La especiación es un fenómeno continuo y abundante. La eclosión de seres complejos a partir de otros más sencillos es algo que ha ocurrido infinidad de veces a lo largo de la evolución, incluso cuando se ha hecho borrón y cuenta nueva, como pudo ser el caso de la biota ediacárica hace 542 millones de años. Pero todas las pruebas apuntan a que en 4.500 millones de años la vida solo ha surgido una única vez. Y lo cierto es que aún no tenemos la menor idea de cómo ocurrió.

Lo cual nos lleva una vez más a la misma idea planteada a menudo en este blog, y es que si la abiogénesis ha sido un fenómeno tan inconcebiblemente extraordinario y excepcional en un planeta también inusualmente raro —como conté recientemente aquí–, defender la abundancia de la vida en el universo es más un deseo pedido a una estrella fugaz que un argumento basado en ciencia. Al menos, con las pruebas que tenemos hasta ahora.

Esta ausencia de pruebas obliga a los defensores de la profusión de la vida en el universo a explicar por qué no tenemos absolutamente ninguna constancia de ello. Y a veces les empuja a esgrimir teorías que llegan a rayar en lo delirante. Como les contaré el próximo día.

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser cvhfghdf

    ¿Un deseo a una estrella fugáz? Somos ignorantes hablando de cosas que ignoramos.

    Si hay vida en la tierra, hay vida en otros planetas. ¿Has contado cuantas estrellas hay en el universo? Ni siquiera sabemos lo grande que es el universo, no lo conocemos. Probablemente lo que conozcamos del universo, no sea más que un grano de arena en algo muchísimo más grande, inconcebible para nosotros. Probablemente jamás lleguemos a conocer el universo.

    Pero aun en ese grano de arena que conocemos, ¿Cuantas estrellas hay? ¿Cuántos planetas orbitan esas estrellas? ¿Cuantas cosas no vemos que cambian por la distancia con ellas? Las probabilidades de que seamos los únicos son infinitesimales.

    No seamos ignorantes. Nosotros no conocemos el universo.

    17 abril 2019 | 13:16

  2. Dice ser rogelio

    antes de nada deben explicar como es posible que un barco se esconda en el mar a los 5 km por la supuesta curvatura y esta no se vea en decenas de kms a derecha e izquierda. la tierra es plana y la nasa y casi todo lo derivado de ella es un fraude

    17 abril 2019 | 19:54

  3. Dice ser Plastón

    Qué te fumas Rogelio? Pásame un poco anda y barato.

    18 abril 2019 | 04:14

  4. Dice ser rogelio

    suele suceder que el que no sabe razonar opta por la descalificacion como este tal plaston que no tiene idea de lo que es una esfera

    18 abril 2019 | 08:34

  5. Dice ser Plastón

    Hombre, de entrada la tierra es un esferoide, no una esfera, por lo que un un poquito sí que sabré.

    Y sobre lo del horizonte,… Pffff como no tengas una vista de lince que alcance más de 111,19 km no sé qué vas a apreciar tú.

    19 abril 2019 | 04:12

  6. Dice ser Plastón

    Y como sé que tintes tiene esto y va para no acabar, qué tal si esperamos a los resultados que los del FEIC obtengan cuando fleten el barco el año que viene?

    19 abril 2019 | 04:15

  7. Dice ser Pitágoras

    Es interesante la paradoja de Fermi, que más o menos es la siguiente: si es tan alta la probabilidad de la existencia de vida inteligente en el universo por su extensión y edad, entonces sería probable que existiese en nuestro entorno, en la Vía Láctea, debido a su gran tamaño.

    21 abril 2019 | 13:09

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